Paciencia vs Intransigencia

Arte y dIseño para Cristo¿Estás luchando con una idea que interrumpe constantemente el propósito y plan de Dios en tu vida? ¿Eres consciente de que tus planes y proyectos a veces no son los planes del Señor? ¿Entiendes porque aquellas oraciones insistentes no tienen respuesta?

El Señor puso en mi corazón escribir este post porque él está trabajando conmigo en este aspecto. Últimamente estoy teniendo grandes batallas con la carne, una parte de mí que exige tener la razón con algo de intransigencia y necedad porque no tiene la más mínima intención de ceder un poco a la verdad que dio libertad y victoria a mi espíritu. Y entonces, yo, en medio de esta lucha de razón, lógica, obviedad, mundo, humanidad y ley divina, reflexiono y entiendo que mi arma es la sensatez y la dependencia del Señor, la confianza y fe en él.

Mi carne puede gritar a viva voz, que se rebelde, que reclame mis derechos, que luche por mis sueños, que no me sujete a mi marido, que no me someta en obediencia al evangelio de Cristo, que disfrute la vida y haga lo que me plazca. Mi carne puede seguir intentando comparar mi matrimonio con el de los demás, lo mismo que mis sueños, mi vida y cada uno de los proyectos sin cumplir. Puede seguir llamando mi atención con lujos y exquisiteces que no tengo, pero aunque se esfuerce en seducirme, yo seré paciente y esperaré en Dios, porque él ha prometido que con paciencia ganaré mi alma y yo lo creo. Además tengo fe, es decir tengo la certeza de que a su lado nada me faltará, porque a su lado lo tengo todo.

Hubo momentos en los que no fui paciente y caprichosamente insistí en lo mismo, y oré ¡claro que oré! pero él no respondió lo que yo quise. Su voluntad no era lo que yo soñaba, su voluntad era otra, era algo mejor y perfecto aunque yo no lo entendiera. Hoy miro atrás y doy gracias a Dios por su paciencia para conmigo, por su infinita misericordia y le pido que me de fuerzas para permanecer y no escuchar los reclamos del mundo y de la carne que de vez en cuando intenta enseñarme las maravillas que hay allí fuera para mí si me alejo de la verdad.

¿Con qué luchas? ¿Cuál es tu batalla? ¿No has logrado cumplir tus sueños como yo?¿A qué renunciaste para estar dónde estás hoy? No te lamentes ni flageles pensando que el tiempo pasó y es tarde. No pienses jamás que es imposible. Moisés dirigió al pueblo de Israel a la tierra prometida cuando tenía 80 años (Exodo 7:7). Mientras que Abraham y Sara fueron padres cuando él tenía 100 años y ella 90 (Génesis 17:17). Así que nunca será tarde si hace parte de su plan.

Él dijo, que nada hay imposible para él, así que si lo que anhelas y por lo que luchas es bueno para ti y hace parte de su plan, tarde o temprano, llegará. Dios se encargará de que así sea, pero si no lo es, no lo esperes ni desesperes porque no llegará.

Confía, pon todo en sus manos y espera. Él se encargará de ayudarte, te pondrá en el lugar y tiempo indicado para cumplir tus sueños si hacen parte del propósito que él tiene para tu vida. Persiste, él te sostendrá, pero no te alejes ni te apartes de su mano. Persiste cada día a pesar de los temporales pero no pierdas nunca de vista la meta. Sé paciente pero no intransigente. No luches por caprichos y banalidades porque será una lucha perdida sin el apoyo de Dios. No pelees tus batallas en solitario, lucha con su ayuda y refúgiate en su poder y majestad. Y mientras recibes respuesta, sirve, ayuda, crece, madura, ministra, evangeliza, ama, comparte, alaba, cree, ora, perdona……..

Digamos no a la terquedad, necedad e intransigencia y optemos por el camino de la paciencia, que aunque despacio tiene un buen final. ¿Lo crees? Él lo prometió.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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Si el enemigo te ataca, ya sabes que hacer.

Y dijo Pablo a Timoteo: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos”. (1 Timoteo 6:12)

Hoy, ese Timoteo somos tú y yo y el mensaje esta claramente dirigido a nosotros. Como hijos del Señor rescatados y trasladados de tinieblas a luz, tenemos un enemigo que se empeña en apartarnos del camino, un enemigo que se esfuerza en confundirnos con su engaño y ataca nuestra mente y corazón constantemente.

Sabemos que se esfuerza y trabaja arduamente para tentarnos y luego acusarnos, pero con la misma insistencia debemos actuar. No permanezcamos inmóviles y en silencio recibiendo disparos a mansalva del enemigo. Tomemos nuestra armadura y esforcémonos en resistirle. Esto es una batalla, de la que ya tenemos la victoria, pero que se sigue librando día tras días hasta el día de salvación. Somos vencedores y tenemos una armadura que nos dejo el Señor, si no fuese así, Jesús no nos habría advertido que en el mundo habría aflicción, no nos habría dicho que tenemos una guerra declarada contra demonios y huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

No abandonemos ni dejemos oxidar nuestro escudo y espada. No vayamos a la guerra desarmados. ¿Sabes lo que puede pasarle a un soldado que olvida sus armas y va a la guerra desprotegido? Así estamos tú y yo cuando el enemigo nos ataca y hemos dejado la armadura en casa. Si vivir cada día no supusiera un riesgo de ser atacado, Jesús no nos habría aconsejado ponernos la armadura. Nos habría dicho que no era necesario resistir y permanecer en oración y ayuno y tampoco nos habría dado poder.

Pero la realidad es otra. Tenemos una armadura, tenemos poder en la sangre de Jesús y autoridad en su nombre. Tenemos la victoria y el apoyo del general de generales porque él va con nosotros en todo momento y pelea por nosotros. Sin embargo no podemos andar sin la armadura.

No sé que piensas, no sé si crees que eres participe de una guerra, no sé si lo sabías o eres de los cristianos a los que no les gusta hablar de guerra espiritual. Realmente no lo sé, pero lo que si sé, es que esto es real, hay una guerra declarada en contra nuestro, el enemigo anda como León rugiente buscando a quien devorar y está empecinado en apartarnos de Dios. Pero si él se empeña en atacarnos, nosotros debemos empeñarnos en resistirle.

Ponte la armadura cada día. No salgas sin protección, desprotegidos somos vulnerables. Haz un inventario de tu armadura.

Se nos habla de la armadura de Dios en Efesios 6:10-18

La armadura de Dios

10 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.

11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.

12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,

15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.

16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;

18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.

 

¿Tienes toda la armadura? Revísalo y póntela, mañana es tarde. Revístete de Cristo cada día y ponte la armadura a donde vayas.

Recuerda:

Los lomos ceñidos con la verdad.

En nuestro pecho la coraza de justicia.

En nuestros pies, el calzado del evangelio de la paz.

En una mano el escudo de la fe.

En la cabeza el yelmo de la salvación.

Y en la otra mano la espada del espíritu.

No hay excusas, cuando se hace una advertencia, después no vale arrepentirse, llorar y lamentarse. Es mejor escuchar y seguir la instrucción y más si es dada por Dios. Él nos dijo lo que había y lo que debíamos hacer.

¿Lo estamos haciendo? Peleemos! Peleemos! No peleamos solos(a), él va delante nuestro.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

No temas porque él pelea por ti y te da la victoria

No pelees solo, te cansarás, y al estar débil será más fácil que el enemigo se ensañe contigo.

Dios no permitirá que corras peligro, él está contigo y te defenderá, confía y vive tranquilo porque él tiene todo bajo control. Él será tu defensa y escudo. No importa cuántos vengan a tu alrededor, quien te protege no duerme y vela por ti en todo momento y lugar.

Nuestro padre no permitirá que la adversidad se enseñoree de nosotros. Como torre fuerte nos rodeará y en el hueco de su mano nos esconderá el Señor.

En la vida estamos y vendrán muchas pruebas, ataques y situaciones complejas pero de todas nos librará Dios si confiamos en él. El secreto está en no temer sino en confiar.

El enemigo quiere atemorizarnos y amedrentarnos, quiere recordarnos constantemente que somos culpables e intenta confundirnos bombardeando nuestra mente con pensamientos necios y feos, pero tú y yo no debemos temer ni caer en su juego; antes, como hizo Jesús en el desierto, oremos y resistamos su engaño, lo demás lo hará Dios porque él tiene todo bajo control.

La pelea es de Jehová de los ejércitos que nos defiende y pelea por sus hijos.

Y recuerda, cada día se libra una batalla por la paz de tu mente y corazón, y para ello Dios nos dejó una armadura pero si no nos la ponemos y vamos sin ella, somos vulnerables a los ataques y dardos de fuego del diablo. Revistámonos de Cristo cada día y del poder de la fuerza de Dios para hacer frente a una batalla de la que Jesucristo nos dio la victoria en la cruz.

¿Qué temes hoy?

¿Qué enfrentas hoy?

Entrégale a Dios tus problemas y preocupaciones.

Confía en él y no cedas ante el engaño del enemigo que se esfuerza en perturbarnos

porque tú y yo, revestidos de Cristo, podemos esforzarnos también en hacer guerra espiritual reprendiendo y resistiendo su engaño y mentiras.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Ha llegado el tiempo que advirtió el Señor?

Cuando revisé mi correo, y por asomo y casi esquivando las noticias, vi los sucesos de última hora. Una vez más, me sorprendí, mis ojos leyeron los encabezados de noticias lamentables y, otra vez, en los titulares aparecía la palabra “cristianos”.

Todos sabemos que este verano ha sido el tiempo escogido por el enemigo y sus siervos terrenales para perseguir al pueblo de Dios. Y no hablo de Israel y del conflicto en Gaza, no hablo de la iglesia católica ni del Vaticano. Hablo de cristianos como tú y yo, gente de andar a pie, gente normal, como los miles de cristianos que huyen estos días en Irak de la mano violenta y sanguinaria de los verdugos islámicos.

Como este peón delante de los alfiles estamos ellos, tú y yo. Juzgados, señalados, acusados y apartados por creer en Dios, por confiar en su Hijo y esperar pacientemente la redención de nuestras almas. Mientras oro al Señor para escribir este post y pedir su dirección, me pregunto y le digo: “Señor, ¿en qué momento se volvió un delito y se convirtió en pecado buscarte, seguirte, creer y hablar de ti?” Y el Señor puso en mi mente esta palabra que comparto hoy.

Jesús nos dijo lo que pasaría, Jesús nos advirtió que nos rechazarían y nos entregarían para torturarnos por creer en su nombre. Y lo vemos, lo estamos viendo hoy. Si no lo sabías enciende la televisión, escucha la radio, busca en internet… eso es lo que viene ocurriendo desde hace un mes, la semana pasada, ayer y hoy.

Quizás tú y yo no tengamos que correr con lo puesto y abandonar nuestras viviendas pero vivimos otra forma de persecución y rechazo; somos apartados, señalados y juzgados. Lo vivimos a diario en nuestro entorno, en el trabajo, en la familia, con los amigos. Pero es en ese instante cuando debemos recordar que nuestro Salvador fue el primer perseguido, acusado y señalado. Jesús fue el primer torturado por creer en Dios, vejado y maltratado hasta la muerte. Entonces debemos hacer tres cosas: Orar, Confiar y Vencer.

*Orar por los que, como nosotros, sufren. Por los cristianos del mundo, los perseguidos, torturados, maltratados, agredidos y sometidos física y psicológicamente.

*Confiar porque él nos dijo lo que ocurriría y esto nos recuerda que su regreso está cerca y seremos redimidos y consolados eternamente. Ya no habrá más muerte ni lágrimas.

*Vencer porque él nos dio victoria en la cruz y aunque se levanten gigantes a nuestro alrededor, aunque nos señalen y critiquen, nuestra fuerza debe ser el sacrificio que por amor llevó a Jesucristo a la cruz para morir, darnos vida eterna y restauración.

Oremos por ellos y por nosotros, para que el ejército de Dios acampe a nuestro alrededor y nos defienda del enemigo.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Imagen

No os mordáis ni comáis unos a otros.

No os mórdais ni comáis unos a otros.

Esta imagen es el mejor ejemplo para compartir la palabra de Dios el día de hoy. Las peleas de gallos son actos horribles y condenados por muchos, entre ellos yo; pero existen y detrás de ello hay hombres preparando a estos animales para ser violentos y atacar a los de su misma especie. Llevando este ejemplo a la realidad de nuestra sociedad podemos identificar a dos seres, que se hacen daño y en cada ataque se agreden más, se intentan casi sacar los ojos y con el espolón que escoden bajo sus patas atacan a su rival, pero detrás hay otros, que les incitan a la pelea y al enfrentamiento, ¿No os suena esto? Parece que coincide con nuestra realidad.

Vivimos en una sociedad en la que muchos hacen el papel de gallos y otros el papel de entrenadores de gallos. ¿Cuál es tu papel? No caigamos en esto y no nos devoremos a nosotros mismos.

Les comparto el artículo que escribí para GMG Español referente a este versículo. ¡Bendiciones!

“Amando a los demás como él nos ama”
Para la tercer semana de estudio, me correspondía escribir y no sabía exactamente de qué tema ni versículos tendría que hablar, hasta que se indicaron los temas y versículos de la semana; cual fue mi sorpresa al leer los versos y darme cuenta que el Señor nos anima, a mí la primera, a amar a los demás de la misma forma en la que él nos ha amado. Se lee fácil pero ponerlo en práctica requiere esfuerzo, paciencia, amor y renuncia a uno mismo.

Quisiera detenerme en estos dos versículos para que entremos en materia y comprendamos de que forma nos habla el Señor. Dios quiere que amemos a los demás a pesar de sus defectos, a pesar de sus errores. Él quiere que nos amemos sin condiciones y sin esperar nada a cambio. Dios quiere que no nos critiquemos ni señalemos unos a otros, no quiere que finjamos amar cuando realmente hay resentimiento y rechazo en nuestro corazón hacia los demás. Él quiere que nos sirvamos, con amor, los unos a los otros.

Gálatas 5:15
Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumáis unos a otros.

Romanos 14:13
Por consiguiente, ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidid esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano.

En Gálatas se utiliza el verbo “morder y devorar” son palabras muy fuertes para hacer referencia a las relaciones de contienda entre unos y otros, dentro y fuera de la iglesia. Romanos lo explica en otras palabras pero hace referencia a lo mismo, no nos hagamos daño ni nos juzguemos mutuamente, no seamos ocasión de tropiezo para los demás.

Tú y yo somos mujeres imperfectas en busca de perfección, no por nuestros méritos, sino por el amor, gracia y misericordia de Dios. Buscamos ser distintas y caminar en rectitud porque amamos a Dios. Él nos perdonó y condonó nuestros pecados y nos llevó a libertad y salvación. Entonces ¿por qué a veces nos encontramos señalando o criticando a otros por su forma de ser o de educar a sus hijos, su forma de llevar el matrimonio o su forma de vestir? Lo digo porque yo me encuentro algunas veces, queriendo no hacerlo, haciendo esto; opinando sobre la forma de llevar la vida de mis amigas no creyentes y me pregunto, ¿es esto lo que quiere Dios?, ¿y yo quién y cómo soy?

Dios como Padre de todos, nos pide amarnos y hacer el bien mutuamente. Él no mira primero lo que hemos hecho antes de perdonarnos, él no mira nuestros errores y los critica para luego acercarse a nosotros. Él simplemente nos ama porque él es amor y hoy quiere que amemos a los demás de esta manera. ¿Difícil? Sí y mucho, por eso nos permite tener a nuestro alrededor personas diferentes, especiales, distintas a nosotros, radicales, tercas, necias, frías, personas que quizás nos resultan difíciles de amar. Entonces no entendemos, debería ser más sencillo amar, pero Dios quiere pulir nuestro carácter de esta forma, relacionándonos precisamente con este tipo de personas. Y casualmente, en ocasiones, estas personas son los seres más cercanos, nuestros padres, hermanos, primos, hijos, amigos y nos encontramos luchando con el carácter de los demás para que cambien y sean distintos, pero Dios no nos envío a cambiar a los demás, si no a amarlos. Es él quien se encarga de cambiar el corazón de los hombres no nosotras. Nuestra parte es amar y dejar ver el amor de Dios en nuestra forma de ser.

Y después de esto, ¿a quién tienes que empezar a amar con el amor de Cristo?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,
Laura Sánchez.