¡El mejor ejemplo a imitar!

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Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. (Gálatas 5:13)

Hemos leído bien, a libertad fuimos llamado. Dios es respetuoso y no ha impuesto nada a ningún hombre. Tenemos la opción de elegir, somos libres para aceptar hacer su voluntad o no. Somos libres para seguirle o no, para hacer lo correcto o no, pero él nos aconseja para recibir su bendición y nosotros elegimos aceptarla o no.

Hoy es la oportunidad para recordar que Dios tuvo un plan que nos rescató para darnos vida eterna y salvarnos del castigo que merecía nuestro pecado y el de la humanidad. El pecado de todos los hombres agotó la paciencia de Dios, pero antes de destruir la tierra, como en los tiempos de Noé, en su eterna misericordia volvió a renovar su piedad e hizo lo más injusto del mundo para hacernos justicia a ti y a mí. Permitió que su único hijo sufriera y pagara nuestra deuda muriendo en crucificado en un madero.

La pregunta es: ¿Lo merecíamos? ¿Lo merecía Jesús?

Y la respuesta la conocemos pero saberlo nos hace más conscientes del amor inmerecido de Dios.

Digamos al Señor con toda la gratitud que emana nuestro corazón:

Señor, gracias por amarme sin merecerlo y pensar en rescatarme cuando yo aún no había nacido.

Gracias por dar la vida de tu único hijo por mí y la humanidad. Gracias por tener un plan maravilloso para la restauración de mi alma y mi espíritu. Gracias por prometerme que volveré a verte y disfrutaré de tu reino por la eternidad. Gracias por resucitar para ser mi guía hasta el fin de mis días y por defenderme y dar la cara por mí delante de Dios. Te amo Señor y tu acto de amor me hace amarte y vivir agradecido cada día de mi vida. Hazme recordar todos los días que me quedan por vivir, cuanto me amas. En tu nombre lo pido, Amén.

Después de sabernos amados y perdonados. Lavados de toda culpa sin haber hecho nada. ¿Seriamos capaces de ayudar a otros para que puedan ser lavados y restaurados? Prepárate y comparte con los demás el amor que te dio vida nuevamente y te rescató. Es una forma maravillosa de servir.

Porque de él recibimos el mejor de los ejemplos y nuestra tarea es imitarle y ser como él, hablemos de su obra en nuestras vidas y del amor que tiene por gracia para todos los hombres. ¿A quién puedes servir hoy?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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¿Cansado de hacer el bien sin recompensa?

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El Señor nos reta constantemente a ser pacientes, compasivos, misericordiosos y justos en la misma medida con la que él lo ha sido con nosotros para que no nos olvidemos de su amor e infinita misericordia. Dios quiere que como él es con nosotros seamos nosotros con los demás, pero cuanto nos cuesta! La medida de amor, renuncia y misericordia es muy alta para nuestra humanidad y razón. ¿Por qué vamos a ser buenos en medida extrema? ¿Por qué vamos a poner la mejilla de nuevo? ¿Por qué, por qué, por qué y por qué? Porque si! Porque él lo hizo por ti y por mí y lo sigue haciendo aun a pesar de nuestros innumerables errores y faltas. Aun siendo conscientes del pecado y de su perdón seguimos fallando y él vuelve a poner su mejilla para restaurarnos, entonces por qué no habremos de hacerlo nosotros?

“Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.” (Mateo 5: 39)

¿Has sentido alguna vez que das sin medida y a cambio sólo recibes ingratitud y más exigencias? No eres la única persona, ni tú ni yo somos los únicos, muchos se sienten igual y viven la misma situación. Porque mientras nuestro espíritu se dispone hacer el bien y ayudar, la carne grita y reclama: ¡No lo hagas! ¿Por qué tú?

Creo que el principal motivo y la razón que nos motiva a servir y ayudar a los demás, es nuestra fe en Jesucristo. Él, sin conocernos lo dio todo por nosotros. Sin saber quienes éramos y que diríamos lo dio todo si condiciones ni exigencias. Jesús renunció a si mismo por amor y no valoró si lo merecíamos o no, porque de haberlo hecho su muerte no habría sido suficiente para la cantidad de maldad, pecado, indiferencia y frialdad de los hombres; pero él no escatimó nada y se entregó, por eso hoy. Nuestro objetivo es ser imitadores de Cristo, renunciando a la carne e imitando su carácter. Sirviendo y ayudando a los demás.

¿Te cansas? ¡Yo también! Pero que tú fuerza sea la fortaleza de Cristo que nunca se cansa y antes aumenta su paciencia para con nosotros.

¿Te agota ayudar a quién no valora tu ayuda? ¡A mí también! Pero que nuestro consuelo sea el amor de Cristo que llevó a la cruz para darnos vida por la eternidad. Si lo hizo él, porque no hacerlo nosotros.

“Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal”. (1 Pedro 3:17)

Parece una actitud servil y dócil. Una actitud fuera de lo común, pero eso es precisamente lo que caracteriza a los hijos de Dios. Estamos en el mundo pero no actuamos como el mundo, somos diferentes. Así que aunque padezcamos o suframos sirviendo y poniendo toda la carne en el asador, como dicen por ahí, sigamos con nuestra tarea que a su tiempo segaremos, nuestro jefe, todo lo ve y conoce; él paga y multiplica. Lo creo y doy testimonio de ello. Cuando nada tuve y serví. Dios vio con agrado mi actitud y recompensó mi acción y nunca me ha desamparado ni nada me ha faltado.

No ayudemos por la retribución. Demos y ayudemos por que de él hemos recibido. Demos porque es una forma de alabar y honrar a Dios, porque él ama al dador alegre y retribuye la obra de cada uno. No nos demos por vencidos, recordemos el padecimiento de Cristo como nuestro motor para seguir dando y sirviendo a lo demás. Seamos embajadores de los cielos donde vayamos. Que los demás no nos vean a nosotros sino a Cristo en nosotros.

“Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra”. (2 Crónicas 15:7)

Así que con la palabra que el Señor nos da el día de hoy la misión está clara, servir sin rendirse, ayudar sin esperar nada a cambio. Dar sin medida como él nos ha dado.

Entonces digamos juntos: “Gracias Señor por tu misericordia y eterna justicia. Gracias por tu piedad y paciencia, por enseñarnos y pedirnos que seamos como tú para que nuestro mundo cambie y haya paz y bien entre nosotros. Ayúdanos a entender el propósito de tu obra y plan de amor. Ayúdanos a ser reflejos de ti cada día con todas las personas que nos rodean. Pidan o exijan, ayúdanos a dar, tú te encargarás de hacer justicia y de confrontar el corazón de lo ingratos y desagradecidos, a nosotros no nos corresponde. Así que hoy te pedimos nos des un corazón grato, justo y amoroso que ayude sin condiciones a los demás, como tú nos has servido y ayudado.” En el nombre de Jesucristo oramos y te lo pedimos”. Amén.

“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.”

(Gálatas 5:13)

Así que siendo libres, elijamos hacer el bien y servir a los demás en amor.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Poniendo la vida por los amigos!

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Dicen por ahí que no es lo mismo saber que se ama que sentirlo. Amar no es un sentimiento intangible, todo lo contrario, es un sentimiento lleno de detalles y muestras de cariño, afecto, lealtad, confianza, respeto, paciencia y un sinnúmero de demostraciones. Desde un saludo, una simple llamada, un abrazo, una carta, un dejar el orgullo y pedir perdón, un volver a empezar de cero por que la otra persona nos importa. Estar dispuesto a renunciar para servir a otro. ¿Te suena de algo?

Los seres humanos somos seres relacionales, nos gusta socializar y establecer vínculos. Unos más profundos que otros, pero creo que no existe nadie en el mundo que no tenga amigos o si fuese el caso serían muy pocos los hombres que no se relacionasen con absolutamente nadie. Así que si tenemos amigos, somos amigos, entonces tenemos familia, tenemos hermanos.

Aunque hoy y mañana son días enfocados comercialmente para celebrar el amor y la amistad, creo que no hay un día único para honrar estas relaciones, porque todos los días son ideales para hacerlo, es más debería ser un ejercicio diario, amar y perdonar a los demás. Dar lo mejor de nosotros mismos para el bienestar de otro, como lo hizo Jesús con nosotros. Dar su vida por amor para que tú y yo fuésemos salvos y considerados familia suya es el mejor regalo que Dios nos ha dado. Por su amor, somos amigos y hermanos de Jesucristo!

¿Tienes amigos? ¡Cuídalos!

¿Tienes amigos? ¡Valóralos!

¿Tienes amigos? ¡Respétalos!

¿Amas a alguien? ¡Recuérdaselo!

¿Amas a alguien? ¡Escúchalo!

¿Amas a alguien? ¡Perdona sus errores!

Es muy fácil amar a lo que nos aman. ¿Qué mérito tiene? dijo el Señor. Él nos pidió algo más grande y más fuerte. Amar a quien no lo merece, amar a nuestros enemigos, amar a quien no nos ama. Difícil ¿cierto? ¿Cómo podemos amar a nuestros enemigos? Imposible! Podemos pensar que Jesús pudo hacerlo porque era el Hijo de Dios y para él todo era posible. Amar a quién le entregó y traicionó a la vez que a sus verdugos ¡Pues no! Es una excusa inmadura. Él nos hizo especial hincapié en este mensaje porque amar a quien no lo merece es alcanzar la perfección del amor. Amar a quien no nos ama, amar a quien no lo merece, amar a quien se ha burlado y reído de nosotros es la demostración más grande de la nobleza de nuestro corazón y de la dependencia del Señor porque imitamos su carácter.

Tengo amigas desde la infancia. Crecimos juntas, nos hicimos mayores y estudiamos carreras diferentes. Hoy, somos muy distintas pero seguimos hablando y compartiendo. Hoy, a pesar de los años seguimos animándonos y compartiendo. Aunque vivimos lejos, hablamos con cierta frecuencia y nos vemos de vez en cuando. Pero amarlas a ellas es muy fácil a pesar de que a veces tengamos algunas diferencias, porque más que mis amigas son mis hermanas. Sé que puedo contar con ellas como ellas conmigo y siempre habrá en nuestro corazón amor, respeto, cariño, amistad y confianza. Pero… ¿y las otras relaciones que no son tan perfectas? ¿Las relaciones en las que hay dolor, silencio, distancia, malos recuerdos, resentimiento y tristeza? ¿Qué pasa con esas relaciones? Es allí donde deberíamos de enfocar nuestra mente y corazón, porque es precisamente de esas relaciones de las que el Señor nos pedirá cuenta un día y nos preguntará ¿por qué?

Aprendamos de su amor y eterna fidelidad. Aprendamos de su misericordia y paciencia. Aprendamos de su nobleza y misericordia para comportarnos con los demás como él ha sido y es con nosotros.

Hoy, en estas fechas de amor y amistad. Demos amor por doquier y reconciliémonos con quién daño nos ha hecho y sanemos nuestras relaciones personales, porque es la manera de obedecer y reflejar el amor de Cristo. El amor que nos amó sin merecerlo y dio su vida por pecadores e injustos, entre los que estábamos tú y yo.

Y en este tiempo de amor y amistad mis deseos para ti y los tuyos son:

Que el Señor te muestre su amor constante y su fidelidad.”

(2 Samuel 15:20)

¿A quién vas a amar hoy? ¿A quién vas a cuidar hoy? ¿Por quién darías tu vida?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Siendo conscientes de nuestros días!

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Dicen que los seres humanos vivimos y enfrentamos diferentes momentos en la vida de confrontación interna, de toma de decisiones y un contraste de emociones. A estos momentos puntuales que ocurren en la vida de una persona se les llaman crisis; son momentos de profunda reflexión y elecciones que alteran para bien o mal el camino de la vida. Estos momentos ocurren en etapas de la vida marcadas por cambios y transformaciones, en el caso de la mujer, por ejemplo, ocurren en las etapas de la adolescencia, maternidad, menopausia y vejez. Con el paso de los años nos hacemos mayores y las prioridades van cambiando de importancia, crecemos, maduramos y gracias a Dios empezamos a ser conscientes de una u otra manera del paso del tiempo y de la medida de nuestros días.

En este versículo del Salmo 39 leemos la petición del salmista al Señor, en la que éste ruega ser consciente de sus años para poder reconocer la necesidad de Dios al saberse frágil y débil.

¿Somos conscientes nosotros de la medida de nuestros días? ¿Somos conscientes de nuestra fragilidad y lo vulnerables que somos? Pidamos a Dios cómo el salmista, nos haga conscientes de ello para buscar su rostro a tiempo y reconocer que sin él no somos nada y le necesitamos.

Al cumplir 30 años, un buen día me levanté e hice un recuento de mi vida y cuál fue mi sorpresa cuando empece a notar que de los 20 a los 30 habían pasado 10 rápidos años en los que a pesar de haber hecho montones de cosas a nivel profesional y personal, seguía con varios temas pendientes y cosas sin hacer y otra sin siquiera empezar. Hubo un poco de angustia y un leve arrepentimiento en mi corazón porque sentí que no fui consciente de los años que pasaron y hubo muchas cosas que no hice por temor, vergüenza, debilidad y falta de madurez. Pero aunque aún soy joven y no he perdido el tiempo, me recuerdo a mi misma que nunca es tarde, es el momento de ser consciente de que el tiempo pasa sin clemencia para todos y tomar acciones.

Llegar a este punto de reflexión me llevó a reconocer mi absoluta dependencia de Dios porque muchas de las cosas logradas y conseguidas hasta ahora sólo fueron posibles por su eterna misericordia e inmenso poder. Sin su ayuda, no habría logrado nada. Él abrió los cielos y derramó maravillas de los cielos en mi vida, aunque siga habiendo proyectos y metas inconclusas.

Con casi 32 años hay nuevos propósitos y proyectos de vida en mi corazón que están enfocados para ser realizados a partir de ahora, en los que quiero darle el primer lugar a Dios y crecer en mi relación personal con él y en el conocimiento de su palabra para seguir madurando hasta ser mejor persona, a la imagen de Cristo. No quiero que sea tarde y con el tiempo me detenga tristemente a lamentarme y preguntar, ¿Qué pasó? ¿Qué me lo impidió? ¿Por qué no lo hice? Porque ninguna sabiduría habrá en el lamento. Dios me ha dado vida y días para vivirlos sabiamente y gozarme en él y en su obra. Por eso hoy, te invito a reflexionar y preguntarte, ¿qué has hecho y que te queda pendiente? Pídele a Dios, junto a mí te conceda entendimiento y te haga consciente de la existencia de sus días y de lo frágil que eres para depender absolutamente de él.

Hoy, como el salmista reconozcamos la necesidad que tenemos de ser protegidos y guiados por Dios en cada cosa que hagamos y cada decisión que tomemos. ¡Le necesitamos y le pedimos que nos de sabiduría para ser conscientes de los días y los años que nos quedan de vida para aprovecharlos, saber invertirlos en edificar nuestro espiritu y caminar de su mano cada día.

¿Qué quieres hacer? ¿Qué se quedó pendiente? ¡No temas, hazlo!

¿Que dejaste de hacer y puedes retomar hoy?  Planes, proyectos y metas. Es tiempo de ser conscientes de nuestros días en la vida y nuestra fragilidad para animarnos a cumplir nuestros propósitos con la ayuda de Dios y que no venga, con los años, la queja y el arrepentimiento por no haber hecho más, habiendo podido y contando con la dirección y guía de Dios.

Hay planes muy básicos, otros representan decisiones que quizás puedan afectar a alguien, ora por ello y ponlo en manos de Dios. Él te guiará porque tu confianza y esperanza has puesto en él.

Ahora algunos ejemplos de proyectos y propósitos pendientes, si tienes más compártelos con nosotros.

– Leer la Biblia.

– Ayudar en un ministerio de la Iglesia.

– Compartir con la familia y amigos.

– Escribir una carta o un libro.

– Ser padres y educar con amor nuestros hijos.

– Adquirir hábitos alimenticios saludables.

– Participar de la alabanza.

– Apartarse de las malas relaciones.

– Dar el lugar que corresponde de Dios.

– Estrechar la relación con el Señor en oración.

– Dejar definitivamente un vicio.

– Confiar y esperar en Dios.

– Sanar relaciones dañadas.

– Terminar tus estudios.

– Practicar un deporte

– Aprender un idioma.

– Viajar y visitar a alguien.

– Practicar un Arte u oficio.

– Dedicar tiempo a servir y ayudar a otros.

– Dar testimonio y compartir la palabra de Dios.

– Liderar un ministerio o grupo de estudio Bíblico.

– Perdonar y pedir perdón.

– Depender de Dios y confiar en él.

– Luchar por nuestros matrimonios y relaciones familiares.

– Escudriñar su palabra para adquirir conocimiento.

 

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

La mejor forma de empezar el año…..

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Aunque no veamos lo que viene, para este año nuestro propósito debería ser caminar por fe, confiados en aquel que todo lo puede y convencidos de que su respuesta llegará.

Hoy empezamos una nueva etapa, un tiempo nuevo y tenemos 365 oportunidades para amar, perdonar, reconciliarnos, unirnos, vencer, creer, confiar, ayudar, servir, orar, interceder y sembrar. Por eso, comparto con todos, este hermoso mensaje del libro de  Deuteronomio que hace alusión a las bendiciones de la obediencia.

Que este sea nuestro propósito cada día de 2016 y nuestra oración el día de hoy: “Señor queremos ser más como tú, ver la vida como tú, obedecer y ver tu bendición”

 

Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.

Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo.

Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas.

Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar.

Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.

Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti.

Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da.

Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos.

Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán.

Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar.

Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado.

Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas, y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles.

(Deuteronomio 28: 1-14)

 

Un año más, trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Dicen por ahí que la vida son tres días!

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Y sí, la vida son tres días pero no para hacer locuras y lo que nos venga en gana. Ya lo dice la palabra de Dios, su palabra lo dice de otra manera pero lo dice y nos recuerda que la vida son tres días, es un tiempo corto, cortísimo. Es un período corto, pero no para usar este argumento e ir en contra de la ley y voluntad de Dios. No es válido ser conscientes de que nuestro paso por la tierra es corto para desobedecer, perjudicarnos, maltratarnos, agredirnos ni mucho menos hacernos esclavos de vicios y perversiones.

Los días del hombre ya están contados; tú has decidido ya cuántos meses vivirá; su vida tiene un límite que no puede traspasar. (Job 14:5)

Allí fuera repiten constantemente que para los pocos días que nos quedan, hagamos esto y aquello, probemos esto y lo demás, pero…..y si nos detenemos un momento y pensamos con sensatez y cordura, ¿hay razón en vivir la vida de manera desbordada? ¿qué piensa Dios de nuestra decisión de vivir la vida de manera desenfrenada, porque se viven solamente tres días?

Después de estas preguntas que ya te habrás planteado alguna vez, seguramente caigas en cuenta, que la vida es corta porque es un ensayo de lo que ha de llegar mientras esperamos la promesa del Señor. Es un periodo de prueba para pulir nuestro carácter y prepararnos para la eternidad. Dios no quiere que perdamos el control y nos afanemos en ir tras la vanidad, los deseos del mundo y la vanagloria de la vida. Reflexionemos ¿Al final qué queda de todo esto? Y para continuar echo mano de una frase que he escuchado desde niña: “Del afán no queda sino el cansancio” y que también está escrita en la palabra del Señor.

Así que, no se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. ¡Ya bastante tiene cada día con su propio mal!

(Mateo 6:34)

Finalmente los que promueven esta idea de estilo de vida sólo tienen razón en una cosa, si la vida son tres días, entonces debemos marcar prioridades, debemos elegir hacer unas cosas antes que otras y creo que lo realmente importante es:

Que tu afán sea, hacer el bien y vivir cada día conforme a la voluntad de Dios.

Que tu prisa sea, servir, ayudar, interceder y orar por los demás.

Que tu esfuerzo sea, edificar el espíritu y adquirir sabiduría.

Que tu propósito sea, actuar como él e imitar su carácter y comportamiento.

Que tu motivo para vivir sea, el amor de Cristo.

Entonces si la vida son tres días, vive con intensidad cada día resistiendo con el bien, el mal y reflejando el amor de Cristo a los demás.

¡A vivir que son tres días!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Su ejemplo nos dio!

Es éste, antes de la cruz, uno de los actos de misericordia y humildad más grande del Señor Jesús por amor a los hombres. Él, siendo Rey, Dios y Señor no escatimó en inclinarse para lavar los pies de los hombres que le acompañaban, incluso los pies de quien le entregaría.

Jesús nos enseña una vez más el valor de la humildad. Lo fue hasta el fin de sus día y hoy recordamos que con amor y ternura, lavó los pies de esos hombres. Pies seguramente sucios de arena, cansados de andar, arrugados por culpa del calzado, pero él no reparó en tomar una toalla y lavar sus pies.

Recordemos el diálogo de Jesús y Pedro, quién se negó primeramente a que el Señor le lavase sus pies. Leamos Juan 13: 4-12

4. Se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.

5. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.

6. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies?

7. Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.

8. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.

9. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza.

10. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

11. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.

Si hoy fueses tú quien ocupase el lugar de Pedro ¿Dejarías que Jesús lavase tus pies, o tendrías vergüenza como Pedro y te negarías?

Quizás estamos limpios pero nuestros pies necesitan ser lavados. Quizás creemos que estamos totalmente limpios y necesitamos ser lavados de la cabeza a los pies. Me emociona leer las palabras de Pedro cuando finalmente accede a que Jesús le lave sus pies y le dice: No sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Digamos nosotros lo mismo. ¡Lávame de los pies a la cabeza, Señor!

Hoy tenemos la oportunidad de seguir aprendiendo de la humildad de Jesucristo que nos invita a imitar su comportamiento. Hoy es el tiempo de recordar que no sólo nuestros pies deben ser lavados, sino seguramente todo nuestro cuerpo para poder tener parte con él. Hoy es el día de actuar como siervos a los que nos llamó el Señor para servir a los demás y hacer como ha hecho Jesús con nosotros.

Déjate lavar por el Rey. Déjate limpiar de los pies a la cabeza con amor y ternura y después como ha hecho el Señor contigo has tú con los demás. ¿A quién podrías lavar los pies el día de hoy?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Hace dos años….

Ha pasado el tiempo y justamente el 23 de febrero de 2013, después de muchas luchas y ataques del enemigo diciéndome que yo no podía servir al Señor con este ministerio porque no era lo suficientemente digna para hacerlo, empezó Arte y Diseño para Cristo y me propuse como objetivo servir a Dios con los talentos que él me regaló y los conocimientos que me ha permitido adquirir y aquí estoy construyendo con todos ustedes, los lectores y hermanos en la fe, este espacio que nos anima, fortalece y ayuda cada día.

Ya son dos años sirviendo al mejor de los jefes y trabajando para su gloria y honra. Para él toda mi gratitud el día de hoy porque nos ha bendecido abundantemente cada día de estos dos años. Nos ha edificado a ti y a mí, porque tú también eres parte de este ministerio. Gracias por recibir, dar y compartir de la palabra del Señor, porque este es el propósito de Arte y Diseño para Cristo. Por eso cada día me repito que el número de seguidores no es lo que importa sino que la vida de quien lee sea transformada. No somos 10.000 ni 50.000, somos los que somos: 6161 y 120,500 personas alcanzadas de forma viral a través de nuestro perfil y blog. Pero con que uno sólo de vosotros lea la palabra de Dios, mi corazón se alegra porque entonces, hemos sido dos los edificados. Y me alegro porque antes de seguir mi trabajo, siguen a Cristo, antes de seguir mi talento, honran a Dios porque quieren compartir su palabra con otros.

Mi mensaje el día de hoy es para animarte a ser valiente y pedirte que alabes a Dios con lo que tienes, no escuches las mentiras del enemigo que intentará desanimarte y se esforzará en hacerte creer que no vales, que no eres lo suficientemente merecedor de servir al Señor, como lo hizo conmigo; pero no le creas, porque Dios precisamente escogió lo más despreciable del mundo para glorificarse, así que ánimo! Honra al Señor con lo que tienes y sabes hacer: cantar, orar, alabar, escribir, ayudar, predicar, evangelizar, diezmar, enseñar, etc  y no olvides que hemos sido consolados para consolar, fortalecidos para fortalecer, bendecidos para bendecir y amados para amar.

¡Felices dos años de edificación espiritual!

Que el poder de Dios siga transformando nuestras mentes y corazón para llegar a la estatura de la medida de Cristo.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡No retengas! Comparte, da a los demás y serás bienaventurado

¿De cuales eres? ¿Repartes o retienes?

Dice la Biblia que con nada vinimos y con nada nos iremos, pero mientras vivimos en la tierra somos vulnerables a aferrarnos a las cosas y apegarnos a lo que tenemos, nos volvemos egoístas y es precisamente lo que Dios no quiere que hagamos.

Nuestro Padre, nos invita cada día a soltar, a compartir, a dar de lo que tenemos, de lo que él nos ha dado y hoy es un día estupendo para empezar. No pienses, es que yo no soy rico, que puedo darle a los demás? Déjame recordarte que no sólo dinero se puede dar, no retengas ni guardes lo que Dios te ha dado para ti sólo ni para unos pocos, sino multiplica, da, da y da abundantemente, como se te ha dado,  de lo que tienes y sin esperar nada a cambio.

Tú y yo hemos recibido del Señor diferentes talentos y dones, pues empecemos por ahí, repartamos de las bendiciones con las que Dios nos ha bendecido a los más necesitados. Si hay necesidades económicas, comparte tu dinero. Si necesitan palabras de ánimo, da consuelo. Si hay tristeza, reparte alegría. Si surgue la duda, reparte fe. Si viene la enfermedad, comparte una oración. Si hay soledad, sé compañía. Si tienen hambre, comparte tu alimento. Si están en oscuridad, da luz. Si hay sed, reparte del agua de Vida, pero siempre comparte.

Si los demás te necesitan y sientes que puedes ayudar, no retengas, hazlo, no esperes más, es el momento de hacerlo ¡mañana puede ser tarde!

Es el tiempo para empezar. Piensa en la gente que te rodea, que necesitan las personas que conoces, que necesitan tus vecinos o compañeros de trabajo? Reparte tu gozo, esperanza y confianza en Dios. Háblale a los demás de Dios con tus palabra o tu forma de ser, pero hazlo, no retengas. Un día, como en la parábola de los talentos, el Señor nos preguntará que hicimos con lo que él nos dio. ¿Qué le dirás? ¿Que lo multiplicaste y compartiste o que lo escondiste?

¡Multiplica y Reparte de lo que se te ha dado!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.