¿A quién no le amarga un dulce?

Me encantan los dulces ¿y a ti? El dulce es un sabor especial que alegra nuestro paladar y es la debilidad de muchos. Una tarta de chocolate o manzana, un helado, un donut, una trufa, un bizcocho mojado o una torrija son verdaderos placeres, pero estas fechas no son precisamente dulces. Vivimos momentos de reflexión y meditación porque un hombre sufrió en su propia carne por nosotros. ¿Podemos celebrar este acontecimiento con un dulce?¿Es suficiente?

No quiero satanizar el hecho de preparar un postre para compartir en familia estos días, no! Si además es una actividad que une a la familia, bienvenido sea. Es simplemente que me incomoda ir al supermercado o pasear por la calle y ver los carteles y mostradores atiborrados de panes, pasteles, canela, harina y huevos para preparar el mejor postre de Semana Santa y pocos tienen en cuenta el verdadero significado de este tiempo.

Los hombres institucionalizamos esta fecha para celebrar el sacrificio, muerte y resurrección de nuestro salvador. No fue algo impuesto por Dios, fuimos nosotros mismos los que quisimos honrar esta muestra de amor y fue entonces cuando en el año 325 después de Cristo, en el primer Concilio de Nicea dirigido por el emperador Constantino, se estableció la Pascua; tiempo precedido por la Cuaresma y que tiene su celebración una vez al año coincidiendo con el inicio de la primavera.

En la actualidad, el cristianismo, en todas sus denominaciones, celebra este tiempo como una de las fechas más representativas de su fe. Recordamos que Jesucristo entregó su vida en total humildad y mansedumbre, siendo inocente, para darnos libertad, victoria y vida eterna.

Comamos un dulce, compartamos en familia pero no olvidemos el verdadero significado de la Semana Santa. No se trata de tener días de luto o privarnos de comer carne como muchos creen por ahí, se trata de reflexionar, meditar y valorar el gran regalo que Dios nos ha dado y ha cambiado nuestras vidas radicalmente. Ya no hay culpa, ya no hay condena, no hay tristeza, antes hay perdón, esperanza, libertad y salvación. Lo que fuimos dejó de ser en la cruz y hoy, gracias a Jesús somos seres justificados delante del Padre y aceptos en su reino.

Y está claro que es un suceso digno de celebrar con alegría y gozo, con dulces y cantos, con esperanza y color. Pero más que comer para satisfacer un placer o antojo físico, satisfagamos el hambre de nuestro espíritu aceptando que el murió en la cruz para salvarnos, redimirnos y darnos vida eterna.

¡Feliz Semana Santa! ¡Que tu Semana Santa sea tan dulce, como el amor de Cristo!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Sólo Jesucristo salva!

¿Cómo te llamas? Tienes un nombre, ¿no? Todos los seres humanos respondemos a un nombre que se nos ha asignado desde la infancia, unos más afortunados que otros, pero todos tenemos un nombre, y por él nos reconocemos y distinguimos unos de otros.

Existe un nombre, único y auténtico, que ha sido dado por Dios a los hombres, es decir, a ti y a mí, para ser libres, obtener la victoria y la salvación. Existen muchos nombres pero sólo uno nos da acceso a Dios y a su perdón. Sólo un nombre nos absuelve de toda culpa, un nombre con autoridad y misericordia, un nombre especial que habitó en la tierra únicamente 33 años, pero fue suficiente para cambiar nuestra historia y darnos paz eterna.

¿Te suena esta historia? ¿Sabes cuál es el nombre?¡El nombre es JESÚS!

Sólo en él tenemos salvación. Sólo en su maravilloso nombre podemos ser perdonados, considerados hijos de Dios y herederos de la promesa.

Existen muchos nombres, muchos dioses, muchas religiones, tradiciones y creencias, pero ninguna salva, sana, libera y da vida. Reconozcamos en quién tenemos Victoria y Vida Eterna.

¡Compartamos el nombre que nos da salvación, sanidad y vida eterna!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Lo que Dios te dice empezando el año!

Día dos del nuevo libro de oportunidades que Dios abre para nosotros. Ayer, el Señor puso en mi corazón esta palabra y me fortaleció con los primeros versos de Isaías 43. Y hoy lo comparto porque sé que no es sólo para mí sino la expresión de su amor para todos.

Leeremos juntos, pero al leerlo es necesario que apropies la palabra para ti y entonces deberás reemplazar el nombre de Jacob y de Israel por tu nombre y entenderás, cómo entendí yo, ayer, el gran amor de Dios para con nosotros y escucharás la voz del Señor hablándote directamente.

Y dice así la palabra del Señor en Isaías 43:1-5

Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh ________ (Jacob), y Formador tuyo, oh_______(Israel): No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.

Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti.

Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida.

No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.

Dios nos habla hoy de la inmensidad de su amor y lo hace de forma directa recordándonos que suyos somos, le pertenecemos y nada, absolutamente nada, nos podrá separar y apartar de su lado. Él nos ha redimido, aceptado y adoptado. Él nos ha tenido infinita paciencia y del lodo nos ha sacado cientos de veces. Dios lo volverá hacer porque se complace en hacer justicia y bien a sus hijos. Debemos creer esta verdad para que vivamos un año maravilloso.

Recuerda cada día, que le perteneces a Dios, que nada de lo que ocurra a tu alrededor podrá apartarte de él, ni las circunstancias, ni los demás, ni la tristeza, ni la adversidad, recuerda que en todo y por todo, obtendrás la victoria porque lo que esté por llegar, siendo bueno o siendo menos bueno, te servirá para creer; porque a los que aman a Dios, todas las cosas, les ayudan a bien.

Así que desde los primeros días del año gocémonos en la herencia que nos ha tocado gracias a Jesucristo. Disfrutemos la comunión con nuestro Padre, la victoria eterna que nos ha regalado nuestro Dios y revistámonos de la verdad porque con ella seremos libres.

Este año pelearemos batallas y enfrentaremos diferentes pruebas pero de todas ellas saldremos vencedores, porque sabemos en quién hemos creído, a quién pertenecemos y quién nos defiende caminando delante nuestro.

¡Firmes desde el primer día del año porque él nos ha redimido y somos suyos! ¡Así que nada temeremos. ¡No retrocederemos ni daremos un paso atrás!

Sigue tu camino, avanza, no mires atrás y di adiós a la cobardía y al temor y vive un año seguro y cubierto del amor y gracia de Dios.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

A pesar de tu error, él murió por ti.

Cuando éramos niños y hacíamos travesuras, nuestros padres imponían su carácter y nos corregían reprendiéndonos y en algunas ocasiones castigándonos para corregir nuestros errores. Cuando crecimos y nos hicimos mayores nuestros padres ya no recurrían al castigo de la niñez, prohibiéndonos cosas que nos hacía ilusión hacer sino a la lección que pedía nuestra edad y madurez. A diferencia de esto, Dios no nos ha castigado conforme a nuestras rebeliones. (Salmos 103:10)

Hoy, que somos adultos y la infancia y la adolescencia quedaron atrás, tenemos la oportunidad de acercarnos a nuestro Padre Celestial para reconocer nuestros errores y a cambio no recibir ningún castigo, porque Dios, en su infinita misericordia, cuando aún éramos pecadores entregó a su único hijo por nosotros.

¿Alcanzas a entender la magnitud de su amor? Yo no tengo hijos aún pero muchos de ustedes si y me imagino que como padres no pensarían jamás entregar la vida de sus hijos por nadie y mucho menos por gente desconocida y que además no lo mereciese. Me lo planteo y sé que yo no lo haría. Entonces, ¿por qué permitió Dios que su hijo muriera por un montón de desconocidos, entre los que estamos tú y yo, y además decidió perdonar nuestras faltas evitándonos el castigo con la muerte de Jesús en la cruz?

Es necesario que hoy nos demos cuenta de la inmensidad del amor de Dios por cada uno de nosotros. Él lo ha dado todo por acercarnos a su reino, por justificarnos y darnos salvación. El Señor se conmovió de nosotros y nos limpió, sanó y restauró en la sangre de Jesús. Nos hizo además herederos de  su reino y nuevas criaturas, por eso hoy y todos los días, es necesario meditar  y recordar que Jesús entregó su vida para darnos libertad y victoria.

Antes de que le conocieras, él pensó en ti y entregó su vida para hacerte merecedor del perdón de Dios. No sé cuál es tu pecado, no sé qué te separa de Dios y desconozco si hay en tu corazón arrepentimiento pero lo que si puedo decirte con la seguridad del amor con qué Dios me ha amado, que él está esperando por ti para darte vida y paz. Él no te ha olvidado, te sigue esperando y está con los brazos abiertos deseoso de recibirte, consolarte y darte una oportunidad.

¿Se puede amar más? Déjate arropar por el amor de Dios que te da paz y alegría y sé agradecido porque otro ocupó tu lugar sin merecerlo para rescatarte y darte salvación.

Es urgente recordar que mientras nosotros pecábamos, y aún lo seguimos haciendo, él moría por nosotros. No olvides que  su amor nos restauró, nos hizo nuevos y nos ha hecho herederos de una promesa eterna.

¡Gratitud por los siglos de los siglos con nuestro Señor porque su misericordia nos ha sostenido!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Hay un testamento y eres heredero!

¿Qué harías si hoy te avisaran que hay un testamento en el que aparece tu nombre escrito como persona beneficiaria de una herencia incalculable? Pues aunque parezca una fantasía, es verdad, y hoy te lo digo, lo anuncio y lo recuerdo. Dios ha escrito tu nombre y el mío en el testamento de la vida y nos ha hecho, sin merecerlo, herederos de su reino. ¿Sabes lo que eso significa?

Significa: que nuestro Dios nos suplirá eternamente de todo y no habrá carencias en nuestra vida de ninguna índole, porque la herencia que él ha reservado para sus hijos es una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. El dueño del cielo y de la tierra nos ha hecho herederos, por amor, de una promesa de vida eterna.

Mientras habitamos en la tierra, en Dios está nuestra esperanza y fortaleza porque hemos creído y confiado en él, en sus promesas, su pacto y su incondicional fidelidad.

Ya conoces el dictamen del testamento, ¿qué harás? Se te ha concedido una herencia de un valor inconmensurable y único sin que hicieses nada para conseguirlo. Dios se acordó de ti y de mí, y por amor e infinita piedad nos hizo herederos de su gloria y gracia. Y me pregunto: ¿Qué más necesitamos si en él lo tenemos todo? ¿No es hermoso? Dios es maravilloso.

Empecemos a vivir como lo que somos, herederos de Dios.

Empecemos a creer lo que Dios ha hecho por nosotros y lo que nos ha dado por amor.

Empecemos a reflejar lo que Dios ha cambiado en nuestras vidas, dejemos ver su gloria.

Empecemos a transmitir las maravillas de la herencia que por gracia nos ha tocado.

Empecemos a compartir esta herencia con los que aún no saben lo que hay preparado en los cielos para ellos.

Disfruta y alégrate desde ahora por la promesa de una herencia en los cielos reservada especialmente para ti.

 

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.