¿Y si respetamos para que nos respeten? ¡Ellos lo ven y aprenden!

Arte y Diseño para Cristo

Esta frase es ley de vida. Dónde empieza tu respeto empieza el mío. ¿Y si en vez de hacernos daño y maltratarnos física, verbal y psicológicamente nos hacemos el bien mutuamente conviviendo en respeto, armonía , amor y tolerancia?

Cada vez crecen las alarmas en colegios y comunidades por el alto indice de maltrato y acoso entre niños. Si ese es el panorama de nuestra sociedad actual a temprana edad, ¿qué nos espera en unos años?, ¿cómo serán los adultos de las próximas generaciones?

Está claro que un niño es el reflejo de lo que ve y aprende. Pero esto no es una regla de tres. Conozco niños criados en un ambiente cristiano que desobedecen a sus padres y agotan mental y físicamente a sus padres. Niños que a pesar de recibir valores y enseñanza cristiana, basada en el respeto, amor y misericordia, cuando no tienen un control permanente en casa ni una constancia en los caminos del Señor, pueden verse influenciados por sus amigos y/o compañeros de clase. Todos hemos sido niños y sabemos como influyen las malas compañías. ¿Sabe un niño distinguir las malas compañías? Quizás pueda hacerlo dependiendo de la edad y madurez, pero es responsabilidad de los padres velar por el desarrollo, crecimiento y comportamiento de los niños.

Aún no soy madre, ya lo he dicho en anteriores post, pero soy tía y tengo un hermoso sobrino de 5 años. Un niño precioso a quien es necesario corregir de vez en cuando, con cierta frecuencia porque aunque en casa vea y aprenda valores, en la escuela corre el riesgo diariamente de copiar y aprender el comportamiento de otros niños a los que su padres no trasmiten valores cristianos. Lo mismo ocurre con la televisión y su entorno.

El post y la postal de hoy están hechas con profunda tristeza como un llamado a decir ¡basta!

Basta al maltrato y al daño que se hacen unos a otros, con palabras y miradas.

Basta al señalamiento, juicio y rechazo por nuestro color de piel, tamaño, estatura, complexión física y forma de pensar.

Basta al desprecio y burla por ser diferentes.

Basta de ironías y criticas dañinas que excluyen y apartan.

Hoy, alrededor del mundo, muy cerca de ti y de mí, en el trabajo, en la comunidad de vecinos, en el colegio de tus hijos, en la iglesia, hay personas sufriendo, niños maltratados y sometidos que lo están pasando mal, en silencio y no saben que hacer. Niños que no desarrollan sus capacidades y se cohiben permanentemente por temor a las burlas y rechazo de los demás. Otros que sufren ataques físicos, acorralamientos e insultos. ¿Somos conscientes de esto?

Hace dos días, leía una noticia que conmovió mi corazón, la comparto, porque ellos, los padres de este niño, están sufriendo y se sienten impotentes porque no pudieron hacer nada a tiempo para salvar y proteger a su hijo del maltrato que sufría al parecer en el colegio.

(En este enlace puedes leer la noticia)

http://www.elmundo.es/madrid/2016/01/20/569ea93246163fd12b8b4626.html

¿Le preguntas a tus hijos cada día cómo se siente en el colegio? ¿Cuál es la relación con sus compañeros? ¿Conoces a los amigos de tus hijos? ¿Te involucras e incentivas la confianza en la relación con tus hijos?, ¿hasta qué punto? Estos padres parece que lo hacían pero no fue suficiente. Por eso es mejor aferrarnos a la bondad de nuestro Padre y poner en sus manos la vida de nuestros niños. Lo grave es que no sabemos si ellos pueden ser las víctimas o los verdugos. Sabemos como son en casa pero no fuera de ella, por eso es importante vigilar y estar atentos.

Oremos por ellos, por su desarrollo y crecimiento, por su protección, por su carácter, para que el Espíritu Santo de Dios les guíe y bendiga, para que vaya con ellos a todo lugar, para que los defienda y argumente en sus labios cada palabra en su contra. Para que los inunde de su amor, respeto y dulzura. Que no haya en sus corazones venganza y resentimiento. Que vivan una niñez sana y pura.

Que nuestros niños, lo de ahora y los que vendrán, tengan en nosotros, un ejemplo idóneo a imitar. Que podamos trasmitirles el carácter de Cristo y ellos puedan reflejarlo a los demás. Que Dios guarde sus ojos del mal y de la violencia. Que sus oídos no presten atención a las mentiras y ataques del enemigo que intenta minar sus mentes con engaños. Que nuestros niños sean guerreros espirituales y sepan defender con respeto su fe.

Que nuestros niños sean buenas influencias en la vida de los demás y reflejos de su familia. Que crezcan siendo valientes y firmes. Que obedezcan y sigan la verdad, porque serán grandes hombres y mujeres el día de mañana.

¡No dejemos de orar nunca por ellos!

Enseñémosle con nuestro ejemplo a respetar a los demás, a mirar con amor misericordia y paciencia al resto de los hombres.

Y para terminar, retomo un dicho que repite mucho por aquí (España):

“Cada uno trae lo mejor de su casa”

¡Que en nuestros niños se note que habita el amor de Cristo porque es lo que han aprendido de nosotros!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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¡No bajes la guardia, vigila, permanece atento!

Cuando somos conscientes del peligro somos prudentes, actuamos con precaución y tomamos medidas para evitar los riesgos. Pero cuando el panorama no presume ningún trastorno, solemos actuar con calma y tranquilidad, y olvidamos las medidas de seguridad, nos volvemos personas confiadas y hasta imprudentes creyendo que tenemos el control de la situación.

Pero hoy es tiempo de recordar que tú y yo, aunque la marea parezca serena, somos el blanco del enemigo, y tenemos una guerra declarada por haber creído y haber seguido a Cristo. El Señor nos dijo que estábamos expuestos a lo siguiente y nuestra lucha sería ésta:

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. (Efesios 6:12)

Hay una guerra permanente a nuestro alrededor, una guerra que no vemos pero, a veces, muchas veces, alcanzamos a sentir. Dios nos ha dado en su Espíritu Santo el poder para discernir espíritus y ser conscientes de la guerra que se gesta a nuestro alrededor, pero él no sólo nos advirtió sino que nos preparó y nos dejó una armadura eficaz que debemos ponernos cada día para enfrentar la batalla. Recordemos que un soldado va a la guerra protegido, jamás va desarmado porque será más vulnerable y su supervivencia correrá peligro.

No vayas desarmado a la batalla. Nosotros somos vencedores en Cristo Jesús y el Señor ganó la guerra en la cruz, con su sangre nos dio libertad, poder y autoridad para hollar serpientes y pisar escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo para que nada nos dañe; pero no es suficiente si salimos a la batalla desprotegidos. Toma tu armadura, vigila, presta atención y el enemigo no te encontrará distraído ni serás vulnerable a su engaño y estrategia. Vela, vela y vela, no te duermas.

Como esta cinta amarilla que nos advierte del peligro, debemos tener presente cada día que vivimos en una guerra que ya ha sido ganada por nuestro salvador pero que se libra día tras día en diversas batallas a las que no debemos asistir desarmados, desinformados y sin la actitud de un soldado. Un soldado se ciñe con su armadura, se reviste de fuerza, y con valentía va al frente. Vigila, vela, ora, resiste, declara, confiesa, sométete a Cristo y ¡vencerás!

Mientras nosotros dormimos y descansamos, el enemigo no se rinde, él permanece activo intentando hacernos tropezar, él no descansa.

Te invito a luchar, ¡somos más y en el poder de Cristo invencibles!

Vístete de la armadura de Dios y no te des por vencido, vigila, permanece atento, no demos oportunidad a nuestro adversario.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Si Dios no edifica, de nada sirve nuestro esfuerzo

Muchas veces, nos preguntamos porqué hay hogares que viven en armonía y prosperidad, y otros, aunque se esfuercen, no consiguen tener paz y tranquilidad en el interior de su familia.

Ya lo dice la palabra del Señor, y esto es lo que viene a decir este afamado versículo citado muchas veces y en muchos lugares, “si Dios no edifica nuestro hogar, de nada sirve que nos esforcemos. Y el trabajo de quienes lo conforman es en vano si no es él quien guarda, vigila y dirige nuestro hogar” ¿Más claro? ¡Imposible!

Vas al culto, cantas alabanzas, oras, ayunas y diezmas pero…¿y tu hogar y tu casa? ¿Quién la dirige?¿Un hombre apartado del Señor, imponente e injusto o un hombre temeroso de Dios? ¿Una mujer sabia y dulce o una mujer temperamental que grita y no controla su carácter? ¿Unos hijos que, suplantando el rol de los padres, dan órdenes con una autoridad que no les corresponde y que les ha sido cedida por descuido y falta de atención? ¿Quién dirige tu casa? No vamos a proponer un hogar perfecto, pero vamos a plantear un hogar dirigido por Dios, un hogar donde el que manda es el Señor, el que dirige, edifica y construye tu familia.

Como esta casa que sobre su techo tiene un corazón de nube, debería de ser nuestro hogar. El hogar de las 5003 personas, que hoy compartimos nuestra fe en este espacio, debería ser edificado, instruido, soportado, levantado por Dios. Es fácil asistir a la iglesia un domingo, más fácil cantar una alabanza que nos gusta, más simple abrir la cartera y dar una ofrenda pero ¿y nuestra familia?

Y ahora reflexionemos:

Si eres varón, piensa si estás cumpliendo el papel y el rol que Dios te dio en tu hogar. Un día, tendrás que dar cuenta de tu familia al Señor. Si encuentras que en algo estás fallando o eres débil, ora al Señor, él hará de ti el hombre que él quiere que seas si le entregas tu vida y tu corazón.

Si eres mujer, valora si es más fuerte el impulso y la emoción que sientes en momentos difíciles, que el autocontrol que Dios te dio para frenar tu lengua y someter tu carácter a la voluntad de Señor. Si es así, a mí me suele pasar, ¡oremos! Sólo él nos puede dar la fortaleza de vencer lo malo haciendo lo bueno. Pidamos al Señor para que haga de nosotras mujeres sabias, prudentes y dignas de ser coronas de nuestros maridos.

Si eres hijo, medita en tu comportamiento. ¿Estás siendo obediente con tus padres o con las personas mayores en general, o te sientes tentado constantemente a desobedecer e imponer tu voluntad? Dios te pidió amar a tus padres y a honrarlos. Respétalos y busca a Dios cada día para que él forme en ti el carácter de un hijo obediente y sujeto a la autoridad.

Es importante que sea Dios quien gobierne, proteja y controle nuestros hogares, será la única forma de que en ellos reine la paz, el amor, el perdón, la misericordia, la comprensión y la tolerancia. En todas las familias hay problemas y errores pero en un hogar que honra, teme, ama y obedece a Dios, reina la paz y la armonía. Que el Señor edifique tu hogar.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.