¡El mejor ejemplo a imitar!

Arte y Diseño para Cristo

Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. (Gálatas 5:13)

Hemos leído bien, a libertad fuimos llamado. Dios es respetuoso y no ha impuesto nada a ningún hombre. Tenemos la opción de elegir, somos libres para aceptar hacer su voluntad o no. Somos libres para seguirle o no, para hacer lo correcto o no, pero él nos aconseja para recibir su bendición y nosotros elegimos aceptarla o no.

Hoy es la oportunidad para recordar que Dios tuvo un plan que nos rescató para darnos vida eterna y salvarnos del castigo que merecía nuestro pecado y el de la humanidad. El pecado de todos los hombres agotó la paciencia de Dios, pero antes de destruir la tierra, como en los tiempos de Noé, en su eterna misericordia volvió a renovar su piedad e hizo lo más injusto del mundo para hacernos justicia a ti y a mí. Permitió que su único hijo sufriera y pagara nuestra deuda muriendo en crucificado en un madero.

La pregunta es: ¿Lo merecíamos? ¿Lo merecía Jesús?

Y la respuesta la conocemos pero saberlo nos hace más conscientes del amor inmerecido de Dios.

Digamos al Señor con toda la gratitud que emana nuestro corazón:

Señor, gracias por amarme sin merecerlo y pensar en rescatarme cuando yo aún no había nacido.

Gracias por dar la vida de tu único hijo por mí y la humanidad. Gracias por tener un plan maravilloso para la restauración de mi alma y mi espíritu. Gracias por prometerme que volveré a verte y disfrutaré de tu reino por la eternidad. Gracias por resucitar para ser mi guía hasta el fin de mis días y por defenderme y dar la cara por mí delante de Dios. Te amo Señor y tu acto de amor me hace amarte y vivir agradecido cada día de mi vida. Hazme recordar todos los días que me quedan por vivir, cuanto me amas. En tu nombre lo pido, Amén.

Después de sabernos amados y perdonados. Lavados de toda culpa sin haber hecho nada. ¿Seriamos capaces de ayudar a otros para que puedan ser lavados y restaurados? Prepárate y comparte con los demás el amor que te dio vida nuevamente y te rescató. Es una forma maravillosa de servir.

Porque de él recibimos el mejor de los ejemplos y nuestra tarea es imitarle y ser como él, hablemos de su obra en nuestras vidas y del amor que tiene por gracia para todos los hombres. ¿A quién puedes servir hoy?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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¿Cansado de hacer el bien sin recompensa?

Arte y Diseño para Cristo

El Señor nos reta constantemente a ser pacientes, compasivos, misericordiosos y justos en la misma medida con la que él lo ha sido con nosotros para que no nos olvidemos de su amor e infinita misericordia. Dios quiere que como él es con nosotros seamos nosotros con los demás, pero cuanto nos cuesta! La medida de amor, renuncia y misericordia es muy alta para nuestra humanidad y razón. ¿Por qué vamos a ser buenos en medida extrema? ¿Por qué vamos a poner la mejilla de nuevo? ¿Por qué, por qué, por qué y por qué? Porque si! Porque él lo hizo por ti y por mí y lo sigue haciendo aun a pesar de nuestros innumerables errores y faltas. Aun siendo conscientes del pecado y de su perdón seguimos fallando y él vuelve a poner su mejilla para restaurarnos, entonces por qué no habremos de hacerlo nosotros?

“Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.” (Mateo 5: 39)

¿Has sentido alguna vez que das sin medida y a cambio sólo recibes ingratitud y más exigencias? No eres la única persona, ni tú ni yo somos los únicos, muchos se sienten igual y viven la misma situación. Porque mientras nuestro espíritu se dispone hacer el bien y ayudar, la carne grita y reclama: ¡No lo hagas! ¿Por qué tú?

Creo que el principal motivo y la razón que nos motiva a servir y ayudar a los demás, es nuestra fe en Jesucristo. Él, sin conocernos lo dio todo por nosotros. Sin saber quienes éramos y que diríamos lo dio todo si condiciones ni exigencias. Jesús renunció a si mismo por amor y no valoró si lo merecíamos o no, porque de haberlo hecho su muerte no habría sido suficiente para la cantidad de maldad, pecado, indiferencia y frialdad de los hombres; pero él no escatimó nada y se entregó, por eso hoy. Nuestro objetivo es ser imitadores de Cristo, renunciando a la carne e imitando su carácter. Sirviendo y ayudando a los demás.

¿Te cansas? ¡Yo también! Pero que tú fuerza sea la fortaleza de Cristo que nunca se cansa y antes aumenta su paciencia para con nosotros.

¿Te agota ayudar a quién no valora tu ayuda? ¡A mí también! Pero que nuestro consuelo sea el amor de Cristo que llevó a la cruz para darnos vida por la eternidad. Si lo hizo él, porque no hacerlo nosotros.

“Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal”. (1 Pedro 3:17)

Parece una actitud servil y dócil. Una actitud fuera de lo común, pero eso es precisamente lo que caracteriza a los hijos de Dios. Estamos en el mundo pero no actuamos como el mundo, somos diferentes. Así que aunque padezcamos o suframos sirviendo y poniendo toda la carne en el asador, como dicen por ahí, sigamos con nuestra tarea que a su tiempo segaremos, nuestro jefe, todo lo ve y conoce; él paga y multiplica. Lo creo y doy testimonio de ello. Cuando nada tuve y serví. Dios vio con agrado mi actitud y recompensó mi acción y nunca me ha desamparado ni nada me ha faltado.

No ayudemos por la retribución. Demos y ayudemos por que de él hemos recibido. Demos porque es una forma de alabar y honrar a Dios, porque él ama al dador alegre y retribuye la obra de cada uno. No nos demos por vencidos, recordemos el padecimiento de Cristo como nuestro motor para seguir dando y sirviendo a lo demás. Seamos embajadores de los cielos donde vayamos. Que los demás no nos vean a nosotros sino a Cristo en nosotros.

“Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra”. (2 Crónicas 15:7)

Así que con la palabra que el Señor nos da el día de hoy la misión está clara, servir sin rendirse, ayudar sin esperar nada a cambio. Dar sin medida como él nos ha dado.

Entonces digamos juntos: “Gracias Señor por tu misericordia y eterna justicia. Gracias por tu piedad y paciencia, por enseñarnos y pedirnos que seamos como tú para que nuestro mundo cambie y haya paz y bien entre nosotros. Ayúdanos a entender el propósito de tu obra y plan de amor. Ayúdanos a ser reflejos de ti cada día con todas las personas que nos rodean. Pidan o exijan, ayúdanos a dar, tú te encargarás de hacer justicia y de confrontar el corazón de lo ingratos y desagradecidos, a nosotros no nos corresponde. Así que hoy te pedimos nos des un corazón grato, justo y amoroso que ayude sin condiciones a los demás, como tú nos has servido y ayudado.” En el nombre de Jesucristo oramos y te lo pedimos”. Amén.

“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.”

(Gálatas 5:13)

Así que siendo libres, elijamos hacer el bien y servir a los demás en amor.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Que la indeferencia no contamine tu corazón

Ya se nos ha dicho en repetidas ocasiones y nos lo ha dicho Jesús también,

“Como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.”

Lucas 6:31

Lo más importante de estas palabras es la práctica que hacemos de ellas. ¿Aplicamos esta verdad en nuestra relación con los demás?

Exigimos respeto, pero ¿respetamos? Deseamos que se nos trate con amor y ¿es lo que damos?

Estas sabias palabras nos hablan de la convivencia, de las buenas relaciones, del amor, la amistad, la complicidad, el cariño, el afecto y la bondad y lo asemejo a este proverbio porque viene a decir lo mismo. “Si cierras tu oído al clamor del pobre, cuando clames no seras oído.”

Dios es un dios justo y misericordioso, que piensa en ti, en mí y en los demás, en cada persona que le busca, que le necesita, en cada enfermo y desalentado. Dios tiene amor para cada uno de los hombres y quiere que nosotros nos tratemos con amor los unos a los otros, que nos ayudemos y soportemos. Lamentablemente no es así y por eso estas enseñanzas, porque él quiere que pensemos en los demás, que renunciemos a nuestras comodidades para compartir con los demás, que imploremos por las necesidades de otros y que escuchemos cuando otros necesiten consuelo. Nuestro Padre quiere que seamos reflejo de su amor y misericordia.

Hoy somos consuelo de otros porque una vez fuimos consolados. Hoy somos ayuda y soporte de otros porque una vez alguien nos dio la mano. Hoy somos guía de alguien porque alguna vez anduvimos ciegos. Hoy somos luz pero una vez estuvimos en tinieblas.

Y ahora piensa en cómo te gustaría que fuesen contigo.

¿Te gustaría que te llamen y tengan en cuenta? ¿Te gustaría que te digan cuanto te quieren y te den un abrazo?¿Te gustaría que te saludaran cada mañana o te ayudaran a cargar una bolsa pesada?¿Te gustaría que te escucharan y oraran por ti? ¿Te gustaría que en mitad de la lluvia alguien te extendiera su paraguas? Entonces haz por los demás lo mismo que tú deseas para ti, porque así como tú seas, serán contigo. Reflexionemos: No esperes recibir amor si lo que das está lejos de ser ternura y amor.

Piensa en los demás, en los necesitados, en los desamparados, en las viudas, huérfanos, en los ancianos. Piensa en las personas que viven en la calle y no tienen techo donde resguardarse. En las personas presas de su libertad, en las prostitutas, en los drogadictos que siendo esclavos y prisioneros de una atadura no conocen al que tiene la llave de su libertad.

¡Di no a la indiferencia y no permitas que se contamine tu corazón! No podemos vivir un día más sin hacer algo por los demás. Caminar por la ciudad, como si nada, mientras hay gente durmiendo en la calle sin nada que comer ni que beber, cuando a nosotros nos sobra. No podemos seguir viendo las noticias y ver como son perseguidos hasta la muerte, nuestros hermanos en la fe, en Oriente y seguir viendo novelas o películas. ¡No podemos ser indiferentes ante el dolor de los demás!

Ora por otros, por los enfermos y los perseguidos. Extiende tu mano al desvalido, abriga al desnudo, ayuda al anciano, da agua al sediento y consuelo al triste. Porque así como Dios nos ha amado, debemos amar a los demás.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.