¡Un nuevo tiempo vendrá!

Arte y Diseño para Cristo

Hoy hace 364 días empezaba para nosotros un tiempo nuevo que ahora termina y nos deja grandes, buenos y quizás no tan buenos momentos. Está claro que ha llovido, para unos poco, para otros torrencialmente, pero aún con poca o mucha lluvia, lo más importante es que aquí seguimos y aquí estamos, viviendo nuestro penúltimo día de 2015 y dispuestos a recibir un tiempo nuevo del que desconocemos lo que traerá pero que augura grandes promesas porque hemos creído y seguiremos creyendo en él, en su poder y fidelidad.

Como hijos de Dios debemos reflexionar y tener un tiempo para decir GRACIAS; para orar y encomendar lo que llegará. Un tiempo para pedir perdón y restaurar lo dañado, un tiempo para pedir por nuestros seres queridos y los no queridos, por los que nos han maltratado de una u otra manera, por los que nos han señalado, criticado y juzgado. Hoy caben todos en nuestras oraciones porque todos han hecho parte del año que esta a punto de terminar. Oremos por las personas a quienes nosotros hemos hecho daño con nuestras palabras, miradas, silencios, etc.

Oremos por nuestro mundo, por la paz de la tierra, los líderes de cada nación, los animales, la naturaleza y el cambio climático del que somos testigos. Ya no nos tienen que contar nada porque lo estamos viviendo y palpando. Oremos por los cristianos perseguidos en todo el mundo, por los niños torturados y sometidos al trabajo forzoso. Oremos por los ancianos abandonados e ignorados, que no tienen ayuda y viven en soledad. Oremos por la familia, la unidad, el amor, el respeto, el perdón y la reconciliación entre hermanos. Que todo lo negativo de este año quede atrás y demos paso a grandes cosas con nuestra forma de ser y reflejar el amor de Cristo.

Señor, gracias eternamente por tu amor, fidelidad y compañía. Gracias por hacer más fácil nuestro andar este año que se acaba. Te pedimos que perdones nuestros errores, que perdones las veces en las que nos hemos apartado de ti y nos hemos dejado cautivar por las bellezas del mundo y el brillo de la vanidad. Perdónanos Señor y haznos mejores cada día. Ayúdanos a ser imitadores de Cristo y a ser embajadores de tu reino donde quiera que vayamos. Que volvamos nuestros ojos y corazón al cielo cada día para ser reflejos de tu luz en el tiempo que nos ha tocado vivir.

Aquí estamos y aunque ha llovido te damos gracias porque hemos aprendido, porque detrás de cada circunstancia hay una lección y enseñanza. Danos sabiduría y fe para caminar seguros cada día de 2016. Sabemos que caminar a tu lado nos garantizará fuerza en medio del dolor y esperanza en medio de las pruebas.

Te amamos Señor. En tus manos estamos y ponemos el tiempo que ha de llegar.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Creyendo sin ver!

Si no veo en sus manos la señal de los clavos; más aún, si no meto mi dedo en la señal dejada por los clavos y mi mano en la herida del costado, no lo creeré. (Juan 20:24)

Estas fueron las palabras de Tomás. Su incredulidad le apartó de la fe que había depositado en el Señor Jesús días atrás cuando compartió con él su ministerio, siendo uno de sus discípulos.

Y me pregunto: ¿después de seguirle y creer en él, cómo pudo decir esto? A pesar de conocer a Jesús en persona, Tomás pidió una prueba para creer ¿Qué no diríamos entonces tú y yo que no conocimos personalmente a Jesús y no compartimos las vida con él? No quiero imaginar que viviendo en el tiempo de Jesús, pensase como Tomás.

En Juan 20:29, después de que Tomás comprobara físicamente la señal de los clavos en las manos del Señor y la señal en su costado, Jesús le dijo:

–¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!

¿Has leído bien? El Señor dijo, dichosos los que creen sin ver. Tú y yo hemos creído en él sin haberle visto y no nos ha sido necesario tener una prueba física para creer en su amor y poder. No ha sido necesario estar cerca y ver los clavos y las sábanas vacías en la tumba para creer que Jesucristo murió por nosotros y en su sangre nos redimió.

No podemos ignorar que muchas veces nuestra razón nos incita a pensar como Tomás. Queremos ver y comprobar para creer, pero no es esto lo que Dios quiere. Porque si creemos en él, debemos creer que él existe, por fe, es la manera de agradar a Dios.

Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa a los que lo buscan.  (Hebreos 11:6)

Recordemos también lo que dice la Biblia en Romanos 8: 24

Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; ya que lo que alguno ve, ¿para qué esperarlo?

Hoy, celebramos la victoria del Señor sobre la muerte, sobre la oscuridad y el mundo. Él venció y nos dio Vida Eterna y Salvación. Lo que dijo se cumplió y ahora él vive y está sentado a la diestra de Dios. Él no nos ha desamparado porque su Espíritu nos ha dejado para consolarnos y acompañarnos.

¡Alégrate porque él vive!

¡Sigue creyendo y confiando sin ver! Esta si es la prueba de nuestra fe.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Cuantas más pruebas, más confianza en Dios

Las pruebas no tardan en llegar, vendrán sin avisar, más difíciles, largas, complejas o si hay suerte llegarán con retraso, pero seguro que llegarán. ¿Y si somos cristianos? Somos cristianos no inmunes, de los problemas y adversidades no estamos exentos, así que tarde o temprano, llegarán. Creo que aún somos más vulnerables a los ataques del enemigo que quienes no conocen a Cristo.

A las pruebas de ayer, hoy se suman nuevas situaciones que superan nuestro control y se salen de nuestras manos. No hay humanamente solución a enfermedades, la muerte de un ser querido, desastres, accidentes, malas noticias y podría seguir escribiendo cosas tristes, pero no lo haré, porque aún a pesar de vivir estas situaciones y tener que enfrentarlas, lo más grande es poder tener paz en medio del dolor y la tribulación. Esto es posible si confiamos en Dios, quien nos dará la victoria.

Llegó el día esperado y a las 12:30 me llamaban para pasar a la consulta del especialista que meses atrás me había citado. Ella preguntó y me entregó las pruebas que han venido realizándome, pero faltaba una y sobre la marcha la doctora se dispuso a realizarla para decirme finalmente, que nací con un ovario poliquístico y que es probablemente la causa de no poder quedarme embarazada. La mirada de mi esposo y la mía se encontraron frente a frente con una cara de sorpresa y algo de decepción. Ella nos confirmó que no es grave ni impide la maternidad, sugirió un pequeño tratamiento para que sea más fácil concebir. Y entonces empezaron los ataques. “Eres muy joven, algo más añadido a lo que ya tienes, ¿podrás ser madre? Estás completita Laura, todo lo tienes”.

Resistí esas mentiras y me fortalecí en el Señor y al salir de la consulta recordé que Sara siendo muy mayor y estéril dio a luz un niño porque para Dios no hay nada imposible. Entonces sonreí porque sé que él no me dejará, él me ha sostenido y veré su gloria en mi debilidad e incapacidad de hacer las cosas que se salen de mis manos.

¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo.

Génesis 18:14

Hoy me gozo y alegro porque el Señor es mi fuerza. Cuando vienen las pruebas y se suman a los problemas existentes me doy cuenta que necesito la ayuda de Dios. Entonces doy un paso de fe y entrego todo en sus manos y confío en él aferrándome a sus promesas y verdad. Y concluyo: Cuantas más pruebas, más esperanza, cuantos más problemas aumenta la fe.

Oro para que en cada prueba que venga, tú y yo podamos aferrarnos a Dios y salir vencedores en su poder y gloria. Que nunca olvidemos que él nos es suficiente para vencer. Así que nada, por difícil o imposible que parezca nos detendrá, porque con nosotros está el Señor.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Diciendo: ¡No! a la negligencia

Josué habló con sinceridad y carácter al pueblo de Israel, reprendiéndolo y recordándole cuán bendecidos eran por Dios, pero ellos parecían haberlo olvidado. Habían tomado una actitud de descuido y falta de interés que les había llevado a actuar con negligencia y Josué fue el encargado de exhortar al pueblo para que agradeciera y disfrutara las bendiciones que Dios tenía preparadas para sus vidas.

¿Cuántas veces tú y yo nos comportamos cómo el pueblo de Israel y nos quejamos constantemente por la falta de algo, que está delante de nuestros ojos, pero que permanece invisible y no alcanzamos a ver por permanecer constantemente dispuestos a la queja y a la poca fe?

Dios nos invita el día de hoy a recibir y disfrutar las bendiciones que él nos ha dado y ha preparado con amor para cada uno de sus hijos. Él no quiere vernos caídos ni tristes. Dios no quiere vernos enfermos ni solos, no quiere vernos desesperados y confundidos. Él quiere ser nuestra ayuda en todo tiempo, en la alegría y la adversidad. No seamos negligentes y cómodos. No nos relajemos ante la situación que estamos viviendo. Confiemos en el poder de nuestro Dios y recibamos su bendición.

A veces, por la terquedad, necedad y capricho nos perdemos las inmensas bondades que Dios tiene preparadas para nosotros. Alejémonos de la intransigencia, rebeldía e ingratitud y volvamos nuestro corazón al Padre que nos recibirá con sus brazos abiertos y abrirá los cielos para derramar sus bendiciones sobre nuestras vidas.

No des tantas vueltas que te agoten y tardes 40 años cruzando el desierto, cuando el camino realmente tarda 11 días. No seas negligente y te niegues con tu actitud a recibir las promesas de Dios para tu vida.

Hoy es el día de decir No! a esta actitud. Es hora de decir No! a la pereza, al conformismo, a la tristeza y a la queja. Dí: No! y levántate. Di: Sí! a la esperanza, a la verdad, a Dios, a sus promesas y recibe; recibe lo que él ha preparado para ti y no te confundas esperando riquezas, coche, casa y beca. Él ha preparado cosas más grandes y maravillosas, que objetos materiales, para ti.

Dios ha preparado para todos los que le aman regalos maravillosos e incomparables que son impagables. Él nos ha dado SANIDAD, LIBERTAD, PERDÓN, SALVACIÓN, SEGURIDAD y AYUDA por la eternidad. ¿Qué más podemos pedir?

Da gracias al Señor en todo y por todo y no te olvides de las inmensas bondades que ha manifestado a tu vida y que hoy te permiten estar donde estás!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Dios, el mejor consuelo de nuestro corazón

He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí.

Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación.

 Y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido.

Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra.

Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.

(Isaías 12:2-6)

Como un padre se compadece de sus hijos, se compadece Jehová de los que le temen (Salmos 103:13). Así como nuestros padres han perdonado una y otra vez las travesuras que hicimos de niños, así es Dios, él nos perdona y olvida nuestro error porque nos ama. Nos consuela en medio del dolor y aparta de nosotros su indignación y enojo, porque así como un padre se enfada con un hijo cuando éste le desobedece, así se enfada el Señor cuando nosotros, desobedecemos y no hacemos su voluntad. Dios no es un dios gruñón ni malhumorado. Él es un rey de oportunidades y misericordias. Un rey que extiende su bondad por amor y gracia.

Y un día, puede ser hoy, tú y yo diremos que maravillosas y grandes son sus obras. Diremos que su obra y plan de redención para los hombres son magníficos y superan nuestra razón. Que él es nuestra esperanza y por él nuestra alma canta y se alegra en sus promesas que son verdad y hechos.

Canta, alaba, clama, da gracias al Santo de Israel que se ha manifestado a tu vida de forma maravillosa.

Piensa un momento en qué momentos has visto la intervención del Señor en tu vida.

¿Te has sentido triste y desanimado?

¿Has perdido la esperanza?

¿No encuentras salida?

Cualquier cosa que tengas que enfrentar en estos momentos será ínfima si confías en el poder de Dios y pones en sus manos tu situación. Suelta lo que no puedes cambiar, deja que sea él quien te ayude y lo haga por ti, porque es él quien tiene el poder de hacer posible lo imposible. Deja que su consuelo calme tu corazón, pide al Señor que ponga nuevos y buenos pensamientos en tu mente y que toda tristeza sea pasado en tu vida porque en él está tu esperanza y confianza. Pero no lo leas simplemente, dilo!

 Di en voz alta que tu confianza es Dios y que su consuelo calmará la angustia de tu corazón y por fe será hecho. Recibe sanidad en tu alma en el ¡nombre de Jesús!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Qué le puede faltar a un hijo de Dios?

He visto las bondades de Dios todos los días de mi vida.

Cuando estaba en angustia él me fortaleció.

Cuando estuve triste, él me consoló.

Cuando tuve miedo, él me protegió.

Cuando caí, él me levantó y

cuando fallé, él me perdonó.

¿Y a ti?

La fidelidad de Dios es una muestra de su absoluto y eterno amor por nosotros.

Y cada día tenemos la oportunidad de recordar la bondad, justicia y bendición de Dios.

¿Entonces por qué no pedimos? Dios nos escuchará, Jesús dijo que pidiéramos en su nombre al Padre y él mismo nos daría las cosas.

¿Por qué no clamamos? Dios nos anima a clamar y a pedir conforme a su voluntad.

¿Por qué no creemos? Jesús dijo: al que cree todo le es posible.

¿Porque dudamos? Dios es el dueño de todo ¿por qué dudar?

La invitación de hoy es a depositar toda nuestra confianza en el hacedor de imposibles.

A esperar en su perfecta voluntad y a entender que el camino es más fácil de andar si confiamos en quien nunca nos hará un reproche, sin medida nos dará y cumplirá lo que ha prometido.

¿Qué le puede faltar a un hijo de Dios si él es el dueño de lo visible e invisible? Así que para hoy la tarea es confiar, creer, esperar. Entonces ¿qué pondrás en manos de Dios hoy?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Hay gigantes, pero nadie es más grande que Dios.

Don Quijote de la Mancha imaginaba que los molinos de viento eran enormes y peligrosos gigantes. Realmente, no eran más que enormes construcciones pero él las veía como inmensos gigantes con los que se tendría que enfrentar. Nosotros nos enfrentamos a molinos diariamente, perdón, gigantes. Unos verdaderos, otros inventados y otros que, siendo pequeños, nosotros mismos hacemos enormes.

A lo largo de mi vida, 30 años, han aparecido diferentes gigantes, unos más grandes que otros y algunos a los que yo misma, con mis preocupaciones, les di poder y los hice más gigantes de lo que realmente eran. Años más tarde, después de conocer al verdadero Dios y convertir mi fe en una relación estrecha con Él, me explicó que estaba equivocada temiendo a esos gigantes. Me animó a confiar porque él es quien pelea por mí y me enseñó a no temer, aunque vengan contra mí enormes gigantes porque él está conmigo, es mi defensa y escudo.

El Señor me hizo entender que la vida va de batallas que se ganan o pierden a diario, que la vida implica una pelea constante entre lo bueno y lo malo, una lucha entre el bien y el mal, un enfrentamiento entre dos fuerzas: la luz y la oscuridad. Dios me permitió conocer que formo parte de esta batalla pero que no estoy sola, él me dio las armas para defenderme, me dio poder, autoridad en su Hijo y cuento con su compañía y respaldo porque él va delante de mí. Así que gigantes vendrán, volverán, seguirán atacando, unos más grandes que otros, otros enormes y aparentemente invencibles pero ¡no debemos temer! Temer o no, es una decisión. ¡Yo decido no temer!

Desconozco el tamaño del gigante al que te enfrentas hoy, no sé si está cerca o apenas lo ves venir a pasos agigantados desde lejos. Pero lo que hoy quiero transmitir en este mensaje es que debemos confiar en Dios porque él no nos dejará y ningún gigante es mayor que nuestro Señor. Nada tiene más poder que Jehová de los ejércitos. Ni enfermedad ni dolor ni fracaso ni tristeza ni las deudas ni los problemas, ninguno es más grande que nuestro Señor. Esos gigantes van a ser derribados si crees. Ten fe y confía, ¡no temas!

Hace pocos días, compartía en un mensaje el diagnóstico clínico que me dieron hace 4 años. Ellos, “los médicos”, han dicho que padezco una enfermedad auto-inmune degenerativa sin cura, Esclerosis Múltiple. No se hereda, no se contagia, no se transmite pero me tocó, así como cuando te ganas un premio. Pero desde entonces, sé que el poder de Dios me ha sanado, y cuando mi familia y amigos me ven no creen que padezca esta enfermedad.

Hoy, después de algunos meses, tuve cita con el especialista para el control rutinario y el resultado de la última resonancia magnética. Y la neuróloga me ha dicho que hay más señales degenerativas en mi cerebro, y que aunque no he experimentado sensaciones ni cambios aparentes, hay un daño, ”cicatrices” importantes en mi cerebro. Como quizás te sientas tú en este momento mientras lees estás líneas me sentí yo esta mañana, ¡sorprendida! ¿Qué ha pasado? ¿Por qué avanza tan rápido?¿Por qué me pasa esto?¿Cómo estaré dentro de diez años? Pero recordé que no debo temer, mi Dios es poderoso y para él no hay nada imposible, y sé que él se glorificará en esta situación que enfrento. Él no abandonó a Job cuando estuvo mal, él restauró su vida y premió su fidelidad. Este gigante que hoy vino a mi vida a intranquilizarme no es más grande ni poderoso que Dios, así que decido no temer. Confío en Dios porque él es ¡grande, fuerte e invencible!

A Dios amaré todos los días de mi vida y le serviré con todas las fuerzas de mi corazón aunque no tenga suficientes fuerzas físicas y el temor intente nublar mi mente. Él multiplica mis fuerzas, me sana, restaura, anima y promete acompañarme todos los días, igual que a ti. ¡No temas!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Sin fecha de caducidad por su misericordia.

Las latas de conservas tienen una fecha limite de consumo, una vez cumplida la fecha están caducas, no sirven y se tienen que tirar. Tú y yo teníamos fecha de caducidad, teníamos pocas esperanzas, íbamos deteriorándonos cada día y estábamos cerca de la fecha límite de consumo. Pero un día, Dios se compadeció de nosotros y por amor nos dio su perdón, nos regaló vida, y hoy, gracias a su regalo de salvación en Jesucristo, esa fecha de caducidad se eliminó. Ya no somos perecederos, en la cruz Jesús nos dio eternidad.

La paciencia y amor de Dios nos ha permitido sobrevivir. Un día fuimos candidatos a caducar pero en su hijo fue renovada nuestra esperanza, en él fue cambiado nuestro futuro y hoy nos gozamos en fe porque esperamos su promesa de vida eterna. No habrá fin para los hijos de Dios porque a su lado viviremos eternamente y ya no habrá más dolor, tristeza. No habrá muerte ni maldad. No necesitaremos la noche porque él será nuestra luz perpetua.

Demos gracias a Dios que nos dio vida, que tuvo misericordia y no nos ha pagado conforme a nuestra maldades. Exaltemos el nombre de nuestro Señor que nos ha dado una esperanza y una ilusión para vivir esta vida mientras llega el día de la victoria y estar a su lado por los siglos de los siglos.

Digamos juntos:

“Gracias Señor, porque no sé dónde estaría hoy. Por tu misericordia he sido perdonado, salvado y restaurado. Te amo y me gozo en la esperanza de vida eterna que me has dado en tu hijo amado, Jesucristo mi salvador”. Amén.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Creo en Dios y en lo que hará en mí!

La palabra de Dios dice que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, y la prueba de ello es nuestro amor a Dios a quien no hemos visto jamás pero a quien tampoco ha sido necesario ver para creer en él. Tenemos la certeza de que Dios existe. Aunque no le veamos ni le podamos tocar, nuestra esperanza nos permite sentirlo y esperar con anhelo el cumplimiento de cada una de sus promesas.

Como esta mujer que extiende sus brazos y con los ojos cerrados medita en las bondades de Dios, tú y yo podemos decir hoy con gran gozo que hemos creído en un Dios fiel, misericordioso, amoroso, justo y poderoso que nos dio vida en su hijo, a quien entregó por nosotros para salvarnos y hacernos herederos de una promesa que esperamos cada día. Por ello, nuestro gozo es indescriptible.

Esperamos en Dios mientras él nos edifica, fortalece y permite madurar para obtener de cada experiencia, dificultad o prueba de la vida, la madurez que nos llevará a la meta, la libertad, victoria y salvación que, con amor inagotable, nos fue dada por Jesús en la cruz.

Piensa en los motivos que te hacen feliz y que te roban una sonrisa.

¿Te da alguien o algo, lo que Dios te ha dado?

¿Quién tiene de ti misericordia y con justicia te defiende?

Tenemos, no uno ni dos, sino muchos motivos y razones para dar gracias. Recordemos cada día que no somos dueños de nada, todo le pertenece a Dios, él nos ha dado todo lo que tenemos porque nos ama, nos ha concedido lo que hemos alcanzado por nuestros logros pero, al final, sigue siendo suyo. Nada nos pertenece, él nos ha hecho administradores de la vida, la naturaleza, la familia, los hijos, la amistad de los demás, los talentos, conocimientos y habilidades. Nada es nuestro. Todo lo que somos y tenemos nos lo ha dado el Señor porque nos ama, y hoy festejamos y celebramos con gozo el regalo más grande que nadie puede hacernos ni mucho menos pagar: La salvación, perdón y vida eterna.

Oremos juntos y demos gracias:

Señor, gracias por amarme con amor eterno,

gracias por tener de mí misericordia y entregar a tu único hijo para darme salvación,

gracias porque yo no lo merecía y aún así me perdonaste.

Gracias por escucharme cuando solo y afligido he estado.

Gracias por extender tu mano, socorrerme, defenderme y ampararme.

Gracias por sanarme, calmar mis dolores y tristezas.

Dios, hoy quiero agradecer todo lo que soy y lo que tengo

porque reconozco que es gracias a ti que hoy estoy aquí.

Gracias por conocerme y responder a cada una de mis oraciones.

Gracias por ser siempre fiel y paciente conmigo.

Gracias por mi familia, mi trabajo y los conocimientos que me has permitido aprender en la vida.

Gracias por mis padres, mi cónyuge, mis hijos y amigos.

Gracias Padre, por ser mi amigo, apoyo, amparo y consuelo.

Dame un corazón grato y dependiente de ti, no quiero apartarme ni dejar de verte en todo lo que me ocurre.

Te entrego mi vida y te doy gracias por tu bendición, provisión y amor con que me has amado. Desde hoy, agradezco cada una de tus promesas y lo que harás en mí, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Gózate, disfruta y alégrate en Dios!

¿Qué Padre no conoce los deseos de sus hijos y no se esfuerza en ayudarles a conseguirlos? Dios conoce nuestras necesidades y los anhelos de nuestro corazón, él sabe qué nos hace falta o qué nos gustaría alcanzar pero nos anima a gozarnos en su poder y autoridad. Nos anima a creer, confiar y disfrutar de ser sus hijos. Cuando leemos en este salmo “deléitate” podríamos traducirlo como “gózate, disfruta, alégrate” en el Señor, en su presencia, en su poder, en su amistad.

En Dios tenemos al mejor de los amigos, él nos brinda una amistad incondicional y sincera. Tenemos su favor y misericordia. El dueño del universo y creador de todo cuanto ven nuestros ojos es nuestro mejor amigo y nos ama, y desea que nos gocemos en él así como nos alegramos con nuestros amigos terrenales. ¿Qué haces con tus amigos? Quedas para hablar, saludarles, contarles tus problemas o tus alegrías. Les llamas y les deseas un buen día, celebras sus triunfos y victorias.

Y con el Señor, ¿cómo es tu relación?

Si él es nuestro mejor amigo ¿por qué apenas hay tiempo para quien es lo más importante en nuestras vidas? ¿Por qué no le llamamos para saludarle y escucharle? ¿Por qué sólo nos acordamos de él en momentos de necesidad y cuando nos urge su gracia o para que nos defienda? No seamos ingratos, gocémonos en la amistad que Dios nos ha brindado y acerquémonos a él como hacemos con nuestros amigos y valoremos que él nunca estará ocupado para atendernos. Dios nos escucha en cualquier momento y lugar aun a pesar del día que haga y aun a pesar de nuestra ingratitud. Él ignora nuestro silencio y distancia y nos vuelve a saludar y abrazar como si no le hubiésemos ignorado.

No te apartes de quien todo por ti lo ha dado. Antes, acércate y gózate en el Dios de tu salvación. Él conoce cada una de tus necesidades y te permitirá lograr y conseguir los deseos de tu corazón si te alegras en su presencia. Es tiempo de disfrutar de la amistad incondicional que nos ofrece Dios.

¿Qué harás para empezar a vivir una relación estrecha con el Señor y no una relación basada en el interés o en el cumplimiento de un favor urgente? Él está con nosotros en las buenas y en las malas pero, ¿y nosotros? Esforcémonos en ser fieles, sinceros y cercanos a Jesús, nuestro amigo incondicional; dediquemos el tiempo necesario para quedar con él y ponernos al día como hacemos con nuestros amigos. Que no sea tu mejor amigo el último en enterarse de tus tristezas y alegrías.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Y llegará! El día que él prometió llegará.

Mirando a nuestro alrededor y analizando la sociedad que nos ha tocado vivir, podemos percibir claramente dos cosas: primero, la ausencia de Dios en la vida del hombre y en segundo lugar, la esperanza de otros tantos que, como tú y yo, esperamos el gran día, el día que él nos prometió.

Y no habló del fin del mundo ni de las tragedias devastadoras que nos muestra el cine de lo que podrá ser el fin; habló del día en que la justicia venga a nosotros y se detenga la maldad y no haya más muerte ni más llanto ni clamor ni dolor. Es hermoso leer la Biblia y encontrar la maravillosa promesa del Señor, saber que todo cesará un día y habrá verdadera paz y ya no habrá hambre en el mundo ni pobreza ni tristeza ni violencia. Todo será diferente porque él reinará.

Hoy, habitamos un mundo hostil y egoísta en el que se pelean y destruyen unos a otros con ansias de poder y dinero; pero nuestra esperanza está puesta en él y en la certeza de que un día las cosas serán diferentes porque él reinará. Dios nos ama a todos por igual y en él no hay ningún interés de poder y reconocimiento porque él es digno de toda la honra y el honor.

Hoy no vemos pero un día nuestros ojos serán abiertos y gozaremos de un sitio reservado para los que le aman. Seguramente, hoy no sepamos cuántos hermanos tenemos alrededor del mundo, hoy la distancia física nos separa pero un día estaremos todos juntos alabando al gran Dios y dando gracias por su infinita misericordia.

Mientras tanto, vivamos en amor compartiendo con el mundo la salvación del Señor para que seamos más los que celebremos la victoria y juntos esperemos que llegue el día en que no habrá aflicción ni culpa ni dolor porque él reinará por los siglos de los siglos. Preparémonos para ese día porque está cerca.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Pon tus ojos en lo que merece la pena

Somos atraídos por las cosas de este mundo con facilidad, por eso, es sencillo soñar, planear y anhelar las cosas materiales, terrenales y efímeras. Con esto no quiero decir que las cosas materiales sean malas, ¡no! para nada. Las cosas materiales son necesarias: una casa, ropa, calzado, quizás el vehículo para transportarnos, un negocio, trabajo, un título universitario… todo esto es válido y Dios sabe que de ello tenemos necesidad. Al final, todos luchamos por salir adelante pero Dios nos hace una advertencia importante: nos pide fijar nuestros ojos en lo que realmente es importante, en las cosas que no se ven, en las cosas de arriba, del cielo, en las cosas espirituales; y conecto este versículo con el mensaje que dio Jesús en el sermón del monte que también es para nosotros y dice así

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.    Mateo 6:19-21

En el mundo vivimos y en convivencia con los tesoros de la tierra estamos, pero no prestemos nuestros ojos para desear, ambicionar, codiciar y anhelar riquezas materiales que se corrompen y corroen. Hay maravillas y grandes tesoros para ti y para mí en el cielo junto a Dios que es donde debemos mirar. Cuando cambiamos la postura de nuestra mirada y ponemos nuestros ojos en lo correcto, las demás cosas llegan porque nuestro Padre sabe de qué tenemos necesidad; él conoce de qué carecemos, qué necesitamos y qué nos urge. Pero cuidemos bien hacia dónde tenemos inclinados nuestros ojos.

Y la pregunta de hoy es: ¿Hacia dónde están mirando tus ojos? No dejes de vivir con anhelos, no dejes de trabajar y de luchar por tus sueños pero no apartes tus ojos de la meta, del cielo. Concéntrate en lograr tus metas con la ayuda de Dios y no abandones tu principal propósito: prepararte para la eternidad que Dios te ha prometido. Trabaja por ello también y no te dejes maravillar por las cosas de aquí abajo.

Fija tus ojos en la cosas de arriba donde Dios tiene grandes tesoros para los que le aman.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

La espera desespera pero con Dios, merece la pena.

Esperar no es una tarea fácil, requiere paciencia y confianza, requiere prudencia y fe. Estar convencido de que lo bueno llegará y que él tiene el control de todas las cosas debería ser nuestra actitud frente a la vida cada día.

Como esta niña que mira por la ventana del tren nos pasamos la vida, muchas veces mirando expectantes lo que ha de llegar y otras tantas preocupados por no tener el control de las cosas. El rostro de la niña y su mirada reflejan paciencia aunque sus brazos y manos apoyados al cristal denotan prisas por llegar, ganas de saber lo que vendrá y limitaciones porque su trayecto depende del conductor del tren y no de sus fuerzas o anhelo por llegar. Nosotros nos sentimos así cuando esperamos algo y tarda en llegar. Cuando oramos y la respuesta del Señor no es visible, nos sentimos limitados porque no podemos controlar las cosas y entonces, nuestra fe decae.

Hoy es tiempo de reflexionar y recordar como estabas hace un año, dos o seis años atrás. Hoy eres distinto y eres mejor porque aunque has tenido que esperar, algo hermoso ha tenido el Señor para ti en cada circunstancia y si ha sido un momento difícil o triste allí también había algo para ti, con esa experiencia Dios te hizo más fuerte y valiente, te hizo firme y pulió tu personalidad.

Cada cosa que nos ocurre en la vida Dios la utiliza para forjar en nosotros el carácter de Cristo y hacernos representantes de su reino en la tierra. Por eso, hoy vamos a mirar el mañana como está niña mira por la ventana, con paciencia y fe, esperando en él y reconociendo nuestras limitaciones.

Este recorrido no depende de nuestras ganas de llegar sino de la voluntad de Dios que es el maquinista del tren.

Pero recuerda que aunque la espera desespera, con Dios merece la pena porque:

“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman”.

Que tu motor y tu fuerza sean, el amor y las promesas de Dios.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Colorea la vida de los demás como Dios ¡colorea tu vida!

El color, es la representación visual hecha por nuestro cerebro de las longitudes de onda de la luz. Es una explicación científica del color pero su significado se entiende como una interpretación que hace nuestro cerebro de las ondas electromagnéticas que son reflejadas y captadas por nuestro ojo. ¿A qué somos perfectos? ¡No hay duda!

Dios nos dio visión y permitió que nuestro ojo captara ondas que nuestro cerebro interpreta y que para todos tiene el mismo significado. Porque el verde es verde aquí y en New York, aunque allí se entienda diferente todos percibimos el color de la misma manera y siempre será verde a pesar de escribirse y pronunciarse de otra manera. Pero lo más interesante es que las sensaciones que transmite el color también serán las mismas para un oriental que para un occidental.

Y ahondando en el tema de sensaciones, ¿Qué significado tiene para ti la mezcla de color del Arco Iris? Además de un pacto de Dios con la humanidad representa la máxima expresión del color captada por nuestros ojos. La majestuosidad del color expuesto después de la lluvia en el Arco Iris es la misma majestuosidad del poder de Dios en nuestras vidas cuando hay tormenta y lluvias torrenciales sobre nosotros. Él hace que nuestro corazón rebose de alegría, que nuestro rostro y sonrisa reflejen las tonalidades del color que irradia a nuestra vida aún y a pesar de los problemas.

Haz balance y pregúntate ¿estás irradiando los colores que Dios te regala, a los demás?

¿Qué ven los demás en tu sonrisa y en tus ojos, el azul y verde del amor de Dios o ven el oscuro de la amargura y el resentimiento? Desaste de los claroscuros de tu vida y déjate impregnar del color de Dios para que seas un Arco Iris emitiendo color a los demás.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.