¿Por qué honrar y celebrar la muerte, la oscuridad y no la vida?

Arte y Diseño para Cristo

Llegó el día de debate para muchos cristianos, el día de Halloween, una celebración de origen celta que se celebra hasta nuestros días con diferentes matices, pero debemos recordar que detrás de la aparente inocencia de esta fiesta, se esconde un oscuro y tenebroso festín espiritual de fuerzas malignas y demoniacas. Los celtas celebraban esta fiesta en el fin del verano y comienzo del otoño, inicio de un periodo oscuro y acompañaban su celebración con la práctica de adivinación y banquetes en las tumbas de sus antepasados. En la actualidad, países como México celebran el día de los muertos en el que se recuerda la memoria de los que ya no están.

No se trata de polemizar con esta fiesta y comprendo que celebrarlo o no, es una decisión personal, y recordemos que nuestras decisiones tiene consecuencias y un precio pero como blogger de este espacio me siento en la responsabilidad de compartir el mensaje que el Señor pone en mi corazón el día de hoy. Y empiezo con unas preguntas:

¿Hay necesidad de abrir puertas difíciles de cerrar? ¿Tan aburridos estamos?

¿Por una celebración y una fiesta en la que se idolatra la muerte, la oscuridad y al mismo diablo vamos a perder todas las bendiciones que del cielo recibimos?

Puedes disfrazarte, no vas a enfermarte ni a morir. Puedes creer que esto es una celebración inocente en la que no se hacen sacrificios humanos de niños y mujeres vírgenes en diferentes lugares del mundo. Puedes creer que es una fiesta más y hay que divertirse. Otros lo considerarán una moda y una fiesta genial que impone la cultura americana o que quedarían estupendo disfrazarse de esto o aquello. Pero que muchos celebren algo no lo hace bueno ni edificante.

Entiendo que muchos piensen que merece la pena celebrarlo porque es divertido y los niños se entretienen, pero recuerda que aunque no podamos verlo hay una esfera paralela a nuestra realidad y es nuestra vida espiritual en la que hay constantes ataques del enemigo y su ejército de demonios, quienes aprovechan “pequeñeces” como estas para actuar. Creo que la palabra de Dios es nuestro manual de vida y aunque en ninguna de sus hojas niega celebrar el Halloween, si que nos da instrucciones para tener claro que esta fiesta pagana no le agrada al Señor.

Veamos:

No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos. (Levítico 18:3)

Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos. (Levítico 20:27)

No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero. (Deuteronomio 18:10)

Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios. (3 Juan 11:11)

Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. (1 Pedro 4:3)

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10)

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. (Efesios 6:12)

Cuando aún no tenía una relación cercana y sincera con Dios, anhela que llegara esta fecha para ser la “bruja” más guapa y temible entre mis amigas. No sabía que había detrás de ese interés por representar a un personaje macabro que siempre hace daño a los demás, un poco incoherente, en esos momentos, lo recuerdo y me pregunto ¿En qué pensaba? ¿Me edificaba ser una bruja? ¿Y sino me hubiese disfrazado? ¡No habría pasado nada! Claro no habría pasado que se abrieran puertas que mucho tiempo después entendí estaban abiertas por actos “insignificantes” de mi juventud y el enemigo no habría tenido oportunidad de perturbar la paz de mi mente y corazón. Recordemos que somos nosotros los que elegimos abrir o cerrar puertas. Somos nosotros los que elegimos la bendición o la maldición, la vida o la muerte.

¿Y tú qué elijes celebrar? ¿La vida o la muerte?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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¡VaCaciONeS con Dios!

Por estos días, las calles huelen a flores, coco y sol. Vivimos una de las temporadas más esperadas del año porque es un tiempo de descanso, reencuentro, diversión, distracción y merecido descanso, ¿te suena de algo? Seguro que lo sabes, estoy hablando de las vacaciones. Es un tiempo para el que nos preparamos el resto del año y que esperamos con anhelo después de una época gélida y gris. Deseamos disfrutar del calor, el sol, el campo, la playa y la familia… pero ¿y Dios?

Muchas personas son fieles y permanecen firmes de octubre a junio porque de julio a septiembre, los tres meses que dura el verano, se apartan, olvidan y alejan de Dios. ¿Acaso es justo este comportamiento? Dios nunca se toma vacaciones de nosotros y él sí que merece un descanso porque todos le damos nuestras cargas, problemas, angustias y dificultades pero él no lo hace; él NUNCA se toma días libres ni vacaciones, jamás nos deja ni desampara. ¿Y nosotros?

Que esta temporada veraniega disfrutes del paisaje, el sol, el calor, el ambiente, la familia y también de su compañía, de sus bendiciones, cada día. No te vayas de vacaciones e ignores al que todo lo creó y todo te dio para que disfrutes. Sólo recuerda: él nunca ha estado ocupado ni lo estará para atenderte, no ha preferido descansar ni tomar vacaciones, él siempre ha estado allí; así que hagamos un esfuerzo y apartémonos de la ingratitud y la vanagloria para disfrutar también un tiempo estival junto a nuestro Padre celestial.

El mensaje de hoy nos invita a reflexionar y entender que Dios es el primero que reconoce que nos cansamos, que merecemos un reposo, un tiempo de calma y por eso estipuló un día de reposo. Él sabe que perdemos las fuerzas, por eso nos las renueva cuando sentimos desfallecer, pero no confundamos las cosas; no nos apartemos del Señor para disfrutar, desconectar de él y en septiembre, como se regresa al colegio, volver a ser cristianos fieles y firmes. ¡No!

Niégate a ir de vacaciones sin Dios, es lo que el enemigo quiere, que desconectes de todo y de Dios también. Ánimo, junto a él es posible disfrutarlo todo porque él lo creó para ti.

¡Feliz Verano y felices vacaciones en compañía del Señor!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.