¿Cansado de hacer el bien sin recompensa?

Arte y Diseño para Cristo

El Señor nos reta constantemente a ser pacientes, compasivos, misericordiosos y justos en la misma medida con la que él lo ha sido con nosotros para que no nos olvidemos de su amor e infinita misericordia. Dios quiere que como él es con nosotros seamos nosotros con los demás, pero cuanto nos cuesta! La medida de amor, renuncia y misericordia es muy alta para nuestra humanidad y razón. ¿Por qué vamos a ser buenos en medida extrema? ¿Por qué vamos a poner la mejilla de nuevo? ¿Por qué, por qué, por qué y por qué? Porque si! Porque él lo hizo por ti y por mí y lo sigue haciendo aun a pesar de nuestros innumerables errores y faltas. Aun siendo conscientes del pecado y de su perdón seguimos fallando y él vuelve a poner su mejilla para restaurarnos, entonces por qué no habremos de hacerlo nosotros?

“Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.” (Mateo 5: 39)

¿Has sentido alguna vez que das sin medida y a cambio sólo recibes ingratitud y más exigencias? No eres la única persona, ni tú ni yo somos los únicos, muchos se sienten igual y viven la misma situación. Porque mientras nuestro espíritu se dispone hacer el bien y ayudar, la carne grita y reclama: ¡No lo hagas! ¿Por qué tú?

Creo que el principal motivo y la razón que nos motiva a servir y ayudar a los demás, es nuestra fe en Jesucristo. Él, sin conocernos lo dio todo por nosotros. Sin saber quienes éramos y que diríamos lo dio todo si condiciones ni exigencias. Jesús renunció a si mismo por amor y no valoró si lo merecíamos o no, porque de haberlo hecho su muerte no habría sido suficiente para la cantidad de maldad, pecado, indiferencia y frialdad de los hombres; pero él no escatimó nada y se entregó, por eso hoy. Nuestro objetivo es ser imitadores de Cristo, renunciando a la carne e imitando su carácter. Sirviendo y ayudando a los demás.

¿Te cansas? ¡Yo también! Pero que tú fuerza sea la fortaleza de Cristo que nunca se cansa y antes aumenta su paciencia para con nosotros.

¿Te agota ayudar a quién no valora tu ayuda? ¡A mí también! Pero que nuestro consuelo sea el amor de Cristo que llevó a la cruz para darnos vida por la eternidad. Si lo hizo él, porque no hacerlo nosotros.

“Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal”. (1 Pedro 3:17)

Parece una actitud servil y dócil. Una actitud fuera de lo común, pero eso es precisamente lo que caracteriza a los hijos de Dios. Estamos en el mundo pero no actuamos como el mundo, somos diferentes. Así que aunque padezcamos o suframos sirviendo y poniendo toda la carne en el asador, como dicen por ahí, sigamos con nuestra tarea que a su tiempo segaremos, nuestro jefe, todo lo ve y conoce; él paga y multiplica. Lo creo y doy testimonio de ello. Cuando nada tuve y serví. Dios vio con agrado mi actitud y recompensó mi acción y nunca me ha desamparado ni nada me ha faltado.

No ayudemos por la retribución. Demos y ayudemos por que de él hemos recibido. Demos porque es una forma de alabar y honrar a Dios, porque él ama al dador alegre y retribuye la obra de cada uno. No nos demos por vencidos, recordemos el padecimiento de Cristo como nuestro motor para seguir dando y sirviendo a lo demás. Seamos embajadores de los cielos donde vayamos. Que los demás no nos vean a nosotros sino a Cristo en nosotros.

“Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra”. (2 Crónicas 15:7)

Así que con la palabra que el Señor nos da el día de hoy la misión está clara, servir sin rendirse, ayudar sin esperar nada a cambio. Dar sin medida como él nos ha dado.

Entonces digamos juntos: “Gracias Señor por tu misericordia y eterna justicia. Gracias por tu piedad y paciencia, por enseñarnos y pedirnos que seamos como tú para que nuestro mundo cambie y haya paz y bien entre nosotros. Ayúdanos a entender el propósito de tu obra y plan de amor. Ayúdanos a ser reflejos de ti cada día con todas las personas que nos rodean. Pidan o exijan, ayúdanos a dar, tú te encargarás de hacer justicia y de confrontar el corazón de lo ingratos y desagradecidos, a nosotros no nos corresponde. Así que hoy te pedimos nos des un corazón grato, justo y amoroso que ayude sin condiciones a los demás, como tú nos has servido y ayudado.” En el nombre de Jesucristo oramos y te lo pedimos”. Amén.

“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.”

(Gálatas 5:13)

Así que siendo libres, elijamos hacer el bien y servir a los demás en amor.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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¡Aliméntate sanamente! Di no a la Desnutrición Espiritual

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Hacemos dietas constantemente y nos ponemos a estricto régimen cuando terminan las vacaciones o pasan las fechas decembrinas. Nos exigimos y sometemos nuestra voluntad a una serie de alimentos que nos ayudarán a sentir mejor y a recuperar nuestra salud y bienestar. ¿Hacemos lo mismo con nuestro espíritu? Resulta que para el alma también hay recomendaciones y cuidados especiales.

Nuestro espíritu necesita un alimento especial para estar bien y a veces, por estar enfocados en nuestro cuerpo y su aspecto; nos olvidamos de nuestro interior. Si estamos bien por fuera pero mal por dentro de nada sirve, aunque nos esforcemos en estar en el peso ideal pero tengamos descuidado y olvidado nuestro espiritu nunca será suficiente, seremos seres incompletos, con un cuerpo saludable pero un espiritu hambriento. Por eso, antes de caer en desnutrición espiritual apliquemos las recomendaciones que Dios nos da y empecemos a nutrirnos y a recuperar.

Cuando tenemos sed bebemos agua hasta satisfacer la necesidad de líquido

Cuando tenemos hambre comemos para saciar nuestra necesidad de alimento.

Cuando tenemos el corazón y el espíritu necesitados, ¿Qué comemos?

A veces elegimos mal y nos alimentamos de forma perjudicial y dañina. Así mismo cuando no tomamos el alimento que restaura nuestro interior nos estamos exponiendo al raquitismo espiritual, al deterioro de nuestro espíritu, pero siendo consciente de ello, no permitamos llegar a este estado y cuidemos nuestro interior. Tenemos el alimento para consumir diariamente y nutrir nuestro cuerpo lo mismo que tenemos el alimento para nutrir nuestro espíritu. ¡Empecemos a cuidar y alimentar sanamente nuestro interior!

Las recomendaciones ya fueron dadas, ahora nos toca aplicarlas. Tenemos para beber y comer:

“El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.“ (Mateo 4:4)

“El que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás. Más bien, el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que fluya para vida eterna.” (Juan 4:4)

“Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” (Juan 6:36)

“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual daré por la vida del mundo.”

(Juan 6:51)

“Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados.” (Lucas 6:21)

“Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.“ ( 2 Juan 4:34)

“La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido.” (Lucas 12: 23)

“Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.”

(Juan 6:27)

“Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. (Juan 6:55)

“Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino,
Sin hallar ciudad en donde vivir.

Hambrientos y sedientos,
Su alma desfallecía en ellos.”

(Salmos 107:4-5)

 

Es el momento de alimentarnos sanamente. Si ya lo haces continua, no pierdas el hábito. Si habías cambiado tu alimentación ¡recupérala! Y si directamente te sientes desnutrido espiritualmente, ¡Come y bebe! Recupérate y alimenta tu espíritu para que crezcas y seas salvo. Aliméntate y comparte para que no haya desnutrición ni raquitismo espiritual en nuestro mundo.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Por qué honrar y celebrar la muerte, la oscuridad y no la vida?

Arte y Diseño para Cristo

Llegó el día de debate para muchos cristianos, el día de Halloween, una celebración de origen celta que se celebra hasta nuestros días con diferentes matices, pero debemos recordar que detrás de la aparente inocencia de esta fiesta, se esconde un oscuro y tenebroso festín espiritual de fuerzas malignas y demoniacas. Los celtas celebraban esta fiesta en el fin del verano y comienzo del otoño, inicio de un periodo oscuro y acompañaban su celebración con la práctica de adivinación y banquetes en las tumbas de sus antepasados. En la actualidad, países como México celebran el día de los muertos en el que se recuerda la memoria de los que ya no están.

No se trata de polemizar con esta fiesta y comprendo que celebrarlo o no, es una decisión personal, y recordemos que nuestras decisiones tiene consecuencias y un precio pero como blogger de este espacio me siento en la responsabilidad de compartir el mensaje que el Señor pone en mi corazón el día de hoy. Y empiezo con unas preguntas:

¿Hay necesidad de abrir puertas difíciles de cerrar? ¿Tan aburridos estamos?

¿Por una celebración y una fiesta en la que se idolatra la muerte, la oscuridad y al mismo diablo vamos a perder todas las bendiciones que del cielo recibimos?

Puedes disfrazarte, no vas a enfermarte ni a morir. Puedes creer que esto es una celebración inocente en la que no se hacen sacrificios humanos de niños y mujeres vírgenes en diferentes lugares del mundo. Puedes creer que es una fiesta más y hay que divertirse. Otros lo considerarán una moda y una fiesta genial que impone la cultura americana o que quedarían estupendo disfrazarse de esto o aquello. Pero que muchos celebren algo no lo hace bueno ni edificante.

Entiendo que muchos piensen que merece la pena celebrarlo porque es divertido y los niños se entretienen, pero recuerda que aunque no podamos verlo hay una esfera paralela a nuestra realidad y es nuestra vida espiritual en la que hay constantes ataques del enemigo y su ejército de demonios, quienes aprovechan “pequeñeces” como estas para actuar. Creo que la palabra de Dios es nuestro manual de vida y aunque en ninguna de sus hojas niega celebrar el Halloween, si que nos da instrucciones para tener claro que esta fiesta pagana no le agrada al Señor.

Veamos:

No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos. (Levítico 18:3)

Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos. (Levítico 20:27)

No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero. (Deuteronomio 18:10)

Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios. (3 Juan 11:11)

Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. (1 Pedro 4:3)

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10)

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. (Efesios 6:12)

Cuando aún no tenía una relación cercana y sincera con Dios, anhela que llegara esta fecha para ser la “bruja” más guapa y temible entre mis amigas. No sabía que había detrás de ese interés por representar a un personaje macabro que siempre hace daño a los demás, un poco incoherente, en esos momentos, lo recuerdo y me pregunto ¿En qué pensaba? ¿Me edificaba ser una bruja? ¿Y sino me hubiese disfrazado? ¡No habría pasado nada! Claro no habría pasado que se abrieran puertas que mucho tiempo después entendí estaban abiertas por actos “insignificantes” de mi juventud y el enemigo no habría tenido oportunidad de perturbar la paz de mi mente y corazón. Recordemos que somos nosotros los que elegimos abrir o cerrar puertas. Somos nosotros los que elegimos la bendición o la maldición, la vida o la muerte.

¿Y tú qué elijes celebrar? ¿La vida o la muerte?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Por qué nos volvemos a esclavizar?

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Conocimos a Dios y él nos conoció antes, nos perdonó, aceptó y restauró. ¿Por qué conociéndole y sabiéndonos salvos, aceptados y justificados, nos empeñamos en volver atrás?

Él nos ha cambiado, nos ha hecho nuevas criaturas pero en algunas ocasiones aceptamos someternos a las formas, tradiciones y ceremonias del mundo. Y no hablo de religión.

Tú y yo, seguramente y con certeza lo digo, no idolatramos otros dioses religiosos como vírgenes o santos, pero si idolatramos personas y cosas. Idolatría significa adoración, amor excesivo y vehemente a alguien o algo. Y cuando hacemos idolatría nos esclavizamos y somos presos y cautivos del ídolo. Idolatramos personas, lugares, cosas, pasiones y vicios porque enfocamos toda nuestra energía en ello y descuidamos todo lo demás, incluyendo nuestra relación con Dios porque estamos enfocados en aquello a lo que idolatramos dándole todo nuestro tiempo y dedicación.

Hablo de internet, redes sociales, vicios, estudios profesionales, pornografía, juego, alcohol, comida, deporte, culto al cuerpo, dinero y riquezas e inclusive personas cercanas a las que idolatramos, seguimos, imitamos y amamos de forma excesiva, llegando a ocupar tal lugar de importancia en nuestra vida que apartamos a Dios del lugar que realmente le corresponde, el primer lugar. No es malo tener un perfil en internet  y hablar con amigos. No es malo comer ni hacer ejercicio ni mucho menos esforzarnos en desarrollarnos profesionalmente para salir adelante económicamente. No es malo ni mucho menos pecado. Lo malo, menos sano y hasta perjudicial, es que estas cosas ocupen el primer lugar en nuestras vidas día tras día. Que sea tal nuestro interés y dedicación que nos olvidemos de Dios y reemplacemos su lugar en nuestro corazón cediéndolo a lo que tanto nos gusta o atrae.

Piensa ¿qué está ocupando en tu vida, el día hoy, el primer lugar? El lugar que le correspondería a Dios. ¿Tu pareja, tus padres, hijos, un amigo (a)?O tu ídolo no es una persona pero si una cosa, ¿es tu trabajo, tu profesión, el deporte, el móvil? ¿Qué ocupa el primer lugar en tu vida. ¿A qué cosa le dedicas la mayor parte de tu tiempo? ¿Dios o alguien más, ¿una cosa? Es muy fácil creer que no idolatramos nada porque ya no vamos a misa ni ponemos velas a ningún santo. Pero debemos saber que esa no es la única forma de idolatría. Revisa bien, desde el fondo de tu corazón, quién o qué ocupa el primer lugar en tu vida y si no es Dios, es tiempo de acercarte a él y en humildad pedirle perdón y reconocer que has pecado por idolatría y has volcado todas tus fuerzas, dedicación y tiempo a ………(esa cosa o persona).

Oremos juntos y pidamos perdón al Señor diciendo:

Padre, a ti vengo en este día para reconocer mi falta y pedirte perdón.

Te he fallado alejándome y dándole más importancia a otras cosas y personas que no eres tú.

Me has perdonado, aceptado y justificado pero a veces la vieja conducta y la carne intentan hacerme volver atrás. Te pido que me des firmeza, carácter y autoridad para resistir esos ataques e intentos de apartar mi fe, tiempo y dedicación a ti. Tú eres lo más grande que tengo y conocerte cambió mi vida radicalmente. Sin ti mi vida no tiene sentido. Quiero darte el lugar que te corresponde en mi vida. El primer lugar y cuidar que no seas removido de allí por nada ni nadie. Perdóname por dedicar todas mis fuerzas, tiempo y dedicación a: (menciona la cosa o persona a quién dedicas todo de ti). No quiero ser esclavo de nada ni nadie. No quiero someterme a personas, cosas o relaciones tóxicas que nublen mis ojos y corazón y me aparten de ti. Quiero que seas y ocupes el primer lugar en mi vida, mente y corazón. En el nombre de Jesucristo te lo pido. Amén.

¡Dispongámonos a darle a Dios el primer lugar en nuestras vidas cada día!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Paciencia vs Intransigencia

Arte y dIseño para Cristo¿Estás luchando con una idea que interrumpe constantemente el propósito y plan de Dios en tu vida? ¿Eres consciente de que tus planes y proyectos a veces no son los planes del Señor? ¿Entiendes porque aquellas oraciones insistentes no tienen respuesta?

El Señor puso en mi corazón escribir este post porque él está trabajando conmigo en este aspecto. Últimamente estoy teniendo grandes batallas con la carne, una parte de mí que exige tener la razón con algo de intransigencia y necedad porque no tiene la más mínima intención de ceder un poco a la verdad que dio libertad y victoria a mi espíritu. Y entonces, yo, en medio de esta lucha de razón, lógica, obviedad, mundo, humanidad y ley divina, reflexiono y entiendo que mi arma es la sensatez y la dependencia del Señor, la confianza y fe en él.

Mi carne puede gritar a viva voz, que se rebelde, que reclame mis derechos, que luche por mis sueños, que no me sujete a mi marido, que no me someta en obediencia al evangelio de Cristo, que disfrute la vida y haga lo que me plazca. Mi carne puede seguir intentando comparar mi matrimonio con el de los demás, lo mismo que mis sueños, mi vida y cada uno de los proyectos sin cumplir. Puede seguir llamando mi atención con lujos y exquisiteces que no tengo, pero aunque se esfuerce en seducirme, yo seré paciente y esperaré en Dios, porque él ha prometido que con paciencia ganaré mi alma y yo lo creo. Además tengo fe, es decir tengo la certeza de que a su lado nada me faltará, porque a su lado lo tengo todo.

Hubo momentos en los que no fui paciente y caprichosamente insistí en lo mismo, y oré ¡claro que oré! pero él no respondió lo que yo quise. Su voluntad no era lo que yo soñaba, su voluntad era otra, era algo mejor y perfecto aunque yo no lo entendiera. Hoy miro atrás y doy gracias a Dios por su paciencia para conmigo, por su infinita misericordia y le pido que me de fuerzas para permanecer y no escuchar los reclamos del mundo y de la carne que de vez en cuando intenta enseñarme las maravillas que hay allí fuera para mí si me alejo de la verdad.

¿Con qué luchas? ¿Cuál es tu batalla? ¿No has logrado cumplir tus sueños como yo?¿A qué renunciaste para estar dónde estás hoy? No te lamentes ni flageles pensando que el tiempo pasó y es tarde. No pienses jamás que es imposible. Moisés dirigió al pueblo de Israel a la tierra prometida cuando tenía 80 años (Exodo 7:7). Mientras que Abraham y Sara fueron padres cuando él tenía 100 años y ella 90 (Génesis 17:17). Así que nunca será tarde si hace parte de su plan.

Él dijo, que nada hay imposible para él, así que si lo que anhelas y por lo que luchas es bueno para ti y hace parte de su plan, tarde o temprano, llegará. Dios se encargará de que así sea, pero si no lo es, no lo esperes ni desesperes porque no llegará.

Confía, pon todo en sus manos y espera. Él se encargará de ayudarte, te pondrá en el lugar y tiempo indicado para cumplir tus sueños si hacen parte del propósito que él tiene para tu vida. Persiste, él te sostendrá, pero no te alejes ni te apartes de su mano. Persiste cada día a pesar de los temporales pero no pierdas nunca de vista la meta. Sé paciente pero no intransigente. No luches por caprichos y banalidades porque será una lucha perdida sin el apoyo de Dios. No pelees tus batallas en solitario, lucha con su ayuda y refúgiate en su poder y majestad. Y mientras recibes respuesta, sirve, ayuda, crece, madura, ministra, evangeliza, ama, comparte, alaba, cree, ora, perdona……..

Digamos no a la terquedad, necedad e intransigencia y optemos por el camino de la paciencia, que aunque despacio tiene un buen final. ¿Lo crees? Él lo prometió.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Nuestra obediencia es la forma de amar a Dios!

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Quien te ama no pone condiciones, tampoco lo hace el Señor. Quien te ama no espera nada de ti, Dios tampoco. Él no necesita el amor de nadie porque él, en sí mismo, es amor, Dios no necesita ser correspondido porque él es: El todo por la eternidad y los siglos de los siglos. ¿Qué necesitará entonces? Nada le hace falta, nada espera de nosotros y nuestra ayuda le es innecesaria pero……

…una cosa es necesitar y exigir y otra muy distinta anhelar y desear. Dios no exige pero si anhela una respuesta, una muestra de nuestro amor por él y esto es lo que llamamos alabanza y adoración. Nuestra forma de corresponder el amor de Dios es con gratitud, alabanza, obediencia, sacrificio y exaltación de su nombre, poderío y majestad.

Cuando fuimos niños nuestros padres no esperaban de nosotros nada a cambio porque humanamente éramos incapaces de darles nada ni retribuir su atención y provisión, pero ellos si anhelaban de parte nuestra obediencia, sujeción, respeto, gratitud y posteriormente en nosotros surgía un sentimiento de admiración por nuestro padres. Igual es con el Señor. Él nos lo ha dado todo y no espera nada nuestro, sólo que desde el momento en que conocimos su amor y misericordia y empezamos a caminar con él, la gratitud, obediencia y temor de su nombre son nuestras principales demostraciones de amor a Dios. Porque si le amamos nuestra obediencia es proporcional al amor que decimos sentir por nuestro Padre.

Cuando Jesús habla en este verso, lo hace respondiendo a uno de sus discípulos quién preguntaba de qué forma se manifestaría a ellos y no al mundo y el Señor respondió que la forma sería reconociendo al obediente y sujeto, porque ese sería el que verdaderamente ama al padre. Y en los siguientes versos, si leemos, Jesús habla de los que no aman a Dios y hace referencia a los desobedientes.

Entonces la pregunta para hoy es: ¿Amas o no al Señor?

Podemos decir mil veces, como Pedro, que amamos al Señor pero ¿y qué pasa si no obedecemos y hacemos nuestra voluntad? La palabra de Dios dice que el desobediente no ama al Señor.

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?

(Lucas 6:46)

Recordemos que pecar no es solamente robar y matar. Pecar es mentir, hablar mal de otros, juzgar, tener envidia, celos, idolatrar y amar el dinero, el juego, no perdonar. Reflexionemos y meditemos en nuestro comportamiento la última semana. ¿Hemos amado al Señor?

Oremos: Señor, ayúdanos a ser coherentes con nuestra fe y a corresponder tu amor y fidelidad con nuestra obediencia. Ayúdanos a resistir las propuestas del mundo y de la carne y a revestirnos de Cristo para vencer la tentación y obedecer tu palabra. Ayúdanos a ser reflejo de lo que tú eres y a poner en práctica tu palabra. Ayúdanos a dejar de ser buenos lectores y aprendices y ayúdanos a dar el paso y actuar conforme a tu llamado y a tu ley.

Danos sabiduría y discernimiento y ayúdanos a permanecer firmes ante tu promesa y que nuestro comportamiento alegre tu Espíritu y no le contristemos con desobediencia y rebeldía. Ayúdanos a guardar tu palabra y a ser obedientes, en el nombre de Jesucristo.

Amén.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Viviendo sobria, justa y piadosamente

Han pasado pocos días desde que celebramos la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, nuestro Salvador. Y es necesario que este suceso no sea un motivo de celebración una vez al año sino que sea la razón de nuestra supervivencia día a día. Recordar que Cristo ocupó nuestro lugar y nos dio salvación, nos da la suficiente fortaleza para seguir de pie y seguir caminando en dirección a la meta. Pero no es suficiente recordarlo hay que vivirlo. Saber que somos salvos y libres no nos exime de la tentación por eso el Señor nos anima a ser valientes y a renunciar a todos los deseos del mundo y la carne. Él nos invita a ser imitadores suyos y a vivir en este tiempo de forma justa, sobria y piadosamente esperando su victoria por la eternidad.

Terminó la Semana Santa y muchos fueron piadosos y sensibles a la conmemoración de esta fecha pero ¿y pasados unos días qué?. Ahora es tiempo de aplicar en nuestra vida lo que él Señor nos enseñó y hoy es el día de sentarnos a reflexionar en nuestro comportamiento como hijos suyos. ¿Estamos viviendo vidas piadosas? ¿Somos justos con los demás en nuestra forma de hablar, mirar y actuar? ¿Y nuestras palabras son sobrias o se alejan del amor que Jesucristo nos profesó?

Vivamos en este siglo pero seamos embajadores de su reino, no nos amoldemos a los patrones actuales de conducta ni llamemos a lo malo bueno y a lo bueno, malo. Seamos radicales en nuestra obediencia a Dios, resistiendo el pecado y la maldad. Diciendo no a las mentiras del enemigo y a la tentación. Recordemos que él no pecó aunque fue tentado. Sujetémonos a Dios y seamos valientes. Que nuestro comportamiento hable de Cristo y la gracia de Dios, que nos dio salvación, se extienda a todos los hombres.

Esfuérzate por ser cada día, en todo lugar y hora embajador de los cielos.

Y si hay algo que hoy te impide reflejar la gracia de Dios, si hay algo que te aleja de su amor. Acércate al Señor y reconoce cada uno de tus pecados en oración. Él te perdonará, te sanará, te limpiará y volverá a recibirte en sus brazos. Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Pero apártate del error y acércate a Cristo para que puedas sobrevivir al siglo en el que nos ha tocado vivir. Sólo él nos hace fuertes y nos rescata de perecer en medio de tanta contaminación humana (Sexo, drogas, vicios, juego, mentiras, ambición, codicia, envidia, maldad, infidelidad, falta de fe, etc)

¡Que su gracia te colme de bendiciones y nunca olvides que su amor te salvó!

¡Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes!

Laura Sánchez.

¡Con una corona de espinas se hizo Rey por siempre!

Un Rey, tal y como los conocemos en nuestros tiempos, viste atuendos de lujo y joyas brillantes. Su corona es lo más destacado de su vestuario, alta, de oro y adornada con piedras preciosas. Así se distingue un Rey, también por su nivel de vida de exigente gusto y grandes riquezas.

Jesucristo, pudo haber sido así, pero no lo fue. Él escogió ser precisamente lo contrario para enseñarnos que no son necesarias las riquezas ni lo material para ser una persona que impacte en el mundo. Él nos enseñó que más humilde es quién teniendo no hace alarde, que quién no teniendo nada se esfuerza en aparentar lo contrario. Jesucristo vistió ropa sencilla y discreta, vistió como los demás. Él no usó trajes de telas finas ni calzado de oro, él no tuvo un trabajo de directivo en su época ni vivió en un castillo con guardas y carruajes. Jesús, fue un humilde carpintero, caminó con sandalias y habitó una casa normal, pero esto fue suficiente para que el Hijo de Dios cambiara el ritmo de la humanidad ofreciéndole a los hombres una segunda oportunidad delante del Padre.

Dios tenía un plan y su plan incluía el renunciar a la carne, a la vanidad y a los placeres del mundo. Cosas de las que no carece ningún rey de los últimos tiempos. Nuestros reyes son figuras públicas que se alejan notablemente de nuestro Salvador que no necesitó nada material para gobernar y establecer su reino por la eternidad. Porque lo dilatado de su imperio y su paz no tendrán límite.

¿Lo crees? Yo si lo creo. ¡Él es mi Rey y lo amo!

Así que es el momento de dar infinitas gracias a Dios por su regalo, por su perdón y su enseñanza.

Es tiempo de celebrar que nuestro Rey venció y nos dio perdón y vida eterna. Es la hora de declarar que él reinará por siempre y su nombre será exaltado por los siglos de los siglos.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Jesús 100% Dios y 100% Hombre!

¿Cuántas veces hemos sentido que no podemos enfrentar las cosas y que estas nos superan?

Estando en el monte Getsemaní, Jesús vivió un tiempo de gran angustia y tristeza y lo confesó a sus discípulos más queridos que le acompañaban. Se lo dijo a Pedro, Jacobo y Juan.

     (Marcos 14:34-35)

Les dijo: «Siento en el alma una tristeza de muerte. Quédense aquí, y manténganse despiertos.»

Se fue un poco más adelante y, postrándose en tierra, oró que, de ser posible, no tuviera que pasar por ese momento.

Jesús era el Hijo de Dios pero también era un carpintero de Nazaret que sentía sobremanera lo que estaba a punto de ocurrir. Tan real era lo que ocurriría que se angustió y entristeció su corazón porque su muerte era inminente y no volvería a ver físicamente a sus amigos. Por eso les pidió que le acompañaran en oración pero estos no pudieron, estaban cansados y se durmieron. Jesús sabía el dolor al que se enfrentaría y conocía que para cumplir el propósito del Padre debía padecer en su cuerpo la culpa de nuestro pecado.

Él nos enseñó la grandeza de Dios a través de su vida y sus ejemplos. En todo fue santo, correcto y misericordioso y esto es lo que nos invita a ser. Siendo el Hijo de Dios él pudo evitar su sufrimiento, pudo castigar a sus verdugos y pudo huir del lugar donde le entregaría Judas, pero no lo hizo. No lo hizo porque fue más grande su amor. No dudó en entregarse y rendirse ante la muerte para vencer por la eternidad para que tú y yo tuviésemos vida. Está claro, que en su carne y humanidad Jesús no quería sufrir, por eso clamaba al Padre que si podía, pasase de él esa copa, pero finalmente se sometió a Dios y le pidió que se hiciese su voluntad antes que su deseo.

El dolor es físico y deja huella, pero a Jesús no le importó sufrir en su carne la culpa de nuestros pecados porque su dolor le hizo salvador del mundo y redentor de los débiles. Su humildad y silencio le hicieron merecedor de la honra. Su sacrificio en la cruz siendo inocente le dio la victoria por los siglos de los siglos. Así que en medio de su padecimiento había gozo en su alma porque

se cumplía en su vida el propósito celestial y divino para el que le había enviado el Padre.

Nuevamente, Jesús nos enseña la obediencia, sujeción y amor a Dios que le hicieron renunciar a sí mismo para perdón del mundo. No dudemos ni un instante que Jesucristo entiende nuestra humanidad porque él también fue hombre. No dudemos un instante que Jesús conoce nuestra situación y condición porque él también lo experimentó en la carne. Seamos fuertes y valientes recordando que él se entregó sin oposición para darnos Vida y Salvación y esta verdad nos da la victoria en todo tiempo y circunstancia.

Demos gracias a Jesucristo por la eternidad al entregar su vida por amor a nosotros.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Y se conmovió la ciudad con su llegada!

De gozo y alegría se llena nuestro corazón el día de hoy porque recordamos que Jesús en total mansedumbre y humildad, se dirigió a Jerusalén para consumar el llamado de Dios por amor a los hombres.

Nuestro salvador no se negó a acudir a la cita que tenía con la hija de Sión y aún conociendo lo que ocurriría siguió firme hasta el final, sin dar marcha atrás ni dudar un instante. Su propósito era agradar y obedecer a Dios a pesar de la carne y la tentación. Jesucristo entró en Jerusalén con ovaciones y alabanza de quienes le esperaban y tendían para él mantos en el suelo y hojas de palma. Hoy, sin ramas ni mantos, ovacionamos al Rey de Reyes y Señor de Señores por su sacrificio en la cruz y padecimiento desde que entró en la gran ciudad por amor a ti y a mí.

Él podía haber entrado escoltado, protegido como un rey o en vez de hacerlo en un pollino podía haber entrado en un carruaje o en un gran caballo, pero en todo lo que Jesús hizo, siempre nos enseñó el significado de la humildad. Él, siendo el salvador de la humanidad, con derecho a todo, no exigió nada, no pidió nada, no esperó nada. Dio, dio y dio. Todo lo dio por amor.

Hoy empieza para nosotros la conmemoración de la semana que vivió Jesús antes de ser crucificado y que nos permite recordar la inmensidad del amor de Dios al entregar a su único hijo para darnos vida y reconciliarnos con él.

Es una semana normal, como las demás, es una semana de 5 días, en la que probablemente tendremos el mismo clima que de costumbre. Nada será diferente, salvo que tú y yo decidamos aprender, seguir y creer esta hermosa historia de salvación que tuvo como protagonista a Jesús de Nazaret y como actores secundarios y público afectado, a la humanidad. El hombre es el ser más privilegiado y bendecido de esta historia. Si escuchamos, leemos, meditamos y entendemos esta verdad, esta semana significará un antes y un después en nuestra vida, porque Jesucristo renunció a sí mismo para salvarnos y acercarnos a Dios. Murió por los hombres para darles Vida Eterna.

Oramos y damos gracias a nuestro Salvador y Señor, Jesucristo.

Gracias por amarnos hasta el fin y darlo todo por nosotros que no lo merecíamos y no lo merecemos.

Gracias por renunciar a ti mismo para ocupar nuestro lugar.

Hoy, recordamos tu entrada a Jerusalén como hito de victoria para el reino de los cielos.

Hoy, celebramos con gozo y alegría tu mansedumbre y humildad con que te hiciste Rey y fuiste alabado y exaltado.

Señor, ayúdanos a aprender de ti y a ser reflejo de tu amor.

Queremos aprender en esta semana de tu amor, que todo lo dio sin esperar nada a cambio.

Queremos aprender a ser humildes, mansos y obedientes.

Queremos renunciar a nuestra carne y al mundo, para seguirte a ti.

Te entregamos nuestro corazón para que seas tú quién viva y reine por siempre en él.

Amén.

Juntos damos voces de júbilo porque ha venido nuestro Rey, Justo, Salvador y Humilde y se conmueve nuestro corazón porque se manifestó el perdón de Dios a los hombres.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Y qué dice Dios sobre la sexualidad?

El estreno del año se esperó y promocionó por todos lados en casi todos los idiomas después del éxito en ventas de la trilogía escrita del libro “50 sombras de grey”. Es increíble ver cómo el enemigo nos sigue engañando, pidiéndonos llamar a lo malo bueno y a lo bueno malo, incitándonos al pecado por querer desvirtuar el plan y propósito de Dios. Hablar de sexo no es pecado, la Biblia habla de sexualidad, lo malo es la perversión y la maldad detrás del tema.

Para los que sabéis de qué hablo y para los que no, un pequeño resumen en términos generales. Este libro que menciono hoy, para hacer un llamado urgente a nuestro sentir como hijos de Dios, y que acumula en la actualidad innumerables ventas y ediciones impresas, cuenta la historia de un hombre adinerado y con una personalidad un poco especial que disfruta haciendo daño en la intimidad a las mujeres con las que se relaciona practicando el sadomasoquismo, un acto aberrante, como algo normal y cotidiano, involucrando a una chica que acaba de conocer y que es la protagonista del libro y la que finalmente cede ante sus pasiones carnales y narra detalladamente las escenas que experimenta con el chico. Este breve resumen lo hago apoyada en la sinopsis de la película y los comentarios del libro que en ningún caso he leído y cuya película mucho menos he visto.

Actualmente, según algunas encuestas, las mujeres adultas, muchas casadas, y las jóvenes solteras, se sienten atraídas por este tipo de prácticas porque les parece que satisfacer los deseos de un hombre es el precio por ser correspondidas. Para mí, acceder a este tipo de prácticas es un sinónimo de falta de amor en la relación de pareja, de ausencia de Dios, de inmoralidad y poco respeto por nuestro cuerpo. No olvidemos que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo.

Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (1 de Corintios 6: 18,19)

Dios nos ha hecho hermosas, nos ha provisto de un espíritu y un alma, y valemos por lo que somos no por la apariencia de nuestro cuerpo o vestido. Valemos por nuestro interior, no por las prácticas a las que estemos dispuestas a someternos ni a gusto de un hombre ni a gusto de una mujer. Somos seres hechos a imagen y semejanza de Dios, que debemos amarnos con fidelidad, ternura, pasión, entrega y respeto. Por eso Dios preparó la sexualidad para el matrimonio. Si Dios no hubiese querido que sintiéramos placer nos habría hecho insensibles, sin emociones ni sensaciones, pero no es así. Él lo único que quiere es que vivamos la sexualidad conforme a su plan.

Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos,

sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. (1 Pedro 3:3-4)

Está claro que estas prácticas, como el sadomasoquismo, no dejan de estar muy lejos de lo que se critica mucho, como el maltrato a las mujeres, no dejan de ser pornografía, vejación y violencia de género.

Es malévolo y diabólico sentir placer en el dolor. Esto no es parte del plan de Dios.

Él nos creó para complementarnos el uno con el otro y ser un solo cuerpo, ser uno solo, disfrutar en pareja con respeto y ternura. Nos hizo seres sensibles y nos dio un corazón para amar. Nos dijo que nos tratáramos con respeto y que la mujer fuese para el varón y él para ella. En este aspecto, Dios no pide a nadie que se someta a nadie, antes dice al hombre, “ama a tu mujer como a ti mismo y trátala como a vaso más frágil.” ¿Por qué entonces hoy bate el récord en taquilla una película que describe el maltrato sexual de una mujer por un hombre con pasiones aberrantes?

Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.

El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido.

La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.

No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia. (1 de Corintios 7:2-5)

Este mensaje es un llamado a varios aspectos, teniendo en cuenta que Dios es el creador de todo. Él creó nuestro cuerpo y la sexualidad, no es un pecado tener relaciones sexuales, el pecado es hacerlo sin un compromiso, fuera del matrimonio, y más aún practicando obscenidades aberrantes.

Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. (Hebreos 13:4)

Mujer: Tu valor es inmenso, para Dios eres bella y una de sus más hermosas obras. No pongas precio a tu cuerpo y a tu vida para complacer a un hombre. Valórate, eres una princesa de Dios y quien te quiera te querrá por lo que vales y lo que eres, no por lo que luces o haces con tu cuerpo. No olvides quién eres y dónde te pondrá Dios, no te adelantes a sus planes, todo llegará en su momento porque él es perfecto.

Hombre: Tu valor como hombre, varón de Dios, es inmenso igual que tu responsabilidad. No cedas ante la tentación y el engaño de Satanás que intenta distraer tu camino con prácticas aberrantes como la pornografía, prostitución y demás. Cuida de la mujer que Dios te dio, es una sola y él quiere que la trates con ternura, fidelidad y especial atención, como un vaso frágil.

¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. (1 Corintios 6:16)

Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. (1 de Pedro 3:7)

Y para ambos, es importante que sepáis que si Dios es el motor de vuestra relación, no será necesaria ninguna iniciativa extraña para que la sexualidad fluya con pasión y con normalidad.

Digamos no a estas prácticas que esclavizan y ultrajan el cuerpo y el espíritu, y digamos SÍ a una sexualidad dentro del matrimonio pero sana, fiel, con amor y libertad.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.