¿Cansado de hacer el bien sin recompensa?

Arte y Diseño para Cristo

El Señor nos reta constantemente a ser pacientes, compasivos, misericordiosos y justos en la misma medida con la que él lo ha sido con nosotros para que no nos olvidemos de su amor e infinita misericordia. Dios quiere que como él es con nosotros seamos nosotros con los demás, pero cuanto nos cuesta! La medida de amor, renuncia y misericordia es muy alta para nuestra humanidad y razón. ¿Por qué vamos a ser buenos en medida extrema? ¿Por qué vamos a poner la mejilla de nuevo? ¿Por qué, por qué, por qué y por qué? Porque si! Porque él lo hizo por ti y por mí y lo sigue haciendo aun a pesar de nuestros innumerables errores y faltas. Aun siendo conscientes del pecado y de su perdón seguimos fallando y él vuelve a poner su mejilla para restaurarnos, entonces por qué no habremos de hacerlo nosotros?

“Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.” (Mateo 5: 39)

¿Has sentido alguna vez que das sin medida y a cambio sólo recibes ingratitud y más exigencias? No eres la única persona, ni tú ni yo somos los únicos, muchos se sienten igual y viven la misma situación. Porque mientras nuestro espíritu se dispone hacer el bien y ayudar, la carne grita y reclama: ¡No lo hagas! ¿Por qué tú?

Creo que el principal motivo y la razón que nos motiva a servir y ayudar a los demás, es nuestra fe en Jesucristo. Él, sin conocernos lo dio todo por nosotros. Sin saber quienes éramos y que diríamos lo dio todo si condiciones ni exigencias. Jesús renunció a si mismo por amor y no valoró si lo merecíamos o no, porque de haberlo hecho su muerte no habría sido suficiente para la cantidad de maldad, pecado, indiferencia y frialdad de los hombres; pero él no escatimó nada y se entregó, por eso hoy. Nuestro objetivo es ser imitadores de Cristo, renunciando a la carne e imitando su carácter. Sirviendo y ayudando a los demás.

¿Te cansas? ¡Yo también! Pero que tú fuerza sea la fortaleza de Cristo que nunca se cansa y antes aumenta su paciencia para con nosotros.

¿Te agota ayudar a quién no valora tu ayuda? ¡A mí también! Pero que nuestro consuelo sea el amor de Cristo que llevó a la cruz para darnos vida por la eternidad. Si lo hizo él, porque no hacerlo nosotros.

“Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal”. (1 Pedro 3:17)

Parece una actitud servil y dócil. Una actitud fuera de lo común, pero eso es precisamente lo que caracteriza a los hijos de Dios. Estamos en el mundo pero no actuamos como el mundo, somos diferentes. Así que aunque padezcamos o suframos sirviendo y poniendo toda la carne en el asador, como dicen por ahí, sigamos con nuestra tarea que a su tiempo segaremos, nuestro jefe, todo lo ve y conoce; él paga y multiplica. Lo creo y doy testimonio de ello. Cuando nada tuve y serví. Dios vio con agrado mi actitud y recompensó mi acción y nunca me ha desamparado ni nada me ha faltado.

No ayudemos por la retribución. Demos y ayudemos por que de él hemos recibido. Demos porque es una forma de alabar y honrar a Dios, porque él ama al dador alegre y retribuye la obra de cada uno. No nos demos por vencidos, recordemos el padecimiento de Cristo como nuestro motor para seguir dando y sirviendo a lo demás. Seamos embajadores de los cielos donde vayamos. Que los demás no nos vean a nosotros sino a Cristo en nosotros.

“Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra”. (2 Crónicas 15:7)

Así que con la palabra que el Señor nos da el día de hoy la misión está clara, servir sin rendirse, ayudar sin esperar nada a cambio. Dar sin medida como él nos ha dado.

Entonces digamos juntos: “Gracias Señor por tu misericordia y eterna justicia. Gracias por tu piedad y paciencia, por enseñarnos y pedirnos que seamos como tú para que nuestro mundo cambie y haya paz y bien entre nosotros. Ayúdanos a entender el propósito de tu obra y plan de amor. Ayúdanos a ser reflejos de ti cada día con todas las personas que nos rodean. Pidan o exijan, ayúdanos a dar, tú te encargarás de hacer justicia y de confrontar el corazón de lo ingratos y desagradecidos, a nosotros no nos corresponde. Así que hoy te pedimos nos des un corazón grato, justo y amoroso que ayude sin condiciones a los demás, como tú nos has servido y ayudado.” En el nombre de Jesucristo oramos y te lo pedimos”. Amén.

“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.”

(Gálatas 5:13)

Así que siendo libres, elijamos hacer el bien y servir a los demás en amor.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Un nuevo tiempo vendrá!

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Hoy hace 364 días empezaba para nosotros un tiempo nuevo que ahora termina y nos deja grandes, buenos y quizás no tan buenos momentos. Está claro que ha llovido, para unos poco, para otros torrencialmente, pero aún con poca o mucha lluvia, lo más importante es que aquí seguimos y aquí estamos, viviendo nuestro penúltimo día de 2015 y dispuestos a recibir un tiempo nuevo del que desconocemos lo que traerá pero que augura grandes promesas porque hemos creído y seguiremos creyendo en él, en su poder y fidelidad.

Como hijos de Dios debemos reflexionar y tener un tiempo para decir GRACIAS; para orar y encomendar lo que llegará. Un tiempo para pedir perdón y restaurar lo dañado, un tiempo para pedir por nuestros seres queridos y los no queridos, por los que nos han maltratado de una u otra manera, por los que nos han señalado, criticado y juzgado. Hoy caben todos en nuestras oraciones porque todos han hecho parte del año que esta a punto de terminar. Oremos por las personas a quienes nosotros hemos hecho daño con nuestras palabras, miradas, silencios, etc.

Oremos por nuestro mundo, por la paz de la tierra, los líderes de cada nación, los animales, la naturaleza y el cambio climático del que somos testigos. Ya no nos tienen que contar nada porque lo estamos viviendo y palpando. Oremos por los cristianos perseguidos en todo el mundo, por los niños torturados y sometidos al trabajo forzoso. Oremos por los ancianos abandonados e ignorados, que no tienen ayuda y viven en soledad. Oremos por la familia, la unidad, el amor, el respeto, el perdón y la reconciliación entre hermanos. Que todo lo negativo de este año quede atrás y demos paso a grandes cosas con nuestra forma de ser y reflejar el amor de Cristo.

Señor, gracias eternamente por tu amor, fidelidad y compañía. Gracias por hacer más fácil nuestro andar este año que se acaba. Te pedimos que perdones nuestros errores, que perdones las veces en las que nos hemos apartado de ti y nos hemos dejado cautivar por las bellezas del mundo y el brillo de la vanidad. Perdónanos Señor y haznos mejores cada día. Ayúdanos a ser imitadores de Cristo y a ser embajadores de tu reino donde quiera que vayamos. Que volvamos nuestros ojos y corazón al cielo cada día para ser reflejos de tu luz en el tiempo que nos ha tocado vivir.

Aquí estamos y aunque ha llovido te damos gracias porque hemos aprendido, porque detrás de cada circunstancia hay una lección y enseñanza. Danos sabiduría y fe para caminar seguros cada día de 2016. Sabemos que caminar a tu lado nos garantizará fuerza en medio del dolor y esperanza en medio de las pruebas.

Te amamos Señor. En tus manos estamos y ponemos el tiempo que ha de llegar.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Confía en Dios y serás más fuerte!

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La fuerza se mide por la capacidad de resistencia que tenemos frente a las cosas, la vida y las circunstancias. Consideramos que una forma de medir la fuerza física es cargando peso y soportando cargas de gran tamaño. Muchas personas se entrenan cargando pesas para hacer sus músculos resistentes y fortalecen sus extremidades para soportar grandes pruebas y medidas de peso.

Quizás tus brazos y los míos no estén entrenados para soportar pesos superiores a nuestras fuerzas y aunque quisiésemos, no aguantaríamos y tendríamos lesiones importantes si nos atreviésemos a cargar algo superior a nuestra fuerza. Pero, ¿Y si hay alguien que puede cargar ese peso en nuestro lugar y darnos descanso? Claro que hay alguien, se llama Dios y su fuerza es absoluta, no conoce limites. Él está dispuesto a ayudarnos, llevar la carga y relevar nuestro lugar para que descansemos.¿Has leído bien? Él quiere que sueltes lo que llevas a cuestas y lo ponga en sus manos. Él quiere ayudarte con el peso pero no te pide que cargues la mitad, él lo cargará todo. No necesita tu ayuda ni la mía. Él se ofrece a cargar todo el peso, sin condiciones ni exigencias, sin letra pequeña, sólo porque no ama y se complace en ayudar y hacer bien.

Pero hay algo que debemos tener en cuenta, esto ocurrirá sólo y unicamente si aprendemos a dejar en sus manos el peso que no podemos cargar. Si pides o quieres ayuda, necesitas dejarte ayudar. No tiene sentido lo que muchas veces hacemos, pedir ayuda y seguir cargando. Lo que hacemos es entorpecer el trabajo que hace la otra parte que está dispuesta a ayudarnos y podemos lastimarnos. Debemos soltar, dejar en sus manos y confiar.

Aunque nos dispongamos e intentemos con todas nuestras fuerzas cargar el peso, ¿de qué le sirve a Dios nuestra ayuda? No subestimemos el poder de Dios. Él es grande y poderoso, él es hacedor de imposibles y grandes milagros. Él vela por nuestro bienestar, entonces ¿qué necesidad tenemos de cargar y luchar en nuestras propias fuerzas? Recuerda: Dios no necesita nuestra ayuda!

¿Qué estás cargando hoy?

Problemas con otras personas

Relaciones rotas

Enfermedades

Deudas

Perdida de fe

Pensamientos destructivos

Tristeza

Conflictos familiares

Vicios

Dolor

Soledad

Desempleo

Cansancio

Debilidad

Vamos a soltar y a poner en manos de Dios, todo el peso que nos esta generando esta situación y vamos a confiar en él, porque él hará si confiamos en su poder y majestad. Dios es el dueño de todo y para él no hay nada imposible, sólo debemos confiar y dejarle actuar. La parte más compleja es ese “sólo” porque es el primer paso que debemos dar para recibir su ayuda y descansar.

Hazlo, experimentarás ¡paz y tranquilidad! Porque no existe alguien más, que pueda cargar por ti el peso que llevas con la seguridad de que todo saldrá bien, únicamente Dios.

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

(Mateo 11:28)

Yo, confié, solté y esperé en él. Hoy puedo declarar que he visto su poder y gloria en mi vida.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Su ejemplo nos dio!

Es éste, antes de la cruz, uno de los actos de misericordia y humildad más grande del Señor Jesús por amor a los hombres. Él, siendo Rey, Dios y Señor no escatimó en inclinarse para lavar los pies de los hombres que le acompañaban, incluso los pies de quien le entregaría.

Jesús nos enseña una vez más el valor de la humildad. Lo fue hasta el fin de sus día y hoy recordamos que con amor y ternura, lavó los pies de esos hombres. Pies seguramente sucios de arena, cansados de andar, arrugados por culpa del calzado, pero él no reparó en tomar una toalla y lavar sus pies.

Recordemos el diálogo de Jesús y Pedro, quién se negó primeramente a que el Señor le lavase sus pies. Leamos Juan 13: 4-12

4. Se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.

5. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.

6. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies?

7. Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.

8. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.

9. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza.

10. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

11. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.

Si hoy fueses tú quien ocupase el lugar de Pedro ¿Dejarías que Jesús lavase tus pies, o tendrías vergüenza como Pedro y te negarías?

Quizás estamos limpios pero nuestros pies necesitan ser lavados. Quizás creemos que estamos totalmente limpios y necesitamos ser lavados de la cabeza a los pies. Me emociona leer las palabras de Pedro cuando finalmente accede a que Jesús le lave sus pies y le dice: No sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Digamos nosotros lo mismo. ¡Lávame de los pies a la cabeza, Señor!

Hoy tenemos la oportunidad de seguir aprendiendo de la humildad de Jesucristo que nos invita a imitar su comportamiento. Hoy es el tiempo de recordar que no sólo nuestros pies deben ser lavados, sino seguramente todo nuestro cuerpo para poder tener parte con él. Hoy es el día de actuar como siervos a los que nos llamó el Señor para servir a los demás y hacer como ha hecho Jesús con nosotros.

Déjate lavar por el Rey. Déjate limpiar de los pies a la cabeza con amor y ternura y después como ha hecho el Señor contigo has tú con los demás. ¿A quién podrías lavar los pies el día de hoy?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.