¡Él ocupó nuestro lugar!

Arte y Diseño para Cristo

Jesucristo padeció por ti y por mí. Jesucristo sufrió el escarnio público y las acusaciones más injustas sin tener ninguna culpa porque su amor le llevó a ocupar el lugar que no le correspondía, el nuestro.

Tú y yo debíamos ser los acusados y culpables, no él. Él no merecía los insultos, maltratos y vejaciones por haber sido intachable y bueno. Él no merecía ser burlado y golpeado. No merecía ser escupido y humillado siendo inocente y justo. Ningún mal encontró Pilato en él para condenarle sin embargo el pueblo exigió y pidió su crucifixión.

Y Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre. (Lucas 23:4)

Si, aunque parezca increíble, fuimos “nosotros”. Los hombres, representados por el pueblo los que pedimos crucificar a nuestro salvador. Pero tenía que ser así para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dice así:

“El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.” (Isaías 9:2)

Entonces Jesucristo marcó la historia de la humanidad y la vida de los hombres fue diferente después de Cristo. Hubo para el mundo una segunda oportunidad en la sangre del hijo de Dios y desaparecieron las tinieblas y la oscuridad. Ahora había luz y restauración para los hombres que crean en él.

Ahora que sabes que un hombre sin igual ocupó tu lugar y te libró de pagar el precio de la culpa, ¿tienes dudas del amor con qué te ha amado el Señor? No hay excusas para dudar de la misericordia que ha tenido Dios con los hombres. Tú y yo hemos sido librados, perdonados, sanados y justificados por Jesús delante del gran juez, Jehová de los ejércitos. Por su amor y gracia ya no somos contados como pecadores o impuros. Por su sangre fuimos lavados, perdonados y considerados justos. Pero ¿es posible? Si, porque así lo quiso Dios.

Porque también Cristo padeció una vez por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu.

(1 de Pedro 3:18)

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. (Romanos5:9)

Celebremos que hemos sido justificados en la sangre de Jesús y demos gracias a Dios por su amor, perdón y reconciliación.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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La autoridad y poder que Dios le dio a la Iglesia

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Entendiendo por Iglesia al conjunto de personas que aman a Dios y comparten una fe, no a una estructura arquitectónica con estilo mudéjar o barroco, podemos comprender que Dios dio poder y autoridad a las personas que creen en él y cuando el Señor Jesús dijo estas palabras a Pedro, le estaba haciendo responsable de la primera Iglesia al nombrarle roca sobre la cual edificaría su Iglesia y ni la muerte prevalecería contra ella.

Jesús le dio a Pedro autoridad y poder en su nombre, para gobernar, dirigir y administrar con valor y esfuerzo la Iglesia y usó estas palabras para declarar el poder que ésta tendría. Es decir que tú y yo, siendo parte de su iglesia, también tenemos ese poder y autoridad para atar y desatar. Porque lo mismo que se ata aquí en la tierra se ata en el cielo y lo mismo que se desata aquí, se desata allí.

Parece un trabalenguas difícil de descifrar, pero realmente es muy claro. Las consecuencias de nuestros actos tienen resultados en el cielo y todo lo que se haga en la tierra repercute a niveles celestiales. Atar en sinónimo de unir y amarrar. Podemos atar espíritus inmundos, atar pecados, atar relaciones dañinas, atar pasiones, podemos atar enfermedades y amarrar la esclavitud. Lo mismo que atamos podemos desatar. Desatar es sinónimo de libertad y podemos desatar sobre nuestra vida y la de los demás, bendición, sanidad, paz, amor, esperanza, fortaleza, alegría y perdón.

Que hoy sea el día de reclamar la autoridad que Dios te ha dado y ejercer con valentía el papel que te corresponde, fuera y dentro de la Iglesia. Tú eres hijo de Dios, eres parte de su iglesia, eres un embajador del reino. Actúa como tal. ¿Qué cosas tienes que atar y desatar hoy? Yo quiero atar las mentiras y tentaciones del enemigo. También la enfermedad. Y quiero desatar paz, sanidad y bendición.

Tengamos especial cuidado con las cosas que atamos y desatamos. No sea que buscando nuestro interés seamos engañados por el enemigo y terminemos ofendiendo a Dios. Oremos para que el Señor nos muestre con claridad las cosas que debemos atar y desatar en nuestra vida y la de nuestra familia. Él nos guiará para hacerlo bien.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Y Dios amó a los que aún siguen pecando

En nuestra razón no alcanzamos a entender como alguien puede amar a quien le rechaza y desprecia. Pero Dios no es humano y no razona como nosotros. Menos mal porque si fuese así seguiríamos apartados de él, pero gracias a la muerte de Jesús en la cruz esa distancia que nos separaba fue anulada y ahora estamos cerca del Padre por su misericordia. Porque él mismo se compadeció de nosotros y en su piedad planeó que su Hijo se hiciese hombre para que de él tuviéramos un testimonio vivo de su amor y nos rescatase para siempre.

Esta cruz llevó clavado el cuerpo de Jesús hasta su muerte pero hoy está vacía porque él venció a la muerte y se levantó de entre los muertos para sentarse a la diestra de Dios.

En la cruz tú y yo tenemos la victoria y libertad que nos fue dada al aceptar el sacrificio de Jesucristo por amor. Aceptar que él subió a la cruz a ocupar nuestro lugar nos hace valorar el significado de la vida y del amor. Nos hace ser más humildes y nos anima a renunciar a lo material y terrenal porque son cosas pasajeras. Aceptar esta verdad nos hace vivir fortalecidos y esperanzados en la promesa del Señor.

Dios no tenía más hijos, sólo a Cristo y lo entregó en propiciación por nuestros pecados y nos dio vida eterna en su muerte. Yo no soy madre aún pero me alcanzo a imaginar el dolor de entregar la vida de un único hijo por otros que ni siquiera le conocían y además le ignoraban y despreciaban. ¿Es justo? En nuestra razón no lo es, de ninguna manera.

Pero el amor de Dios supera nuestra capacidad intelectual y razón lógica. Dios es amor y todo lo dio para rescatarnos. Dios y Jesucristo eran el mismo, el hijo en el padre y el padre en el hijo, por eso él no se aferró a nada y se entregó para rescatarnos.

¡Somos pecadores salvados por amor y gracia! Alegrémonos y demos gracias por esta muestra de amor infinito que Dios manifestó a la humanidad sin merecerlo, porque a los que aún siguen pecado él sigue esperando para salvar y rescatar.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Con una corona de espinas se hizo Rey por siempre!

Un Rey, tal y como los conocemos en nuestros tiempos, viste atuendos de lujo y joyas brillantes. Su corona es lo más destacado de su vestuario, alta, de oro y adornada con piedras preciosas. Así se distingue un Rey, también por su nivel de vida de exigente gusto y grandes riquezas.

Jesucristo, pudo haber sido así, pero no lo fue. Él escogió ser precisamente lo contrario para enseñarnos que no son necesarias las riquezas ni lo material para ser una persona que impacte en el mundo. Él nos enseñó que más humilde es quién teniendo no hace alarde, que quién no teniendo nada se esfuerza en aparentar lo contrario. Jesucristo vistió ropa sencilla y discreta, vistió como los demás. Él no usó trajes de telas finas ni calzado de oro, él no tuvo un trabajo de directivo en su época ni vivió en un castillo con guardas y carruajes. Jesús, fue un humilde carpintero, caminó con sandalias y habitó una casa normal, pero esto fue suficiente para que el Hijo de Dios cambiara el ritmo de la humanidad ofreciéndole a los hombres una segunda oportunidad delante del Padre.

Dios tenía un plan y su plan incluía el renunciar a la carne, a la vanidad y a los placeres del mundo. Cosas de las que no carece ningún rey de los últimos tiempos. Nuestros reyes son figuras públicas que se alejan notablemente de nuestro Salvador que no necesitó nada material para gobernar y establecer su reino por la eternidad. Porque lo dilatado de su imperio y su paz no tendrán límite.

¿Lo crees? Yo si lo creo. ¡Él es mi Rey y lo amo!

Así que es el momento de dar infinitas gracias a Dios por su regalo, por su perdón y su enseñanza.

Es tiempo de celebrar que nuestro Rey venció y nos dio perdón y vida eterna. Es la hora de declarar que él reinará por siempre y su nombre será exaltado por los siglos de los siglos.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Él llegó para cambiar nuestras tinieblas en luz ¡Hosanna!

Y llegó Jesús como pocos esperaban, llegó a las puerta de Jerusalén sentado en un pollino. Era el Hijo de Dios que se presentaba delante de la gran ciudad para rescatar a los moradores de la tierra. Él llegó hasta allí para convertir nuestras tinieblas en luz y desde entonces nuestra vida cambió. Hay una esperanza para el hombre, hay una nueva oportunidad. Dios extendió su misericordia de una forma permanente para reconciliarnos con él y quitar de nuestro corazón la culpa y la condenación.

Gracias a la valentía de Jesús que dio cada paso sin detenerse ni volver atrás, tú y yo somos considerados hoy hijos de Dios. Gracias a su carácter firme y obediente ya no hay cautividad ni oscuridad en nuestras vidas, fuimos rescatados ¡Él nos salvó! Y me encanta pensar esto porque los hombres en el afán de ser redimidos hemos inventado cientos de héroes maravillosos que siempre llegan a tiempo para rescatar a los afligidos, héroes que ponen en riesgo sus vidas para salvar a quien está en peligro, pero Jesús no se arriesgó, Jesús murió, como no ha hecho ningún otro héroe. Jesús renunció a su propia vida para darnos vida, vida abundante y eterna.

Es el momento de volver a meditar en los pasos que dio Jesús siendo consciente de que se acercaba su muerte, una muerte injusta e inmerecida para justificarnos delante de Dios y hacernos aceptos. Él no dudó ni un instante que no merecía la pena morir por ti y por mí, él no dudó un instante que era el mandato de Dios, él no pensó ni un instante en retractarse y cambiar de destino. Habría podido ir a otra ciudad antes que a Jerusalén y evitar su detención y las vejaciones a las que le sometieron, pero no lo hizo. Fue manso y humilde hasta su muerte. Guardó silencio y enseñó hasta el fin. Dio lo mejor de si en cada momento para que tú y yo viviésemos alegres, libres, vencedores y en paz el resto de nuestras vidas. Lo mínimo es decir: ¡GRACIAS Señor!

Digamos juntos al Señor Jesús:

Hoy quiero dejar de quejarme y lamentar mi situación, que nunca será peor a lo que tú viviste por mí.

Hoy quiero resistir las mentiras y engaños del enemigo sin vacilar y decirle con firmeza que tú me diste la victoria por la eternidad y nadie me arrebatará de tu mano.

Hoy decido ser feliz porque tú subiste a la cruz para salvarme y eso me alegra y da gozo.

Hoy anhelo que mi esperanza y fe aumenten cada día porque hay un llamado y una promesa eterna que sigo esperando porque creo en ti Señor.

Me niego a ser desanimada(o), confundida(o) y entristecida(o). Hoy soy libre, salva(o) y sana(o) en tu nombre y te bendigo por ello mi Señor y Salvador.

¡Amén!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿A quién no le amarga un dulce?

Me encantan los dulces ¿y a ti? El dulce es un sabor especial que alegra nuestro paladar y es la debilidad de muchos. Una tarta de chocolate o manzana, un helado, un donut, una trufa, un bizcocho mojado o una torrija son verdaderos placeres, pero estas fechas no son precisamente dulces. Vivimos momentos de reflexión y meditación porque un hombre sufrió en su propia carne por nosotros. ¿Podemos celebrar este acontecimiento con un dulce?¿Es suficiente?

No quiero satanizar el hecho de preparar un postre para compartir en familia estos días, no! Si además es una actividad que une a la familia, bienvenido sea. Es simplemente que me incomoda ir al supermercado o pasear por la calle y ver los carteles y mostradores atiborrados de panes, pasteles, canela, harina y huevos para preparar el mejor postre de Semana Santa y pocos tienen en cuenta el verdadero significado de este tiempo.

Los hombres institucionalizamos esta fecha para celebrar el sacrificio, muerte y resurrección de nuestro salvador. No fue algo impuesto por Dios, fuimos nosotros mismos los que quisimos honrar esta muestra de amor y fue entonces cuando en el año 325 después de Cristo, en el primer Concilio de Nicea dirigido por el emperador Constantino, se estableció la Pascua; tiempo precedido por la Cuaresma y que tiene su celebración una vez al año coincidiendo con el inicio de la primavera.

En la actualidad, el cristianismo, en todas sus denominaciones, celebra este tiempo como una de las fechas más representativas de su fe. Recordamos que Jesucristo entregó su vida en total humildad y mansedumbre, siendo inocente, para darnos libertad, victoria y vida eterna.

Comamos un dulce, compartamos en familia pero no olvidemos el verdadero significado de la Semana Santa. No se trata de tener días de luto o privarnos de comer carne como muchos creen por ahí, se trata de reflexionar, meditar y valorar el gran regalo que Dios nos ha dado y ha cambiado nuestras vidas radicalmente. Ya no hay culpa, ya no hay condena, no hay tristeza, antes hay perdón, esperanza, libertad y salvación. Lo que fuimos dejó de ser en la cruz y hoy, gracias a Jesús somos seres justificados delante del Padre y aceptos en su reino.

Y está claro que es un suceso digno de celebrar con alegría y gozo, con dulces y cantos, con esperanza y color. Pero más que comer para satisfacer un placer o antojo físico, satisfagamos el hambre de nuestro espíritu aceptando que el murió en la cruz para salvarnos, redimirnos y darnos vida eterna.

¡Feliz Semana Santa! ¡Que tu Semana Santa sea tan dulce, como el amor de Cristo!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Qué le puede faltar a un hijo de Dios?

He visto las bondades de Dios todos los días de mi vida.

Cuando estaba en angustia él me fortaleció.

Cuando estuve triste, él me consoló.

Cuando tuve miedo, él me protegió.

Cuando caí, él me levantó y

cuando fallé, él me perdonó.

¿Y a ti?

La fidelidad de Dios es una muestra de su absoluto y eterno amor por nosotros.

Y cada día tenemos la oportunidad de recordar la bondad, justicia y bendición de Dios.

¿Entonces por qué no pedimos? Dios nos escuchará, Jesús dijo que pidiéramos en su nombre al Padre y él mismo nos daría las cosas.

¿Por qué no clamamos? Dios nos anima a clamar y a pedir conforme a su voluntad.

¿Por qué no creemos? Jesús dijo: al que cree todo le es posible.

¿Porque dudamos? Dios es el dueño de todo ¿por qué dudar?

La invitación de hoy es a depositar toda nuestra confianza en el hacedor de imposibles.

A esperar en su perfecta voluntad y a entender que el camino es más fácil de andar si confiamos en quien nunca nos hará un reproche, sin medida nos dará y cumplirá lo que ha prometido.

¿Qué le puede faltar a un hijo de Dios si él es el dueño de lo visible e invisible? Así que para hoy la tarea es confiar, creer, esperar. Entonces ¿qué pondrás en manos de Dios hoy?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Es Navidad, decora tu vida con el Amor de Cristo

Para estas fechas, las luces, los colores y el esplendor de la Navidad inundan las calles. Las ciudades reciben premios por la decoración que lucen, y nosotros estamos inmersos en la festividad, radiantes y llenos de alegría, celebraciones, agasajos, reuniones, cenas, familia, amigos, compañeros de trabajo, regalos, detalles, llamadas, mensajes, tarjetas, abrazos, saludos pero… ¿y el verdadero significado?

Jesús es el verdadero motivo de celebración. ¿Pero dónde está? ¿Está adornando el pesebre o vive en tu corazón? Ahora cito la frase de una canción que tiene mucha razón: “Jesús es más que hincarse en el altar y hacer de esto alarde”, es más que decorar el árbol de Navidad y tener un detalle con el vecino. Jesús nació para cambiarnos, nació para darnos vida, vida eterna. Él quiere que los demás le vean a través de nuestra forma de ser todos los días de la vida, no sólo el último mes del año. Él quiere que tu rostro hable y declare quién vive en tu interior.

Siendo rey de reyes, nada más y nada menos que el Hijo de Dios, no nació en una clínica de lujo, no nació en un palacio, no tuvo asistente en el parto, no tuvo cuna ni abrigo. Jesús nació de la forma más humilde y precaria que nos podamos imaginar para que entendamos la humildad, sencillez y nobleza de nuestro Dios. Jesús no tuvo privilegios, nació en el exilio, porque sus padres huían y eran perseguidos. Nació en un sitio donde ni siquiera había espacio suficiente para el Rey del Universo. No había sitio para nuestro salvador. Cuando leo estas palabras en la Biblia, me pregunto: ¿Qué hubiese pasado si las personas de Belén hubiesen sabido que el que nacía era el Hijo de Dios? Quizás habría sobrado espacio para que María tuviese un parto relativamente cómodo. Pero la realidad no fue así, Dios quiso que naciese entre paja y heno porque su Hijo, al margen de las circunstancias, reinaría por siempre.

La Navidad es la fecha que marca nuestra historia y por eso lo celebramos. Fuimos un antes y un después, y nuestro punto de inflexión se llama Jesucristo. Él nos dio un pasado y un presente, él cambió nuestro futuro y nos aseguró una esperanza de Vida Eterna, y por eso para nosotros la Navidad es una fecha importante porque nació nuestro Salvador y Redentor. Nació quien nos daría la Victoria eterna. Nació nuestro abogado y defensor delante de Dios. ¿No es suficiente el motivo para celebrarlo y gozarnos?

Disfruta que nuestro Rey ha nacido y en esta Navidad decora tu vida con el amor de Cristo.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.