¡Confía en Dios y serás más fuerte!

Arte y Diseño para Cristo

La fuerza se mide por la capacidad de resistencia que tenemos frente a las cosas, la vida y las circunstancias. Consideramos que una forma de medir la fuerza física es cargando peso y soportando cargas de gran tamaño. Muchas personas se entrenan cargando pesas para hacer sus músculos resistentes y fortalecen sus extremidades para soportar grandes pruebas y medidas de peso.

Quizás tus brazos y los míos no estén entrenados para soportar pesos superiores a nuestras fuerzas y aunque quisiésemos, no aguantaríamos y tendríamos lesiones importantes si nos atreviésemos a cargar algo superior a nuestra fuerza. Pero, ¿Y si hay alguien que puede cargar ese peso en nuestro lugar y darnos descanso? Claro que hay alguien, se llama Dios y su fuerza es absoluta, no conoce limites. Él está dispuesto a ayudarnos, llevar la carga y relevar nuestro lugar para que descansemos.¿Has leído bien? Él quiere que sueltes lo que llevas a cuestas y lo ponga en sus manos. Él quiere ayudarte con el peso pero no te pide que cargues la mitad, él lo cargará todo. No necesita tu ayuda ni la mía. Él se ofrece a cargar todo el peso, sin condiciones ni exigencias, sin letra pequeña, sólo porque no ama y se complace en ayudar y hacer bien.

Pero hay algo que debemos tener en cuenta, esto ocurrirá sólo y unicamente si aprendemos a dejar en sus manos el peso que no podemos cargar. Si pides o quieres ayuda, necesitas dejarte ayudar. No tiene sentido lo que muchas veces hacemos, pedir ayuda y seguir cargando. Lo que hacemos es entorpecer el trabajo que hace la otra parte que está dispuesta a ayudarnos y podemos lastimarnos. Debemos soltar, dejar en sus manos y confiar.

Aunque nos dispongamos e intentemos con todas nuestras fuerzas cargar el peso, ¿de qué le sirve a Dios nuestra ayuda? No subestimemos el poder de Dios. Él es grande y poderoso, él es hacedor de imposibles y grandes milagros. Él vela por nuestro bienestar, entonces ¿qué necesidad tenemos de cargar y luchar en nuestras propias fuerzas? Recuerda: Dios no necesita nuestra ayuda!

¿Qué estás cargando hoy?

Problemas con otras personas

Relaciones rotas

Enfermedades

Deudas

Perdida de fe

Pensamientos destructivos

Tristeza

Conflictos familiares

Vicios

Dolor

Soledad

Desempleo

Cansancio

Debilidad

Vamos a soltar y a poner en manos de Dios, todo el peso que nos esta generando esta situación y vamos a confiar en él, porque él hará si confiamos en su poder y majestad. Dios es el dueño de todo y para él no hay nada imposible, sólo debemos confiar y dejarle actuar. La parte más compleja es ese “sólo” porque es el primer paso que debemos dar para recibir su ayuda y descansar.

Hazlo, experimentarás ¡paz y tranquilidad! Porque no existe alguien más, que pueda cargar por ti el peso que llevas con la seguridad de que todo saldrá bien, únicamente Dios.

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

(Mateo 11:28)

Yo, confié, solté y esperé en él. Hoy puedo declarar que he visto su poder y gloria en mi vida.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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¿De qué tamaño es la ola que golpea tu barca?

Arte y Diseño para Cristo

Las olas azotan con fuerza y se levantan alcanzando grandes alturas. Hay olas tan altas que alcanzan los 30 metros. ¿Te alcanzas a imaginar 30 metros de agua sobre tu barca impactando con gran fuerza y violencia? Esta pregunta me da más temor que valentía. A veces, sin esperarlo, vienen a nuestra barca grandes olas que azotan con fuerza y nos trastornan, desviando nuestra ruta y desequilibrando nuestra posición.

Hay olas agresivas y enfurecidas por el viento, otras son más tranquilas y otras en cambio son removidas por el choque submarino de las placas tectónicas que causan mareas repentinas de elevada altura, que golpean con violencia causando destrucción. ¿Qué ola azota tu vida el día de hoy?¿Está alta o baja la marea?. Tras una ola, la arena modifica su humedad y diferentes seres de la naturaleza marina aparecen en la playa, arrastrados por la fuerza del agua. Ola tras ola e influenciado por el estado del tiempo y la hora del día, el mar aumenta o baja su marea dejando al descubierto o cubriendo totalmente su fauna y paisaje rocoso.

Esta breve descripción que todos conocemos, nos sirve para hacer un símil con las diferentes situaciones que enfrentamos en la vida. Cuando nacemos y empezamos a vivir, la marea está controlada y hay poco oleaje pero a medida que crecemos las olas empiezan a tener fuerza y atraen fuertes vientos. Más tarde, sin esperarlo, se presenta frente a nuestros ojos, una marea algunas veces incontrolada que golpea con violencia causando fuertes daños a nuestro alrededor. Llegan olas de gran altura que parecen inundar nuestra barca y ahogarnos. No quiero ser negativa, pero es cierto que a lo largo de nuestra vida veremos un espectáculo de olas de gran altura y fuerza acercarse a nosotros. ¿Pero y qué pasará? ¿Sucumbiremos ante el temor?¿Nos haremos vulnerables a la bravura del mar y del viento? No! Aunque azoten fuertes vientos y el oleaje parezca sin control, recuerda que él apaciguó y calmó el mar enfurecido. Él no temió y con su voz ordenó al mar que se callara y calmara.

Aunque enfrentes en tu vida vientos contrarios, aférrate a la verdad y al poder del nombre de Jesús para retomar la navegación y salir ileso de los ataques que con violencia golpean tu barca. No temas, no te des por vencido, no te desanimes, no cierres los ojos, no dudes, confía y sigue adelante. Confía y la marea bajará. Confía y él calmará la violencia del mar. Confía y espera, porque después de los fuertes vientos y las grandes mareas, todo vuelve a su sitio.

Cuando el viento azotaba con fuerza y los apóstoles tenían temor, esta fue la reacción de Jesús. Leamos Marcos 4:39-41

Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.

Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?

Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?

Hoy Jesús nos dice en voz alta: ¿Por qué estáis amedrantados?¿Cómo no tenéis fe?

Yo lo asumo como un llamado de atención. Por tu nombre antes de la frase y entenderás que la ola que azota tu vida hoy, perderá fuerza y amainará, porque él no te dejará. No pierdas la fe. Aférrate al que todo lo puede y no te desamparará. Yo lo he hecho y la marea que azota mi puerto hace unas semanas, ha perdido fuerza y empieza a descender. ¡La calma y el silencio llegarán!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Confía en él con todo tu corazón!

Confiar es creer. Confiar es estar seguro sin ver. Confiar es esperar con alegría lo que llegará.

Confiar en Dios significa decir no a nuestras fuerzas, decir no a nuestra prudencia, decir no a nosotros mismos y si a él. Confiar es entregar y dejar en manos del Señor nuestras circunstancias y situaciones, todas, las más fáciles y las más complejas. Confiar es cerrar los ojos y esperar en él. Confiar es descansar en el poder del Señor y ver su gloria en la manifestación de su poder.

¿Qué tienes hoy que poner en manos de Dios? ¿Tu matrimonio?¿Tu salud?¿Tu trabajo?¿La vida de tus hijos? ¿Qué situación tienes que soltar y entregar a Dios para que sea él quién obre y actúe? No te desanimes, no tires la toalla, no te des por vencido. Suelta, no cargues más, no sufras más. Él te ayudará con ese enorme peso que llevas a cuestas y te dará paz para que sigas caminando. Él no te dejará en mitad de la tormenta, el te proveerá de paraguas y será tu refugio si el viento golpea con fuerza. Dios es un padre justo y bondadoso. Un Dios que se complace en hacer bien y obra con misericordia.

¿Y que tal si hoy dejamos de buscar la solución a los problemas a nuestro manera? ¿Y si dejamos de luchar con los demás y las circunstancias?. Esto es para ti y para mí, porque ambos nos esforzamos cada día en conseguir las cosas luchando en nuestras propias fuerzas. Buscamos solucionar problemas y arreglar asuntos a nuestra forma y modo pero si confiamos en Dios y esperamos en él, la cosa tendría no sólo una respuesta clara sino que será de bendición para nuestra vida, porque en sus manos todo lo que ocurre sucede para nuestro bien.

Anímate a soltar lo que retienes en tus brazos anhelando cambiar a tu antojo. ¿Y si el plan de Dios es otro, lo has pensado?¿Y si detrás de todo esto hay una enseñanza? Soltemos, soltemos y no sólo descansaremos, sino que veremos el poder y majestad del Señor!

Empecemos: El día de hoy, yo pongo en manos de Dios mi salud, el anhelo de ser madre, la relación con mi jefe en el trabajo y los vínculos emocionales con mi familia.

No sigas cargando ni anhelando escapar del problema. Enfréntalo con sabiduría y madurez espiritual. Si no la tienes, haz como yo, ora y pídela a Dios, que te la concederá para que salgas vencedor de la situación. Confía en Dios, él no te dejará, te acompañará, te dará la victoria y la solución a tus problemas si pones tu vida en sus manos.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Aguanta, resiste con firmeza. La paciencia tiene recompensa.

¿Sabes qué difícil es caminar sobre la cuerda floja? Lo imaginarás como lo imagino yo, porque pocas personas tienen el valor de subir allí para cruzarla. Por esa razón, los que se preparan para cruzar grandes distancias sin caer, son personas con un alto rendimiento deportivo y excelente estado físico, ya que, deben calcular con precisión cada paso sobre la cuerda para no caer al vacío. En muchas ocasiones, estos deportistas llevan durante la práctica del deporte un arnés como medida de seguridad ante un tropiezo o caída.

Y te preguntarás por qué la imagen del texto bíblico compartido hoy tiene relación con esta habilidad deportiva. Resulta que si comparamos esta práctica con la vida de un cristiano, nos damos cuenta de que, en muchas ocasiones de nuestra vida, estamos andando sobre la cuerda floja y nuestro equilibrio tiende a flaquear, y corremos el riesgo de caer.

Si leemos la palabra de Dios, vemos que el sufrimiento, la tristeza y el dolor serán momentos que acompañarán nuestro tránsito por la vida. Recordemos las palabras del Señor Jesús:

“ En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Juan 16:33

Él lo dijo porque estaba seguro de que no sería fácil y nos dio su victoria para triunfar.

Traduzcamos juntos la imagen e interpretémosla entendiendo que la cuerda es la vida, un camino difícil, estrecho, frágil y, en muchas ocasiones, con curvas y vientos peligrosos. La persona que camina sobre la cuerda floja, como se suele llamar a esta práctica, somos nosotros y podemos ver que va ligera de calzado o descalza, porque llevar zapatos representa un peso añadido que hace más difícil cada paso. Cuanto más liviano vaya el caminante, más fácil será llegar a la meta.

De esta manera, deberíamos vivir en la vida, ligeros de equipaje para que cada paso sea firme y no haya más peso del que podamos soportar, y no tambaleemos poniendo en riesgo la estabilidad. Aunque es importante recordar que en nuestro andar siempre tendremos un arnés que nos protegerá y salvará en caso de caer. Nuestro arnés es Dios.

Pero la intención es resistir, ser paciente, persistente, cuando hay fuertes vientos, y caminar con firmeza hasta el final.

¿En qué parte de la cuerda vas?¿Has caído y te has vuelto a levantar?¿Te has quedado colgando del arnés y te cuesta recuperar el equilibrio? La vida no es fácil, vivir es complejo, caminar requiere paciencia y prudencia pero cada paso que des, dalo confiado porque tienes un arnés que te protege.

Y recuerda que aunque sientas temor a las alturas, sufras de vértigo y sientas que no puedes hacerlo, tienes que caminar, debes andar firme porque él es tu fortaleza y junto a él todo es posible.

Hay cuerdas que están desgastadas y parecen romperse, hay cuerdas que parecen no soportar nuestro peso y sentimos temor pero recuerda que hay un sistema de seguridad que te protege, y eso debe ser suficiente para que camines erguido y seguro.

Aguanta, resiste lo que hoy enfrentas. Recuerda que tienes un arnés, revisa que estés bien sujeto a él y sigue caminando. Si tienes mucho peso y tu calzado no es el adecuado, suelta lastre y no cargues nada, camina descalzo pero no te des por vencido.

La paciencia tiene recompensa y un día terminarás, habrás cruzado la cuerda y llegarás a la meta.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Y si oramos otra vez?

¿Qué nos pidió el Señor que hiciéramos sin cesar? Orar! Él nos pidió orar, velar, clamar, pedir al cielo por todo y en toda circunstancia.

Existen tantos motivos para orar, tantas razones para invocar el nombre de nuestro Dios y con todas las fuerzas de nuestro corazón, dar gracias, pedir por grandes necesidades, calamidades, tragedias, desastres, problemas. Hay innumerables argumentos para acercarnos a Dios y poner en sus manos nuestras necesidades y las de los demás. Clamar e implorar al gran yo soy su benignidad para hacer posible lo que supera nuestra capacidad, lo que limita nuestro poder. Podemos implorar al cielo por múltiples razones, podemos interceder por la enfermedad de otros y la angustia de corazones solos.

¿Tienes una razón para orar? Compártela!

¿Tienes una necesidad? Compártela!

¿Quieres dar gracias al Señor por su Fidelidad? Agradece y comparte las bendiciones del Señor para contigo y tu familia.

¿Estás enfermo? Oremos y recibe sanidad en el nombre de Jesús!

¡Clama y él te escuchará! ¡Clama y el te responderá! Cree y te será hecho.

Y si aún no existen motivos que te inviten a orar, yo te comparto algunos que nos competen a todos y por los que debemos orar.

Oremos por la crisis espiritual del mundo, por la constante persecución de cristianos en el mundo que crece a gran escala con altos indices de violencia.

Oremos por los niños perseguidos y maltratados, por las niñas que son vendidas como esclavas sexuales con apenas pocos años de edad.

Oremos por las autoridades, por los gobernantes y lideres del mundo. Oremos por las personas que trabajan en los servicios públicos y sociales de nuestra ciudad (Bomberos, médicos, policías, enfermeros, recogedores de basura,etc. Porque todos exponen su vida, salud y largas jornadas de trabajo para el bien de la sociedad.)

Oremos por la paz en nuestro planeta. Oremos por la familia y su importancia en la sociedad.

Oremos para que el amor sea la fuerza que nos motive a vivir cada día, porque amando venceremos la maldad y seremos reflejo de Dios, porque él es amor.

Oremos para no estar distraídos ni ser engañados por el enemigo que anda como león rugiente buscando a quién devorar. Oremos, velemos y permanezcamos atentos.

Oremos por los necesitados, los que no tienen un techo donde resguardarse ni un empleo para poder comer.

Oremos por los enfermos y minusválidos. Por los ciegos, sordos y cojos. Por los que padecen cáncer y enfermedades raras.

Oremos por la gente que está en las cárceles, por las prostitutas. Oremos para que el Espiritu Santo ponga en su corazón arrepentimiento y puedan apartarse del pecado y acercarse al dador de Vida.

Oremos por los huérfanos y las personas viudas.

Hay tantas razones para orar. Que tu boca no se cierre ante la necesidad de nadie! Ni la tuya ni la de los demás.

¡Oremos a viva voz, Él nos escuchará!

Trabajado y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡No te quedes postrado en el suelo!

Termina la semana y nuestro estado de ánimo probablemente está desgastado y cansado. Hemos trabajado y estudiado sin parar toda la semana y el viernes nos pasa factura. Hay situaciones que se nos presentan los primeros días y las enfrentamos con soltura pero a medida que pasan los días vamos mermando el rendimiento y las nuevas ocasiones aparecen más insoportables y sentimos desfallecer. Si a esto le sumamos los problemas personales, familiares, laborales y espirituales el asunto adquiere dimensiones importantes y podemos caer.

Muchos caen y se quedan postrados en el suelo por un tiempo. Tristes, desanimados, abatidos, golpeados y sin ilusión. Pero el mensaje de hoy es un llamado que nos hace el señor para confiar en él. Porque con su inmenso poder y amor, él multiplicará nuestras fuerzas y nos restaurará, volverá nuestro ánimo y será nuestra fuerza en mitad de la adversidad. No importa el tamaño de la tormenta, él te sostendrá.

El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. ( Isaías 40:29)

Todos caemos, no se trata de ser seres con sentimientos perfectos. Creer en Dios no nos hace inmunes al sufrimiento y al dolor, antes estas situaciones difíciles nos ayudan a crecer y a confiar en Dios. Aunque no entendamos la razón de las tribulaciones que nos agotan y desgastan, recordemos que todo tiene un propósito y nos ayuda a bien. Las palabras que nos regala el Señor hoy son de confort, fortaleza, seguridad y amor. No tengas miedo, confía y lucha. Aunque te caigas mira al cielo, toma impulso y levántate porque él será el que te esfuerce y sostenga para continuar adelante.

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,  sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. (Santiago 1:2-3)

¿ Te quedan pocas fuerzas? ¿Te sientes cansado? ¿Estás en el suelo? Levántate! No te quedes allí, no te pierdas la oportunidad de ver la vida desde un punto de vista más alto y disfrutar de todo lo que Dios te ha dado; estando en el suelo te quedarás siendo victima de la queja, el lamento y la tristeza. Dí no a estos sentimientos y sacude el polvo de tus pies para ponerte en pie y continuar la marcha camino a la meta.

Levantémonos juntos y aferrémonos a la mano de Dios que nos restaurará y renovará nuestras fuerzas para continuar. Nadie dijo que fuese fácil. Jesús nos advirtió que en este mundo tendríamos problemas pero que confiáramos en él para tener la victoria.

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)

¡No te quedes postrado en el suelo! Yo ya me levanté ¿y tú?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Cuantas más pruebas, más confianza en Dios

Las pruebas no tardan en llegar, vendrán sin avisar, más difíciles, largas, complejas o si hay suerte llegarán con retraso, pero seguro que llegarán. ¿Y si somos cristianos? Somos cristianos no inmunes, de los problemas y adversidades no estamos exentos, así que tarde o temprano, llegarán. Creo que aún somos más vulnerables a los ataques del enemigo que quienes no conocen a Cristo.

A las pruebas de ayer, hoy se suman nuevas situaciones que superan nuestro control y se salen de nuestras manos. No hay humanamente solución a enfermedades, la muerte de un ser querido, desastres, accidentes, malas noticias y podría seguir escribiendo cosas tristes, pero no lo haré, porque aún a pesar de vivir estas situaciones y tener que enfrentarlas, lo más grande es poder tener paz en medio del dolor y la tribulación. Esto es posible si confiamos en Dios, quien nos dará la victoria.

Llegó el día esperado y a las 12:30 me llamaban para pasar a la consulta del especialista que meses atrás me había citado. Ella preguntó y me entregó las pruebas que han venido realizándome, pero faltaba una y sobre la marcha la doctora se dispuso a realizarla para decirme finalmente, que nací con un ovario poliquístico y que es probablemente la causa de no poder quedarme embarazada. La mirada de mi esposo y la mía se encontraron frente a frente con una cara de sorpresa y algo de decepción. Ella nos confirmó que no es grave ni impide la maternidad, sugirió un pequeño tratamiento para que sea más fácil concebir. Y entonces empezaron los ataques. “Eres muy joven, algo más añadido a lo que ya tienes, ¿podrás ser madre? Estás completita Laura, todo lo tienes”.

Resistí esas mentiras y me fortalecí en el Señor y al salir de la consulta recordé que Sara siendo muy mayor y estéril dio a luz un niño porque para Dios no hay nada imposible. Entonces sonreí porque sé que él no me dejará, él me ha sostenido y veré su gloria en mi debilidad e incapacidad de hacer las cosas que se salen de mis manos.

¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo.

Génesis 18:14

Hoy me gozo y alegro porque el Señor es mi fuerza. Cuando vienen las pruebas y se suman a los problemas existentes me doy cuenta que necesito la ayuda de Dios. Entonces doy un paso de fe y entrego todo en sus manos y confío en él aferrándome a sus promesas y verdad. Y concluyo: Cuantas más pruebas, más esperanza, cuantos más problemas aumenta la fe.

Oro para que en cada prueba que venga, tú y yo podamos aferrarnos a Dios y salir vencedores en su poder y gloria. Que nunca olvidemos que él nos es suficiente para vencer. Así que nada, por difícil o imposible que parezca nos detendrá, porque con nosotros está el Señor.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Hay una única respuesta…

¿En cuántas ocasiones hemos querido empacar la maleta y marchar rumbo a otro lugar dando la espalda a los problemas? ¿Cuántas veces nos hemos planteado abandonar la carrera? Lo pregunto porque me ha pasado alguna vez y porque es muy común querer tirar la toalla y darnos por vencidos cuando vienen las tormentas sin avisar. Pero muchas veces olvidamos que tenemos un traje especial, una armadura a prueba de todo, para enfrentar las catástrofes por tormentosas que se presenten; además de un seguro de vida con cobertura total por la eternidad. Se escribe muy fácil pero creerlo es el objetivo, es un proceso de fe que debemos dar todos. Asegúrate de dar este importante paso.

¿Cómo amanece tu día 15 del tercer mes del año, llueve poco, hace sol o un vendaval azota tu puerta? Vístete de forma correcta para enfrentar el mal tiempo, no salgas de casa sin tu armadura, no des oportunidad al viento de llevarse tu esperanza y con las hojas volando, se vaya tu fe.

Si hace mucho sol, ponte manga corta y una gorra, pero no sueltes tu espada ni escudo. Camina con sandalias pero sigue pisando fuerte donde vayas como un evangelista, porque hermosos son los pies de los que anuncian la paz.

Si en cambio se avecina tormenta, toma tu paraguas, abrígate con la coraza de justicia y ponte el yelmo de la salvación en tu cabeza que te protegerá si los vientos azotan con fuerza. Ponte botas de agua y guantes, pero aunque haya truenos y rayos no temas porque no estás sólo. Al mismo tiempo otros enfrentan vientos más fuertes que tú, y se aferran a la vara que los sostiene, logrando salir ilesos de la fuerza impetuosa del aire.

Haga el clima que haga, con viento o sin él, nunca te separes del guía ni te apartes del camino ni a derecha ni a izquierda. Que tus ojos sigan mirando al frente y no se desvíen ni entretengan. Cuando se pierde de vista el propósito, es difícil llegar a la meta. Recordemos que el camino para llegar a la tierra prometida tardaba 11 días pero al pueblo de Israel le tomó 40 años porque se distrajeron y finalmente se perdieron.

Puede ser tentador dar la espalda, cerrar los ojos y darse por vencido, pero sólo los valientes verán la gloria y llegarán a la tierra prometida. Revístete cada día de Cristo y con firmeza enfrenta tus batallas. Mañana serás más fuerte y al salir el sol se habrá renovado tu esperanza porque la misericordia de Dios te habrá alcanzado una vez más.

Sé valiente y busca la respuesta, teniendo en cuenta que la única respuesta, está en ¡Jesucristo!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Corre, corre muy rápido!

Cuando un atleta se prepara para la carrera lleva un fuerte impulso en su cuerpo que le hace alcanzar grandes velocidades a su paso y en poco tiempo recorrer grandes distancias. A veces, muchas veces, quisiéramos ser atletas para pegar una carrerilla cuando enfrentamos problemas, adversidades o ataques del enemigo, yo, la primera.

Y hoy comparto con todos este mensaje, porque en mis ocho años de casada, han sido muchas las veces en las que he sentido ganas de salir corriendo, por diferentes motivos, porque somos distintos, porque nuestras familias han influido en algunas ocasiones, porque hemos tenido que hacer frente a muchas responsabilidades con pocos ingresos, porque ha venido la enfermedad y el temor, porque perseguimos sueños que se alejan del plan de Dios y se acercan más a los anhelos y pasiones del mundo. He querido salir corriendo en repetidas ocasiones queriéndolo dejar todo tirado y sin luchar, porque he creído las mentiras del enemigo que machaca mi mente con su engaño y comparaciones en relación a mi matrimonio, profesión, trabajo, familia, iglesia e innumerables áreas de mi vida.

Pero hoy me detengo y reflexiono: aunque vuelva a sentir el deseo de dejarlo todo, tirar la toalla y salir corriendo no me dejaré dominar por esta mentira, porque sea lo que sea que venga hacerme frente “mayor es el que habita en mí y poderoso e invencible mi Dios que hace posible lo imposible en mi vida”. Entonces las diferencias, la enfermedad, la familia, la escasez, la falta de trabajo, la tristeza, los sueños sin cumplir y la cotidianidad del día a día dejan de tener importancia porque hoy correré pero a los brazos del Señor.

Correr a la desesperada y sin pensar es un gran error, una muestra de cobardía y falta de fe. Y me siento en la obligación de compartir este testimonio, porque no sé si has sentido ganas de salir corriendo y dejarlo todo tirado. Si lo has pensado o lo estás pensando, detente y reflexiona:

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

(2 Timoteo 1:7)

Querer salir corriendo es huir y no enfrentar las situaciones. Es lo que quiere el enemigo que hagamos, que huyamos y abandonemos, pero el Señor nos ha dado poder y en su nombre tenemos la victoria sobre cualquier situación que enfrentemos. Nada es más grande que Dios y nada vulnera su poder y autoridad. Si él está con nosotros nadie ni nada puede estar en contra de nosotros.

No seamos ingenuos y necios. No permitamos que las mentiras y engaño del enemigo minen nuestra mente y corazón. No permitamos que sentimientos negativos y de desánimo contaminen nuestra actitud positiva y fe en el Señor.

Él es poderoso, ¿qué temer, qué dudar?

Cuando sientas que salir corriendo es la respuesta a lo que enfrentas, corre, corre muy rápido pero a ¡los brazos del Señor!

¡¡Hoy, corrí con ímpetu a los brazos del Señor y su ternura me ha abrazado!!

¡Te Amo Señor!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Hay gigantes, pero nadie es más grande que Dios.

Don Quijote de la Mancha imaginaba que los molinos de viento eran enormes y peligrosos gigantes. Realmente, no eran más que enormes construcciones pero él las veía como inmensos gigantes con los que se tendría que enfrentar. Nosotros nos enfrentamos a molinos diariamente, perdón, gigantes. Unos verdaderos, otros inventados y otros que, siendo pequeños, nosotros mismos hacemos enormes.

A lo largo de mi vida, 30 años, han aparecido diferentes gigantes, unos más grandes que otros y algunos a los que yo misma, con mis preocupaciones, les di poder y los hice más gigantes de lo que realmente eran. Años más tarde, después de conocer al verdadero Dios y convertir mi fe en una relación estrecha con Él, me explicó que estaba equivocada temiendo a esos gigantes. Me animó a confiar porque él es quien pelea por mí y me enseñó a no temer, aunque vengan contra mí enormes gigantes porque él está conmigo, es mi defensa y escudo.

El Señor me hizo entender que la vida va de batallas que se ganan o pierden a diario, que la vida implica una pelea constante entre lo bueno y lo malo, una lucha entre el bien y el mal, un enfrentamiento entre dos fuerzas: la luz y la oscuridad. Dios me permitió conocer que formo parte de esta batalla pero que no estoy sola, él me dio las armas para defenderme, me dio poder, autoridad en su Hijo y cuento con su compañía y respaldo porque él va delante de mí. Así que gigantes vendrán, volverán, seguirán atacando, unos más grandes que otros, otros enormes y aparentemente invencibles pero ¡no debemos temer! Temer o no, es una decisión. ¡Yo decido no temer!

Desconozco el tamaño del gigante al que te enfrentas hoy, no sé si está cerca o apenas lo ves venir a pasos agigantados desde lejos. Pero lo que hoy quiero transmitir en este mensaje es que debemos confiar en Dios porque él no nos dejará y ningún gigante es mayor que nuestro Señor. Nada tiene más poder que Jehová de los ejércitos. Ni enfermedad ni dolor ni fracaso ni tristeza ni las deudas ni los problemas, ninguno es más grande que nuestro Señor. Esos gigantes van a ser derribados si crees. Ten fe y confía, ¡no temas!

Hace pocos días, compartía en un mensaje el diagnóstico clínico que me dieron hace 4 años. Ellos, “los médicos”, han dicho que padezco una enfermedad auto-inmune degenerativa sin cura, Esclerosis Múltiple. No se hereda, no se contagia, no se transmite pero me tocó, así como cuando te ganas un premio. Pero desde entonces, sé que el poder de Dios me ha sanado, y cuando mi familia y amigos me ven no creen que padezca esta enfermedad.

Hoy, después de algunos meses, tuve cita con el especialista para el control rutinario y el resultado de la última resonancia magnética. Y la neuróloga me ha dicho que hay más señales degenerativas en mi cerebro, y que aunque no he experimentado sensaciones ni cambios aparentes, hay un daño, ”cicatrices” importantes en mi cerebro. Como quizás te sientas tú en este momento mientras lees estás líneas me sentí yo esta mañana, ¡sorprendida! ¿Qué ha pasado? ¿Por qué avanza tan rápido?¿Por qué me pasa esto?¿Cómo estaré dentro de diez años? Pero recordé que no debo temer, mi Dios es poderoso y para él no hay nada imposible, y sé que él se glorificará en esta situación que enfrento. Él no abandonó a Job cuando estuvo mal, él restauró su vida y premió su fidelidad. Este gigante que hoy vino a mi vida a intranquilizarme no es más grande ni poderoso que Dios, así que decido no temer. Confío en Dios porque él es ¡grande, fuerte e invencible!

A Dios amaré todos los días de mi vida y le serviré con todas las fuerzas de mi corazón aunque no tenga suficientes fuerzas físicas y el temor intente nublar mi mente. Él multiplica mis fuerzas, me sana, restaura, anima y promete acompañarme todos los días, igual que a ti. ¡No temas!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Confiemos, valemos más que muchos pajarillos!

Cuando llega el invierno las aves tienen alimento y durante el verano también. Como dice el salmo, ellas no siembran ni siegan pero Dios las alimenta y provee. ¡Cuánto más a ti y a mí!

¿Todavía dudas del amor de Dios? ¿No es ésta otra muestra del infinito amor de un Padre por sus hijos?

No sé de qué tienes necesidad hoy, no sé que te hace falta, pero tu Padre Celestial conoce lo que necesitas y aún no has abierto tus labios para pedírselo. Dios conoce que necesitamos en todo momento y él trabaja en nuestra vida, moviendo hilos, abriendo y cerrando puertas, para que recibamos a su tiempo, la provisión, el alimento que saciará nuestra hambre. Así como el Señor alimenta a las aves del cielo también a ti y a mí nos alimentará.

Empieza un mes y a Dios pedimos en oración que aumente nuestra fe cada día y nos ayude a esperar pacientemente su tiempo, porque su provisión llegará y no pasaremos calamidad. Dios conoce nuestra situación y mañana las cosas cambiarán, la puerta que ha estado cerrada, se abrirá.

¿Has perdido tu empleo?¿Tienes deudas? ¿Estás enfermo?¿Enfrentas un divorcio? ¿Tus hijos no te obedecen?¿Tienes problemas con el alcohol, las drogas, el sexo o el juego? No tienes que reconocer tu necesidad en público, es suficiente que reconozcas delante de Dios tu limitación para cambiar y para resolver las cosas y entrégale a Dios lo que te urge sea sanado y restaurado.

Dios puede y lo hará. Abrirá los cielos y derramará bendiciones hasta que sobreabunde sobre tu vida y no hablo de dinero. Dios te dará su paz, te dará consuelo, te dará coraje, fuerza, valentía, audacia, inteligencia, sabiduría. Dios te bendecirá y te ayudará a ponerte en pie y nada te faltará. Lo dice su palabra, entonces, ¡créelo!. Pero cuando dice que nada te faltará no te dice que te va a hacer millonario. Debemos tener mucho cuidado con estas promesas mal interpretadas que nos llevan a creer que Dios es un amuleto de riquezas y abundancia económica.

Dios nos prosperará pero en su justa medida, porque él nos conoce y sabe hasta donde bendecirnos y proveernos. Aunque su fidelidad no tiene limites, Dios sabe hasta donde es sano para nuestro carácter y madurez espiritual el recibir.

Ya sabemos que él no nos dejará, porque lo prometió. Entonces demos ese paso que nos está impidiendo soltar en manos de Dios nuestros problemas, circunstancias, situaciones. Confiemos y cuando veamos un ave, recordemos que no siegan ni siembran y todos los días tienen su pan.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Donde estés y como estés, acércate a Él.

¿Cuántas veces, como esta mujer, sentimos desmayar y estamos sin fuerzas para luchar y continuar? En el mundo estamos y vivimos aflicción. Jesús dijo que así sería y que no es fácil, pero en él está nuestra fuerza y esperanza, en él está nuestro consuelo y ánimo en mitad de la prueba.

¿Qué prueba enfrentas hoy? Mi prueba hoy es diferente a la de ayer, hoy es económica, ayer fue de salud y mañana no sé qué vendrá, pero sí sé dónde está mi refugio y consuelo. No quiero volver a caer derrotada sobre la mesa, cansada y agotada de luchar en mis propias fuerzas. Quiero declarar lo que soy y quién es mi Padre. No tengo porque estar sumida en la tristeza y la angustia si conmigo está él. Esto es lo que quiere el enemigo, que estemos tristes, cabizbajos, desanimados, sin esperanza. Pero nosotros debemos levantarnos, erguir nuestra cabeza y recordar lo que somos.

Únete a mí y juntos declaremos que sabemos en quién hemos creído, que nuestro Padre no está ciego ni sordo y antes de que abramos nuestros labios y hablemos, él conoce nuestras necesidades. Declaremos que nuestro Padre es invencible y poderoso y nada hay que escape de sus manos. Él es el dueño de la plata y el oro, él hizo, creó y derribó, él puede volver a enderezar lo torcido. Entonces en oración entregamos hoy toda crisis económica, toda enfermedad, tristeza, duelo, afán; todo problema familiar, pleito, división y asunto que no podemos controlar. Pon en sus manos y encomienda tus necesidades y confía.

Cuando enfrento pruebas y dificultades como hoy, cuando llegan las deudas y no hay con qué pagar, cuando estamos débiles de salud y los médicos no dan esperanzas, cuando tras una cosa viene otra y no sabemos cómo responder, vuelvo mis ojos al cielo y voy a él, al único lugar donde realmente tengo ayuda y consuelo, al único donde realmente hay ayuda.

Me cansé de ir donde otros, que al igual que yo tienen problemas y ninguna solución porque su poder, como el mío, tiene límites. Me cansé de desesperar y ver caer mi fe sobre la mesa. Me cansé de creer las mentiras del enemigo. Mi Padre es fuerte y nadie como él. Soy su hija y él me defenderá. ¿Cómo? No lo sé, pero él lo hará. Mi Dios puede romper cerrojos, abrir puertas, hacer llover, proveer y unir lo separado. Él me ayudará. Él te ayudará. Confiemos y animémonos porque ¿qué les puede faltar y pasar a los hijos del Rey del Universo?

Y como dijo Pedro: ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida Eterna. (Juan 6:68).

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.