Desiertos con propósito

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“Dios iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche. Nunca se apartó del pueblo la columna de nube durante el día, ni la columna de fuego durante la noche.” (Éxodo : 21-22)

No importa donde ni como estés, hoy, nuestro Padre nos recuerda que no estamos solos. Él no se ha olvidado de ti ni de mí, él estima nuestras vidas y protege nuestras almas, aunque no alcancemos a imaginarlo.

Somos importante para Dios en todo momento y tiempo, lo eres, lo soy, como lo fue el pueblo de Israel aun a pesar de ser desobedientes y rebeldes. Dios les guió por el camino más largo por un motivo, quería evitarles tropiezos y decepciones. Les quería ahorrar la tristeza y arrepentimiento de haber tomado la decisión equivocada. En su perfección, Dios los llevó rodeando el desierto del Mar Rojo para evitar el dolor de sus hijos, de su pueblo.

Para entender leamos los versículos 17 y 18 del capítulo 13.

“Luego que el faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos,e que estaba cerca, pues dijo Dios: «Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y regrese a Egipto». Por eso hizo Dios que el pueblo diera un rodeo por el camino del desierto del Mar Rojo.”  (Éxodo 13:17-18)

Quizás hoy, tú y yo, estamos cruzando el desierto mientras rodeamos el mar y no somos conscientes de ello, el camino nos parece largo, parece no tener fin y perdemos la paciencia, se entristece nuestro corazón. Comparto hoy, 112 días después de salir de mi casa rumbo a otro lugar, estas palabras que llegan a mi corazón como un claro mensaje y el Señor me guía para compartirlo con todos.

Estoy cruzando el desierto mientras rodeo el Mar y hasta hoy no lo sabia, ¿Te pasa lo mismo? Ya somos dos! pero hoy Dios me ha recordado que esto también hace parte el plan y quiere que tú también lo sepas. El desierto que pisamos hoy tiene un propósito. No temamos porque él tiene todo bajo control. Hace casi 4 meses salí de España, dejando mi casa, mi esposo, mi entorno y familia de origen  con el propósito de aprender un nuevo idioma que me permita alcanzar objetivos profesionales que parecían perdidos y afianzar la nueva lengua para compartir el mensaje de salvación en otro idioma, además del español.

En el camino he tropezado, he encontrado filisteos y he visto la guerra de frente, pero estar sola me ha hecho vivir una experiencia incomparable de supervivencia; me refiero a la supervivencia espiritual porque la física gracias a Dios nunca ha estado en riesgo, él me ha provisto de lo necesario.

Vivo en Inglaterra hace 4 meses y he tenido diferentes trabajos donde he conocido gente especial y otros donde he visto la competencia y rivalidad; la lucha descarada por el dinero. Sé que sabes de qué estoy hablando, otros lo llamarían, persistencia o esfuerzo por salir adelante, la diferencia es que existen formas de esforzarse sin destruir al otro. Primera ley del respeto y amor a los demás. No hagas a los demás, lo que no quieres que te hagan.

Se habla un idioma distinto y si no aprendes y te adaptas, pierdes. Es duro, muchas veces he sentido que lo mejor es regresar y me he arrepentido, he pensado que me equivoqué y la decepción me impide ser valiente y fuerte entonces me veo reflejada en la palabra que comparto hoy. Él no quiere que sufra aunque eso implique caminar más o sentir cansancio, porque al  final del desierto estará con los brazos abiertos esperándonos para la recompensa. Dios evitó el dolor de su pueblo llevándolos por un camino más largo y hoy me dice que tú y yo estamos a salvo donde estamos, porque él es nuestro guía y no nos dejará.

Entonces confiemos porque nuestro desierto tiene un propósito!!!

Trabajando para el mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

 

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Camina con seguridad, él te sostiene.

Cuando nacemos tardamos un año aproximadamente en dar los primeros pasos hasta atrevernos a caminar. Más tarde, corremos y aprendemos a caminar solos, sin ninguna sujeción, sin las manos de nuestros padres como soporte.

Andamos en la vida aparentemente seguros, y damos pasos que consideramos firmes pero, aunque ya no sujetemos la mano de un adulto para andar, es necesario aferrarnos a un apoyo, a un soporte, a un bastón firme que nos impida tropezar y que nos proporcione estabilidad, equilibrio y seguridad al caminar. Estamos urgidos de seguridad en cada paso que damos. Necesitamos firmeza al andar y no queremos caernos y tropezar pero, aunque existen muchos tipos de sujeción, bastones, andamios, paredes, barras, barandillas, sólo una herramienta de apoyo nos permite caminar seguros y en libertad.

Dios es ese apoyo y sostén que no fallará ni se partirá, es esa fuerza que necesitamos para continuar y que nos acompaña en cada paso que damos. Cuando los deportistas extremos escalan una roca y practican senderismo, necesitan un apoyo y utilizan un bastón. Cuando un alpinista sube a la montaña se expone a condiciones extremas no sólo climáticas, necesita un apoyo y lleva consigo un bastón de senderismo especializado que tiene un accesorio en la punta para anclarse a la nieve o a la montaña y así facilitar el ascenso sin riesgos. Cuando una persona se hace mayor sus huesos se resienten y flaquean y, muchas veces, casi siempre, vemos a un anciano apoyándose en un bastón y entonces recordamos el momento de nuestra niñez cuando nos sujetábamos a algo para andar con seguridad. En la vejez ocurre nuevamente lo mismo, es necesario un apoyo para caminar y evitar el riesgo a caer.

El Señor es nuestro apoyo y fortaleza, es el mejor bastón en el que sujetarnos y al que aferrarnos para poder andar. Como ves, existen muchos bastones a los que sujetarse: fama, dinero, sexo, juego, engaño, codicia, lujuria…pero sólo uno nos hace andar seguros.

Aférrate al Señor como tu único soporte, él será tu guía en el camino.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.