¡Él ocupó nuestro lugar!

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Jesucristo padeció por ti y por mí. Jesucristo sufrió el escarnio público y las acusaciones más injustas sin tener ninguna culpa porque su amor le llevó a ocupar el lugar que no le correspondía, el nuestro.

Tú y yo debíamos ser los acusados y culpables, no él. Él no merecía los insultos, maltratos y vejaciones por haber sido intachable y bueno. Él no merecía ser burlado y golpeado. No merecía ser escupido y humillado siendo inocente y justo. Ningún mal encontró Pilato en él para condenarle sin embargo el pueblo exigió y pidió su crucifixión.

Y Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre. (Lucas 23:4)

Si, aunque parezca increíble, fuimos “nosotros”. Los hombres, representados por el pueblo los que pedimos crucificar a nuestro salvador. Pero tenía que ser así para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dice así:

“El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.” (Isaías 9:2)

Entonces Jesucristo marcó la historia de la humanidad y la vida de los hombres fue diferente después de Cristo. Hubo para el mundo una segunda oportunidad en la sangre del hijo de Dios y desaparecieron las tinieblas y la oscuridad. Ahora había luz y restauración para los hombres que crean en él.

Ahora que sabes que un hombre sin igual ocupó tu lugar y te libró de pagar el precio de la culpa, ¿tienes dudas del amor con qué te ha amado el Señor? No hay excusas para dudar de la misericordia que ha tenido Dios con los hombres. Tú y yo hemos sido librados, perdonados, sanados y justificados por Jesús delante del gran juez, Jehová de los ejércitos. Por su amor y gracia ya no somos contados como pecadores o impuros. Por su sangre fuimos lavados, perdonados y considerados justos. Pero ¿es posible? Si, porque así lo quiso Dios.

Porque también Cristo padeció una vez por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu.

(1 de Pedro 3:18)

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. (Romanos5:9)

Celebremos que hemos sido justificados en la sangre de Jesús y demos gracias a Dios por su amor, perdón y reconciliación.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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¡El mejor ejemplo a imitar!

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Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. (Gálatas 5:13)

Hemos leído bien, a libertad fuimos llamado. Dios es respetuoso y no ha impuesto nada a ningún hombre. Tenemos la opción de elegir, somos libres para aceptar hacer su voluntad o no. Somos libres para seguirle o no, para hacer lo correcto o no, pero él nos aconseja para recibir su bendición y nosotros elegimos aceptarla o no.

Hoy es la oportunidad para recordar que Dios tuvo un plan que nos rescató para darnos vida eterna y salvarnos del castigo que merecía nuestro pecado y el de la humanidad. El pecado de todos los hombres agotó la paciencia de Dios, pero antes de destruir la tierra, como en los tiempos de Noé, en su eterna misericordia volvió a renovar su piedad e hizo lo más injusto del mundo para hacernos justicia a ti y a mí. Permitió que su único hijo sufriera y pagara nuestra deuda muriendo en crucificado en un madero.

La pregunta es: ¿Lo merecíamos? ¿Lo merecía Jesús?

Y la respuesta la conocemos pero saberlo nos hace más conscientes del amor inmerecido de Dios.

Digamos al Señor con toda la gratitud que emana nuestro corazón:

Señor, gracias por amarme sin merecerlo y pensar en rescatarme cuando yo aún no había nacido.

Gracias por dar la vida de tu único hijo por mí y la humanidad. Gracias por tener un plan maravilloso para la restauración de mi alma y mi espíritu. Gracias por prometerme que volveré a verte y disfrutaré de tu reino por la eternidad. Gracias por resucitar para ser mi guía hasta el fin de mis días y por defenderme y dar la cara por mí delante de Dios. Te amo Señor y tu acto de amor me hace amarte y vivir agradecido cada día de mi vida. Hazme recordar todos los días que me quedan por vivir, cuanto me amas. En tu nombre lo pido, Amén.

Después de sabernos amados y perdonados. Lavados de toda culpa sin haber hecho nada. ¿Seriamos capaces de ayudar a otros para que puedan ser lavados y restaurados? Prepárate y comparte con los demás el amor que te dio vida nuevamente y te rescató. Es una forma maravillosa de servir.

Porque de él recibimos el mejor de los ejemplos y nuestra tarea es imitarle y ser como él, hablemos de su obra en nuestras vidas y del amor que tiene por gracia para todos los hombres. ¿A quién puedes servir hoy?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Él amor de Dios nunca cambia!

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A pesar de nuestra rebeldía, ¡Dios nos ama! Digo a pesar porque aunque no parezca ni lo creamos, tú y yo somos en algunas ocasiones, rebeldes, necios y tercos. Aunque amamos a Dios, a veces, vamos por la vida conforme a nuestros deseos y necesidades y no conforme a los deseos ni voluntad de Dios. Eso es rebeldía.

¿Y qué hace un padre cuando su hijo es rebelde y hace lo que le apetece? ¡Lo sabemos bien! Las consecuencias de la desobediencia las conocemos por experiencia propia o porque es lo que hacemos o haremos con nuestros hijos. Lo primero es: el castigo, segundo: la reprensión y tercero: la lección. Pero el enfado y la decepción de un padre por la desobediencia de sus hijos suele permanecer por cierto tiempo; algunos lo recuerdan por largos años. Pero la noticia de hoy, es que a nuestro Padre Celestial y Dios eterno, el enfado y la ira le duran poco porque su misericordia es infinita y su amor inexplicable. A pesar de nuestra desobediencia y rebeldía, él nos ama y nos sana.

Clemente y misericordioso es Jehová, Lento para la ira, y grande en misericordia. (Salmos 145:8)

Esta sanidad hace referencia al perdón y a la restauración. Dios quiere nuestro bien y sabe que si fallamos, le necesitamos, entonces no se aparta, antes se conmueve y nos abraza. Él sólo espera que nos acerquemos y le contemos qué hemos hecho, por qué lo hemos hecho y sentir el arrepentimiento sincero de nuestro corazón, para lavarnos y sanar nuestro espíritu nuevamente. Y escribo nuevamente porque volverá a pasar y él nos volverá a sanar porque nos ama.

Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu. (Salmos 34:18)

Si embargo hay algo que no debemos olvidar, su perdón y misericordia no nos dan libertad para pecar. Entonces andemos en obediencia y sujeción en la vida, resistiendo la tentación y negándonos al pecado por amor a Cristo y a Dios Padre.

Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. (Gálatas 5:13)

¿Has sido rebelde con Dios?

¿En qué desobedeciste?

No me lo digas, díselo a él,

que aún a pesar de tu error y pecado, te perdonará y seguirá amando.

A él que tendrá misericordia de ti y te mirará con amor y ternura. A él que será paciente y nunca

pagará conforme a la grandeza de nuestros errores. A él que con amor eterno te ha amado.

¡Bendito seas Señor, Dios justo y misericordioso!

¡Gracias por amarnos eternamente y no tener en cuenta nuestra transgresión!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Él te hizo heredero e hijo de Dios!

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Un reo o presidiario tiene a cuestas una condena que paga por su delito. Tú y yo estábamos sentenciados a pagar por nuestros delitos y pecados pero el mejor abogado que existe defendió nuestra causa, nos representó y consiguió para nosotros libertad total y la absolución completa de nuestros errores. No nos dieron casa por cárcel sino que recuperamos la libertad para siempre.

La condena que pesaba a nombre nuestro fue borrada y eliminada por el juez ante la defensa de nuestro abogado. Él se presentó, intercedió y asumió nuestra culpa para librarnos del castigo. ¿Somos conscientes de ello? Alguien ocupó nuestro lugar sin que le pidiésemos el favor ni pagásemos un céntimo. Él se entregó voluntariamente! ¿Nos entregaríamos nosotros para ser culpados por el error de otra persona? Un hombre humilde asumió nuestra culpa para ser condenado por ti y por mí a cambio de nada, sólo de nuestra libertad y del cumplimiento del propósito para el que había sido enviado. Jesucristo nació, creció y en su edad adulta se sometió a la voluntad de su padre, nuestro Dios, para que se cumpliese su obra de salvación para la humanidad.

Esta historia la hemos escuchado muchas veces, la hemos leído, la hemos visto en la televisión y en películas. La hemos recordado cada celebración de la santa cena y la memoramos en las alabanzas pero ¿alcanza nuestro corazón a entender la magnitud del amor de nuestro abogado y la misericordia del juez? Porque el juez podía no haber aceptado la auto-inculpación de nuestro abogado intercesor sino habernos sometido al pago de la condena que nos correspondía, pero no, su bondad e infinito amor le llevaron a apiadarse de nosotros y perdonarnos entregando a su único hijo para que hoy fuésemos libres!

Reflexionemos y entendamos:

Para que tú y yo tuviésemos paz en nuestro corazón, él se entregó,

Para que tú y yo fuésemos libres de pecado y justificados delante de Dios,

él ocupó nuestro lugar.

Para que tú y yo fuésemos galardonados con la herencia del Padre, él guardó silencio y permitió que le maltratasen, siendo inocente.

Para que tú y yo recibiéramos el perdón de Dios y fuésemos vistos sin ninguna mancha, él recibió el castigo que merecíamos y subió a la cruz muriendo por nosotros.

Para que tú y yo no estuviéramos ni nos sintiéramos solos, él resucitó para acompañarnos eternamente a través de su espíritu santo.

Y para que tú y yo fuésemos fuertes, él prometió no abandonarnos ningún día hasta que regresase por nosotros.

Por eso hoy nos gloriamos y celebramos con gozo la victoria del señor Jesús ante el pecado, la muerte y el diablo y recordamos su regreso con anhelo, esperanza y gratitud.

¡Que el gozo de la salvación se refleje en ti!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Justificados y firmes en la fe!

Arte y Diseño para CristoHan pasado varios días sin poder compartir una postal y es que he estado apartada intentando poner en orden algunas ideas y pensamientos pero hoy retomo mi tarea evangelista en el ministerio que el Señor me dio y reflexiono: “aunque estemos justificados hay que recordar que sin fe es imposible permanecer“.

Somos igual de imperfectos y estamos igual de enfermos, por eso buscamos ayuda en el poder de nuestro Señor y Salvador. Mientras tú lees lo que escribo yo pido a Dios por ti y por todas las personas que siguen Arte y Diseño para Cristo porque son quienes hacen posible que cada día sienta la responsabilidad que Dios me ha dado de compartir su palabra. Aunque no nos conocemos nos une el amor del Señor y la fe que hemos puesto en él. Pero si somos sinceros debemos reconocer que hay momentos en que permanecer se hace difícil, se hace cuesta arriba.

Dios puso en mi corazón servirle con el talento que él me dio un día de febrero, hace dos años y medio cuando me quedé sin empleo, y desde entonces en mi cuenta bancaria no hay fondos permanentes, no hay retribución económica pero si muchas deudas y compromisos financieros y entonces, es ahí cuando mi Laura de carne y hueso, empieza a preguntarse, ¿Estás haciendo bien? Esto no es un trabajo, trabaja! ¿Y las deudas cómo se pagarán? ¿Y si tus padres mayores necesitan ayuda en algún momento? ¿No tienes ninguna garantía? ¿Y si el día de mañana pasa…..   Un sinfín de preguntas y planteamientos invaden mi mente a diario y esa es la lucha que me ha llevado al desánimo esta semana y no he compartido apenas nada porque luego aparece la culpa y el señalamiento del enemigo repitiendo lo mismo de siempre, ¡Hay estás pecadora! ¿Qué vas a compartir? ¿Qué vas a decir si estás por los suelos? No estás dando testimonio de nada y eso no es correcto. Y mientras estoy abajo y los pensamientos de queja, frustración e inconformidad invaden mi mente por momentos. Estoy luchando y sé que seguir a Cristo y permanecer en él es una lucha diaria. ¿Te suena a algo esto que escribo?

Pero hoy, mientras realizaba el estudio bíblico online que lidero con un grupo de mujeres sobre el libro de Gálatas el señor me hablo a través de este versículo y me levantó diciéndome: Laura, si te alejas y no permaneces en fe, de qué sirve que te haya justificado en mi hijo amado. Acércate y confía para que permanezcas!!!!!  El señor me ha reprendido, ¿por qué teniéndolo todo, quiero más y estoy luchando en mis propias fuerzas? Es una cuestión de fe, de confiar y creer. Y Aquí estoy ahora compartiendo con vosotros mi situación, testimonio, restauración y mensaje del Señor. Él no nos dejará, él conoce nuestras necesidades y nos proveerá de la forma que sólo él sabe para hacer para tener mañana con qué responder a todo. Dios es fiel y lo ha sido siempre ¿por qué fallará ahora?.

Y entonces con mi corazón arrepentido he invocado el nombre del Señor para reconocer que he fallado al creer las mentiras del enemigo; porque aunque ahora no tenga nada económicamente con él (DIOS) lo tengo todo y no necesito nada más. Con su bendición, apoyo y protección me sobra y me basta. ¿Y a ti?

Recuerda que el enemigo aprovecha nuestros momentos de debilidad para hacernos trizas y en esos instantes nos lanza los dardos de fuego más punzantes para herir nuestro corazón y apartarnos del Señor a base de engaños. No te des por vencido, si lo tienes a él, lo tienes todo. Si confías en él permanecerás y si él gobierna tu vida ¿qué te puede faltar?.

Confiada y esperanzada, con la certeza de que una vez más veré su poder y gloria.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Nada puede detener la grandeza y poder de Dios

¡No existe! simplemente no existe nada que limite o detenga el poder de Dios. No hay nada que pueda impedir la grandeza, poder y majestad del Señor. Por encima de él no hay nada ni nadie, por encima de él no hay ninguna deidad ni poder que lo superen. Con su sacrificio en la cruz Jesucristo venció a la muerte y nos hizo vencedores por la eternidad. Hoy, tú y yo, gracias a su sangre preciosa somos hijos de Dios, herederos de la promesa y ya no hay cautividad para nosotros ¡Somos libres!

¡Seguimos celebrando la victoria en la cruz de nuestro Rey y Salvador!

Que cada día al despertar y ver el destello de la mañana puedas recordar que él te dio vida nueva y restauró tu corazón. Te dio victoria y libertad.

Él te limpió de toda culpa y ya no hay ninguna condena que te separé del amor de Dios.

¡En él hemos recibido redención, salvación, perdón, sanidad, vida eterna y esperanzas!

¡Disfruta cada día este hermoso regalo que no tiene precio!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

No lo merecía y se hizo culpable por amor.

Si, si, si, como lees, nada digno de muerte había en Jesús, pero ahí le ves, cargando a cuestas el peso de nuestra culpa y de los pecados que nos apartaban de la gracia de Dios.

La cruz pesaba demasiado pero él la cargo, la llevó en sus hombros con mucho esfuerzo sin quejarse no la soltó. Cargó con ella porque en sus hombros soportaba el peso de la culpa del mundo entero, de tu culpa y la mía. Soportó el flagelo y la burla por amor, se dejó poner una corona de espinos para ser nuestro Rey, con humildad caminó hasta la cruz y no dejó de enseñarnos un instante. Seguimos aprendiendo de su obediencia y sujeción al Padre. Jesucristo se sujetó a la voluntad de Dios para aguantar y resistir para salvación de la humanidad.

Ni siquiera Pilato, siendo una autoridad de los tiempos, vio en él maldad ni causa para crucificarle, pero leer en la Biblia los versículos que hacen referencia al carácter de este líder frente a la situación me hace plantear que su debilidad para tomar decisiones hacía parte de plan de Dios para que se cumpliese la escritura y los hombres recibiésemos el perdón de nuestros pecados.

Pilato duda en repetidas ocasiones la culpabilidad de Jesús e intenta repetir que él no ve que sea necesario matarle, inclusive su mujer, le persuade en un instante y le invita a no meterse con ese hombre justo, lo llama justo. Leamos:

Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.

Mateo 27:19

Y él decide dejar al pueblo la última palabra. El pueblo judío que clamaba, exigió que se condenará con la crucifixión a Jesús y en cambio dejara en libertad a un malhechor, a un ladrón, homicida, Barrabás.

Leer estos capítulos me entristece porque vemos cual desprecio recibió Jesús mientras él moría para darle vida a todos los que estaban allí y los que aún no existíamos. Tú y yo.

Nunca hizo lo malo, nunca pecó, nunca actuó con maldad, nunca hizo nada que le hiciese merecedor de la muerte, pero él entregó su vida porque nos amó.

¡Celebremos la victoria de nuestro Rey en la cruz!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Él nació y vino para ser testimonio de la verdad!

…Y también para darnos vida por la eternidad. Él conocía el propósito de su existencia y no se aferró a nada terrenal para actuar con obediencia y someterse a Dios por amor a los hombres.

Es muy fuerte escribir esto. Escribir que hubo alguien que me amó sin conocerme y que dio su vida por mí sin pensarlo, que no dudó un instante y con su obediencia me enseñó que su misericordia no tiene comparación. Hoy mi corazón confiesa que cree en esta verdad y mi espíritu declara que escucho su voz  y quiero seguir sus pasos cada día de mi vida. ¿Y tú? ¿Te animas a compartir el motivo de tu fe y la paz que hay en tu corazón porque su sacrificio te dio una victoria inmerecida por la eternidad?

Gracias Jesús por negarte a ti mismo para que yo viviera.

Gracias Jesús por sufrir siendo inocente para que yo fuera libre.

Gracias Jesús por soportar el peso de mi culpa para darme salvación.

¡Te Amo Señor y hoy exalto tu nombre esperando tu reinado por la eternidad!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Jesús 100% Dios y 100% Hombre!

¿Cuántas veces hemos sentido que no podemos enfrentar las cosas y que estas nos superan?

Estando en el monte Getsemaní, Jesús vivió un tiempo de gran angustia y tristeza y lo confesó a sus discípulos más queridos que le acompañaban. Se lo dijo a Pedro, Jacobo y Juan.

     (Marcos 14:34-35)

Les dijo: «Siento en el alma una tristeza de muerte. Quédense aquí, y manténganse despiertos.»

Se fue un poco más adelante y, postrándose en tierra, oró que, de ser posible, no tuviera que pasar por ese momento.

Jesús era el Hijo de Dios pero también era un carpintero de Nazaret que sentía sobremanera lo que estaba a punto de ocurrir. Tan real era lo que ocurriría que se angustió y entristeció su corazón porque su muerte era inminente y no volvería a ver físicamente a sus amigos. Por eso les pidió que le acompañaran en oración pero estos no pudieron, estaban cansados y se durmieron. Jesús sabía el dolor al que se enfrentaría y conocía que para cumplir el propósito del Padre debía padecer en su cuerpo la culpa de nuestro pecado.

Él nos enseñó la grandeza de Dios a través de su vida y sus ejemplos. En todo fue santo, correcto y misericordioso y esto es lo que nos invita a ser. Siendo el Hijo de Dios él pudo evitar su sufrimiento, pudo castigar a sus verdugos y pudo huir del lugar donde le entregaría Judas, pero no lo hizo. No lo hizo porque fue más grande su amor. No dudó en entregarse y rendirse ante la muerte para vencer por la eternidad para que tú y yo tuviésemos vida. Está claro, que en su carne y humanidad Jesús no quería sufrir, por eso clamaba al Padre que si podía, pasase de él esa copa, pero finalmente se sometió a Dios y le pidió que se hiciese su voluntad antes que su deseo.

El dolor es físico y deja huella, pero a Jesús no le importó sufrir en su carne la culpa de nuestros pecados porque su dolor le hizo salvador del mundo y redentor de los débiles. Su humildad y silencio le hicieron merecedor de la honra. Su sacrificio en la cruz siendo inocente le dio la victoria por los siglos de los siglos. Así que en medio de su padecimiento había gozo en su alma porque

se cumplía en su vida el propósito celestial y divino para el que le había enviado el Padre.

Nuevamente, Jesús nos enseña la obediencia, sujeción y amor a Dios que le hicieron renunciar a sí mismo para perdón del mundo. No dudemos ni un instante que Jesucristo entiende nuestra humanidad porque él también fue hombre. No dudemos un instante que Jesús conoce nuestra situación y condición porque él también lo experimentó en la carne. Seamos fuertes y valientes recordando que él se entregó sin oposición para darnos Vida y Salvación y esta verdad nos da la victoria en todo tiempo y circunstancia.

Demos gracias a Jesucristo por la eternidad al entregar su vida por amor a nosotros.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Y beberemos este vino mientras él vuelve, recordando su promesa.

Al caer la noche él se sentó con sus amigos, los discípulos, los doce apóstoles y participó con ellos de la Pascua. Pero sabiendo que en la mesa estaba compartiendo con ellos quién le entregaría, Jesús lo comentó y hubo tristeza en sus corazones. Pero mientras comían, Jesús instituyó la Santa Cena tomando un poco de pan y partiéndolo para hacer memoria de su cuerpo, que sería entregado por los hombres y compartió con todos también la copa de vino recordando que ella representaba su sangre, alianza del nuevo pacto que por muchos se derramaba. Ahí estaba hablando el Señor de ti y de mí también., nosotros alcanzábamos a ser parte de esos muchos que recibirían salvación en su sacrificio.

Jesús celebró con la Santa Cena su victoria sobre la muerte. Él convidó a la cena de la Pascua en aquel aposento alto a todos los apóstoles, inclusive a Judas, que le vendería. Porque él no moriría por unos cuantos sino por todos. Jesús murió por Juan, Pedro, por Judas, por ti y por mí también, que seguimos pecando aún sabiendo el precio de nuestro error.

Aunque pecadores somos y Judas Iscariote lo fue, el Señor murió para darnos una oportunidad, la cuestión es que Judas a pesar de caminar junto a Dios no obedeció al Señor, fue tentado y pecó. Jesús dijo en mitad de la cena: ¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. Estás palabras dejan claro cual sería su castigo. Judas siguió en su propósito y aunque después se arrepintió, fue tarde, demasiado tarde. El resto de la historia la conocemos.

Su muerte fue el paz y salvo de nuestra deuda con Dios. Su sacrificio en la cruz fue la anulación de la factura que teníamos por la eternidad con el Padre. Jesús fue la oportunidad que Dios nos dio de ser limpios y sin mancha delante de sus ojos. Su Sangre el precio de nuestra culpa. Y aunque hoy, Jesús no está entre nosotros físicamente, sí está su espíritu y cada día nos sigue invitando a participar de la cena que celebramos de forma simbólica pero con la misma trascendencia que tuvo esta última vez con los doce. Resistamos el pecado que nos aparta de Dios y nos roba su perdón y aceptemos el cuerpo y la sangre de Cristo como entrada al Reino de los Cielos.

Hoy, Jueves Santo tenemos presente la última reunión del Señor con sus discípulos en la que el Señor advirtió que sería esa la última oportunidad de compartir con ellos porque la próxima vez que bebiese del fruto de la vid sería en el reino de Dios, es decir contigo y conmigo, con los gentiles, con el resto de la humanidad que aceptaría su sacrificio en la cruz. Una vez más el Señor nos tiene en cuenta sin conocernos ni nombrarnos. Una vez más él recuerda que moría por todos los hombres y que habría una segunda cena en la que participaríamos todos de la mesa; mientras tanto bebemos el vino recordando su promesa y su regreso.

Trabajando para el mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Él llegó para cambiar nuestras tinieblas en luz ¡Hosanna!

Y llegó Jesús como pocos esperaban, llegó a las puerta de Jerusalén sentado en un pollino. Era el Hijo de Dios que se presentaba delante de la gran ciudad para rescatar a los moradores de la tierra. Él llegó hasta allí para convertir nuestras tinieblas en luz y desde entonces nuestra vida cambió. Hay una esperanza para el hombre, hay una nueva oportunidad. Dios extendió su misericordia de una forma permanente para reconciliarnos con él y quitar de nuestro corazón la culpa y la condenación.

Gracias a la valentía de Jesús que dio cada paso sin detenerse ni volver atrás, tú y yo somos considerados hoy hijos de Dios. Gracias a su carácter firme y obediente ya no hay cautividad ni oscuridad en nuestras vidas, fuimos rescatados ¡Él nos salvó! Y me encanta pensar esto porque los hombres en el afán de ser redimidos hemos inventado cientos de héroes maravillosos que siempre llegan a tiempo para rescatar a los afligidos, héroes que ponen en riesgo sus vidas para salvar a quien está en peligro, pero Jesús no se arriesgó, Jesús murió, como no ha hecho ningún otro héroe. Jesús renunció a su propia vida para darnos vida, vida abundante y eterna.

Es el momento de volver a meditar en los pasos que dio Jesús siendo consciente de que se acercaba su muerte, una muerte injusta e inmerecida para justificarnos delante de Dios y hacernos aceptos. Él no dudó ni un instante que no merecía la pena morir por ti y por mí, él no dudó un instante que era el mandato de Dios, él no pensó ni un instante en retractarse y cambiar de destino. Habría podido ir a otra ciudad antes que a Jerusalén y evitar su detención y las vejaciones a las que le sometieron, pero no lo hizo. Fue manso y humilde hasta su muerte. Guardó silencio y enseñó hasta el fin. Dio lo mejor de si en cada momento para que tú y yo viviésemos alegres, libres, vencedores y en paz el resto de nuestras vidas. Lo mínimo es decir: ¡GRACIAS Señor!

Digamos juntos al Señor Jesús:

Hoy quiero dejar de quejarme y lamentar mi situación, que nunca será peor a lo que tú viviste por mí.

Hoy quiero resistir las mentiras y engaños del enemigo sin vacilar y decirle con firmeza que tú me diste la victoria por la eternidad y nadie me arrebatará de tu mano.

Hoy decido ser feliz porque tú subiste a la cruz para salvarme y eso me alegra y da gozo.

Hoy anhelo que mi esperanza y fe aumenten cada día porque hay un llamado y una promesa eterna que sigo esperando porque creo en ti Señor.

Me niego a ser desanimada(o), confundida(o) y entristecida(o). Hoy soy libre, salva(o) y sana(o) en tu nombre y te bendigo por ello mi Señor y Salvador.

¡Amén!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Sólo Jesucristo salva!

¿Cómo te llamas? Tienes un nombre, ¿no? Todos los seres humanos respondemos a un nombre que se nos ha asignado desde la infancia, unos más afortunados que otros, pero todos tenemos un nombre, y por él nos reconocemos y distinguimos unos de otros.

Existe un nombre, único y auténtico, que ha sido dado por Dios a los hombres, es decir, a ti y a mí, para ser libres, obtener la victoria y la salvación. Existen muchos nombres pero sólo uno nos da acceso a Dios y a su perdón. Sólo un nombre nos absuelve de toda culpa, un nombre con autoridad y misericordia, un nombre especial que habitó en la tierra únicamente 33 años, pero fue suficiente para cambiar nuestra historia y darnos paz eterna.

¿Te suena esta historia? ¿Sabes cuál es el nombre?¡El nombre es JESÚS!

Sólo en él tenemos salvación. Sólo en su maravilloso nombre podemos ser perdonados, considerados hijos de Dios y herederos de la promesa.

Existen muchos nombres, muchos dioses, muchas religiones, tradiciones y creencias, pero ninguna salva, sana, libera y da vida. Reconozcamos en quién tenemos Victoria y Vida Eterna.

¡Compartamos el nombre que nos da salvación, sanidad y vida eterna!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Clemente y compasivo es Dios

No existen palabras más sinceras para describir el carácter de Dios. Él es clemente y compasivo. Él es lento para la ira y su misericordia es infinita.

Soy una persona un poco impaciente y con facilidad me pongo nerviosa si las cosas no salen bien. Dios ha pulido mi carácter y cada día sigue trabajando para moldearme conforme a su amor y voluntad, y esto me hace admirar en gran manera la paciencia del Señor. Si nuestra relación con Dios se tratara de paciencia, creo que ya se le habría agotado porque no somos perfectos, todos los días fallamos. Pero conocer el verdadero carácter de Dios nos permite recordar que somos afortunados porque su misericordia nos ha alcanzado, nos ha perdonado, y hoy somos lo que somos por su gracia.

Cuando leí este versículo de los salmos hace más de 8 años, entendí que el carácter de Dios que las monjas me habían enseñado de niña no se parecía mucho al carácter que describía su palabra, y cuando me acerqué a Dios arrepentida por mis errores, entendí que en él no hay nada de dureza ni inclemencia, Dios no es implacable ni está furioso conmigo por mis faltas. Él es paciente y justo, es un Dios revestido de amor y ternura para con todos sus hijos, y aún a pesar de nuestros pecados, él nos sostiene y perdona nuevamente. Su misericordia es tan grande como la distancia de los cielos a la tierra, y no nos paga conforme a nuestro comportamiento sino que tiene de nosotros piedad y con ternura nos abraza.

Dios es un dios de oportunidades, no un dios castigador ni impositivo. Es un dios justo que ejecuta su palabra y actúa conforme a su ley, una ley llena de amor y bondad, tanto que envió a Jesús, su único hijo, a nacer en medio de nosotros para darnos vida y perdón, para enseñarnos en él cómo debemos ser y vivir. Y nuevamente, su misericordia se extendió a toda la tierra al permitir que Jesús muriera por nosotros. Él no se negó a subir a la cruz por ti ni por mí, él sufrió y lloró lagrimas de sangre para darnos vida, para salvarnos de la culpa, de la condena y de un futuro apartados de Dios.

Celebremos y gocémonos porque la misericordia de Jehová nos ha sostenido, nos ha alcanzado y nos ha hecho nuevas criaturas en Cristo Jesús. Por amor, nos transformó en lo que somos hoy. No somos perfectos, ¡para nada!; pero sabemos dónde está nuestra fuerza para ser mejores personas, y tenemos la certeza de la misericordia, clemencia, compasión, perdón y amor de Dios.

¿Has fallado? Yo sí. No conozco tu error ni tú el mío, pero Dios sí lo sabe. Él nos conoce profundamente y lo que hay en nuestro corazón no le es oculto. Hoy nos pide que dejemos atrás el miedo y el temor, y nos arrepintamos de lo que hemos dicho, hecho y pensado que nos haya apartado de su lado. Él quiere ayudarnos a cambiar, y desea pulirnos y trabajar nuestro carácter hasta conseguir que seamos imitadores de Jesucristo.

Reconozcamos nuestro error y acerquémonos a Dios porque él nos limpiará del pecado, nos dará su paz y perdón. Volvámonos a él porque con ternura y paciencia nos abrazará para darnos libertad y romper las cadenas de nuestra culpa.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Experimenta la paz del perdón

Ya lo dijo Jesús: “perdona y serás perdonado”. El Señor fue claro y nos habló de la consecuencia del perdón. Si perdonamos, nosotros también seremos perdonados, seremos libres.

La profunda paz que experimentamos cuando decidimos perdonar a quienes nos han ofendido y hecho algún mal, queda reflejada en el salto de esta mujer y las palomas que de su interior emanan y representan libertad. Cuando decides borrar la cuenta pendiente que otros tienen en tu vida, romper la factura y dejar de recordar con dolor el daño causado, entonces experimentas libertad y sientes verdadera paz. Cuando das este paso de obediencia y de amor, Dios también perdonará tus faltas.

Nuestro espíritu se libera cuando soltamos el dolor, la rabia y el rencor que hay en nuestro corazón hacia los demás y llega la tranquilidad a nuestra vida, ya no hay dolor ni malos recuerdos.

En otro tiempo y por diversas circunstancias, había rencor y resentimiento en mi corazón para con la madre de mi esposo, habían cosas que ella había dicho y hecho que me hicieron daño. Fueron años de tristeza y nula relación pero el Señor trabajó en mi vida durante ese tiempo para que, así como él me perdonó, yo aprendiese a perdonar a los demás y, gracias al amor de Jesús, un día tomé la decisión de perdonar sinceramente su actitud para conmigo. Hoy, ella y yo tenemos una relación diferente, el pasado quedó atrás, rompí la factura y no hay ninguna deuda, perdoné todo lo dicho y hecho, y siento paz y tranquilidad en mi corazón.

Es tiempo de dar un paso más allá y actuar. De nada nos sirve ir a la iglesia cada domingo, escuchar al pastor, asentir con la cabeza y leer la Biblia cada día si no rompemos las facturas de los que nos han hecho sufrir y llorar en otro tiempo. Parece absurdo, muchos dirán que lo es, pero por algo tan absurdo, tú y yo somos libres y no tenemos deudas con Dios porque un ser inocente y libre de culpa tomó nuestro lugar y nos salvó, él se encargó de asumir la culpa para que el Señor rompiera las facturas de nuestros pecados y nos perdonara, ¿por qué entonces no perdonar a los que nos han ofendido?

No retengas rabia, malos recuerdos, resentimientos y dolor en tu corazón, llegó el momento de soltar, dejar ir, olvidar, borrar y perdonar pero no perdones por unos días o meses, perdona como se te perdonó a ti, para ¡siempre! Eso quiere decir que el perdón no trae a colación lo pasado nuevamente, el perdón consiste en dejar todo atrás, olvidarlo y dar una nueva oportunidad.

¿Cuántas personas a tu alrededor merecen una nueva oportunidad?

Aunque muchos de ellos no estén cerca y otros no reciban tu perdón, hazlo tú, perdónalos tú. Aunque ellos nunca se acerquen a ti y no reconozcan sus faltas, perdónales. Dios te perdonó desde antes de que le conocieses. Tú no necesitas estar frente a frente con alguien para darle tu perdón, es una decisión, no una sensación ni un sentimiento. Alguna vez leí que para perdonar no podemos esperar a sentir las ganas de perdonar porque nunca llegarán y es una verdad tan cierta que es el ahora, es el momento de soltar, dejar atrás y borrar las facturas que hemos acumulado de otros en nuestro corazón.

Si quieres experimentar la paz que da el perdón te invito a orar:

Señor:

Reconozco que he guardado tristeza, rabia, rencor y resentimiento en mi corazón hacia esta persona:________________________ pero hoy decido perdonarle así como tú me has perdonado. Aunque esta persona me hizo sentir: (describe como te hizo sentir) _________________

yo perdono su actitud para conmigo y declaro que no retendré resentimiento en mi corazón. Gracias por darme la fuerza para vencer y dar este paso que me libera de la esclavitud de la amargura.

Renuncio al deseo de buscar venganza y te pido que sanes mis emociones y corazón dañado.

Te pido que bendigas a los que me han hecho daño en el nombre de Jesús. Amén.

 

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.