¡Gracias papá! Lo has hecho bien.

Arte y Diseño para Cristo

Hoy se celebra el día de San José y en algunos países, como España, también el día del padre. Todos los días son especiales para recordarle a ese hombre tan especial en nuestra vidas que lo ha hecho bien como amigo y consejero y cuan importante es su vida para nosotros. Que su esfuerzo y constancia por darnos siempre lo mejor ha sido un gran ejemplo y que todo el tiempo que nos ha dedicado y seguirá dedicando como hijos, ha merecido y merecerá la pena siempre.

Nuestra forma de agradecerlo hoy, como hijos, es honrándole por su rol y tarea de padre y cabeza de hogar.  Pedimos a Dios les siga concediendo fuerza, salud y valentía a cada uno de los padres que temen su nombre y buscan agradarle imitando el carácter de Jesucristo en sus vidas y hogares.

Hoy, nuestro regalo es tan simple pero tan profundo, como lo es el significado de esta palabra: ¡G R A C I A S!

Para todos los padres y todos los “José” del mundo ¡Feliz día! Dios derrame bendiciones sobre vuestras vidas y os conceda seguir siendo instructores, amigos y compañeros de sus hijos. Apoyo, seguridad y protección en sus familias e inigualables cabezas de hogar. Que sus familias sean estandarte del amor que profesan a Dios.

Bendiciones para todos. Para los que lo son y los que lo serán. Para mi padre, mi hermano y mi esposo, los mejores deseos del cielo.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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Escucha cuando Dios te habla

Arte y DIseño para Cristo

Cuando éramos niños y nuestros padres hablaban ¿qué hacíamos? ¿Obedecíamos o ignorábamos su voz? No sé que clase de niño(a) fuiste, pero lo que sí está claro, es que nuestra decisión de escuchar y obedecer, o no prestar atención y hacer nuestra voluntad, tenía una consecuencia que descubríamos a continuación, al ver el rostro de nuestros padres. ¿ Qué recibiste, una palmada, un abrazo, un castigo o un beso?

A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia. (Deuteronomio 30:19)

En este verso, podemos ver que Dios nos da dos opciones y nos deja elegir. Como nuestros padres cuando hablaban, nos dejaban eligir obedecer o no, pero sabíamos que lo que eligiéramos sería para nuestro bien o nuestro mal y así mismo nos dice Dios pero nos aconseja la mejor elección para ser bendecidos. ¿Recuerdas a tus padres plantearte la misma opción? ¿Lo haces ahora con tus hijos? Seguramente lo harás, porque un padre que ama a sus hijos los instruye en todo tiempo.

Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere. (Proverbios 3:12)

Tengo que reconocer que fui una niña dócil y obediente, aunque alguna vez mentí y fui traviesa, como la mayoría de niños, pero considero que fui una niña tranquila y obediente. Recuerdo a mi madre cuando me decía a los 7 años, (edad de la mentira) que siempre debía decir la verdad, aunque el mundo se me cayera encima y recuerdo que a mi mente venía un planeta redondo, grande y azul con mucha rapidez que me perseguía, pero yo corría y decía la verdad antes de que me aplastase. Esto, aunque parece tonto, permitió que tuviera muy clara la importancia de decir la verdad hasta hoy en día. No sé que técnica utilizaron tus padres para persuadirte e invitarte a obedecer pero a mi madre le funcionó la que aplicó con mi hermano y conmigo.

Dios, como un padre que ama a sus hijos, nos habla. Se dirige a nosotros con amor, paciencia, ternura y claridad. Su voz es suave, algunas veces estricta pero siempre justa y dulce. Dios nos reta a escucharle, a entender su amor y escudriñar su esencia. Y la forma que ha utilizado está al alcance de todos los hombres. Se trata de su palabra, la Biblia, esa es la voz de Dios. Inspirada por él mismo y escrita por hombres que eligió para cumplir el propósito divino de dejar a la humanidad el texto esencial de vida o manual de instrucciones para convivir y pulir nuestro corazón y carácter.

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia. (2 Timoteo 3:16)

Hoy, tenemos que valorar que podemos disponer de la voz de Dios, escucharla y estudiarla en cualquier momento. En nuestras casas, en nuestra iglesia, comunidad y en familia. Podemos leerla, escucharla en la televisión, la radio, internet, el teléfono. Hoy no hay excusas para no escuchar a Dios. Existen muchos canales y formas de atender su voz y llamado. Otra forma de leer el mensaje de Dios, es seguir espacios como éste, donde se comparte con frecuencia, casi a diario, la palabra del Señor. Es fácil leer la biblia y escuchar el mensaje pero otra cosa es escuchar a Dios, cuál es su propósito y qué lectura le damos al mensaje que él nos regala cuando nos habla. Leer es muy fácil, es didáctico y ayuda a tener activa la memoria, pero leer la voz de Dios y meditar en ella, es más que eso, es activar y enriquecer nuestro espiritu y corazón.

Porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. (Romanos 2:13)

Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. (Santiago 1:22)

Dios eligió, después de mi oración, antes de sentarme a diseñar, que esta sería la porción que tenía para nosotros hoy en Arte y Diseño para Cristo. ¡Así que no nos hagamos los sordos! Dios nos está hablando, me habla a mí y a ti y nos dice claramente, que tomemos la ley de su boca y la pongamos en nuestro corazón. Es decir ¡leamos, meditemos, creamos y apliquemos!

¿Aceptas el reto del Señor? Escucha cuando él habla, escuchémosle y tomemos ahora su ley, leámosla, meditemos y llevémosla a nuestro corazón!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Aún quedan dudas del poder de la oración y de la misericordia de Dios?

Arte y Diseño para CristoAyer, se esperaba que la fuerza de un huracán de categoría 5 tocara las costas del pacífico mexicano y se temía que pudiese afectar varios estados como Nayarit, Puerto Vallarta, Colima  y Jalisco, pero hubo un gran llamado de intercesión y los hombres clamamos al cielo y pedimos la justicia y misericordia de Dios.

Ayer, las redes sociales gritaban a viva voz por la protección de México ante este pronóstico de la naturaleza. Por la diferencia horaria entre América y Europa marché a descansar y aún la noticia era previsión pero no dejamos de orar y clamar. Esta mañana al despertar, se alegró mi corazón en gran manera al ver la respuesta contundente e inmediata del Señor cuando leí las noticias y anunciaban que el temido huracán había avanzado perdiendo fuerza al tocar tierra hasta convertirse en un tormenta de categoría 1 causando menos daños y victimas de los esperados. Es realmente hermoso ver que nuestro Padre escucha nuestra voz y atiende nuestras súplicas.

México recibió la tormenta y hay cientos de imágenes y vídeos que nos acercan a la realidad del suceso pero no fue como se preveía y esperaba. Estoy segura que la misericordia de Dios nos alcanzó una vez más y amainó su ira en favor nuestro; digo nuestro porque aunque este suceso afectaba principalmente a México es una situación que nos perjudica de alguna u otra forma a todos. Somos hermanos e hijos de Dios sin importar nuestro origen y de nuevo Dios nos deja claro que cuando oramos e intercedemos los unos por los otros, él nos escucha.

Su oído atendió nuestra oración y su misericordia nos alcanzó.
Nuestras oraciones al cielo debilitaron la ira de Dios y lo que se preveía como un huracán con destrucción y violencia, como el más fuerte de los últimos tiempos se calmó. Sigamos orando para que este fenómeno de la naturaleza termine sin desastres, daños ni perdidas humanas. Oremos para que la paz, tranquilidad y calma reine en el corazón de las familias mexicanas. No dejemos de orar porque la tormenta aunque leve puede causar inundaciones y derrumbes. Que Dios guarde a los pueblos que puedan ser afectados y proteja a todos sus habitantes.

¿Aún quedan dudas del poder de la oración y de la misericordia de Dios?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Y si escuchamos más, hablamos poco y nos enfadamos menos?

Arte y Diseño para Cristo

Ya lo dice el Señor, que seamos prontos (rápidos, dispuestos) en escuchar, atender, oír y un poco más lentos, pausados y prudentes para hablar y para enfadarnos.

¿Pero somos así? La verdad es que si el Señor nos lo advierte en su palabra, es porque nos conoce a la perfección y sabe que nos cuesta mucho escuchar y atender. Nos cuesta prestar atención y oír de verdad. Oír no es igual a escuchar. Se oyen muchas cosas pero se escuchan pocas. Escuchar requiere una disposición absoluta de nuestros oídos y entendimiento. Oír en cambio no, es suficiente que el oído capte algo sin entenderlo ni reflexionar en ello.

¿Y de qué va lo de hablar? ¿Por qué Dios dice que seamos lentos para hablar? Él quiere que meditemos nuestras palabras, quiere que reflexionemos y antes de abrir la boca sepamos lo que vamos a decir. Somos muy efusivos e impulsivos y ante esto el Señor nos anima a ir un poco despacio para evitar problemas. Yo soy la primera en hablar hasta por los codos, eso dicen las personas que me conocen y no sabéis de que manera trabaja el Señor conmigo esta área de mi vida cada día. Soy una persona muy gestual y expresiva y me encanta hablar, pueden pasar las horas y yo no paro de hablar….pero a veces es más sabio guardar silencio y no sabéis de qué manera trabaja el Señor conmigo para pulir esta parte en mí. Él que mucho habla quiere ser escuchado, pero también debe escuchar y disponer su atención para entender a los demás.

¿Y lo del enfado? Esta tercera observación es quizá la más importante, porque si se controlan las dos primeras esto es lo que puede llegar a evitarse. El enojo o enfado llega a nosotros cuando no escuchamos y respondemos con rapidez sin pensar soltando lo primero que se nos ocurre, muchas veces haciendo daño a los seres que más amamos con palabras dañinas e hirientes y con actitudes frías y distantes.

Dios nos dio un corazón nuevo y nos dio su Espíritu. Nos dio poder, amor y dominio propio. Él quiere que tengamos vidas alegres en las que las relaciones con los demás sean fruto del respeto, el amor y la amistad. Dios quiere que nos escuchemos mutuamente y nos entendamos. Él quiere que respetemos a quién habla y que todos hablemos pero sin llegar a agredirnos ni hacernos daño. La Biblia dice: “Airaos pero no pequéis” Es decir, que Dios entiende que hay cosas que nos pueden hacer enfadar, es más, él también se enfada con las injusticias y la desobediencia de los hombres; pero nos advierte que el enfado no sea una excusa para pecar.

Entonces: Escuchemos más, hablemos poco y enfademonos menos. ¡Nuestra vida será mejor!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Y por qué lo del yugo desigual?

Cuando escuché la primer predica en relación a este versículo transcurría el año 2005 y me parecía una postura radical, pero de forma inconsciente e insensata me encontraba juzgando la opinión e instrucción de Dios, nada más y nada menos. ¿Quién soy yo para decir si me gusta o no lo que dice la palabra del Señor? La verdad es que me guste o no, es la voz de Dios la que habla y si él lo dice es por algo. Diez años después de conocer al Señor empecé a entender y comprender con claridad a través de cada vivencia que lo que él ha dicho es para nuestro bien y para que recibamos su bendición.

Un yugo es una unión que se establece y logra a través de un mecanismo que recibe el mismo nombre en la que el ganado se agrupa en parejas para trabajar mejor el campo y que haya un mayor rendimiento. El yugo debe se igual para que la pareja de reces que comparten el yugo anden de forma cómoda y marchando al compás, si el yugo es desigual, te puedes imaginar lo que pasará. La palabra de Dios compara el yugo con nuestra fe, haciendo referencia a las personas creyentes y a las no creyentes.

¿Qué puede pasar si hay una unión entre alguien que cree y ama a Dios con alguien que no ama a Dios y para el que la fe no tiene la menor importancia? Cuando somos jóvenes esta verdad nos cuesta entenderla, escudriñarla y verla con sabiduría. Nos dejamos llevar por otras razones y no reflexionamos, nos parece que si Dios ama a todos los seres humanos también a los inconversos y es una oportunidad para que conozcan al Señor. Pero con el tiempo es muy probable que la unión desigual termine causando grandes problemas. Como dice la Biblia, ¿pueden estar unidos la justicia con la injusticia o la luz con la oscuridad?

No significa que quién no conoce a Dios sea un peligro, simplemente es alguien que piensa diferente y aunque Dios tampoco quiere unir la vida de seres iguales e idénticos, si desea la unión de seres que compartan la misma fe para que juntos con su ayuda y confianza en él logren vencer la adversidad y pruebas de la vida. Y si la unión es desigual Dios no te castigará pero caminar tropezando por no tener el yugo al mismo nivel de tu compañero puede producer enfrentamientos, cada buey o res quiere tirar para su lado a la medida de la altura de su yugo, lo que al final produce una grieta en el yugo hasta que se parte porque no se camina de forma equilibrada afectando al rendimiento.

Escribo este artículo con gran sensibilidad, porque cuando conocí a Dios y le entregué mi corazón, la pareja que tenía se alejó de mí y nuestra relación terminó. Cuánto dolor hubo en mi interior sin poder entender porque buscar a Dios significaba el rechazo de quién tanto amaba. Más tarde prometí a Dios que no pondría a nadie por encima de mi amor a él y conocí a la persona que hoy es mi marido y con quién llevo más de 9 años casada y a quién le confesé mi absoluto amor y dependencia a Dios desde el primer momento.

Él no conocía a Dios pero oré sin cesar todos los días por la conversión de su alma y un día él aceptó al Señor como su salvador y se bautizó recibiendo el perdón y salvación de Jesucristo. Aún hoy sigo orando por él, para que crezca en el amor y dependencia de Dios. Pero si bien es cierto que cuando se avecinan las dificultades alguna vez nuestra dependencia del Señor tiene diferente proporción y siento que hay un desnivel y recuerdo la palabra de Dios sobre el yugo desigual y hoy siento un llamado urgente a compartir mi testimonio y a recordar que detrás de cada instrucción de obediencia hay una bendición. Dios no exige nada por capricho ni nada que no sea proporcional a su bendición. No es fácil apartarse del mundo y relacionarse sólo y unicamente con personas creyentes pero esta palabra nos sirve de instrucción de vida para todas las áreas de nuestra vida, no sólo para el matrimonio, sino también para las amistades y negocios. Nunca será igual construir un proyecto junto a alguien que tema el nombre de Dios y ame con todo su corazón su nombre.

Este mensaje no tiene como propósito confundir a nadie ni entristecer el corazón de quién como yo ha caminado de la mano junto a alguien no creyente. Simplemente es un llamado para que juntos miremos con prudencia la instrucción de Dios como un requisito de obediencia que tendrá como consecuencia su bendición. Todo lo que Dios nos ha aconsejado es por nuestro bienestar.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Y si oramos otra vez?

¿Qué nos pidió el Señor que hiciéramos sin cesar? Orar! Él nos pidió orar, velar, clamar, pedir al cielo por todo y en toda circunstancia.

Existen tantos motivos para orar, tantas razones para invocar el nombre de nuestro Dios y con todas las fuerzas de nuestro corazón, dar gracias, pedir por grandes necesidades, calamidades, tragedias, desastres, problemas. Hay innumerables argumentos para acercarnos a Dios y poner en sus manos nuestras necesidades y las de los demás. Clamar e implorar al gran yo soy su benignidad para hacer posible lo que supera nuestra capacidad, lo que limita nuestro poder. Podemos implorar al cielo por múltiples razones, podemos interceder por la enfermedad de otros y la angustia de corazones solos.

¿Tienes una razón para orar? Compártela!

¿Tienes una necesidad? Compártela!

¿Quieres dar gracias al Señor por su Fidelidad? Agradece y comparte las bendiciones del Señor para contigo y tu familia.

¿Estás enfermo? Oremos y recibe sanidad en el nombre de Jesús!

¡Clama y él te escuchará! ¡Clama y el te responderá! Cree y te será hecho.

Y si aún no existen motivos que te inviten a orar, yo te comparto algunos que nos competen a todos y por los que debemos orar.

Oremos por la crisis espiritual del mundo, por la constante persecución de cristianos en el mundo que crece a gran escala con altos indices de violencia.

Oremos por los niños perseguidos y maltratados, por las niñas que son vendidas como esclavas sexuales con apenas pocos años de edad.

Oremos por las autoridades, por los gobernantes y lideres del mundo. Oremos por las personas que trabajan en los servicios públicos y sociales de nuestra ciudad (Bomberos, médicos, policías, enfermeros, recogedores de basura,etc. Porque todos exponen su vida, salud y largas jornadas de trabajo para el bien de la sociedad.)

Oremos por la paz en nuestro planeta. Oremos por la familia y su importancia en la sociedad.

Oremos para que el amor sea la fuerza que nos motive a vivir cada día, porque amando venceremos la maldad y seremos reflejo de Dios, porque él es amor.

Oremos para no estar distraídos ni ser engañados por el enemigo que anda como león rugiente buscando a quién devorar. Oremos, velemos y permanezcamos atentos.

Oremos por los necesitados, los que no tienen un techo donde resguardarse ni un empleo para poder comer.

Oremos por los enfermos y minusválidos. Por los ciegos, sordos y cojos. Por los que padecen cáncer y enfermedades raras.

Oremos por la gente que está en las cárceles, por las prostitutas. Oremos para que el Espiritu Santo ponga en su corazón arrepentimiento y puedan apartarse del pecado y acercarse al dador de Vida.

Oremos por los huérfanos y las personas viudas.

Hay tantas razones para orar. Que tu boca no se cierre ante la necesidad de nadie! Ni la tuya ni la de los demás.

¡Oremos a viva voz, Él nos escuchará!

Trabajado y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Éste es el tiempo de buscar y hallar a Dios

Mientras escribo este post, en mi reloj son las 23:15; no sé qué hora es en el tuyo pero creo que nuestro tiempo es el mismo. Jueves, 11 de diciembre de 2014, es el mismo tiempo para ti y para mí donde quiera que estemos, y es el tiempo idóneo para buscar a Dios y acercarnos a él. Es tiempo de experimentar un acercamiento sincero y genuino al Señor. Ya no hay tiempo de excusas ni obstáculos. Es tiempo de venir a él y descubrir personalmente la magnitud de su amor y misericordia.

En el artículo que compartí ayer decía que hoy ya no somos lo que creímos durante años, hoy ya no somos lo que dicen o piensan los demás, hoy ya no somos lo que nos dijeron cuando apenas éramos unos niños; hoy estamos lejos de ser lo que nuestra mente cree y dice el enemigo de nuestra felicidad. Hoy es el tiempo de sentir a Dios tan cerca y tan real como está de nosotros. Es el momento de sentirle sin verle. Es el tiempo de experimentar la verdadera fe.

Así de cercano es Dios. Así de maravilloso, amoroso y especial. Dios no exige ningún requisito para atender, no requiere audiencia, no pide espera para escuchar. Dios no tiene un horario de atención al público, él siempre atiende, siempre está dispuesto, siempre escucha y siempre responde; aunque su respuesta parezca tardar porque no se cumple en nuestro tiempo, Dios siempre responde y además en el tiempo oportuno.

Dice su palabra que le busquemos y le llamemos porque entonces le hallaremos estando cerca de nosotros. Y también nos lo repite el Señor Jesús en los evangelios al hablar de la oración.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. (Mateo 7:7)

Éste y muchos más versos de la escritura nos recuerdan la misericordia y disposición para ayudarnos que tiene Dios. Y ahora mismo, viene a mi mente lo siguiente: me encanta hablar y ser escuchada pero también disfruto escuchar y atender a los demás, pero ¡ay del tiempo!, si no tengo suficiente tiempo viene la intranquilidad y entonces termino oyendo sin escuchar realmente. Y hoy pido perdón a Dios porque creo que aún me falta mucho por aprender de su carácter y paciencia. En cambio, Él nos atiende a todos con paciencia sin importar el tiempo, la hora, el día, el lugar, las circunstancias, y sin importar que todos lo hagamos a la misma vez.

¿Te suena? ¿Te identificas con lo que digo? Tenemos que reconocer que estamos limitados por el espacio y el tiempo, y no podemos hacer mil cosas a la vez aunque quisiéramos, como lo hace Dios; pero el poco tiempo que tenemos o la poca disponibilidad del día, sí que podemos invertirla de la mejor manera.

Escuchemos con atención al Señor, acerquémonos a él, busquémosle y le hallaremos.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

El que no escucha consejo no llega a viejo.

Lo que desde niños hemos escuchado de nuestros padres lo dijo Dios desde el principio.

“El que no escucha consejo no llega a viejo”.

Dios no lo dijo de esta manera pero nos dejó un mensaje claro que dice que escuchar el consejo y recibir la corrección nos dará sabiduría en la vejez, lo que se traduce en el dicho o refrán que desde la niñez nuestros oídos han escuchado.

Es maravilloso sentir el amor de Dios en cada palabra de la Biblia, el esfuerzo sobrenatural por transmitirnos un mensaje claro sin adornos ni enredos. El Señor quiere que obtengamos sabiduría y nos da el secreto para conseguirlo. Escuchar y recibir. Atender y captar.

No es fácil escuchar ni recibir el consejo de otros. Nos cuesta atender la experiencia de los que son mayores, de los que ya han vivido, inclusive nos cuesta escuchar a Dios. Nos es difícil sujetarnos y aprender, porque insistimos, muchas veces, en obtener la experiencia por nuestra cuenta y vuelvo a escuchar a mi madre decir: “Se lo dije, se lo dije, como no escucha…”

Dios nos está evitando esta reprimenda con su palabra, nos está aconsejando para adquirir sabiduría, madurar y llegar a la vejez. Porque el que siendo joven no atiende el consejo de los que ya han vivido y han pasado por diversas situaciones y experiencias, sufrirá, lo pasará mal y recordará el consejo cuando esté pasando por pruebas, pero quizás sea tarde.

Como decía antes, alguna vez he recordado el consejo de otros cuando he tenido que enfrentar diversas pruebas porque precisamente no escuché. Yo soy la primera que me he resistido, algunas veces a escuchar, porque creo que sólo viviendo las experiencias aprenderé. Pero, ¿y si escucho a Dios y sigo su consejo? ¿y si evito el sufrimiento y el dolor? Cuando lo he hecho, he entendido que hay bienestar y bendición en la obediencia.

Hoy es el día de escuchar y atender, a Dios, a tus padres, a tus abuelos, a los que ya han vivido la prueba que enfrentas o, probablemente, enfrentarás.

Escuchemos y recibamos porque hay bendición en la obediencia y el que no hace estas cosas se aleja de la sabiduría.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.