¿Cansado de hacer el bien sin recompensa?

Arte y Diseño para Cristo

El Señor nos reta constantemente a ser pacientes, compasivos, misericordiosos y justos en la misma medida con la que él lo ha sido con nosotros para que no nos olvidemos de su amor e infinita misericordia. Dios quiere que como él es con nosotros seamos nosotros con los demás, pero cuanto nos cuesta! La medida de amor, renuncia y misericordia es muy alta para nuestra humanidad y razón. ¿Por qué vamos a ser buenos en medida extrema? ¿Por qué vamos a poner la mejilla de nuevo? ¿Por qué, por qué, por qué y por qué? Porque si! Porque él lo hizo por ti y por mí y lo sigue haciendo aun a pesar de nuestros innumerables errores y faltas. Aun siendo conscientes del pecado y de su perdón seguimos fallando y él vuelve a poner su mejilla para restaurarnos, entonces por qué no habremos de hacerlo nosotros?

“Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.” (Mateo 5: 39)

¿Has sentido alguna vez que das sin medida y a cambio sólo recibes ingratitud y más exigencias? No eres la única persona, ni tú ni yo somos los únicos, muchos se sienten igual y viven la misma situación. Porque mientras nuestro espíritu se dispone hacer el bien y ayudar, la carne grita y reclama: ¡No lo hagas! ¿Por qué tú?

Creo que el principal motivo y la razón que nos motiva a servir y ayudar a los demás, es nuestra fe en Jesucristo. Él, sin conocernos lo dio todo por nosotros. Sin saber quienes éramos y que diríamos lo dio todo si condiciones ni exigencias. Jesús renunció a si mismo por amor y no valoró si lo merecíamos o no, porque de haberlo hecho su muerte no habría sido suficiente para la cantidad de maldad, pecado, indiferencia y frialdad de los hombres; pero él no escatimó nada y se entregó, por eso hoy. Nuestro objetivo es ser imitadores de Cristo, renunciando a la carne e imitando su carácter. Sirviendo y ayudando a los demás.

¿Te cansas? ¡Yo también! Pero que tú fuerza sea la fortaleza de Cristo que nunca se cansa y antes aumenta su paciencia para con nosotros.

¿Te agota ayudar a quién no valora tu ayuda? ¡A mí también! Pero que nuestro consuelo sea el amor de Cristo que llevó a la cruz para darnos vida por la eternidad. Si lo hizo él, porque no hacerlo nosotros.

“Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal”. (1 Pedro 3:17)

Parece una actitud servil y dócil. Una actitud fuera de lo común, pero eso es precisamente lo que caracteriza a los hijos de Dios. Estamos en el mundo pero no actuamos como el mundo, somos diferentes. Así que aunque padezcamos o suframos sirviendo y poniendo toda la carne en el asador, como dicen por ahí, sigamos con nuestra tarea que a su tiempo segaremos, nuestro jefe, todo lo ve y conoce; él paga y multiplica. Lo creo y doy testimonio de ello. Cuando nada tuve y serví. Dios vio con agrado mi actitud y recompensó mi acción y nunca me ha desamparado ni nada me ha faltado.

No ayudemos por la retribución. Demos y ayudemos por que de él hemos recibido. Demos porque es una forma de alabar y honrar a Dios, porque él ama al dador alegre y retribuye la obra de cada uno. No nos demos por vencidos, recordemos el padecimiento de Cristo como nuestro motor para seguir dando y sirviendo a lo demás. Seamos embajadores de los cielos donde vayamos. Que los demás no nos vean a nosotros sino a Cristo en nosotros.

“Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra”. (2 Crónicas 15:7)

Así que con la palabra que el Señor nos da el día de hoy la misión está clara, servir sin rendirse, ayudar sin esperar nada a cambio. Dar sin medida como él nos ha dado.

Entonces digamos juntos: “Gracias Señor por tu misericordia y eterna justicia. Gracias por tu piedad y paciencia, por enseñarnos y pedirnos que seamos como tú para que nuestro mundo cambie y haya paz y bien entre nosotros. Ayúdanos a entender el propósito de tu obra y plan de amor. Ayúdanos a ser reflejos de ti cada día con todas las personas que nos rodean. Pidan o exijan, ayúdanos a dar, tú te encargarás de hacer justicia y de confrontar el corazón de lo ingratos y desagradecidos, a nosotros no nos corresponde. Así que hoy te pedimos nos des un corazón grato, justo y amoroso que ayude sin condiciones a los demás, como tú nos has servido y ayudado.” En el nombre de Jesucristo oramos y te lo pedimos”. Amén.

“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.”

(Gálatas 5:13)

Así que siendo libres, elijamos hacer el bien y servir a los demás en amor.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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¡Que los días grises aumenten tu fe!

Arte y Diseño para CristoUna vez más, Dios me enseña y me permite re-aprender que del afán no queda sino el cansancio. Él es dueño y señor de todo. Si él quiere él lo concede, si él no quiere, él quita, arrebata y cierra puertas para darnos a cambio algo mejor.

Hace pocos días pedía en oración un empleo y estuve presentando entrevistas de trabajo pero en todas, las exigencias eran insuperables y los sueldos irrisorios. Dios permitió que encontrara una oferta de empleo para la temporada de Navidad como gestor de pedidos y participé presentando mi curriculum junto a otras 799 personas, de las que seleccionaron únicamente 80 perfiles para entrevistas grupales y en los que estaba, gracias al Señor, mi curriculum.

Pasada la primera entrevista, llamaron a 20 candidatos para presentar una segunda entrevista con una prueba de 1 hora, que incluía cálculos matemáticos, razonamiento abstracto, pruebas de lingüística, vocabulario y hasta dibujos. Vamos! Que parecía una prueba para la NASA. Las esperanzas se reducían porque había que pasar una última prueba con el Sr. Martí, director de la compañía, quién elegiría finalmente a las 6 personas que ocuparían las vacantes libres. Éramos varias personas todas con la necesidad de un empleo, pero quizás unas con más necesidad que otras, con motivos y cargas personales diversas. Oré por ello y le pedía a Dios que le diera el trabajo a las personas que más lo necesitasen.

Me llamaron la misma tarde para decirme que tras todas las pruebas y entrevista con el director no había sido seleccionada, pero que se quedarían con mis datos por si surgiera una necesidad en la empresa más adelante. Acepté y hace cuatro horas ha sonado mi teléfono para decirme que mi perfil ha sido seleccionado en la reserva que tenían, para ocupar una de las plazas que a última hora quedó vacía. Y sin esperarlo ni imaginarlo empiezo a trabajar mañana. Días atrás había desánimo y tristeza en mi corazón porque seguía siendo una persona más desempleada de las estadísticas que inundan el desempleo en España, pero él, no nos desampara. Él conoce nuestras necesidades y suple nuestras carencias. Él conoce lo que es mejor para nosotros aunque tengamos que esperar. Por eso hoy escribo.

La lluvia y el frío son sinónimos de cambio, de temporal, de invierno. Cuando llueve y cambia el clima viene el desánimo y la tristeza como consecuencia pero no a todos nos afecta el cambio de estación de la misma manera. No tenemos el mismo clima en todas partes, ¡menos mal y gracias a Dios por ello.

Pero aunque estés en el trópico y de otoño sepas poco, a veces vienen fuertes temporales que golpean nuestras emociones y sentimientos. Temporales que nos atrapan y alejan de la verdad y la paz. Hay momentos en los que llueve tanto que se hace imposible soltar el paraguas, pero hoy, aunque lluevan rayos y centellas sobre tu vida, aunque el sol se esconda tras las nubes y lo único que podamos ver sea gris, sigamos confiando!

Qué los días grises antes de entristecer nuestro espíritu aumenten nuestra fe, porque después de la lluvia sale el arco iris y cosas grandes tiene nuestro Dios reservadas para nosotros.

Él tiene pensamientos maravilloso para nosotros, pensamientos inimaginables de bondad, paz y bienestar. Jamás pensamientos de mal, todo lo contrario; nuestro padre quiere darnos lo que esperamos, pero todo en su momento. Quizás su respuesta tarde, pero llegará. Lo más importantes es confiar en su voluntad porque ¿qué puede darnos el Señor que no sea para nuestra bendición? Él conoce todas y cada una de nuestras necesidades desde antes que abramos nuestros labios.

Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.(Mateo 6:8)

 Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído. (Isaías 65:24)

¡Confiemos porque nuestro mañana, está en buenas manos!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Aunque creas que no puedes hacer nada, puedes ¡Orar!

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2 de septiembre de 2015, siglo XXI, con tecnología punta y grandes conocimientos que nos permiten el desarrollo de herramientas para obtener “supuestamente” una mejor calidad de vida. Pero ¿a cambio de qué? Un planeta contaminado y deteriorado, hambre en el mundo, guerras innecesarias por codicia, extinción de naciones por ambición y poder. El mundo es moderno, sí. El mundo goza de grandes alcances tecnológicos y arquitectónicos pero mientras tanto el egoísmo y la idolatría corrompe el corazón de los hombres y nos encontramos frente a sucesos que anuncian la decadencia de la humanidad y el pronto regreso de nuestro Señor. Ante este panorama no sé cuál es tu pensamiento y reflexión pero el mío es: “Señor te necesitamos, ven pronto!”

Hoy, siguen muriendo decenas de personas, niños, hombres y mujeres que huyen de la guerra, una guerra que ellos no querían ni buscaban. Una guerra absurda por ideales que se apartan del amor. Hoy, mientras tú y yo elegimos que comer hay muchos que se acostarán con hambre y sed.

Hoy, cientos de animales huyen de su hábitat perseguidos por máquinas que destruyen la naturaleza. Hoy, mientras tú y yo nos preparamos para ir al trabajo hay muchos que se preparan para saltar un muro, cruzar una frontera o lanzarse al mar en busca de una oportunidad.

Hoy mientras tú y yo vamos al gimnasio y cuidamos nuestro aspecto físico otros cuidan por su vida y huyen al ser perseguidos. Son las decenas de refugiados que hoy piden ser escuchados y tenidos en cuenta.

Esta noche habrá cientos de programas basura en la televisión, contenidos que no edifican y perturban el corazón y la mente, pero mientras muchos pierden el tiempo, tú y yo, podemos elegir recordar las necesidades del mundo y orar por ellas.

Mientras tú y yo sabemos a quién invocar y clamar en medio de la tribulación que vive nuestro mundo, muchos no saben a donde dirigirse ni a quién pedir porque no conocen a Dios. Hoy, es el día para orar, clamar, pedir, interceder, pero no sólo por ti ni tus necesidades, hoy es el momento de clamar por ellos, por los necesitados, los perseguidos, los refugiados, los desplazados, los niños y niñas explotados y maltratados. Esto no es algo que sólo ocurra en una parte del planeta, lo sorprendente es que ocurre al sur, al norte, al este y al oeste y seguimos andando inmunes al dolor y a la necesidad urgente que tiene nuestro mundo de paz y de amor ¡¡¡Necesidad de Dios!!!!

¡Clamemos y él nos escuchará!

Clamemos para que él nos conceda misericordia, bondad, justicia, clemencia, piedad, amabilidad, comprensión, caridad, amor y tolerancia. Todos somos iguales. ¿Elegimos dónde nacer? ¿Elegimos dónde crecer y tener lo que tenemos? Ellos tampoco. Oremos por todos, porque hoy, mañana y por siempre necesitamos el favor y la misericordia de Jehová de los ejércitos!

Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo.

Marcos 13:33

Amén.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Invoquemos su nombre y pidamos perdón!

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El salmo 51 describe las palabras de arrepentimiento dichas con el corazón por el salmista. Se trataba del Rey David hablando a Dios con corazón arrepentido después de haberse llegado a Betsabé y haber planeado la muerte de Urías heteo, el marido de esta. ¿Conoces la historia? Te comparto un breve resumen. David fue elegido por Dios para ser el Rey de Israel y guió cada uno de sus pasos, pero una vez, el pecado se presentó frente a los ojos de David y él cedió ante la tentación llegándose a una mujer casada y no sólo esto sino que al quedarse ella embarazada, David planeó la forma de deshacerse de Urías y consiguió que éste muriese en el frente de batalla. Y te preguntarás como yo, ¿Cómo pudo David hacer esto? También para Dios este hecho fue desagradable. (2 Samuel 11:27)

Y habló Dios a David después de esto a través del profeta Natán al que envío para dar el mensaje de su indignación. Veamos 2 Samuel 12:7-12 para entender el pecado de David y la ira de Dios.

“Yo te consagré como rey de Israel; yo te libré del poder de Saúl, yo te di el palacio que fue de tu señor, y puse en tus brazos sus mujeres. Además, yo te entregué las tribus de Israel y de Judá y, por si esto fuera poco, yo estaba dispuesto a darte mucho más.” ¿Por qué menospreciaste la palabra del Señor, y actuaste mal delante de sus ojos? Al hitita Urías lo mataste por medio de la espada de los amonitas, para quedarte con su mujer. (2 Samuel 12:7-10)

Después de estas palabras, David reconoció su pecado y quebrantó su espíritu y rogó a Dios su perdón y es cuando leemos las primeas líneas del Salmo 51. Este salmo es el clamor de un pecador que suplica el perdón de Dios, tras haber fallado y reconocido su error. David sabía que el pecado tenía consecuencias y pidió al Señor que no sólo perdonara su falta sino que le limpiara de su maldad. David reconoció haber actuado con maldad y haber pecado contra Dios. Pidió al Señor lo limpiara con hisopo y lo lavara de su maldad. Se sentía tan avergonzado por lo que había hecho que pidió a Dios borrara su error y escondiera su rostro para no ver su pecado. Había tanta tristeza en su alma que clamó pidiendo gozo y renovación de espíritu. En resumen, David clamaba por restauración. No quería ser como había sido ni quería volver a actuar de la forma en que lo había hecho.

Dios escuchó su oración pero su pecado tuvo una consecuencia. El hijo que esperaba Betsabé murió. Sin embargo leemos en la Biblia que David consoló a Betsabé por la perdida de su hijo y se llegó a ella y concibió nuevamente y llamó a su hijo Salomón, al cúal amó el Señor.

Dios nos ama y quiere que seamos hijos obedientes, no rebeldes. Dios quiere que vivamos conformes con su bendición y si fuera poco, él añadiría más. Pero no quiere que cambiemos sus planes a nuestro antojo y además actuando con maldad.

Tú y yo sabemos que por más obedientes y buenos que parezcamos aún seguimos pecado. David, rey de Israel y ungido de Dios, pecó. Falló a Dios. Nosotros no seremos mejores, somos igual de pecadores, quizás no cometemos los mismos errores que David. Somos fieles a nuestro matrimonio y no matamos a nadie, pero mentimos, tenemos envidia, celos, contiendas, pleitos. Recordemos que para Dios el pecado no tiene categoría ni nivel, para él todos son pecados y desde el más simple hasta el más grande es abominable y nos aparta de él.

Acerquémonos en arrepentimiento a Dios y reconozcamos nuestro pecado. Reconozcamos que hemos fallado y ofendido su nombre con lo que hemos hecho, dicho y pensado. Pidamos al Señor que renueve nuestro espíritu y nos dé amor y nobleza. Pidamos a Dios que borre nuestra rebelión y esconda su rostro de nuestra falta. Clamemos para que él nos lave y limpie, de modo que seamos puros y justos.

Tú eres consciente de tu pecado, tú sabes que tentación se ha presentado ante ti y has cedido, fallando a Dios y pecando delante de sus ojos. Tú sabes si has tenido en poco las bendiciones de Dios y has olvidado su favor como lo hizo David dejándose llevar por la tentación.

Hoy, es el día de reconocer delante de Dios nuestro error y decir, Padre, contra ti, contra ti sólo he pecado. Límpiame y lávame más y más de mi maldad. No quiero mentir, ni pensar mal de los demás. No quiero engañar, ni juzgar, no quiero hacer acepción de personas, no quiero ser infiel ni quedarme con lo que no es mío. No quiero maltratar con mis palabras a los demás ni señalar con mis ojos. No quiero actuar con rabia ni que la ira invada mi corazón. Lléname de ti y límpiame con algodón. Déjame tan blanco como la nieve y espíritu noble me sustente.

En el nombre de Jesús, Amén.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Te falta sabiduría? ¡En abundancia Dios te la dará!

Siempre que se habla de sabiduría pensamos en un ser sabio e inteligente, casi perfecto y nos damos cuenta cuán lejos estamos de ser sabios. Pero Dios dice en su palabra que si nos falta sabiduría se la pidamos y, en abundancia, él nos la dará. Ser sabio es una combinación equilibrada de inteligencia, prudencia, conocimiento, entendimiento, sapiencia y educación con respecto a algo.

El diccionario describe la sabiduría como un grado más alto del conocimiento, es decir, un nivel avanzado de cultura con respecto a un tema. Y no somos sabios por haber leído la Biblia varias veces ni hablar lenguas ni haber viajado a Israel. Somos sabios cuando la prudencia y el decoro son nuestra estrategia frente a la tormenta. Somos sabios cuando escuchamos antes de hablar, somos sabios cuando escudriñamos la palabra del Señor y nos dejamos guiar por su Espíritu. Pero si alcanzar sabiduría fuese algo fácil, Dios no nos habría sugerido pedirla en oración. Así que si consideras que te hace falta sabiduría o directamente no la tienes, acércate al Señor, y con fe expón tu necesidad y él te concederá la sabiduría que proviene de lo alto.

Dice la biblia que él te dará sabiduría si la pides y no te hará ningún reproche sino que te dará sabiduría en abundancia. Quizás consideres que eres sabio, yo creo que estoy lejos de ser sabia en varios aspectos de mi vida y reconozco que necesito el favor de Dios para alcanzar ese nivel de conocimiento que me permita alcanzar la sabiduría.

Gracias a él estoy donde estoy, y gracias a su Espíritu, este ministerio que entregó en mis manos hace dos años, sigue creciendo; pero no porque sea sabia, sino porque en mi necesidad de alcanzar sabiduría me acerqué a él un día y le dije: Señor, aquí me tienes, no tengo nada pero lo que sé quiero ponerlo a tu servicio; dame sabiduría y entendimiento, quiero trabajar para ti. Y creo que la respuesta de Dios podemos verla diariamente. Hoy somos más de 6000 personas y casi 100,000 almas alcanzadas a través de las postales cristianas, leyendo y compartiendo la palabra de Dios y transformando su carácter por la gracia del señor.

Tú eres parte de este ministerio y eres digno de alcanzar la sabiduría que Dios quiere regalarte, así que juntos oremos a Dios, y con fe pidámosle que nos conceda la sabiduría que nos hace falta y que necesitamos para caminar en la vida. Pidamos a Dios entendimiento, prudencia, inteligencia, discernimiento, autocontrol y todos los valores que complementan la sabiduría.

Queremos ser imitadores suyos, y alcanzar la sabiduría es una buena forma de empezar.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Confiemos, valemos más que muchos pajarillos!

Cuando llega el invierno las aves tienen alimento y durante el verano también. Como dice el salmo, ellas no siembran ni siegan pero Dios las alimenta y provee. ¡Cuánto más a ti y a mí!

¿Todavía dudas del amor de Dios? ¿No es ésta otra muestra del infinito amor de un Padre por sus hijos?

No sé de qué tienes necesidad hoy, no sé que te hace falta, pero tu Padre Celestial conoce lo que necesitas y aún no has abierto tus labios para pedírselo. Dios conoce que necesitamos en todo momento y él trabaja en nuestra vida, moviendo hilos, abriendo y cerrando puertas, para que recibamos a su tiempo, la provisión, el alimento que saciará nuestra hambre. Así como el Señor alimenta a las aves del cielo también a ti y a mí nos alimentará.

Empieza un mes y a Dios pedimos en oración que aumente nuestra fe cada día y nos ayude a esperar pacientemente su tiempo, porque su provisión llegará y no pasaremos calamidad. Dios conoce nuestra situación y mañana las cosas cambiarán, la puerta que ha estado cerrada, se abrirá.

¿Has perdido tu empleo?¿Tienes deudas? ¿Estás enfermo?¿Enfrentas un divorcio? ¿Tus hijos no te obedecen?¿Tienes problemas con el alcohol, las drogas, el sexo o el juego? No tienes que reconocer tu necesidad en público, es suficiente que reconozcas delante de Dios tu limitación para cambiar y para resolver las cosas y entrégale a Dios lo que te urge sea sanado y restaurado.

Dios puede y lo hará. Abrirá los cielos y derramará bendiciones hasta que sobreabunde sobre tu vida y no hablo de dinero. Dios te dará su paz, te dará consuelo, te dará coraje, fuerza, valentía, audacia, inteligencia, sabiduría. Dios te bendecirá y te ayudará a ponerte en pie y nada te faltará. Lo dice su palabra, entonces, ¡créelo!. Pero cuando dice que nada te faltará no te dice que te va a hacer millonario. Debemos tener mucho cuidado con estas promesas mal interpretadas que nos llevan a creer que Dios es un amuleto de riquezas y abundancia económica.

Dios nos prosperará pero en su justa medida, porque él nos conoce y sabe hasta donde bendecirnos y proveernos. Aunque su fidelidad no tiene limites, Dios sabe hasta donde es sano para nuestro carácter y madurez espiritual el recibir.

Ya sabemos que él no nos dejará, porque lo prometió. Entonces demos ese paso que nos está impidiendo soltar en manos de Dios nuestros problemas, circunstancias, situaciones. Confiemos y cuando veamos un ave, recordemos que no siegan ni siembran y todos los días tienen su pan.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Él lo hará

Él lo dijo, lo ha cumplido y lo hará.

Por fe, tú y yo creemos en el poder de Cristo y hoy es el día de entregar en manos del Señor todo lo que es imposible, todo lo que no podemos controlar ni depende de nosotros. Realmente, en toda situación deberíamos tener puesta nuestra confianza en Dios, no sólo en lo imposible; pero Dios sabiendo cómo somos, nos recordó que para él no existe nada imposible.

No hay nada que pueda superar su poder, de esta forma nuestra confianza se afirma. Pero aún y a pesar del amor de Dios y la paciencia con la que nos habla y se ofrece a ayudarnos, nosotros seguimos siendo necios y testarudos al considerar que la bondad, grandeza y poder de Dios actúan como nuestra humanidad y nos encontramos, muchas veces, racionalizando a Dios; ¡gran error! es subestimar su autoridad y majestad.

Él es capaz de dar solución a tu problema por difícil y complejo que parezca; no lo dudes, ponlo en sus manos, él lo resolverá, y lo mejor es que tú saldrás ileso, sin un rasguño, pero sólo si aprendes a confiar.

Es increíble leer el capítulo 14 de Juan y ver la duda y poca credibilidad de algunos de los discípulos de Jesús, que viendo al Señor resucitar muertos, sanar enfermos y hacer milagros casi a diario, seguían preguntando cosas que debían de tener claras por el solo hecho de caminar con él. Pero eran humanos y racionalizaban el comportamiento de Jesús; querían entender todo lo que decía, hacía y proclamaba, y no porque Jesús no fuese claro sino porque la razón no les permitía comprender el poder y la majestad del Señor, pero él se explicó de una forma clara y Dios nos mostró su carácter en Jesús, nos dijo la vida que quería darnos y de qué forma obtenerla.

Y entonces, leemos en los versículos 12 y 13:

12 El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará porque yo voy al Padre.

13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

Así que si tenemos fe y creemos en él, grandes cosas haremos y él nos responderá si en su nombre oramos. ¿A qué esperas?, ¡empieza ya! Pero recuerda, no se trata de formas ni recitales de memoria, se trata de una relación estrecha y de plena confianza en Dios. Es hora de confiar y empezar a vivir la vida que Dios quiere para ti.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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Búscale y Llámale, Dios está ahí.

Búscale y Llámale, Dios está ahí.

Cuando hablas, él te escucha.
Cuando llamas, él te abre.
Cuando piensas, él te entiende.
Cuando actúas, él te observa.
Cuando oras, él te atiende.

Dios no está ciego ni sordo, nuestro Padre todo lo ve, lo escucha y conoce.
Él conoce nuestra necesidad desde antes que abramos nuestros labios para pedir y clamar.
Él sabe nuestra situación, él es testigo de lo que vivimos y a nuestro lado está, esperando que volvamos nuestros ojos y corazón al cielo, para depender de él.

A veces, muchas veces, los hombres buscan la respuesta en el lugar equivocado y la solución más ligera a sus problemas. No te canses de llamar ni de orar, no desistas en tu fe, Dios te escucha. Sigue orando y clamando, él no está sordo ni está ignorando tu voz, quizás no es momento y debes esperar, pero no te desesperes ni pierdas la esperanza. Dios tiene un plan perfecto, mejor que el nuestro. Sigue confiando y creyendo. No dejes de buscarle, aunque no le sientas ni le veas, él sigue ahí, nunca se ha ido ni lo hará.

Oremos para que Dios aumente nuestra fe y dependencia de él.
Digamos: “Padre en tus manos pongo mi vida, en ti confío y de ti dependo” Amén.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,
Laura Sánchez.