La nobleza de un Rey

Y llegó sentado en un pollino o asno a Jerusalén. Jesús siendo Rey no llegó en un carruaje tirado de caballos ni tenía corte ni guardaespaldas. Jesucristo cumplió su promesa y llegó a la ciudad santa para cumplir los propósitos del Padre, que nos darían vida eterna a la humanidad.

El pueblo de Dios, celebra hoy la entrada triunfal de nuestro salvador a Jerusalén, este día es conocido como “Domingo de Ramos” ¿Y por qué de Ramos? Porque fue lo que utilizaron los ciudadanos de Jerusalén para honrar la llegada del Señor a su pueblo. Con ramas de palma ovacionaron su llegada, esperanzados daban gracias y entonaban alabanzas al cielo porque había llegado su salvador.

¿Y tú y yo qué entonamos hoy? Nuestro salvador llegó hace 2000 años para rescatarnos y poner su vida por los pecadores. Nuestro corazón debe decir hoy: ¡Gracias Señor! Gracias por entregar tu vida y enseñarnos desde el primer momento a renunciar al “yo” para servir y ayudar a los demás. Gracias por darnos una lección de humildad y nobleza al hacerte Rey de la forma más simple y llana. ¡Aprendamos de ti! Ayúdanos a ser más cómo tú.

¡Feliz Domingo de Ramos!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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¡Y se conmovió la ciudad con su llegada!

De gozo y alegría se llena nuestro corazón el día de hoy porque recordamos que Jesús en total mansedumbre y humildad, se dirigió a Jerusalén para consumar el llamado de Dios por amor a los hombres.

Nuestro salvador no se negó a acudir a la cita que tenía con la hija de Sión y aún conociendo lo que ocurriría siguió firme hasta el final, sin dar marcha atrás ni dudar un instante. Su propósito era agradar y obedecer a Dios a pesar de la carne y la tentación. Jesucristo entró en Jerusalén con ovaciones y alabanza de quienes le esperaban y tendían para él mantos en el suelo y hojas de palma. Hoy, sin ramas ni mantos, ovacionamos al Rey de Reyes y Señor de Señores por su sacrificio en la cruz y padecimiento desde que entró en la gran ciudad por amor a ti y a mí.

Él podía haber entrado escoltado, protegido como un rey o en vez de hacerlo en un pollino podía haber entrado en un carruaje o en un gran caballo, pero en todo lo que Jesús hizo, siempre nos enseñó el significado de la humildad. Él, siendo el salvador de la humanidad, con derecho a todo, no exigió nada, no pidió nada, no esperó nada. Dio, dio y dio. Todo lo dio por amor.

Hoy empieza para nosotros la conmemoración de la semana que vivió Jesús antes de ser crucificado y que nos permite recordar la inmensidad del amor de Dios al entregar a su único hijo para darnos vida y reconciliarnos con él.

Es una semana normal, como las demás, es una semana de 5 días, en la que probablemente tendremos el mismo clima que de costumbre. Nada será diferente, salvo que tú y yo decidamos aprender, seguir y creer esta hermosa historia de salvación que tuvo como protagonista a Jesús de Nazaret y como actores secundarios y público afectado, a la humanidad. El hombre es el ser más privilegiado y bendecido de esta historia. Si escuchamos, leemos, meditamos y entendemos esta verdad, esta semana significará un antes y un después en nuestra vida, porque Jesucristo renunció a sí mismo para salvarnos y acercarnos a Dios. Murió por los hombres para darles Vida Eterna.

Oramos y damos gracias a nuestro Salvador y Señor, Jesucristo.

Gracias por amarnos hasta el fin y darlo todo por nosotros que no lo merecíamos y no lo merecemos.

Gracias por renunciar a ti mismo para ocupar nuestro lugar.

Hoy, recordamos tu entrada a Jerusalén como hito de victoria para el reino de los cielos.

Hoy, celebramos con gozo y alegría tu mansedumbre y humildad con que te hiciste Rey y fuiste alabado y exaltado.

Señor, ayúdanos a aprender de ti y a ser reflejo de tu amor.

Queremos aprender en esta semana de tu amor, que todo lo dio sin esperar nada a cambio.

Queremos aprender a ser humildes, mansos y obedientes.

Queremos renunciar a nuestra carne y al mundo, para seguirte a ti.

Te entregamos nuestro corazón para que seas tú quién viva y reine por siempre en él.

Amén.

Juntos damos voces de júbilo porque ha venido nuestro Rey, Justo, Salvador y Humilde y se conmueve nuestro corazón porque se manifestó el perdón de Dios a los hombres.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Alegres! porque en él hemos confiado

La alegría es la consecuencia y efecto de algo que emociona o despierta nuestra admiración.

Dios es el único ser, digno de nuestra alegría y gozo perpetuo porque maravillas y grandezas ha hecho en nuestra vida y en consecuencia damos gracias; y es la gratitud la que nos impulsa a estar alegres y gozosos.

¿Qué te hace estar alegre el día de hoy?

Hay quienes se alegran porque tienen cosas. Hay quienes se alegran porque han encontrado algo que habían perdido, otros se alegran porque esperan la promesa de un futuro o la realización de un sueño. Y tú y yo ¿por qué nos alegramos?

Yo, me alegro porque he creído y depositado mi confianza en un Dios poderoso e invencible que me defiende y no me desampara, en un Dios justo y misericordioso que me permite ser lo que soy hoy y que ha sacado mis pies del lodo cenagoso innumerables veces.

Yo, me gozo porque él es mi fuerza, mi bastón y mi soporte. Y como digo muchas veces, lo que Dios me ha dado nadie más me lo dará, entonces por encima de él nadie!

Que el Señor nos conceda cada día un corazón grato y alegre que recuerde sus infinitas bondades y misericordia sin limites. Que nada sea más grande que nuestra felicidad y alegría. Que nuestra actitud sea firme todos los días y nuestra confianza en el Señor permanente. Que nada nos arrebate el gozo de nuestra salvación en Jesucristo.

Si hay un motivo que hoy pretenda robar tu alegría, resístelo!

Si hay una razón que te robe el gozo del Señor, apártala!

Si viene a tu vida la tristeza no te desanimes, confía en él

porque extenderá su brazo por ti y no te dejará.

Alegrémonos juntos porque él bendecirá al justo y como con un escudo lo rodeará de su favor.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.