¡Él amor de Dios nunca cambia!

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A pesar de nuestra rebeldía, ¡Dios nos ama! Digo a pesar porque aunque no parezca ni lo creamos, tú y yo somos en algunas ocasiones, rebeldes, necios y tercos. Aunque amamos a Dios, a veces, vamos por la vida conforme a nuestros deseos y necesidades y no conforme a los deseos ni voluntad de Dios. Eso es rebeldía.

¿Y qué hace un padre cuando su hijo es rebelde y hace lo que le apetece? ¡Lo sabemos bien! Las consecuencias de la desobediencia las conocemos por experiencia propia o porque es lo que hacemos o haremos con nuestros hijos. Lo primero es: el castigo, segundo: la reprensión y tercero: la lección. Pero el enfado y la decepción de un padre por la desobediencia de sus hijos suele permanecer por cierto tiempo; algunos lo recuerdan por largos años. Pero la noticia de hoy, es que a nuestro Padre Celestial y Dios eterno, el enfado y la ira le duran poco porque su misericordia es infinita y su amor inexplicable. A pesar de nuestra desobediencia y rebeldía, él nos ama y nos sana.

Clemente y misericordioso es Jehová, Lento para la ira, y grande en misericordia. (Salmos 145:8)

Esta sanidad hace referencia al perdón y a la restauración. Dios quiere nuestro bien y sabe que si fallamos, le necesitamos, entonces no se aparta, antes se conmueve y nos abraza. Él sólo espera que nos acerquemos y le contemos qué hemos hecho, por qué lo hemos hecho y sentir el arrepentimiento sincero de nuestro corazón, para lavarnos y sanar nuestro espíritu nuevamente. Y escribo nuevamente porque volverá a pasar y él nos volverá a sanar porque nos ama.

Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu. (Salmos 34:18)

Si embargo hay algo que no debemos olvidar, su perdón y misericordia no nos dan libertad para pecar. Entonces andemos en obediencia y sujeción en la vida, resistiendo la tentación y negándonos al pecado por amor a Cristo y a Dios Padre.

Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. (Gálatas 5:13)

¿Has sido rebelde con Dios?

¿En qué desobedeciste?

No me lo digas, díselo a él,

que aún a pesar de tu error y pecado, te perdonará y seguirá amando.

A él que tendrá misericordia de ti y te mirará con amor y ternura. A él que será paciente y nunca

pagará conforme a la grandeza de nuestros errores. A él que con amor eterno te ha amado.

¡Bendito seas Señor, Dios justo y misericordioso!

¡Gracias por amarnos eternamente y no tener en cuenta nuestra transgresión!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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Aunque creas que no puedes hacer nada, puedes ¡Orar!

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2 de septiembre de 2015, siglo XXI, con tecnología punta y grandes conocimientos que nos permiten el desarrollo de herramientas para obtener “supuestamente” una mejor calidad de vida. Pero ¿a cambio de qué? Un planeta contaminado y deteriorado, hambre en el mundo, guerras innecesarias por codicia, extinción de naciones por ambición y poder. El mundo es moderno, sí. El mundo goza de grandes alcances tecnológicos y arquitectónicos pero mientras tanto el egoísmo y la idolatría corrompe el corazón de los hombres y nos encontramos frente a sucesos que anuncian la decadencia de la humanidad y el pronto regreso de nuestro Señor. Ante este panorama no sé cuál es tu pensamiento y reflexión pero el mío es: “Señor te necesitamos, ven pronto!”

Hoy, siguen muriendo decenas de personas, niños, hombres y mujeres que huyen de la guerra, una guerra que ellos no querían ni buscaban. Una guerra absurda por ideales que se apartan del amor. Hoy, mientras tú y yo elegimos que comer hay muchos que se acostarán con hambre y sed.

Hoy, cientos de animales huyen de su hábitat perseguidos por máquinas que destruyen la naturaleza. Hoy, mientras tú y yo nos preparamos para ir al trabajo hay muchos que se preparan para saltar un muro, cruzar una frontera o lanzarse al mar en busca de una oportunidad.

Hoy mientras tú y yo vamos al gimnasio y cuidamos nuestro aspecto físico otros cuidan por su vida y huyen al ser perseguidos. Son las decenas de refugiados que hoy piden ser escuchados y tenidos en cuenta.

Esta noche habrá cientos de programas basura en la televisión, contenidos que no edifican y perturban el corazón y la mente, pero mientras muchos pierden el tiempo, tú y yo, podemos elegir recordar las necesidades del mundo y orar por ellas.

Mientras tú y yo sabemos a quién invocar y clamar en medio de la tribulación que vive nuestro mundo, muchos no saben a donde dirigirse ni a quién pedir porque no conocen a Dios. Hoy, es el día para orar, clamar, pedir, interceder, pero no sólo por ti ni tus necesidades, hoy es el momento de clamar por ellos, por los necesitados, los perseguidos, los refugiados, los desplazados, los niños y niñas explotados y maltratados. Esto no es algo que sólo ocurra en una parte del planeta, lo sorprendente es que ocurre al sur, al norte, al este y al oeste y seguimos andando inmunes al dolor y a la necesidad urgente que tiene nuestro mundo de paz y de amor ¡¡¡Necesidad de Dios!!!!

¡Clamemos y él nos escuchará!

Clamemos para que él nos conceda misericordia, bondad, justicia, clemencia, piedad, amabilidad, comprensión, caridad, amor y tolerancia. Todos somos iguales. ¿Elegimos dónde nacer? ¿Elegimos dónde crecer y tener lo que tenemos? Ellos tampoco. Oremos por todos, porque hoy, mañana y por siempre necesitamos el favor y la misericordia de Jehová de los ejércitos!

Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo.

Marcos 13:33

Amén.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Por qué condenamos, si Él jamás lo hizo?

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Cuando vinieron los escribas y fariseos delante de Jesús a presentar a la mujer adultera y acusarla para apedrearla por su pecado, cómo dictaba la ley de Moisés, Jesús les invitó a reflexionar sobre su comportamiento y les hizo una pregunta que perdura hasta nuestros días y que hoy nos corresponde contestar a nosotros. ¿Estamos libres de pecado para lanzar una piedra de castigo y juicio contra otro?

Reflexionemos:

¿Por qué Jesús, siendo Hijo de Dios y con toda autoridad no condenó a esta mujer?

¿Por qué el Señor Jesús tuvo clemencia de una adultera, cuando la ley prohibía el adulterio y consideraba la muerte como pago del pecado?

¿Por qué los escribas fariseos se sentían justos acusándola y presentándola públicamente como una pecadora?

Primero, debemos recordar que estos hombres se consideraban expertos en la ley, pero realmente ¿la cumplían? La respuesta de Jesús no fue la que esperaban y por el contrario sus palabras removieron la conciencia de todos estos hombres, quienes inmediatamente abandonaron el lugar reconociendo claramente que ninguno tenía derecho de lanzar una piedra contra la mujer adultera porque ninguno estaba limpio de pecado. ¡Todos eran pecadores!

¡Cuidado! Porque sin pensarlo, muchas veces actuamos como los fariseos y los escribas, creyéndonos eruditos de la fe y expertos en la palabra porque la leemos y nos sabemos algunos versículos de memoria. ¿Es esto suficiente para ser perfectos y estar libres de pecado? No! porque ninguno de los hombres es perfecto y justo. La Biblia dice lo siguiente:

“Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga bien y nunca peque”.

Eclesiastés 7:20

¿Creías que eras bueno?¿Creías que eras justo? Dios dice que ciertamente no existe en la tierra un hombre que haga bien y NUNCA peque. Es decir que ni tú ni yo, somos tan buenos como creemos. Quizás somos menos malos que otros y menos injustos por la misericordia de Dios. Pero tú y yo somos pecadores, por eso Jesús vino, para salvarnos y redimirnos. Sin la sangre de Jesús seguiríamos estando en pecado y apartados de la gracia de Dios, pero por su sacrificio en la cruz hemos sido limpios de toda mancha y justificados por la fe.

Por eso hoy, esta pregunta nos recuerda que ninguno de nosotros tiene derecho de levantar la mano para lanzar piedras contra los demás. Pero no es necesario agredir físicamente a otro; basta con abrir nuestros labios para juzgar o señalar con nuestro corazón el error de otro.

¿Cuántas veces hemos escuchado a hermanos señalando el pecado de otros hermanos?

¿Cuántas veces nosotros mismos hemos levantado el dedo para juzgar y criticar a nuestra familia, a nuestra pareja, a nuestros amigos?

¿Cuántas veces hemos sentido satisfacción porque no somos como los demás, que pecan sin parar?

¿Cuántas veces hemos juzgado a otros con nuestra mirada y la expresión de nuestro rostro?

No seamos escribas ni fariseos. Seamos imitadores de Cristo, que no juzgó ni condenó a la mujer adultera sino que la perdonó.

Detente un momento y reconoce delante de Dios las veces en las que te has comportado como un escriba y has señalado el error de otro, olvidando que no eres perfecto ni justo. Que esta semana tu propósito sea perdonar y amar como Cristo perdonó y amó a la mujer adultera sin condena ni prejuicios.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Viviendo sobria, justa y piadosamente

Han pasado pocos días desde que celebramos la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, nuestro Salvador. Y es necesario que este suceso no sea un motivo de celebración una vez al año sino que sea la razón de nuestra supervivencia día a día. Recordar que Cristo ocupó nuestro lugar y nos dio salvación, nos da la suficiente fortaleza para seguir de pie y seguir caminando en dirección a la meta. Pero no es suficiente recordarlo hay que vivirlo. Saber que somos salvos y libres no nos exime de la tentación por eso el Señor nos anima a ser valientes y a renunciar a todos los deseos del mundo y la carne. Él nos invita a ser imitadores suyos y a vivir en este tiempo de forma justa, sobria y piadosamente esperando su victoria por la eternidad.

Terminó la Semana Santa y muchos fueron piadosos y sensibles a la conmemoración de esta fecha pero ¿y pasados unos días qué?. Ahora es tiempo de aplicar en nuestra vida lo que él Señor nos enseñó y hoy es el día de sentarnos a reflexionar en nuestro comportamiento como hijos suyos. ¿Estamos viviendo vidas piadosas? ¿Somos justos con los demás en nuestra forma de hablar, mirar y actuar? ¿Y nuestras palabras son sobrias o se alejan del amor que Jesucristo nos profesó?

Vivamos en este siglo pero seamos embajadores de su reino, no nos amoldemos a los patrones actuales de conducta ni llamemos a lo malo bueno y a lo bueno, malo. Seamos radicales en nuestra obediencia a Dios, resistiendo el pecado y la maldad. Diciendo no a las mentiras del enemigo y a la tentación. Recordemos que él no pecó aunque fue tentado. Sujetémonos a Dios y seamos valientes. Que nuestro comportamiento hable de Cristo y la gracia de Dios, que nos dio salvación, se extienda a todos los hombres.

Esfuérzate por ser cada día, en todo lugar y hora embajador de los cielos.

Y si hay algo que hoy te impide reflejar la gracia de Dios, si hay algo que te aleja de su amor. Acércate al Señor y reconoce cada uno de tus pecados en oración. Él te perdonará, te sanará, te limpiará y volverá a recibirte en sus brazos. Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Pero apártate del error y acércate a Cristo para que puedas sobrevivir al siglo en el que nos ha tocado vivir. Sólo él nos hace fuertes y nos rescata de perecer en medio de tanta contaminación humana (Sexo, drogas, vicios, juego, mentiras, ambición, codicia, envidia, maldad, infidelidad, falta de fe, etc)

¡Que su gracia te colme de bendiciones y nunca olvides que su amor te salvó!

¡Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes!

Laura Sánchez.

Y Dios amó a los que aún siguen pecando

En nuestra razón no alcanzamos a entender como alguien puede amar a quien le rechaza y desprecia. Pero Dios no es humano y no razona como nosotros. Menos mal porque si fuese así seguiríamos apartados de él, pero gracias a la muerte de Jesús en la cruz esa distancia que nos separaba fue anulada y ahora estamos cerca del Padre por su misericordia. Porque él mismo se compadeció de nosotros y en su piedad planeó que su Hijo se hiciese hombre para que de él tuviéramos un testimonio vivo de su amor y nos rescatase para siempre.

Esta cruz llevó clavado el cuerpo de Jesús hasta su muerte pero hoy está vacía porque él venció a la muerte y se levantó de entre los muertos para sentarse a la diestra de Dios.

En la cruz tú y yo tenemos la victoria y libertad que nos fue dada al aceptar el sacrificio de Jesucristo por amor. Aceptar que él subió a la cruz a ocupar nuestro lugar nos hace valorar el significado de la vida y del amor. Nos hace ser más humildes y nos anima a renunciar a lo material y terrenal porque son cosas pasajeras. Aceptar esta verdad nos hace vivir fortalecidos y esperanzados en la promesa del Señor.

Dios no tenía más hijos, sólo a Cristo y lo entregó en propiciación por nuestros pecados y nos dio vida eterna en su muerte. Yo no soy madre aún pero me alcanzo a imaginar el dolor de entregar la vida de un único hijo por otros que ni siquiera le conocían y además le ignoraban y despreciaban. ¿Es justo? En nuestra razón no lo es, de ninguna manera.

Pero el amor de Dios supera nuestra capacidad intelectual y razón lógica. Dios es amor y todo lo dio para rescatarnos. Dios y Jesucristo eran el mismo, el hijo en el padre y el padre en el hijo, por eso él no se aferró a nada y se entregó para rescatarnos.

¡Somos pecadores salvados por amor y gracia! Alegrémonos y demos gracias por esta muestra de amor infinito que Dios manifestó a la humanidad sin merecerlo, porque a los que aún siguen pecado él sigue esperando para salvar y rescatar.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Que la indeferencia no contamine tu corazón

Ya se nos ha dicho en repetidas ocasiones y nos lo ha dicho Jesús también,

“Como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.”

Lucas 6:31

Lo más importante de estas palabras es la práctica que hacemos de ellas. ¿Aplicamos esta verdad en nuestra relación con los demás?

Exigimos respeto, pero ¿respetamos? Deseamos que se nos trate con amor y ¿es lo que damos?

Estas sabias palabras nos hablan de la convivencia, de las buenas relaciones, del amor, la amistad, la complicidad, el cariño, el afecto y la bondad y lo asemejo a este proverbio porque viene a decir lo mismo. “Si cierras tu oído al clamor del pobre, cuando clames no seras oído.”

Dios es un dios justo y misericordioso, que piensa en ti, en mí y en los demás, en cada persona que le busca, que le necesita, en cada enfermo y desalentado. Dios tiene amor para cada uno de los hombres y quiere que nosotros nos tratemos con amor los unos a los otros, que nos ayudemos y soportemos. Lamentablemente no es así y por eso estas enseñanzas, porque él quiere que pensemos en los demás, que renunciemos a nuestras comodidades para compartir con los demás, que imploremos por las necesidades de otros y que escuchemos cuando otros necesiten consuelo. Nuestro Padre quiere que seamos reflejo de su amor y misericordia.

Hoy somos consuelo de otros porque una vez fuimos consolados. Hoy somos ayuda y soporte de otros porque una vez alguien nos dio la mano. Hoy somos guía de alguien porque alguna vez anduvimos ciegos. Hoy somos luz pero una vez estuvimos en tinieblas.

Y ahora piensa en cómo te gustaría que fuesen contigo.

¿Te gustaría que te llamen y tengan en cuenta? ¿Te gustaría que te digan cuanto te quieren y te den un abrazo?¿Te gustaría que te saludaran cada mañana o te ayudaran a cargar una bolsa pesada?¿Te gustaría que te escucharan y oraran por ti? ¿Te gustaría que en mitad de la lluvia alguien te extendiera su paraguas? Entonces haz por los demás lo mismo que tú deseas para ti, porque así como tú seas, serán contigo. Reflexionemos: No esperes recibir amor si lo que das está lejos de ser ternura y amor.

Piensa en los demás, en los necesitados, en los desamparados, en las viudas, huérfanos, en los ancianos. Piensa en las personas que viven en la calle y no tienen techo donde resguardarse. En las personas presas de su libertad, en las prostitutas, en los drogadictos que siendo esclavos y prisioneros de una atadura no conocen al que tiene la llave de su libertad.

¡Di no a la indiferencia y no permitas que se contamine tu corazón! No podemos vivir un día más sin hacer algo por los demás. Caminar por la ciudad, como si nada, mientras hay gente durmiendo en la calle sin nada que comer ni que beber, cuando a nosotros nos sobra. No podemos seguir viendo las noticias y ver como son perseguidos hasta la muerte, nuestros hermanos en la fe, en Oriente y seguir viendo novelas o películas. ¡No podemos ser indiferentes ante el dolor de los demás!

Ora por otros, por los enfermos y los perseguidos. Extiende tu mano al desvalido, abriga al desnudo, ayuda al anciano, da agua al sediento y consuelo al triste. Porque así como Dios nos ha amado, debemos amar a los demás.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡No retengas! Comparte, da a los demás y serás bienaventurado

¿De cuales eres? ¿Repartes o retienes?

Dice la Biblia que con nada vinimos y con nada nos iremos, pero mientras vivimos en la tierra somos vulnerables a aferrarnos a las cosas y apegarnos a lo que tenemos, nos volvemos egoístas y es precisamente lo que Dios no quiere que hagamos.

Nuestro Padre, nos invita cada día a soltar, a compartir, a dar de lo que tenemos, de lo que él nos ha dado y hoy es un día estupendo para empezar. No pienses, es que yo no soy rico, que puedo darle a los demás? Déjame recordarte que no sólo dinero se puede dar, no retengas ni guardes lo que Dios te ha dado para ti sólo ni para unos pocos, sino multiplica, da, da y da abundantemente, como se te ha dado,  de lo que tienes y sin esperar nada a cambio.

Tú y yo hemos recibido del Señor diferentes talentos y dones, pues empecemos por ahí, repartamos de las bendiciones con las que Dios nos ha bendecido a los más necesitados. Si hay necesidades económicas, comparte tu dinero. Si necesitan palabras de ánimo, da consuelo. Si hay tristeza, reparte alegría. Si surgue la duda, reparte fe. Si viene la enfermedad, comparte una oración. Si hay soledad, sé compañía. Si tienen hambre, comparte tu alimento. Si están en oscuridad, da luz. Si hay sed, reparte del agua de Vida, pero siempre comparte.

Si los demás te necesitan y sientes que puedes ayudar, no retengas, hazlo, no esperes más, es el momento de hacerlo ¡mañana puede ser tarde!

Es el tiempo para empezar. Piensa en la gente que te rodea, que necesitan las personas que conoces, que necesitan tus vecinos o compañeros de trabajo? Reparte tu gozo, esperanza y confianza en Dios. Háblale a los demás de Dios con tus palabra o tu forma de ser, pero hazlo, no retengas. Un día, como en la parábola de los talentos, el Señor nos preguntará que hicimos con lo que él nos dio. ¿Qué le dirás? ¿Que lo multiplicaste y compartiste o que lo escondiste?

¡Multiplica y Reparte de lo que se te ha dado!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Dios, el mejor consuelo de nuestro corazón

He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí.

Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación.

 Y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido.

Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra.

Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.

(Isaías 12:2-6)

Como un padre se compadece de sus hijos, se compadece Jehová de los que le temen (Salmos 103:13). Así como nuestros padres han perdonado una y otra vez las travesuras que hicimos de niños, así es Dios, él nos perdona y olvida nuestro error porque nos ama. Nos consuela en medio del dolor y aparta de nosotros su indignación y enojo, porque así como un padre se enfada con un hijo cuando éste le desobedece, así se enfada el Señor cuando nosotros, desobedecemos y no hacemos su voluntad. Dios no es un dios gruñón ni malhumorado. Él es un rey de oportunidades y misericordias. Un rey que extiende su bondad por amor y gracia.

Y un día, puede ser hoy, tú y yo diremos que maravillosas y grandes son sus obras. Diremos que su obra y plan de redención para los hombres son magníficos y superan nuestra razón. Que él es nuestra esperanza y por él nuestra alma canta y se alegra en sus promesas que son verdad y hechos.

Canta, alaba, clama, da gracias al Santo de Israel que se ha manifestado a tu vida de forma maravillosa.

Piensa un momento en qué momentos has visto la intervención del Señor en tu vida.

¿Te has sentido triste y desanimado?

¿Has perdido la esperanza?

¿No encuentras salida?

Cualquier cosa que tengas que enfrentar en estos momentos será ínfima si confías en el poder de Dios y pones en sus manos tu situación. Suelta lo que no puedes cambiar, deja que sea él quien te ayude y lo haga por ti, porque es él quien tiene el poder de hacer posible lo imposible. Deja que su consuelo calme tu corazón, pide al Señor que ponga nuevos y buenos pensamientos en tu mente y que toda tristeza sea pasado en tu vida porque en él está tu esperanza y confianza. Pero no lo leas simplemente, dilo!

 Di en voz alta que tu confianza es Dios y que su consuelo calmará la angustia de tu corazón y por fe será hecho. Recibe sanidad en tu alma en el ¡nombre de Jesús!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Sin fecha de caducidad por su misericordia.

Las latas de conservas tienen una fecha limite de consumo, una vez cumplida la fecha están caducas, no sirven y se tienen que tirar. Tú y yo teníamos fecha de caducidad, teníamos pocas esperanzas, íbamos deteriorándonos cada día y estábamos cerca de la fecha límite de consumo. Pero un día, Dios se compadeció de nosotros y por amor nos dio su perdón, nos regaló vida, y hoy, gracias a su regalo de salvación en Jesucristo, esa fecha de caducidad se eliminó. Ya no somos perecederos, en la cruz Jesús nos dio eternidad.

La paciencia y amor de Dios nos ha permitido sobrevivir. Un día fuimos candidatos a caducar pero en su hijo fue renovada nuestra esperanza, en él fue cambiado nuestro futuro y hoy nos gozamos en fe porque esperamos su promesa de vida eterna. No habrá fin para los hijos de Dios porque a su lado viviremos eternamente y ya no habrá más dolor, tristeza. No habrá muerte ni maldad. No necesitaremos la noche porque él será nuestra luz perpetua.

Demos gracias a Dios que nos dio vida, que tuvo misericordia y no nos ha pagado conforme a nuestra maldades. Exaltemos el nombre de nuestro Señor que nos ha dado una esperanza y una ilusión para vivir esta vida mientras llega el día de la victoria y estar a su lado por los siglos de los siglos.

Digamos juntos:

“Gracias Señor, porque no sé dónde estaría hoy. Por tu misericordia he sido perdonado, salvado y restaurado. Te amo y me gozo en la esperanza de vida eterna que me has dado en tu hijo amado, Jesucristo mi salvador”. Amén.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Clemente y compasivo es Dios

No existen palabras más sinceras para describir el carácter de Dios. Él es clemente y compasivo. Él es lento para la ira y su misericordia es infinita.

Soy una persona un poco impaciente y con facilidad me pongo nerviosa si las cosas no salen bien. Dios ha pulido mi carácter y cada día sigue trabajando para moldearme conforme a su amor y voluntad, y esto me hace admirar en gran manera la paciencia del Señor. Si nuestra relación con Dios se tratara de paciencia, creo que ya se le habría agotado porque no somos perfectos, todos los días fallamos. Pero conocer el verdadero carácter de Dios nos permite recordar que somos afortunados porque su misericordia nos ha alcanzado, nos ha perdonado, y hoy somos lo que somos por su gracia.

Cuando leí este versículo de los salmos hace más de 8 años, entendí que el carácter de Dios que las monjas me habían enseñado de niña no se parecía mucho al carácter que describía su palabra, y cuando me acerqué a Dios arrepentida por mis errores, entendí que en él no hay nada de dureza ni inclemencia, Dios no es implacable ni está furioso conmigo por mis faltas. Él es paciente y justo, es un Dios revestido de amor y ternura para con todos sus hijos, y aún a pesar de nuestros pecados, él nos sostiene y perdona nuevamente. Su misericordia es tan grande como la distancia de los cielos a la tierra, y no nos paga conforme a nuestro comportamiento sino que tiene de nosotros piedad y con ternura nos abraza.

Dios es un dios de oportunidades, no un dios castigador ni impositivo. Es un dios justo que ejecuta su palabra y actúa conforme a su ley, una ley llena de amor y bondad, tanto que envió a Jesús, su único hijo, a nacer en medio de nosotros para darnos vida y perdón, para enseñarnos en él cómo debemos ser y vivir. Y nuevamente, su misericordia se extendió a toda la tierra al permitir que Jesús muriera por nosotros. Él no se negó a subir a la cruz por ti ni por mí, él sufrió y lloró lagrimas de sangre para darnos vida, para salvarnos de la culpa, de la condena y de un futuro apartados de Dios.

Celebremos y gocémonos porque la misericordia de Jehová nos ha sostenido, nos ha alcanzado y nos ha hecho nuevas criaturas en Cristo Jesús. Por amor, nos transformó en lo que somos hoy. No somos perfectos, ¡para nada!; pero sabemos dónde está nuestra fuerza para ser mejores personas, y tenemos la certeza de la misericordia, clemencia, compasión, perdón y amor de Dios.

¿Has fallado? Yo sí. No conozco tu error ni tú el mío, pero Dios sí lo sabe. Él nos conoce profundamente y lo que hay en nuestro corazón no le es oculto. Hoy nos pide que dejemos atrás el miedo y el temor, y nos arrepintamos de lo que hemos dicho, hecho y pensado que nos haya apartado de su lado. Él quiere ayudarnos a cambiar, y desea pulirnos y trabajar nuestro carácter hasta conseguir que seamos imitadores de Jesucristo.

Reconozcamos nuestro error y acerquémonos a Dios porque él nos limpiará del pecado, nos dará su paz y perdón. Volvámonos a él porque con ternura y paciencia nos abrazará para darnos libertad y romper las cadenas de nuestra culpa.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Hay un testamento y eres heredero!

¿Qué harías si hoy te avisaran que hay un testamento en el que aparece tu nombre escrito como persona beneficiaria de una herencia incalculable? Pues aunque parezca una fantasía, es verdad, y hoy te lo digo, lo anuncio y lo recuerdo. Dios ha escrito tu nombre y el mío en el testamento de la vida y nos ha hecho, sin merecerlo, herederos de su reino. ¿Sabes lo que eso significa?

Significa: que nuestro Dios nos suplirá eternamente de todo y no habrá carencias en nuestra vida de ninguna índole, porque la herencia que él ha reservado para sus hijos es una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. El dueño del cielo y de la tierra nos ha hecho herederos, por amor, de una promesa de vida eterna.

Mientras habitamos en la tierra, en Dios está nuestra esperanza y fortaleza porque hemos creído y confiado en él, en sus promesas, su pacto y su incondicional fidelidad.

Ya conoces el dictamen del testamento, ¿qué harás? Se te ha concedido una herencia de un valor inconmensurable y único sin que hicieses nada para conseguirlo. Dios se acordó de ti y de mí, y por amor e infinita piedad nos hizo herederos de su gloria y gracia. Y me pregunto: ¿Qué más necesitamos si en él lo tenemos todo? ¿No es hermoso? Dios es maravilloso.

Empecemos a vivir como lo que somos, herederos de Dios.

Empecemos a creer lo que Dios ha hecho por nosotros y lo que nos ha dado por amor.

Empecemos a reflejar lo que Dios ha cambiado en nuestras vidas, dejemos ver su gloria.

Empecemos a transmitir las maravillas de la herencia que por gracia nos ha tocado.

Empecemos a compartir esta herencia con los que aún no saben lo que hay preparado en los cielos para ellos.

Disfruta y alégrate desde ahora por la promesa de una herencia en los cielos reservada especialmente para ti.

 

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Alégrate porque su misericordia te ha salvado.

¿Quién se ha compadecido de ti y ha perdonado tus errores?
¿Quién ha pagado las deudas que debías sin pedirte nada?
¿Quién te ha dado oportunidades sin límite para empezar de nuevo?
¿Quién te ha consolado en toda angustia y tribulación?
¿Quién ha llevado el peso de tu carga gratuitamente?
¿Quién ha escuchado tu clamor y necesidad?
¿Quién ha ocupado tu lugar para asumir la culpa?
¿Quién se ha dado a sí mismo por ti?
¿Quién te protege incondicionalmente cuando sientes temor?
¿Quién te perdona y olvida para siempre lo que hiciste?
¿Quién te provee de bienestar cuando nada hay ni nada tienes?
¿Quién te da su paz en mitad de la angustia y tribulación?
¿Quién ha hecho en tu vida posible, lo imposible?

Si nos hacemos estas preguntas, la respuesta jamás tendrá un matiz humano porque nadie sería capaz de entregarlo todo por nadie de esta manera. Sólo Dios, en su eterno amor lo entregó todo. Dio a su único hijo para redimirnos, salvarnos, consolarnos, restaurarnos, libertarnos y darnos vida eterna. Jehová, nuestro Señor y Padre, no nos ha pagado conforme a nuestra maldad e iniquidades, él nos ha colmado de sus bendiciones y, por su gracia, somos lo que somos.

Y hoy, tú y yo, debemos alegrarnos porque:

Ya no somos culpables, Dios nos ha eximido de toda culpa.
Ya no somos esclavos, Dios nos ha dado libertad.
Ya no vivimos en tinieblas, Dios nos ha dado su luz.
Ya no estamos cansados, Dios lleva nuestra carga y multiplica nuestras fuerzas.
Ya no tenemos temor, Dios nos ha protegido.
Ya no hay preocupación en nuestro corazón, Dios nos ha dado esperanzas.
Ya no hay tristeza ni perturbación en nuestro interior, Dios nos ha dado su paz.
Ya no hay necesidad sin solución, Dios tiene el poder para hacer posible lo imposible.

En el amor de Dios lo tenemos todo. Él es nuestra fuerza, nuestro refugio, nuestra esperanza.

Oremos:

Padre, gracias por la inmensidad de tu amor. Nuestra humanidad no nos permite entender la grandeza de tu bondad y compasión. Gracias por amarnos desde el principio y hasta el fin. Gracias por tener piedad de nosotros y no pagarnos conforme a nuestros fallos y pecados. Gracias por llevarnos a tus brazos y consolarnos, por entregar a tu único hijo, para que él, sin ninguna culpa ni mancha, ocupara nuestro lugar y así darnos perdón, libertad y salvación. Gracias Señor, no sabremos cómo agradecerte.

Te entrego mi vida y la de todas las personas que reconocen amarte y quieren darte gracias el día de hoy por tu bondad y misericordia. Como tú, ninguno Señor; sólo tú eres Dios, poderoso, invencible, amoroso y compasivo. ¡Te amamos!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Oremos sin cesar, sin cansarnos, sin desanimarnos ¡Oremos siempre!

Dios nos pidió orar y nos indicó de qué forma hacerlo. Nos dijo que la forma debía ser incesante. Eso quiere decir, continua, permanentemente, de forma perdurable sin interrupciones y de forma prolongada. Todas estas palabras son sinónimos de la palabra “incesante” y creo necesario escribirlo porque a veces nuestras oraciones tienen fin, se hacen temporales y dejamos de persistir en oración y súplica al Señor. Dios no está sordo, él nos escucha en todo momento, Dios no está ciego, él conoce y ve nuestra necesidad, pero él es perfecto y responderá en el momento oportuno pero siempre a tiempo.

En estas semanas leyendo las últimas noticias el mundo, me invade, más que de costumbre, un deseo enorme de orar por los demás, por ellos, por los más necesitados, por ti y por mí, por los niños, por los desamparados, por los que no tienen un hogar, una manta para arroparse en mitad de una noche fría. Me duelen las noticias de nuestro mundo y seguramente a ti también. Hoy, te invito a que juntos oremos. Oremos por los motivos que nos urgen, por la sociedad en la que vivimos, por nuestras familias. Si tienes un motivo especial por el que quieres que oremos compártelo, es el momento.

Siéntete en libertad de pedir apoyo en oración y sino tienes motivos, aquí comparto algunos motivos que nos atañen a todos como seres humanos y que debemos poner en manos de Dios.

-Por la sanidad de tantos enfermos e infectados por el virus de ébola en el mundo.

-Por los cristianos perseguidos en oriente y alrededor del mundo.

-Por la paz de Israel y los creyentes torturados.

-Por los terremotos que azotan con frecuencia los últimos años el planeta.

-Por la crisis espiritual y ausencia de Dios en el corazón de los hombres.

-Por la crisis económica que sume en absoluta pobreza a muchos países.

-Por los líderes del mundo para que vuelvan sus ojos a Dios y sepan dirigir las naciones.

-Por los niños, mujeres y ancianos maltratados por grupos terroristas.

Hay más motivos de oración, si tienes uno ayúdanos a incluirlo en la lista y a tu lista personal añade uno o más motivos, para que ores por los demás, fue lo que nos pidió nuestro Padre.

Trabajado y sirviendo al mejor de los jefes,
Laura Sánchez.

¡Sé feliz porque en él has creído!

Antes de sentarme a escribir este post, le pedí a Dios me guiara y pusiera en mi corazón la forma de hablar para compartir que estoy, junto a otras 4007 personas, orgullosa y feliz de creer en él.

Y vino a mi mente la idea de buscar lo que dicen y piensan de él los demás, los que no son felices de tener un creador y que no celebran ni, mucho menos, alaban al Señor. Y mientras leo las frases y opiniones, insignificantes para mí pero argumentadas con contundencia por ellos, me conmueve recordar que aun a pesar de la indiferencia, lejanía, frialdad y dureza de corazón de estos seres humanos, Dios les sigue amando y esperando porque él permite que el sol salga para ellos cada día y es paciente en perdonar y quiere que todos lleguen al arrepentimiento un día.

De todas las frases que leí, creo que ésta fue la que más me impactó y la comparto para que veamos lo que piensa un ateo de un cristiano. Pero es que antes de que ellos lo dijeran, lo dijo Jesús, seríamos perseguidos por causa de su nombre, estaríamos locos y diríamos locuras.

Y aquí está: Para ellos la Biblia es una fábula.

Tú crees en un libro que habla acerca de animales, hechiceros, demonios, palos que se convierten en serpientes, comida cayendo del cielo, personas caminando sobre agua y toda clase de historias primitivas, mágicas y absurdas, ¿y aún así me dices que soy yo el que necesito ayuda?

Dan Barker.

Después de leer esto, brota una sonrisa de mis labios, pero es una sonrisa que lamenta el profundo desconocimiento de la grandeza de nuestro Señor, de quien todo lo creó y nos lo dio. Cuánto se están perdiendo los fríos y apáticos, los lejanos y contrarios a la fe. Cuánto pan de cielo están dejando de recibir y cuántas lluvias tardías han dejado de percibir por su orgullo, rebeldía y falta de fe. Lo peor es que desconocen que aún, Dios les ama.

El libro que este hombre describe como una cuento mágico o una fábula cargada de personajes maravillosos no es nuestro manual de vida. Nuestro manual de vida, La Biblia, ha sido diseñada e inspirada por Dios a través de los hombres para que llegase a nosotros su voz, su ley.

Y cuando vuelvo a leer esta frase, recuerdo a Noé. ¿Cuántos se rieron de él mientras construía el arca? ¿Cuántos se ríen de nosotros hoy porque declaramos y confesamos el nombre de Dios públicamente? ¡No importa! Aunque se rían, nos ignoren, nos ridiculicen y nos aparten, con nosotros está él y es suficiente.

Si ellos se sienten orgullosos y felices de reconocer que no creen en Dios, cuánto más tú y yo debemos sentirnos orgullosos de reconocer que nuestro Dios existe y estamos felices por ello. Estamos orgullosos de creer en un dios que nos escucha y responde, a un dios que no nos ha desamparado ni dejado solos jamás. Jehová de los ejércitos es su nombre, y como torre fuerte y escudo se ha puesto delante de nosotros para pelear contra nuestros enemigos y darnos la victoria.

No calles tu voz, no escondas tu fe, proclama y declara en quién has creído. Los demás, aunque sigan creyendo en la nada, hacen parte de un plan que desconocen pero en el que, probablemente, tú tienes un papel importante si te atreves a compartir la alegría de haber creído en él.

Sintámonos felices y orgullosos de creer en Dios.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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No pierdas el tiempo, vivimos los últimos días.

No pierdas el tiempo, vivimos los últimos días.

En los últimos días vendrán tiempos peligrosos. ¿Se aproxima esta frase a nuestra realidad? Vivimos tiempos de inclemencia y crueldad, tiempos de violencia y maldad. No existen apenas gobiernos que hagan el bien y ciudadanos que obren con cautela y decoro. Vivimos tiempos muy difíciles, de maldad, destrucción, envidia y falta de interés, ausencia de amor y misericordia.

Cuando Pablo escribe esta carta a Timoteo le habla del carácter de los hombres de los últimos días. ¿Estaría hablando Pablo de nuestra generación? A continuación, sigamos leyendo las palabras de Pablo refiriéndose a los hombres de esta época para verlo con más claridad.

“Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” (2 Timoteo 3: 2-5)

En nuestra sociedad existen personas con este tipo de características y hemos llegado a un punto de moralidad tal que nos hemos acostumbrado a ello y vivimos en medio de todo esto sin apenas pronunciarnos ni evitar a estas personas, como recomienda Pablo a Timoteo. ¿Por qué esta recomendación? Porque por el pecado somos atraídos. Porque si otros lo hacen, a veces, parece sano o legal; en ocasiones, parece mínimo y entonces nos vemos haciendo lo mismo que este tipo de hombres con apariencia de piedad. Por eso, se nos recomienda evitar a estas personas.

Y nuestra oración el día de hoy es: “Señor, guárdanos de ser amadores de nosotros mismos, de la impiedad, la calumnia y la crueldad. Apártanos de la frialdad y de aplaudir lo incorrecto como si fuese bueno. Guárdanos para ti y ayúdanos a evitar a las personas que no nos convienen, a las personas que se interponen en nuestro crecimiento espiritual. En cambio, inyectemos el carácter de Cristo en la sociedad que nos tocó vivir, seamos multiplicadores del reino y transmitamos la esencia de nuestro Salvador. Es la mejor opción frente a un mundo que se ha apartado de Dios y al que le urge el perdón y amor del Señor. Es tiempo de ser embajadores de los cielos en la tierra.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Haz el bien, ayuda y se alegrará Dios.

 

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¿Quieres que Dios se alegre? Haz el bien y ayuda a los demás. En la carta a los Hebreos Dios nos invita en los deberes cristianos a ser hacedores del bien y prestar ayuda. Así, con nuestro comportamiento se alegrará su corazón. Dios quiere que consolemos, ayudemos y apoyemos a otros, desea que nos sujetemos mutuamente y seamos hospitalarios con los necesitados.

Pero no quiere Dios que por hacer esto nos sintamos santos y salvos, lo somos por su gracia y la muerte de Jesucristo en la cruz, no por ser caritativos y bondadosos; el serlo es una consecuencia de nuestra fe y deseo de obedecer a Dios.

A veces, en el anhelo de servir y agradar a Dios ayudamos a otros sin esperar nada a cambio y luego después de hacer lo mismo muchas veces, nos duele la ingratitud y dependencia de los demás para con nosotros, que, como en mi caso, alguna vez se me ha visto como “tonta” por ayudar una, dos y tres veces. Y entonces a pesar de sentirme incomoda y triste, alguna vez, me pregunto: ¿Y Dios como se siente, cuando él nos lo ha dado todo y vuelve a hacerlo cada día a pesar de nuestro desinterés y falta de gratitud?

Me repito a mi misma: “ayudo a los demás porque amo a Dios y obedezco lo que él me ha pedido”. Además es una forma de ser embajadora de su reino, donde existe la ayuda mutua sin esperar nada a cambio y se ama a los demás sin interes.

Sé embajador del reino de Dios hoy, mañana y el fin de semana. Existen muchas maneras de hacer el bien. ¿De qué forma podrías hacerlo? Aquí algunas ideas. Ora por quien lo necesita. Haz una llamada a quien no le escuchas la voz hace mucho tiempo. Comparte un alimento con una persona necesitada, a veces lo más necesitados, sin saberlo están cerca de nosotros. ¡Bendiciones!