¡Si tropiezas o caes él te sostendrá!

Arte y Diseño para Cristo

La perspectiva que se tiene del mundo cuando perdemos el equilibrio con un tropiezo y caemos al suelo, es gigante. El suelo ocupa un gran ángulo en nuestra mirada y en cámara lenta somos testigos de la caída pero no somos conscientes de ello hasta tocar tierra firme, que es cuando realmente duele y hace daño.

¿Cuántas veces hemos tropezado y sin esperarlo hemos terminado en el suelo? ¿Cuando fue la última vez que te caíste? Quizás no hayas tropezado apenas, salvo en tu niñez, pero hay otros, que hemos tropezado en la infancia y aún hoy, siendo adultos seguimos resbalando y cayendo.

Caer es una condición del hombre desde la creación. Caer es derrumbarse, venirse abajo, perder el equilibrio y tropezar. Dios sabe cómo somos porque él nos ha creado y conoce nuestras debilidades y flaquezas, por eso extiende su mano para rescatarnos y ofrecernos seguridad. ¿Se puede amar más?

Por eso hoy Dios nos dice: Si has caído ¡levántate! Si has tropezado, corrige la postura y continúa el camino. ¡No te lamentes, limpia tus rodillas y sigue! No pierdas el tiempo recordando el tropiezo, aprende y presta atención al camino para no repetir y volver a resbalar. Pero como somos vulnerables, Dios nos ofrece su mano para sostenernos y levantarnos. Así que debemos dar gracias al Señor por su misericordia, amor y fidelidad, porque a pesar de nuestros errores, él siempre está para sustentarnos y salvarnos.

¿Dolerá la caída? Claro que sí, pero con la cicatriz aprenderemos y será menos probable tropezar por segunda vez. Dice la palabra de Dios que él sostiene a todos los que caen, no sólo a unos cuantos, sino a todos y esto es símbolo de la infinita misericordia del Señor para con los hombres, porque al caer no nos deja tendidos en el suelo sino que nos brinda su ayuda y con su brazo nos soporta para levantarnos. Sostener es un palabra que casualmente empieza con la sílaba “SOS” que puede relacionarse con al señal de socorro y petición de ayuda que se utiliza a nivel mundial. Popularmente se cree que esta señal significa “Save Our Ship” (salven nuestro barco), “Save Our Souls” (salven nuestras almas) o “Send Out Succour” (envíen socorro). Pues ante el peligro y riesgo, Dios nos SOStiene! Tenemos el mejor seguro y salvavidas en caso de peligro.

De la misma manera, el versículo del salmo 145 que comparto en la postal de hoy marca una diferencia con los oprimidos (afligidos) porque a ellos, Dios no sólo los sostendrá sino que los levantará. Hay varias consecuencias en una caída. Algunos nos raspamos pero otros sufren fracturas y la gravedad es mayor. Ellos, los más débiles serán sostenidos y levantados por el Señor. Gocémonos y alabemos al Señor por su bondad, por tener con nosotros paciencia y estar siempre dispuesto a socorrernos y ayudarnos. Digamos juntos:

“Gracias Padre por tu eterna bondad y misericordia. Danos discernimiento y sabiduría para no caminar por sendas peligrosas que nos expongan a tropezar. Ayúdanos a ser fuertes ante la caída y permite que aprendamos la lección de cada tropiezo para no repetir el mismo error. Danos coraje y valentía para levantarnos y seguir andando. Queremos sujetar tu mano para evitar caer, no permitas que nos alejemos de tu dirección porque somos más vulnerables”. En el nombre de Jesucristo, Amén.

Limpiemos nuestras rodillas y apoyémonos en la mano de Dios para levantarnos. Y si estamos sin fuerzas en el suelo, clamemos al cielo porque él nos escuchará y en nuestra aflicción nos levantará.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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Alégrate porque su misericordia te ha salvado.

¿Quién se ha compadecido de ti y ha perdonado tus errores?
¿Quién ha pagado las deudas que debías sin pedirte nada?
¿Quién te ha dado oportunidades sin límite para empezar de nuevo?
¿Quién te ha consolado en toda angustia y tribulación?
¿Quién ha llevado el peso de tu carga gratuitamente?
¿Quién ha escuchado tu clamor y necesidad?
¿Quién ha ocupado tu lugar para asumir la culpa?
¿Quién se ha dado a sí mismo por ti?
¿Quién te protege incondicionalmente cuando sientes temor?
¿Quién te perdona y olvida para siempre lo que hiciste?
¿Quién te provee de bienestar cuando nada hay ni nada tienes?
¿Quién te da su paz en mitad de la angustia y tribulación?
¿Quién ha hecho en tu vida posible, lo imposible?

Si nos hacemos estas preguntas, la respuesta jamás tendrá un matiz humano porque nadie sería capaz de entregarlo todo por nadie de esta manera. Sólo Dios, en su eterno amor lo entregó todo. Dio a su único hijo para redimirnos, salvarnos, consolarnos, restaurarnos, libertarnos y darnos vida eterna. Jehová, nuestro Señor y Padre, no nos ha pagado conforme a nuestra maldad e iniquidades, él nos ha colmado de sus bendiciones y, por su gracia, somos lo que somos.

Y hoy, tú y yo, debemos alegrarnos porque:

Ya no somos culpables, Dios nos ha eximido de toda culpa.
Ya no somos esclavos, Dios nos ha dado libertad.
Ya no vivimos en tinieblas, Dios nos ha dado su luz.
Ya no estamos cansados, Dios lleva nuestra carga y multiplica nuestras fuerzas.
Ya no tenemos temor, Dios nos ha protegido.
Ya no hay preocupación en nuestro corazón, Dios nos ha dado esperanzas.
Ya no hay tristeza ni perturbación en nuestro interior, Dios nos ha dado su paz.
Ya no hay necesidad sin solución, Dios tiene el poder para hacer posible lo imposible.

En el amor de Dios lo tenemos todo. Él es nuestra fuerza, nuestro refugio, nuestra esperanza.

Oremos:

Padre, gracias por la inmensidad de tu amor. Nuestra humanidad no nos permite entender la grandeza de tu bondad y compasión. Gracias por amarnos desde el principio y hasta el fin. Gracias por tener piedad de nosotros y no pagarnos conforme a nuestros fallos y pecados. Gracias por llevarnos a tus brazos y consolarnos, por entregar a tu único hijo, para que él, sin ninguna culpa ni mancha, ocupara nuestro lugar y así darnos perdón, libertad y salvación. Gracias Señor, no sabremos cómo agradecerte.

Te entrego mi vida y la de todas las personas que reconocen amarte y quieren darte gracias el día de hoy por tu bondad y misericordia. Como tú, ninguno Señor; sólo tú eres Dios, poderoso, invencible, amoroso y compasivo. ¡Te amamos!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Oremos así. ¡Él nos escuchará!

Así oró David y como él deberíamos orar nosotros.

El salmista se deleitaba en orar clamando el favor y la ayuda de Dios, y nosotros ¿en qué nos deleitamos? ¿Invocamos el nombre de Dios o consultamos a los amigos, familia, pareja, psicólogos?

Él es nuestra ayuda, protección y pronto auxilio. Ora, clama, invoca el nombre del Santo de Israel que te escucha sin pedir audiencia y está dispuesto a oírte.

Y dice el Salmo 143:10:

¡Líbrame de mis enemigos, oh Jehová!

Tú y yo tenemos enemigos terrenales y espirituales. Aunque no lo parezca, aunque tengamos muchos amigos y seamos personas amables y nobles, tenemos un enemigo que se esfuerza en atacarnos día tras día y pretende hacernos caer y apartarnos de Dios. No tengo que escribir más para que entendamos que el diablo y su ejército de demonios son nuestros enemigos. Pidamos al Señor que nos libre de cualquier ser que, siendo humano o espiritual, busque perjudicarnos o hacernos daño.

En ti me refugio.

Esta corta frase es una gran declaración de amor, fe, confianza, paz , esperanza y dependencia de Dios. ¿Dónde buscas refugio cuando necesitas consuelo y amparo? Búscale a él, refúgiate en él.

Enséñame a hacer tu voluntad porque tú eres mi Dios.

Pedir a Dios que nos enseñe es decirle que estamos dispuestos a ser obedientes, a seguir su verdad y trabajar en su obra. Esta afirmación declara que nos apetece, anhelamos, queremos y nos deleitamos en hacer su voluntad porque sabemos que es agradable y perfecta, y lo hacemos porque él es nuestro Dios y le amamos. Pidamos a Dios que nos dé obediencia y plenitud de gozo en hacer su voluntad. David se gozaba en obedecer al Señor.

Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.

La palabra tierra de rectitud hace referencia a un sitio correcto, perfecto, a un lugar maravilloso, a un lugar donde es placentero llegar. Pedir a Dios que su espíritu sea nuestra guía es decirle: “quiero caminar contigo y dejarme guiar por ti Señor”. Llévame adonde tú quieres que esté, donde quieres que habite.

Los salmos que escribió David muestran a un cristiano que depende de Dios, tanto en los momentos de adversidad como en los instantes de gloria y de arrepentimiento. Y tú, ¿qué circunstancia enfrentas hoy? Acércate, él te escuchará.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.