¡Él ocupó nuestro lugar!

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Jesucristo padeció por ti y por mí. Jesucristo sufrió el escarnio público y las acusaciones más injustas sin tener ninguna culpa porque su amor le llevó a ocupar el lugar que no le correspondía, el nuestro.

Tú y yo debíamos ser los acusados y culpables, no él. Él no merecía los insultos, maltratos y vejaciones por haber sido intachable y bueno. Él no merecía ser burlado y golpeado. No merecía ser escupido y humillado siendo inocente y justo. Ningún mal encontró Pilato en él para condenarle sin embargo el pueblo exigió y pidió su crucifixión.

Y Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre. (Lucas 23:4)

Si, aunque parezca increíble, fuimos “nosotros”. Los hombres, representados por el pueblo los que pedimos crucificar a nuestro salvador. Pero tenía que ser así para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dice así:

“El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.” (Isaías 9:2)

Entonces Jesucristo marcó la historia de la humanidad y la vida de los hombres fue diferente después de Cristo. Hubo para el mundo una segunda oportunidad en la sangre del hijo de Dios y desaparecieron las tinieblas y la oscuridad. Ahora había luz y restauración para los hombres que crean en él.

Ahora que sabes que un hombre sin igual ocupó tu lugar y te libró de pagar el precio de la culpa, ¿tienes dudas del amor con qué te ha amado el Señor? No hay excusas para dudar de la misericordia que ha tenido Dios con los hombres. Tú y yo hemos sido librados, perdonados, sanados y justificados por Jesús delante del gran juez, Jehová de los ejércitos. Por su amor y gracia ya no somos contados como pecadores o impuros. Por su sangre fuimos lavados, perdonados y considerados justos. Pero ¿es posible? Si, porque así lo quiso Dios.

Porque también Cristo padeció una vez por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu.

(1 de Pedro 3:18)

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. (Romanos5:9)

Celebremos que hemos sido justificados en la sangre de Jesús y demos gracias a Dios por su amor, perdón y reconciliación.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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¿Dónde está la luz que necesita el mundo?

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La luz, es una fuente necesaria que facilita la vida porque ilumina y guía. Nos sirve para no perdernos en la oscuridad y caminar con confianza. Cuando de repente se apaga la luz o se va la electricidad, o se funde una bombilla y quedamos en penumbra, anhelamos un rayo de luz, para al menos, poder intuir el camino sin tropezar. ¿No te ha pasado cuando en medio de una tormenta se va la luz? Cuánta paz cuando encontramos una vela.

Para empezar, una pregunta: Si te dijeran que el mundo se va a quedar a oscuras pero supieses que tú tienes la única luz pero tienes la posibilidad de iluminar tu espacio y el de los demás ¿qué harías?

La palabra de hoy es muy clara y hace parte del sermón del monte, en el que Jesús nos dejó un legado importante de instrucciones para aplicar a nuestra vida. A ti y a mí nos dijo que además de ser la sal de la tierra también somos la luz del mundo. Y estás dos características que Jesús destaca de sus hijos, hacen referencia concretamente a la responsabilidad que tenemos en el mundo. A ti y a mí nos corresponde transmitir la luz que él nos ha dado, debemos representar el papel de una vela en medio de la oscuridad. ¿Alcanzas a imaginar la importancia de una vela en un lugar oscuro donde hay muchas personas intentando encontrar el camino y una fuente de luz?

En nuestro mundo, la sociedad apenas puede andar y dar pasos firmes. Caminan, intentan caminar pero todos los días caen y tropiezan hombres, mujeres, adolescentes, niños que apenas empiezan a crecer y no pueden distinguir el camino. ¿Vamos a seguir viendo este desfile de ciegos intentando dar un paso con el riesgo de caer y ser lastimados? No podemos ser insensibles. Tú y yo somos dueños de la luz, compartámosla, dejémosla a los demás para que puedan ver y empezar a caminar seguros, sin temor ni dudas, como caminamos tú y yo.

La palabra del Señor es muy clara, directa y nos invita a participar de forma activa para que otros puedan disfrutar de una vida donde abunde la luz, la confianza y la seguridad al caminar. Veamos: (Mateo 5:14-16)

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

¿Dónde estás hoy? ¿Es visible tu luz? ¿Alcanzan tus rayos a iluminar a otros?

Aunque no lo creas, aunque no entiendas qué plan ni qué propósito tiene Dios para tu vida, aquí, Jesús nos dice una parte del plan divino en la vida de un creyente.

Seas lo que seas, estés donde estés, tu parte en el propósito de Dios, es ser Luz y llevar Luz. ¿Te has escondido?¿Has ocultado tu luz? Sal, deja ver los destellos de esa luz que Dios ha puesto en tu corazón y no impidas, por omisión, que otros, muchos, no puedan ver y corran el riesgo de tropezar en la oscuridad. No nos quedemos viendo como siguen cayendo, llevemos nuestra luz para que puedan ver.

Piensa a quién puedes compartirle la luz de Cristo que hay en tu corazón y empieza a emitir potentemente, como esta bombilla, ¡tu luz!

¡Feliz semana!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Haciendo el bien e impactando!

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¿Y si somos obedientes y hacemos la voluntad de Dios? ¿Y si con nuestro comportamiento y actitud logramos transmitir a los demás el amor y voluntad del Padre? ¿Y si resulta que por hacer el bien e imitar a Cristo los hombres insensatos se acercan a la verdad? Tú y yo tenemos una gran responsabilidad. Somos mensajeros enviados a compartir, trasmitir, reflejar, dar, exhortar, declarar.

Las últimas semanas se recuerdan con claridad por el incremento de noticias devastadoras: guerras, rumores de guerras, tornados, huracanes, amenazas, atentados, violencia, maltrato, hambre, enfermedades y podría seguir pero sería apagar la esperanza que hay en nuestro corazón de un mañana mejor, el mañana que él nos prometió y que sabemos llegará. Mientras tanto, Dios, consciente de que no sería fácil nuestro paso por la tierra, nos animó a ser fuertes, valientes y a confiar en él. De esta manera aseguramos que nuestro paso por la tierra no será imposible de cumplir. No es fácil, repetimos con frecuencia, no es fácil ser cristiano en el mundo que vivimos, no es fácil nadar contra corriente y tener fe en una sociedad que no cree en Dios sino en si misma y va camino a la destrucción. No es fácil, el Señor lo sabía y por eso nos dijo:

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33)

Hay hombres necios, tercos, rebeldes, impacientes, violentos, que se oponen al plan de Dios y prefieren vivir sus vidas alejados de Dios. Hay hombres que nos señalan y acusan, que se burlan de nosotros, que nos quieren perfectos e intachables, sin ningún error, pero olvidan que ser cristianos no nos hace inmortales, seguimos siendo humanos con defectos y pecados, la única diferencia es que tenemos temor de Dios y obedecemos su palabra, la única diferencia es que somos conscientes de nuestro error y luchamos para ser mejores cada día imitando el carácter de Cristo, por eso el llamado de hoy es a:

  1. Ser reflejo del cielo en el mundo.
  2. Ser luz en medio de las tinieblas.
  3. Ser hacedores del bien y practicantes de perdón.
  4. Ser bondadosos y justos.
  5. Ser valientes y perseverantes a pesar de las pruebas.
  6. Ser consoladores del afligido y necesitado.
  7. Ser temerosos de Dios y obedientes a su palabra.
  8. Permanecer confiados y esperanzados.
  9. Ser Adoradores y Oradores consagrados.
  10. Ser transmisores del mensaje de perdón y salvación.

Dios espera que haciendo el bien destruyamos el mal y además demos testimonio al mundo. Entonces ¿Qué “bien” puedes hacer hoy y a quién puedes impactar?

Esfuérzate en mostrar el amor de Cristo a los demás. Yo lo haré!

Bendiciones y feliz semana!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Por qué honrar y celebrar la muerte, la oscuridad y no la vida?

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Llegó el día de debate para muchos cristianos, el día de Halloween, una celebración de origen celta que se celebra hasta nuestros días con diferentes matices, pero debemos recordar que detrás de la aparente inocencia de esta fiesta, se esconde un oscuro y tenebroso festín espiritual de fuerzas malignas y demoniacas. Los celtas celebraban esta fiesta en el fin del verano y comienzo del otoño, inicio de un periodo oscuro y acompañaban su celebración con la práctica de adivinación y banquetes en las tumbas de sus antepasados. En la actualidad, países como México celebran el día de los muertos en el que se recuerda la memoria de los que ya no están.

No se trata de polemizar con esta fiesta y comprendo que celebrarlo o no, es una decisión personal, y recordemos que nuestras decisiones tiene consecuencias y un precio pero como blogger de este espacio me siento en la responsabilidad de compartir el mensaje que el Señor pone en mi corazón el día de hoy. Y empiezo con unas preguntas:

¿Hay necesidad de abrir puertas difíciles de cerrar? ¿Tan aburridos estamos?

¿Por una celebración y una fiesta en la que se idolatra la muerte, la oscuridad y al mismo diablo vamos a perder todas las bendiciones que del cielo recibimos?

Puedes disfrazarte, no vas a enfermarte ni a morir. Puedes creer que esto es una celebración inocente en la que no se hacen sacrificios humanos de niños y mujeres vírgenes en diferentes lugares del mundo. Puedes creer que es una fiesta más y hay que divertirse. Otros lo considerarán una moda y una fiesta genial que impone la cultura americana o que quedarían estupendo disfrazarse de esto o aquello. Pero que muchos celebren algo no lo hace bueno ni edificante.

Entiendo que muchos piensen que merece la pena celebrarlo porque es divertido y los niños se entretienen, pero recuerda que aunque no podamos verlo hay una esfera paralela a nuestra realidad y es nuestra vida espiritual en la que hay constantes ataques del enemigo y su ejército de demonios, quienes aprovechan “pequeñeces” como estas para actuar. Creo que la palabra de Dios es nuestro manual de vida y aunque en ninguna de sus hojas niega celebrar el Halloween, si que nos da instrucciones para tener claro que esta fiesta pagana no le agrada al Señor.

Veamos:

No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos. (Levítico 18:3)

Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos. (Levítico 20:27)

No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero. (Deuteronomio 18:10)

Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios. (3 Juan 11:11)

Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. (1 Pedro 4:3)

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10)

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. (Efesios 6:12)

Cuando aún no tenía una relación cercana y sincera con Dios, anhela que llegara esta fecha para ser la “bruja” más guapa y temible entre mis amigas. No sabía que había detrás de ese interés por representar a un personaje macabro que siempre hace daño a los demás, un poco incoherente, en esos momentos, lo recuerdo y me pregunto ¿En qué pensaba? ¿Me edificaba ser una bruja? ¿Y sino me hubiese disfrazado? ¡No habría pasado nada! Claro no habría pasado que se abrieran puertas que mucho tiempo después entendí estaban abiertas por actos “insignificantes” de mi juventud y el enemigo no habría tenido oportunidad de perturbar la paz de mi mente y corazón. Recordemos que somos nosotros los que elegimos abrir o cerrar puertas. Somos nosotros los que elegimos la bendición o la maldición, la vida o la muerte.

¿Y tú qué elijes celebrar? ¿La vida o la muerte?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

El Señor reinará sobre toda la tierra

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¡El gran día llegará y él será el único Señor y su nombre será exaltado por los siglos de los siglos!

Aunque hoy enfrentemos diversas pruebas y el mundo se incline al pecado y a la oscuridad tenemos la esperanza de que él nos será por luz perpetua.

A pesar de las tribulaciones, afrentas, guerras, amenazas, maldad, violencia, persecución y vanidad; a pesar de que seamos vulnerados y atacados por creer en él, llegará el día de su gloria y exaltación como absoluto rey del universo.

Llegará el día en que ante nuestros ojos se desvelarán sus misterios y promesas. Llegará el día en que celebraremos su  majestad, poder y autoridad; pero mientras ese día llega, debemos ser conscientes que así como el ejército de los cielos trabaja para Dios y sus hijos, por otra parte el enemigo actúa indiscriminadamente contra el hombre intentando confundirlo y nublar sus ojos para hacerlo tropezar. Debemos velar, orar, clamar, interceder, protegernos espiritualmente, resistir, reprender, luchar, permanecer y afirmarnos en la verdad cada día.

Recordar los titulares del día de hoy sería contraproducente para la tranquilidad de nuestro corazón pero si lo hacemos, veremos que los tiempos nos hablan claramente del regreso de nuestro Señor. El tiempo ha llegado y está cerca la hora de su manifestación al mundo.

Está claro que en estos momentos, mientras tú y yo reconocemos que necesitamos la ayuda de Dios para vivir y nos esforzamos en ser mejores y cambiar nuestros errores, muchos se ríen, se burlan, celebran,  señalan, critican y celebran la maldad persiguiendo a quienes amamos la verdad, pero que esto no nos desanime, porque aunque parezcamos pocos, somos muchos perseverando. Recuerda que las mismas tribulaciones que tú enfrentas hoy, las viven otros hermanos en la fe.

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;

al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.

Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

(1 de Pedro 5:8-10)

Oremos por los que siendo nuestros hermanos son perseguidos, acusados, sometidos, maltratados, encarcelados y torturados por la fe.

Oremos por los que no estando en una cárcel son coartados de su libertad. Oremos para que seamos valientes y hablemos con denuedo de la obra de Cristo en nuestras vidas.

Oremos por firmeza, paciencia y fortaleza para que no nos desanimen los acontecimientos de nuestros tiempos.

Oremos con fe para que Dios nos prepare mental y espiritualmente para el gran día de su victoria y para que de momento seamos embajadores de su reino en la tierra

¡No dejemos de orar, ese día llegará y no habrá más tristeza ni lágrimas en nuestros ojos! ¡La luz y la paz serán perpetuas porque él reinará! Amén.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Creyendo sin ver!

Si no veo en sus manos la señal de los clavos; más aún, si no meto mi dedo en la señal dejada por los clavos y mi mano en la herida del costado, no lo creeré. (Juan 20:24)

Estas fueron las palabras de Tomás. Su incredulidad le apartó de la fe que había depositado en el Señor Jesús días atrás cuando compartió con él su ministerio, siendo uno de sus discípulos.

Y me pregunto: ¿después de seguirle y creer en él, cómo pudo decir esto? A pesar de conocer a Jesús en persona, Tomás pidió una prueba para creer ¿Qué no diríamos entonces tú y yo que no conocimos personalmente a Jesús y no compartimos las vida con él? No quiero imaginar que viviendo en el tiempo de Jesús, pensase como Tomás.

En Juan 20:29, después de que Tomás comprobara físicamente la señal de los clavos en las manos del Señor y la señal en su costado, Jesús le dijo:

–¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!

¿Has leído bien? El Señor dijo, dichosos los que creen sin ver. Tú y yo hemos creído en él sin haberle visto y no nos ha sido necesario tener una prueba física para creer en su amor y poder. No ha sido necesario estar cerca y ver los clavos y las sábanas vacías en la tumba para creer que Jesucristo murió por nosotros y en su sangre nos redimió.

No podemos ignorar que muchas veces nuestra razón nos incita a pensar como Tomás. Queremos ver y comprobar para creer, pero no es esto lo que Dios quiere. Porque si creemos en él, debemos creer que él existe, por fe, es la manera de agradar a Dios.

Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa a los que lo buscan.  (Hebreos 11:6)

Recordemos también lo que dice la Biblia en Romanos 8: 24

Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; ya que lo que alguno ve, ¿para qué esperarlo?

Hoy, celebramos la victoria del Señor sobre la muerte, sobre la oscuridad y el mundo. Él venció y nos dio Vida Eterna y Salvación. Lo que dijo se cumplió y ahora él vive y está sentado a la diestra de Dios. Él no nos ha desamparado porque su Espíritu nos ha dejado para consolarnos y acompañarnos.

¡Alégrate porque él vive!

¡Sigue creyendo y confiando sin ver! Esta si es la prueba de nuestra fe.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Él llegó para cambiar nuestras tinieblas en luz ¡Hosanna!

Y llegó Jesús como pocos esperaban, llegó a las puerta de Jerusalén sentado en un pollino. Era el Hijo de Dios que se presentaba delante de la gran ciudad para rescatar a los moradores de la tierra. Él llegó hasta allí para convertir nuestras tinieblas en luz y desde entonces nuestra vida cambió. Hay una esperanza para el hombre, hay una nueva oportunidad. Dios extendió su misericordia de una forma permanente para reconciliarnos con él y quitar de nuestro corazón la culpa y la condenación.

Gracias a la valentía de Jesús que dio cada paso sin detenerse ni volver atrás, tú y yo somos considerados hoy hijos de Dios. Gracias a su carácter firme y obediente ya no hay cautividad ni oscuridad en nuestras vidas, fuimos rescatados ¡Él nos salvó! Y me encanta pensar esto porque los hombres en el afán de ser redimidos hemos inventado cientos de héroes maravillosos que siempre llegan a tiempo para rescatar a los afligidos, héroes que ponen en riesgo sus vidas para salvar a quien está en peligro, pero Jesús no se arriesgó, Jesús murió, como no ha hecho ningún otro héroe. Jesús renunció a su propia vida para darnos vida, vida abundante y eterna.

Es el momento de volver a meditar en los pasos que dio Jesús siendo consciente de que se acercaba su muerte, una muerte injusta e inmerecida para justificarnos delante de Dios y hacernos aceptos. Él no dudó ni un instante que no merecía la pena morir por ti y por mí, él no dudó un instante que era el mandato de Dios, él no pensó ni un instante en retractarse y cambiar de destino. Habría podido ir a otra ciudad antes que a Jerusalén y evitar su detención y las vejaciones a las que le sometieron, pero no lo hizo. Fue manso y humilde hasta su muerte. Guardó silencio y enseñó hasta el fin. Dio lo mejor de si en cada momento para que tú y yo viviésemos alegres, libres, vencedores y en paz el resto de nuestras vidas. Lo mínimo es decir: ¡GRACIAS Señor!

Digamos juntos al Señor Jesús:

Hoy quiero dejar de quejarme y lamentar mi situación, que nunca será peor a lo que tú viviste por mí.

Hoy quiero resistir las mentiras y engaños del enemigo sin vacilar y decirle con firmeza que tú me diste la victoria por la eternidad y nadie me arrebatará de tu mano.

Hoy decido ser feliz porque tú subiste a la cruz para salvarme y eso me alegra y da gozo.

Hoy anhelo que mi esperanza y fe aumenten cada día porque hay un llamado y una promesa eterna que sigo esperando porque creo en ti Señor.

Me niego a ser desanimada(o), confundida(o) y entristecida(o). Hoy soy libre, salva(o) y sana(o) en tu nombre y te bendigo por ello mi Señor y Salvador.

¡Amén!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Qué pasará mañana?

Dicen que el día 14 de febrero se celebra el día del amor y la amistad y ¿por qué celebrar únicamente un día el amor cuando el amor se puede celebrar todos los días? Realmente son celebraciones con más interés comercial y económico que otra cosa, porque a parte del día 14 de febrero existen 320 días por llegar este año para celebrar el amor y compartir con los seres queridos y los amigos.

Cada día es perfecto para recordarle a quién amamos cuánto le amamos y quizá esta celebración sea la oportunidad para hacer algo diferente y amar a nuestros enemigos, a los que están lejos de nosotros y de los que apenas tenemos noticias porque nos separa un muro enorme de orgullo y rencor.

Si recordamos las palabras y el ejemplo de Jesús, vemos claramente que el Señor nos envío a amar a los demás todos los días de nuestra vida porque no tiene sentido demostrar el amor un sólo día y olvidarlo el resto del tiempo. Las cosas cambian cuando leemos que él nos invitó a amar precisamente a los que no nos aman, a los que no nos quieren, a los que no nos soportan, a los que daño nos hacen y nuestro mal desean ¿Tiene algún sentido amar a estas personas? Parece una actitud masoquista, pero no lo es, es una actitud de grandeza, humildad y obediencia.

El más grande ejemplo de este amor es el amor de Dios, que amó al mundo, cuando aún nadie en el mundo le amaba ni le conocía.

Todo lo entregó y lo dio por amor. A ti y a mí nos amó desde el principio y eternamente, aún a pesar de nuestros innumerables errores. A él no le importó nuestra falta, nuestro pecado, nuestra necedad y terquedad, antes tuvo misericordia y nos atrajo a él con ternura y mucha paciencia.

Siempre digo que si el amor de Dios dependiera de su paciencia ya se la habríamos agotado porque se requiere de muchísima paciencia para amar al hombre. Es por su gracia y amor que su misericordia se ha extendido y ha borrado nuestro pasado para recibirnos y aceptarnos.

Por eso hoy, un día antes de la celebración del día del amor y la amistad, te invito a vivir cada día valorando estos vínculos que Dios te ha concedido en la vida. Ora por tu pareja, familia y amigos y da gracias por ello. Díselo a cada uno personalmente y no esperes un año para recordarles cuanto les amas y ser especial con ellos.

Teniendo en cuenta que todos lo días son especiales para transmitir nuestro amor a los demás, te propongo un ejercicio que nos servirá para dos cosas, para amar y perdonar. Piensa en aquellos que necesitan tu amor y aceptación y primero recuerda lo que Jesucristo hizo por ti.

¡Perdona y olvida lo ocurrido! Suelta el pasado y ora por aquel o aquellos que permanecen al otro lado del muro y que Dios te pide que ames.

Porque él dijo que les amaramos y para que nos quede más claro, leamos Lucas 6:27-37 En estos versículos Jesús nos habla del amor a nuestros enemigos.

Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues.A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva.Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto.Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Lucas 6:27-37

Vive cada día para amar porque así lo quiere Dios y amar a los demás te dará libertad y alegría.

¿De qué nos sirve amar a Dios y odiar a los demás?

¿De qué sirve creer que estamos en la luz y aborrecer a los demás?

El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas.

1 de Juan 2:9

Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?

1 de Juan 4:20

Piensa en ese amigo al que dejaste de hablar, aquel a quien no volviste a saludar, aquel a quien no tienes paciencia y recuerda lo que Dios hizo por ti. ¡Es el momento de amar de verdad!

¡Feliz día del amor hoy, mañana y todos los días! Porque si sólo amas hoy, ¿qué pasará mañana y pasado mañana?

 

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Qué hacer ante las circunstancias? ¡Orar sin cesar!

Las noticias dejan sin aliento. La desesperanza está a la orden del día pero nuestro consuelo es invocar el nombre de nuestro salvador y defensor. Nuestro refugio y pronto auxilio vendrá de él.

Así que ante las cruentas circunstancias que vivimos nuestra única arma es la oración.

Y haciendo referencia a las palabras del Señor en Jeremías 33:3

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”

Entonces levantamos nuestros ojos al cielo, y clamamos el favor de Dios ante tanta maldad, violencia, inhumanidad, egoísmo, avaricia y tiranía.

Ya decía el escritor de Esclesiastés en el versículo 4, versos 1 al 7, lo que veía y deseaba. Y cualquier parecido con la sociedad de nuestros tiempos no es ninguna coincidencia.

“Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quién los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador.

Y alabé yo a los finados, los que ya murieron, más que a los vivientes, los que viven todavía.

Y tuve por más feliz que unos y otros al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen.

He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

El necio cruza sus manos y come su misma carne.

Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu.

Yo me volví otra vez, y vi vanidad debajo del sol.”

Dispongamos nuestra mente y corazón para implorar al Todopoderoso y soberano Dios por la paz y libertad de los hombres, por la extensión de su palabra en un mundo lleno de vanidad y contienda.

Por las almas que apartadas de Dios caminan por sendas de oscuridad, por caminos de maldad.

Oremos por los necesitados, maltratados y torturados a causa de su fe. Oremos por los líderes del mundo para que tengan temor de Dios y sean guiados por el Espíritu Santo.

Oremos por los niños, por los más pequeños. Por los ancianos, y las mujeres y hombres viudos, por los huérfanos y solitarios para que todos sean consolados y abrazados por la mano de Dios.

¡Que nuestro consuelo ante la decadencia del mundo sea la oración!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Que tu luz alumbre y sea testimonio de Dios

Las lámparas emiten e irradian luz, y sirven como guía en la oscuridad. Dios ha puesto en nuestro corazón su luz y ha iluminado la oscuridad en la que vivíamos apartándonos de las tinieblas por amor en Jesucristo. Que esta llama se refleje en nuestro actuar para que sirva de testimonio a los demás.

Muchos allí fuera aún viven en oscuridad, y tú y yo llevamos con nosotros la luz que despeja el camino y guía cada paso. ¿Vamos a quedarnos con la luz sólo para nosotros, mientras los demás caen y tropiezan en la oscuridad? ¡De ninguna manera! Un hijo de Dios no es insensible sino compasivo, misericordioso y comparte el amor de Dios con los demás; así que hoy, es la oportunidad de pensar en aquellos que, estando cerca de nosotros, viven en oscuridad. No permitas que viéndolo, los demás caigan y sigan resbalando, porque sus ojos no pueden ver. Acércales a la luz y permite que tú mismo seas el testimonio de Dios por tus buenas obras.

“Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé.”

(Isaías 42:16)

“Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.”

(Efesios 5:8)

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las virtudes de aquél que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.”

(1 Pedro 2:9)

Recordemos que hacer buenas obras es la consecuencia de nuestro amor y gratitud a Dios, quien todo nos los ha dado y nos invita a dar con alegría, y compartir con los demás una parte de lo que por amor hemos recibido; por eso, extendemos la mano a otros para ayudarlos sin esperar nada a cambio.

Ayudar a otros y hacer buenas obras no nos salva, la salvación nos la da Dios por la fe en su hijo Jesucristo y el sacrificio de su amor en la cruz.

Que este 2015 seamos reflejo de la luz y testimonio de Dios

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Y vimos gran luz….

Este versículo resume la consecuencia maravillosa de la venida de nuestro Salvador, el “Mesías prometido”. El profeta Isaías habló del nacimiento de Jesús 700 años antes de su nacimiento; el pueblo esperaba con anhelo la llegada de su salvador, y con esta promesa quedaba viva la esperanza de su llegada y el triunfo sobre las tinieblas. Él vino, como leíamos ayer, para darnos su luz y rescatarnos de las tinieblas.

Titulo este post “Y vimos gran luz” porque hemos estado en oscuridad, en sombras de muerte; todos, tú y yo, hemos estado apartados de Dios en las sombras, lejos de la alegría y la bendición del Señor a causa del pecado. Quizás naciste en un hogar cristiano, y desde niño te hablaron de Dios; otros hemos crecido en familias creyentes pero no practicantes; otros han conocido a Dios en su edad adulta dejando atrás un pasado oscuro, pero en lo que sí coincidimos todos es que Jesucristo iluminó nuestra oscuridad desde el momento en que decidimos creer en él y entregarle el trono de nuestro corazón. Sea cual sea la causa del origen de tu oscuridad, ya no hay temor en la vida de un creyente porque Dios nos ha dado la victoria y hemos visto la luz en Cristo Jesús.

Hoy, Jesucristo brilla en nuestro corazón, su luz nos dio una esperanza, la que nos da fuerzas para continuar. Vivimos en un mundo oscuro y apartado de Dios, un mundo cruel, tirano, abominable en acciones y laxo con el pecado; pero tú y yo debemos permanecer como lámparas que iluminan de forma permanente; así otros verán y se acercarán para recibir la luz que les dé vida e ilumine sus tinieblas. No permitas que se apague tu luz, esfuérzate en ser reflejo de la luz de Dios en la vida de los demás.

Y juntos oremos así:

Amado Dios, gracias por tu amor y misericordia.

Gracias por perdonar nuestros pecados y errores.

Gracias por permitir que Jesús naciese para darnos vida,

y no cualquier vida, sino vida eterna.

Gracias por mostrarnos en él tu carácter y benignidad.

Gracias por vivir en él una vida santa como ejemplo para nosotros.

Gracias por entregarlo en la cruz, y en su sangre darnos salvación y libertad.

Gracias bendito Dios porque sólo tu amor puede hacer esto.

Te damos gracias y alabamos tu nombre.

Exaltado seas por los siglos de los siglos.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Él nació para vencer la oscuridad y darnos su luz.

En vísperas al nacimiento de nuestro Señor y Salvador debemos recordar nuestro ayer y valorar nuestro presente. Una vez existió la oscuridad en el corazón del hombre, estábamos lejos de Dios, apartados de su gracia y bondad, pero nació Jesús para acercarnos y justificarnos delante del Padre, nació un rey para darnos la victoria y la libertad inmerecida, hasta la eternidad.

Isaías 9:1-7 es una lectura maravillosa que narra el nacimiento y reinado del Mesías, nuestro salvador y redentor. Este capítulo no habla del nacimiento de un rey con herencias, palacios, riquezas y tronos. No describe a un rey con corona de oro y palacio, nos describe el nacimiento de un rey, humilde y cercano a los hombres.

Dios ideó un plan perfecto para que Jesús fuese la esencia de su espíritu hecho hombre. Y siendo niño vino para multiplicar nuestras alegrías y quebrar el pesado yugo que llevábamos a cuestas. Ese niño nació para reinar por los siglos de los siglos y hoy reina en nuestro corazón.

La Navidad nos recuerda que la oscuridad en la que morábamos es pasado y que nuestro presente está iluminado por la luz del Señor. Ya no hay más oscuridad ni temor, ni angustia en nuestras vidas porque él es la luz que vino para guiar nuestro camino. El nacimiento de Jesús nos acerca a Dios y nos regala una oportunidad sin precedentes, sin comparaciones ni nada semejante. La paz y victoria que nos ha dado Jesús no la podemos recibir de ninguna otra manera, sólo en él. Sólo en Cristo podemos ser dignos de ser llamados hijos de Dios. Ese bebé que nacería en un pesebre hace 2.000 años nos dio el más grande de los regalos: Paz, Libertad, Victoria y Vida Eterna.

Alégrate porque ya no hay oscuridad en tu vida. Y si la hay, puedes acercarte a Cristo para iluminar tu camino y saber por donde andar. Él iluminará tu vida para siempre y por los siglos de los siglos te sustentará.

Jesucristo te ama. Él nació para vivir y morir por ti.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Son calabazas, no monstruos!

En repetidas ocasiones durante mi niñez me disfracé porque era muy emocionante vestirme de campesina, fruta, oveja o patinadora, pero una vez que me hice mayor entendí el verdadero significado de esta celebración y entonces dejé de hacerlo por decisión propia.

Hoy conozco muchas personas que siguen celebrando esta fecha sin conocimiento de lo que celebran y argumentando que es un día para que los niños se diviertan y se vistan de sus personajes favoritos. Esto último es una mentira más del enemigo. No hay inocencia ni diversión en esta fiesta. Realmente los niños se pueden divertir de muchas maneras y en muchas ocasiones, no en este día que revestido de encanto y ternura abraza de forma oscura la espiritualidad de los niños. El Halloween es una celebración de las tinieblas, en esta fecha se hacen rituales satánicos e invocación de espíritus. Esto no puede ser inocente y noble.

Abramos los ojos y démonos cuenta que la maldad y las tinieblas son reales y superan las películas de ficción y terror. Mientras tú disfrazas a tu hijo “inocentemente” para que coma caramelos y juegue con sus amiguitos, otros maquinan perversidades para honrar al diablo y transgredir la voluntad de Dios. Otros invocan muertos y sacrifican animales y niños. No participes de estas festividades mundanas y paganas.

“Es que los demás se disfrazan”, “es que los demás van de fiesta”, “es que es algo inocente”, “es que no hay maldad en ello”, “es que es una fiesta para los niños”. Muchas veces actuamos conforme a las tradiciones de la sociedad pero hay en ello una implicación espiritual de gran envergadura y por eso Dios dijo:

Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. (Deuteronomio 18:9)

El Señor sabía que habría cosas que parecerían nobles y discretas que nos incitarían a pecar, pero nos amonestó para no repetir los pecados y errores de los demás. Dios no quiere que participemos en cosas que no edifican, que nos apartan de él y que honran la oscuridad. ¿Si somos luz por qué vamos a comportarnos como si fuésemos de la oscuridad?

El “Halloween”, si no lo sabías, tiene su origen en las celebraciones celtas. En Europa, concretamente en Irlanda e Inglaterra se celebraba para este día el cambio de estación y fin de la cosecha celta; terminaba el verano y empezaba la “época oscura”, el invierno. Por ese motivo se reunían para festejar en medio de calabazas que perforaban para utilizar como lámparas y durante la celebración realizaban invocaciones de muertos y espíritus, hacían hogueras y practicaban la adivinación. En la actualidad esta festividad se propaga a lo largo y ancho del mundo como una celebración que honra la muerte, la oscuridad, el terror, la maldad y todo lo oscuro.

Pero Dios tiene algo para nosotros respecto a esto:

No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero. (Deuteronomio 18:10)

Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.  (Efesios 5:8)

Si hoy hay algo que celebrar es que Dios nos ama y en su infinita misericordia nos rescató de las tinieblas y nos trajo a la luz, en la vida y muerte de Jesús.

El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo. (Colosenses 1:13)

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.