Nuestra oración hoy es para México

Arte y Diseño para Cristo

Nuestra oración de hoy está enfocada en salvación y paz. Pedimos al Dios del cielo perdone nuestros pecados y tenga misericordia de la tierra. Que en su justicia y piedad su ira a causa de nuestra rebeldía, maldad, desobediencia sea sosegada y detenga la furía violenta del mar y el viento que se pronostica hoy para la costa pacífica de México, a causa del huracán Patricia.

Dios conceda paz y tranquilidad a los habitantes de esta nación. Que el Señor no tenga memoria de nuestros constantes errores. En su palabra dice que él es el dueño de la tierra y él hace llover, nevar y ocasiona la fuerza de nuestros vientos. Dios quiere que nos acerquemos a él y reconozcamos que él es Dios y no hay otro dios y Señor fuera de él. Habrá quienes consideren estos eventos de la naturaleza como un castigo. Si bien es ciero que en nuestros tiempos la iniquidad de los hombres es el pan de cada día y no hay corazones arrepentidos y contritos sino corazones orgullosos, ávaros, idólatras y perversos que indignan el corazón de Dios causándole ira. Pero el huracán que se espera toque tierra en las costas de méxico no es un castigo de autodeterminación unicamente para méxico cuando el huracán golpee sus costas, ni tampoco es un castigo de otro país cuando su tierra y montañas tiembla; es un castigo para todos los hombres, donde quiera que estemos, porque Dios quiere que volvamos los ojos al cielo y reconozcamos su poder, autoridad y obra. Él quiere que busquemos su rostro y entreguemos nuestro corazón a él para empezar a disfrutar de su amor y bendición.

Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra;
También a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales.

Así hace retirarse a todo hombre,
Para que los hombres todos reconozcan su obra.

(Job 37: 6-7)

Oremos por las familias, ciudades y costas del pacífico mexicano que hoy esperan este huracán de categoría cinco, el más fuerte en los últimos 50 años. Oremos para que los daños sean mínimos y no haya desaparecidos ni victimas mortales. Dios se compadezca de esta nación y de su gente. En el nombre de Jesús. Amén.

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Hay una única respuesta…

¿En cuántas ocasiones hemos querido empacar la maleta y marchar rumbo a otro lugar dando la espalda a los problemas? ¿Cuántas veces nos hemos planteado abandonar la carrera? Lo pregunto porque me ha pasado alguna vez y porque es muy común querer tirar la toalla y darnos por vencidos cuando vienen las tormentas sin avisar. Pero muchas veces olvidamos que tenemos un traje especial, una armadura a prueba de todo, para enfrentar las catástrofes por tormentosas que se presenten; además de un seguro de vida con cobertura total por la eternidad. Se escribe muy fácil pero creerlo es el objetivo, es un proceso de fe que debemos dar todos. Asegúrate de dar este importante paso.

¿Cómo amanece tu día 15 del tercer mes del año, llueve poco, hace sol o un vendaval azota tu puerta? Vístete de forma correcta para enfrentar el mal tiempo, no salgas de casa sin tu armadura, no des oportunidad al viento de llevarse tu esperanza y con las hojas volando, se vaya tu fe.

Si hace mucho sol, ponte manga corta y una gorra, pero no sueltes tu espada ni escudo. Camina con sandalias pero sigue pisando fuerte donde vayas como un evangelista, porque hermosos son los pies de los que anuncian la paz.

Si en cambio se avecina tormenta, toma tu paraguas, abrígate con la coraza de justicia y ponte el yelmo de la salvación en tu cabeza que te protegerá si los vientos azotan con fuerza. Ponte botas de agua y guantes, pero aunque haya truenos y rayos no temas porque no estás sólo. Al mismo tiempo otros enfrentan vientos más fuertes que tú, y se aferran a la vara que los sostiene, logrando salir ilesos de la fuerza impetuosa del aire.

Haga el clima que haga, con viento o sin él, nunca te separes del guía ni te apartes del camino ni a derecha ni a izquierda. Que tus ojos sigan mirando al frente y no se desvíen ni entretengan. Cuando se pierde de vista el propósito, es difícil llegar a la meta. Recordemos que el camino para llegar a la tierra prometida tardaba 11 días pero al pueblo de Israel le tomó 40 años porque se distrajeron y finalmente se perdieron.

Puede ser tentador dar la espalda, cerrar los ojos y darse por vencido, pero sólo los valientes verán la gloria y llegarán a la tierra prometida. Revístete cada día de Cristo y con firmeza enfrenta tus batallas. Mañana serás más fuerte y al salir el sol se habrá renovado tu esperanza porque la misericordia de Dios te habrá alcanzado una vez más.

Sé valiente y busca la respuesta, teniendo en cuenta que la única respuesta, está en ¡Jesucristo!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.