¡Dicen por ahí que la vida son tres días!

Arte y Diseño para Cristo

Y sí, la vida son tres días pero no para hacer locuras y lo que nos venga en gana. Ya lo dice la palabra de Dios, su palabra lo dice de otra manera pero lo dice y nos recuerda que la vida son tres días, es un tiempo corto, cortísimo. Es un período corto, pero no para usar este argumento e ir en contra de la ley y voluntad de Dios. No es válido ser conscientes de que nuestro paso por la tierra es corto para desobedecer, perjudicarnos, maltratarnos, agredirnos ni mucho menos hacernos esclavos de vicios y perversiones.

Los días del hombre ya están contados; tú has decidido ya cuántos meses vivirá; su vida tiene un límite que no puede traspasar. (Job 14:5)

Allí fuera repiten constantemente que para los pocos días que nos quedan, hagamos esto y aquello, probemos esto y lo demás, pero…..y si nos detenemos un momento y pensamos con sensatez y cordura, ¿hay razón en vivir la vida de manera desbordada? ¿qué piensa Dios de nuestra decisión de vivir la vida de manera desenfrenada, porque se viven solamente tres días?

Después de estas preguntas que ya te habrás planteado alguna vez, seguramente caigas en cuenta, que la vida es corta porque es un ensayo de lo que ha de llegar mientras esperamos la promesa del Señor. Es un periodo de prueba para pulir nuestro carácter y prepararnos para la eternidad. Dios no quiere que perdamos el control y nos afanemos en ir tras la vanidad, los deseos del mundo y la vanagloria de la vida. Reflexionemos ¿Al final qué queda de todo esto? Y para continuar echo mano de una frase que he escuchado desde niña: “Del afán no queda sino el cansancio” y que también está escrita en la palabra del Señor.

Así que, no se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. ¡Ya bastante tiene cada día con su propio mal!

(Mateo 6:34)

Finalmente los que promueven esta idea de estilo de vida sólo tienen razón en una cosa, si la vida son tres días, entonces debemos marcar prioridades, debemos elegir hacer unas cosas antes que otras y creo que lo realmente importante es:

Que tu afán sea, hacer el bien y vivir cada día conforme a la voluntad de Dios.

Que tu prisa sea, servir, ayudar, interceder y orar por los demás.

Que tu esfuerzo sea, edificar el espíritu y adquirir sabiduría.

Que tu propósito sea, actuar como él e imitar su carácter y comportamiento.

Que tu motivo para vivir sea, el amor de Cristo.

Entonces si la vida son tres días, vive con intensidad cada día resistiendo con el bien, el mal y reflejando el amor de Cristo a los demás.

¡A vivir que son tres días!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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¿De qué tamaño es la ola que golpea tu barca?

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Las olas azotan con fuerza y se levantan alcanzando grandes alturas. Hay olas tan altas que alcanzan los 30 metros. ¿Te alcanzas a imaginar 30 metros de agua sobre tu barca impactando con gran fuerza y violencia? Esta pregunta me da más temor que valentía. A veces, sin esperarlo, vienen a nuestra barca grandes olas que azotan con fuerza y nos trastornan, desviando nuestra ruta y desequilibrando nuestra posición.

Hay olas agresivas y enfurecidas por el viento, otras son más tranquilas y otras en cambio son removidas por el choque submarino de las placas tectónicas que causan mareas repentinas de elevada altura, que golpean con violencia causando destrucción. ¿Qué ola azota tu vida el día de hoy?¿Está alta o baja la marea?. Tras una ola, la arena modifica su humedad y diferentes seres de la naturaleza marina aparecen en la playa, arrastrados por la fuerza del agua. Ola tras ola e influenciado por el estado del tiempo y la hora del día, el mar aumenta o baja su marea dejando al descubierto o cubriendo totalmente su fauna y paisaje rocoso.

Esta breve descripción que todos conocemos, nos sirve para hacer un símil con las diferentes situaciones que enfrentamos en la vida. Cuando nacemos y empezamos a vivir, la marea está controlada y hay poco oleaje pero a medida que crecemos las olas empiezan a tener fuerza y atraen fuertes vientos. Más tarde, sin esperarlo, se presenta frente a nuestros ojos, una marea algunas veces incontrolada que golpea con violencia causando fuertes daños a nuestro alrededor. Llegan olas de gran altura que parecen inundar nuestra barca y ahogarnos. No quiero ser negativa, pero es cierto que a lo largo de nuestra vida veremos un espectáculo de olas de gran altura y fuerza acercarse a nosotros. ¿Pero y qué pasará? ¿Sucumbiremos ante el temor?¿Nos haremos vulnerables a la bravura del mar y del viento? No! Aunque azoten fuertes vientos y el oleaje parezca sin control, recuerda que él apaciguó y calmó el mar enfurecido. Él no temió y con su voz ordenó al mar que se callara y calmara.

Aunque enfrentes en tu vida vientos contrarios, aférrate a la verdad y al poder del nombre de Jesús para retomar la navegación y salir ileso de los ataques que con violencia golpean tu barca. No temas, no te des por vencido, no te desanimes, no cierres los ojos, no dudes, confía y sigue adelante. Confía y la marea bajará. Confía y él calmará la violencia del mar. Confía y espera, porque después de los fuertes vientos y las grandes mareas, todo vuelve a su sitio.

Cuando el viento azotaba con fuerza y los apóstoles tenían temor, esta fue la reacción de Jesús. Leamos Marcos 4:39-41

Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.

Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?

Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?

Hoy Jesús nos dice en voz alta: ¿Por qué estáis amedrantados?¿Cómo no tenéis fe?

Yo lo asumo como un llamado de atención. Por tu nombre antes de la frase y entenderás que la ola que azota tu vida hoy, perderá fuerza y amainará, porque él no te dejará. No pierdas la fe. Aférrate al que todo lo puede y no te desamparará. Yo lo he hecho y la marea que azota mi puerto hace unas semanas, ha perdido fuerza y empieza a descender. ¡La calma y el silencio llegarán!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Hay gigantes, pero nadie es más grande que Dios.

Don Quijote de la Mancha imaginaba que los molinos de viento eran enormes y peligrosos gigantes. Realmente, no eran más que enormes construcciones pero él las veía como inmensos gigantes con los que se tendría que enfrentar. Nosotros nos enfrentamos a molinos diariamente, perdón, gigantes. Unos verdaderos, otros inventados y otros que, siendo pequeños, nosotros mismos hacemos enormes.

A lo largo de mi vida, 30 años, han aparecido diferentes gigantes, unos más grandes que otros y algunos a los que yo misma, con mis preocupaciones, les di poder y los hice más gigantes de lo que realmente eran. Años más tarde, después de conocer al verdadero Dios y convertir mi fe en una relación estrecha con Él, me explicó que estaba equivocada temiendo a esos gigantes. Me animó a confiar porque él es quien pelea por mí y me enseñó a no temer, aunque vengan contra mí enormes gigantes porque él está conmigo, es mi defensa y escudo.

El Señor me hizo entender que la vida va de batallas que se ganan o pierden a diario, que la vida implica una pelea constante entre lo bueno y lo malo, una lucha entre el bien y el mal, un enfrentamiento entre dos fuerzas: la luz y la oscuridad. Dios me permitió conocer que formo parte de esta batalla pero que no estoy sola, él me dio las armas para defenderme, me dio poder, autoridad en su Hijo y cuento con su compañía y respaldo porque él va delante de mí. Así que gigantes vendrán, volverán, seguirán atacando, unos más grandes que otros, otros enormes y aparentemente invencibles pero ¡no debemos temer! Temer o no, es una decisión. ¡Yo decido no temer!

Desconozco el tamaño del gigante al que te enfrentas hoy, no sé si está cerca o apenas lo ves venir a pasos agigantados desde lejos. Pero lo que hoy quiero transmitir en este mensaje es que debemos confiar en Dios porque él no nos dejará y ningún gigante es mayor que nuestro Señor. Nada tiene más poder que Jehová de los ejércitos. Ni enfermedad ni dolor ni fracaso ni tristeza ni las deudas ni los problemas, ninguno es más grande que nuestro Señor. Esos gigantes van a ser derribados si crees. Ten fe y confía, ¡no temas!

Hace pocos días, compartía en un mensaje el diagnóstico clínico que me dieron hace 4 años. Ellos, “los médicos”, han dicho que padezco una enfermedad auto-inmune degenerativa sin cura, Esclerosis Múltiple. No se hereda, no se contagia, no se transmite pero me tocó, así como cuando te ganas un premio. Pero desde entonces, sé que el poder de Dios me ha sanado, y cuando mi familia y amigos me ven no creen que padezca esta enfermedad.

Hoy, después de algunos meses, tuve cita con el especialista para el control rutinario y el resultado de la última resonancia magnética. Y la neuróloga me ha dicho que hay más señales degenerativas en mi cerebro, y que aunque no he experimentado sensaciones ni cambios aparentes, hay un daño, ”cicatrices” importantes en mi cerebro. Como quizás te sientas tú en este momento mientras lees estás líneas me sentí yo esta mañana, ¡sorprendida! ¿Qué ha pasado? ¿Por qué avanza tan rápido?¿Por qué me pasa esto?¿Cómo estaré dentro de diez años? Pero recordé que no debo temer, mi Dios es poderoso y para él no hay nada imposible, y sé que él se glorificará en esta situación que enfrento. Él no abandonó a Job cuando estuvo mal, él restauró su vida y premió su fidelidad. Este gigante que hoy vino a mi vida a intranquilizarme no es más grande ni poderoso que Dios, así que decido no temer. Confío en Dios porque él es ¡grande, fuerte e invencible!

A Dios amaré todos los días de mi vida y le serviré con todas las fuerzas de mi corazón aunque no tenga suficientes fuerzas físicas y el temor intente nublar mi mente. Él multiplica mis fuerzas, me sana, restaura, anima y promete acompañarme todos los días, igual que a ti. ¡No temas!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Sin afán ni preocupaciones, él tiene todo bajo control

Les comparto un texto que escribí una vez en la universidad para mi clase de prensa cuando estudiaba periodismo. Escribí este texto relacionado con mi ciudad natal y hoy me parece apropiado compartirlo porque es una descripción que se adapta al versículo de la postal de hoy.

“Cali en un día”

Aunque parecieran ser las once de la noche por la soledad que habita las calles, realmente no son más de las seis y media de la mañana, el sol se levanta sobre el Valle. Cali se despierta y bosteza. Se despeja el panorama y su gente se dispone al trabajo, a la lucha. Todos salen rumbo al norte, al sur, al centro, se desplazan y surge con ello la totalidad del día. Se despeja la mañana, se adormece la noche y sobre el césped se siente el rocío.

De repente, son las 08:00 am, y lo que hace unas horas era soledad, ahora es concentración multitudinaria de transeúntes, vehículos, publicidad, atasco y sudor. Los niños corren a sus escuelas. Sus padres afanados se dirigen al trabajo y la ciudad se segmenta, se divide, se sectoriza, se reparte; permanece en constante agitación. Llega el medio día y la ciudad come deprisa, a la carrera, no mastica, traga, se atraganta, se embute, no digiere, se atora pero continúa su marcha hasta la tarde que, con rapidez, se vuelve noche e inicia un fallido intento de calma, tranquilidad y descanso sin éxito.

Son las seis de la tarde y la ciudad vuelve a casa; otra vez hay sudor, tráfico, calor, caos, ruido, vehículos atestados en las calles en un deseo por llegar rápido a su destino para descansar del extenuante trajín del día pero al llegar a casa el descanso se entretiene en una pantalla de televisión de 32 pulgadas a 120 decibelios con el mejor reality o la mejor novela. Los niños lloran, la madre se enfada porque no han hecho los deberes escolares y el padre pide silencio porque ha empezado el primer tiempo.

Cali se duerme, son las 11:00 pm y no hay silencio; hay, en cambio, soledad, vacío, ausencia, distancia, desunión, falta de respeto e intolerancia. Cali se duerme pero no descansa, alucina, se desvela, se trasnocha, tiene pesadillas, intenta conciliar el sueño y se prepara para el amanecer de un nuevo día.”

¿Qué te trasmite este texto? ¿Alcanzas a sentir el estrés, la prisa, el afán y la preocupación que expele cada línea? Pues ésa era la idea, recordarnos que cada día trae su propio afán y como nos dijo el Señor no perder el control ni agobiarnos previamente, adelantándonos al mañana, pues cada día trae lo suyo. Cada día, afrontamos preocupaciones y diversas angustias. Para ti y para mí, para cada uno, lo que enfrentamos es lo más grande que nos ocurre, y sentimos que el mundo se viene abajo pero Dios dice en su palabra : “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mateo 11:28

¿Te sientes cansado, cargado y/o atribulado? Es tiempo de vivir el presente. Vive el resto del día y no te preocupes hoy de lo que será mañana porque cada día trae su propio afán.

¡Bendiciones!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.