Escucha cuando Dios te habla

Arte y DIseño para Cristo

Cuando éramos niños y nuestros padres hablaban ¿qué hacíamos? ¿Obedecíamos o ignorábamos su voz? No sé que clase de niño(a) fuiste, pero lo que sí está claro, es que nuestra decisión de escuchar y obedecer, o no prestar atención y hacer nuestra voluntad, tenía una consecuencia que descubríamos a continuación, al ver el rostro de nuestros padres. ¿ Qué recibiste, una palmada, un abrazo, un castigo o un beso?

A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia. (Deuteronomio 30:19)

En este verso, podemos ver que Dios nos da dos opciones y nos deja elegir. Como nuestros padres cuando hablaban, nos dejaban eligir obedecer o no, pero sabíamos que lo que eligiéramos sería para nuestro bien o nuestro mal y así mismo nos dice Dios pero nos aconseja la mejor elección para ser bendecidos. ¿Recuerdas a tus padres plantearte la misma opción? ¿Lo haces ahora con tus hijos? Seguramente lo harás, porque un padre que ama a sus hijos los instruye en todo tiempo.

Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere. (Proverbios 3:12)

Tengo que reconocer que fui una niña dócil y obediente, aunque alguna vez mentí y fui traviesa, como la mayoría de niños, pero considero que fui una niña tranquila y obediente. Recuerdo a mi madre cuando me decía a los 7 años, (edad de la mentira) que siempre debía decir la verdad, aunque el mundo se me cayera encima y recuerdo que a mi mente venía un planeta redondo, grande y azul con mucha rapidez que me perseguía, pero yo corría y decía la verdad antes de que me aplastase. Esto, aunque parece tonto, permitió que tuviera muy clara la importancia de decir la verdad hasta hoy en día. No sé que técnica utilizaron tus padres para persuadirte e invitarte a obedecer pero a mi madre le funcionó la que aplicó con mi hermano y conmigo.

Dios, como un padre que ama a sus hijos, nos habla. Se dirige a nosotros con amor, paciencia, ternura y claridad. Su voz es suave, algunas veces estricta pero siempre justa y dulce. Dios nos reta a escucharle, a entender su amor y escudriñar su esencia. Y la forma que ha utilizado está al alcance de todos los hombres. Se trata de su palabra, la Biblia, esa es la voz de Dios. Inspirada por él mismo y escrita por hombres que eligió para cumplir el propósito divino de dejar a la humanidad el texto esencial de vida o manual de instrucciones para convivir y pulir nuestro corazón y carácter.

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia. (2 Timoteo 3:16)

Hoy, tenemos que valorar que podemos disponer de la voz de Dios, escucharla y estudiarla en cualquier momento. En nuestras casas, en nuestra iglesia, comunidad y en familia. Podemos leerla, escucharla en la televisión, la radio, internet, el teléfono. Hoy no hay excusas para no escuchar a Dios. Existen muchos canales y formas de atender su voz y llamado. Otra forma de leer el mensaje de Dios, es seguir espacios como éste, donde se comparte con frecuencia, casi a diario, la palabra del Señor. Es fácil leer la biblia y escuchar el mensaje pero otra cosa es escuchar a Dios, cuál es su propósito y qué lectura le damos al mensaje que él nos regala cuando nos habla. Leer es muy fácil, es didáctico y ayuda a tener activa la memoria, pero leer la voz de Dios y meditar en ella, es más que eso, es activar y enriquecer nuestro espiritu y corazón.

Porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. (Romanos 2:13)

Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. (Santiago 1:22)

Dios eligió, después de mi oración, antes de sentarme a diseñar, que esta sería la porción que tenía para nosotros hoy en Arte y Diseño para Cristo. ¡Así que no nos hagamos los sordos! Dios nos está hablando, me habla a mí y a ti y nos dice claramente, que tomemos la ley de su boca y la pongamos en nuestro corazón. Es decir ¡leamos, meditemos, creamos y apliquemos!

¿Aceptas el reto del Señor? Escucha cuando él habla, escuchémosle y tomemos ahora su ley, leámosla, meditemos y llevémosla a nuestro corazón!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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Estás a tiempo ¡Ejercita tu espíritu!

Arte y Diseño para Cristo

Existen en nuestros días innumerables rutinas y consejos para cuidar nuestro cuerpo y salud. Existen terapias y ejercicios especializados para conseguir un objetivo físico resistente y duradero. Lo mejor es que empleamos todo o gran parte de nuestro tiempo, fuerzas y ganas en ello. Nos comprometemos y hacemos deporte, rutinas y ejercicios con el propósito de conseguir una condición física inmejorable. Anhelamos ser fuertes, estar sanos y para ello, invertimos el tiempo que sea necesario. Dejamos todo a un lado para conseguir nuestro objetivo.

Y si hiciéramos lo mismo pero con el propósito de fortalecer nuestro espíritu, ¿Crees que el resultado sería el mismo?¿ Trabajaríamos de la misma forma y con el mismo ánimo para tener un alma y un corazón imbatible? Ojalá deseáramos ejercitar nuestro corazón de la misma forma que anhelamos correr por las mañanas. Ojalá fuésemos tan puntuales en la Iglesia como lo somos en el gimnasio. Ojalá fuésemos tan consagrados en leer la palabra de Dios como lo somos para asistir a las clases de yoga o pilates. Quizás notaríamos mejores resultados si tuviéramos un tiempo especial y reservado para él como el tiempo que le dedicamos al entrenador para que nos explique la rutina del momento.

El ejercicio nos ayuda a fortalecer el cuerpo pero la palabra de Dios fortalece nuestro espíritu. Es más que el alto rendimiento físico, es una terapia de sanación, limpieza y purificación. Leer la palabra del Señor y meditar en ella no sólo mejora nuestro aspecto físico sino nuestro aspecto emocional, mental y espiritual. No agotes todas tus fuerzas en conseguir propósitos físicos, con fecha de caducidad. Ejercita además de tu cuerpo tu espíritu. Ejercita tu alma. Ejercita tu mente y tu corazón.

Hacer deporte no es malo, hacer deporte es aconsejable y necesario, para mejorar nuestra salud. Leer la palabra de Dios no es malo, es necesario y muy recomendable para vivir y estar siempre gozoso.

Si tienes una Biblia en casa, ábrela!

Si tienes una Biblia cerca, léela!

Si no tienes una Biblia, búscala!

Si consigues una Biblia, medita en ella!

Pero hazlo. No pierda la oportunidad de escuchar la voz de Dios y meditar en lo que quiere decirte. Él quiere que seas fuerte, tan fuerte como cuando haces deporte.

No sé tú, pero yo le pido a Dios que me dé la misma disposición que tengo para cuidarme para buscarle, escucharle y vivir su palabra. Quiero comprometerme con todas mis fuerzas a ejercitar mi mente, corazón y espíritu. ¿Te animas?¿Lo hacemos juntos?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Recuerda lo que has aprendido y oído ¡No seas tibio!

En dos días habrá concluido el año 2014. Vivimos el día 362 del año y en tres días habrá terminado para dar inicio a un tiempo nuevo. Llegan 365 nuevas oportunidades ¿Estás preparado?

He dicho oportunidades, no riquezas y abundancia ¡cuidado! Hay muchos por ahí prometiendo bendición económica en el nombre de Dios.

Empezar un año nuevo, un ciclo de 12 meses significa tener 365 nuevas oportunidades para cambiar, aumentar la fe, acercarnos a Dios, reconocer nuestras faltas pasadas y luchar para no repetirlas. Pero también significan 365 días de milagros, sanidad, victoria, fortaleza, esperanza, libertad, bendiciones y también provisión. Dios tiene todo bajo preparado.

A tres días de terminar el año te invito a reencontrarte con el Señor y reconocer tus errores delante suyo. Con un corazón quebrantado y arrepentido humíllate delante de él y reconoce en qué fallaste y en qué áreas necesitas su ayuda para ser renovado. Él estará contigo y tu fuerza será. Cada día trabajará para hacerte mejor, no lo dudes, déjate ayudar.

Dios puso en mi corazón hace unos días el texto de Apocalipsis 3:15-16 en el mensaje a las iglesias de los últimos tiempos, concretamente en el que se dirige a la iglesia de Laodicea, a la que llama tibia, y dice así:

Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. !!Ojalá fueses frío o caliente!

Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”.

La palabra de Dios dice: “ojalá” y esta palabra denota un vivo deseo de que suceda algo. Dios quiere que seamos de una manera específica, no términos medios. Dios quiere que seamos valientes y a esta iglesia dice: que ni siendo frío ni caliente, la desechará (le vomitará) porque fue tibia. La palabra “vómito” aparece en la Biblia y suena un poco fuerte pero buscando sinónimos encontramos que hace referencia a un desecho dañino que ha perjudicado nuestro cuerpo y por eso es eliminado. Esforcémonos para estar en la temperatura correcta y no ser fríos ni tibios, para no ser desechados por Dios el día de mañana.

El llamado de nuestro Padre para este año es a ser valientes, cercanos, firmes, obedientes, y al estar en esta actitud no caeremos en tibieza sino que estaremos transmitiendo continuamente el calor de su Espíritu. Reflexiona con firmeza en tu relación con Dios, ¿qué temperatura tienes en este momento? Empezaste el 2014 con el termómetro en 40ºC y lo terminas esta semana en la misma temperatura o ¿estás bajo cero? No sé cuál es tu temperatura, la mía debe aumentar. Así que tomo esta palabra para mí y le pido a Dios firmeza para seguir caminando cerca suyo y aprovechar cada día de este año que empieza, para seguir siendo edificada y transformada por el calor de su espíritu y así compartirlo con los demás.

Demos la bienvenida al año nuevo desde ahora, confiando en Dios y antes de seguir extendiendo nuestra lista de peticiones, sometámonos al Señor y aumentemos el calor de nuestra relación con él. ¿Cómo? Obedeciendo, escudriñando su palabra, meditando, orando, reflexionando, amando y haciendo su voluntad.

¡Feliz Año!

¡Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes!

Laura Sánchez.