¿Tenemos que ver para creer? ¡Que el fervor permanezca!

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Hace 8 días celebrábamos la crucifixión de Jesus en la cruz y su posterior resurrección de los muertos pero hoy, 8 días después a muchos han olvidado lo que celebraban y otros han seguido atentos al mundo y sus ocupaciones. ¡En pocos días se perdió el fervor! Y no se trata de permanecer en prácticas fanáticas como muchos dirían, lo más importante es que el fervor que hay en nuestro corazón no se apague con el paso de los días.

No seamos cristianos de Semana Santa. No seamos como Tomás, que mientras estuvo con Jesús creyó porque le veía y cuando murió le invadió la duda y la poca fe, hasta llegar a no reconocer la resurrección de su amigo y maestro por lo que comentaban los apóstoles. Tomás dijo que hasta que no viese él no creería, que hasta que no metiese su mano en el costado perforado de Jesús, él no creería. ¿Cómo podía decir esto, quién había seguido y compartido tantos momentos con el Señor?

A veces pienso que para ellos era difícil creer porque en su época, esto sería un acontecimiento fuera de lo normal y casi mágico. Una historia que contada parece ciencia ficción. ¿Cómo habríamos reaccionado nosotros? ¿Habríamos creído o habríamos dudado como Tomás? Jesús no se enfadó con Tomás porque este dudo, Jesús le reprendió apareciendo a todos unos días más tarde y le pidió al apóstol incrédulo que pusiera su dedo en su costado para satisfacer su duda y confirmar que todo era cierto.

La palabra no describe si Tomás puso o no la mano en el costado de Jesús pero si narra las palabras del Señor al discípulo, y dijo:

Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano,

y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente!

A lo que Tomás contestó: ¡Señor mío, y Dios mío!

(Esta respuesta denota vergüenza y arrepentimiento)

Y Jesús responde:

Porque me has visto, creíste; Bienaventurados los que no vieron y creyeron.

Si quieres leer nuevamente, abre tu Biblia en el libro de Juan, capítulo 20, versículos 24 al 29.

Con esta porción de su palabra, el Señor me invita a compartir el mensaje de fe y convicción permanente con todos los lectores de este espacio. Que nuestra fe no sea temporal y sujeta a tradiciones y vacaciones. Que nuestra fe y dependencia de Dios sea permanente, que nuestro fervor no se apague, sino que en nuestro corazón continúe viva la llama de la relación personal que Dios ha establecido con nosotros por medio de Jesucristo, su hijo amado, nuestro rey y salvador.

Y recordemos:

Bienaventurados los que no vieron y creyeron. (Juan 20:29)

Feliz semana e inicio de mes. Propongámonos ser constantes y determinados con un enfoque claro y permanente en la comunicación con el Señor.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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¡Poniendo la vida por los amigos!

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Dicen por ahí que no es lo mismo saber que se ama que sentirlo. Amar no es un sentimiento intangible, todo lo contrario, es un sentimiento lleno de detalles y muestras de cariño, afecto, lealtad, confianza, respeto, paciencia y un sinnúmero de demostraciones. Desde un saludo, una simple llamada, un abrazo, una carta, un dejar el orgullo y pedir perdón, un volver a empezar de cero por que la otra persona nos importa. Estar dispuesto a renunciar para servir a otro. ¿Te suena de algo?

Los seres humanos somos seres relacionales, nos gusta socializar y establecer vínculos. Unos más profundos que otros, pero creo que no existe nadie en el mundo que no tenga amigos o si fuese el caso serían muy pocos los hombres que no se relacionasen con absolutamente nadie. Así que si tenemos amigos, somos amigos, entonces tenemos familia, tenemos hermanos.

Aunque hoy y mañana son días enfocados comercialmente para celebrar el amor y la amistad, creo que no hay un día único para honrar estas relaciones, porque todos los días son ideales para hacerlo, es más debería ser un ejercicio diario, amar y perdonar a los demás. Dar lo mejor de nosotros mismos para el bienestar de otro, como lo hizo Jesús con nosotros. Dar su vida por amor para que tú y yo fuésemos salvos y considerados familia suya es el mejor regalo que Dios nos ha dado. Por su amor, somos amigos y hermanos de Jesucristo!

¿Tienes amigos? ¡Cuídalos!

¿Tienes amigos? ¡Valóralos!

¿Tienes amigos? ¡Respétalos!

¿Amas a alguien? ¡Recuérdaselo!

¿Amas a alguien? ¡Escúchalo!

¿Amas a alguien? ¡Perdona sus errores!

Es muy fácil amar a lo que nos aman. ¿Qué mérito tiene? dijo el Señor. Él nos pidió algo más grande y más fuerte. Amar a quien no lo merece, amar a nuestros enemigos, amar a quien no nos ama. Difícil ¿cierto? ¿Cómo podemos amar a nuestros enemigos? Imposible! Podemos pensar que Jesús pudo hacerlo porque era el Hijo de Dios y para él todo era posible. Amar a quién le entregó y traicionó a la vez que a sus verdugos ¡Pues no! Es una excusa inmadura. Él nos hizo especial hincapié en este mensaje porque amar a quien no lo merece es alcanzar la perfección del amor. Amar a quien no nos ama, amar a quien no lo merece, amar a quien se ha burlado y reído de nosotros es la demostración más grande de la nobleza de nuestro corazón y de la dependencia del Señor porque imitamos su carácter.

Tengo amigas desde la infancia. Crecimos juntas, nos hicimos mayores y estudiamos carreras diferentes. Hoy, somos muy distintas pero seguimos hablando y compartiendo. Hoy, a pesar de los años seguimos animándonos y compartiendo. Aunque vivimos lejos, hablamos con cierta frecuencia y nos vemos de vez en cuando. Pero amarlas a ellas es muy fácil a pesar de que a veces tengamos algunas diferencias, porque más que mis amigas son mis hermanas. Sé que puedo contar con ellas como ellas conmigo y siempre habrá en nuestro corazón amor, respeto, cariño, amistad y confianza. Pero… ¿y las otras relaciones que no son tan perfectas? ¿Las relaciones en las que hay dolor, silencio, distancia, malos recuerdos, resentimiento y tristeza? ¿Qué pasa con esas relaciones? Es allí donde deberíamos de enfocar nuestra mente y corazón, porque es precisamente de esas relaciones de las que el Señor nos pedirá cuenta un día y nos preguntará ¿por qué?

Aprendamos de su amor y eterna fidelidad. Aprendamos de su misericordia y paciencia. Aprendamos de su nobleza y misericordia para comportarnos con los demás como él ha sido y es con nosotros.

Hoy, en estas fechas de amor y amistad. Demos amor por doquier y reconciliémonos con quién daño nos ha hecho y sanemos nuestras relaciones personales, porque es la manera de obedecer y reflejar el amor de Cristo. El amor que nos amó sin merecerlo y dio su vida por pecadores e injustos, entre los que estábamos tú y yo.

Y en este tiempo de amor y amistad mis deseos para ti y los tuyos son:

Que el Señor te muestre su amor constante y su fidelidad.”

(2 Samuel 15:20)

¿A quién vas a amar hoy? ¿A quién vas a cuidar hoy? ¿Por quién darías tu vida?

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Que la indeferencia no contamine tu corazón

Ya se nos ha dicho en repetidas ocasiones y nos lo ha dicho Jesús también,

“Como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.”

Lucas 6:31

Lo más importante de estas palabras es la práctica que hacemos de ellas. ¿Aplicamos esta verdad en nuestra relación con los demás?

Exigimos respeto, pero ¿respetamos? Deseamos que se nos trate con amor y ¿es lo que damos?

Estas sabias palabras nos hablan de la convivencia, de las buenas relaciones, del amor, la amistad, la complicidad, el cariño, el afecto y la bondad y lo asemejo a este proverbio porque viene a decir lo mismo. “Si cierras tu oído al clamor del pobre, cuando clames no seras oído.”

Dios es un dios justo y misericordioso, que piensa en ti, en mí y en los demás, en cada persona que le busca, que le necesita, en cada enfermo y desalentado. Dios tiene amor para cada uno de los hombres y quiere que nosotros nos tratemos con amor los unos a los otros, que nos ayudemos y soportemos. Lamentablemente no es así y por eso estas enseñanzas, porque él quiere que pensemos en los demás, que renunciemos a nuestras comodidades para compartir con los demás, que imploremos por las necesidades de otros y que escuchemos cuando otros necesiten consuelo. Nuestro Padre quiere que seamos reflejo de su amor y misericordia.

Hoy somos consuelo de otros porque una vez fuimos consolados. Hoy somos ayuda y soporte de otros porque una vez alguien nos dio la mano. Hoy somos guía de alguien porque alguna vez anduvimos ciegos. Hoy somos luz pero una vez estuvimos en tinieblas.

Y ahora piensa en cómo te gustaría que fuesen contigo.

¿Te gustaría que te llamen y tengan en cuenta? ¿Te gustaría que te digan cuanto te quieren y te den un abrazo?¿Te gustaría que te saludaran cada mañana o te ayudaran a cargar una bolsa pesada?¿Te gustaría que te escucharan y oraran por ti? ¿Te gustaría que en mitad de la lluvia alguien te extendiera su paraguas? Entonces haz por los demás lo mismo que tú deseas para ti, porque así como tú seas, serán contigo. Reflexionemos: No esperes recibir amor si lo que das está lejos de ser ternura y amor.

Piensa en los demás, en los necesitados, en los desamparados, en las viudas, huérfanos, en los ancianos. Piensa en las personas que viven en la calle y no tienen techo donde resguardarse. En las personas presas de su libertad, en las prostitutas, en los drogadictos que siendo esclavos y prisioneros de una atadura no conocen al que tiene la llave de su libertad.

¡Di no a la indiferencia y no permitas que se contamine tu corazón! No podemos vivir un día más sin hacer algo por los demás. Caminar por la ciudad, como si nada, mientras hay gente durmiendo en la calle sin nada que comer ni que beber, cuando a nosotros nos sobra. No podemos seguir viendo las noticias y ver como son perseguidos hasta la muerte, nuestros hermanos en la fe, en Oriente y seguir viendo novelas o películas. ¡No podemos ser indiferentes ante el dolor de los demás!

Ora por otros, por los enfermos y los perseguidos. Extiende tu mano al desvalido, abriga al desnudo, ayuda al anciano, da agua al sediento y consuelo al triste. Porque así como Dios nos ha amado, debemos amar a los demás.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Dios te ama de forma inagotable e inalterable, comparte su amor.

Empecemos por leer detenidamente 1 de Juan 4:11-12.

Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.”

El Señor nos recuerda que de la forma en que él nos ha amado así mismo debemos amar a los demás. Luego, su palabra continua diciendo que nadie le ha visto jamás pero una forma de verle y permitir que otros le vean y conozcan es compartiendo del amor que él nos ha dado.

Ya sé que parece fácil, se lee fácil pero realmente no lo es. Amamos con facilidad a nuestros padres y familiares, a nuestros amigos y parejas. Pero el Señor nos dijo que no tenía ningún mérito amar a los que nos aman, nos pidió antes amar a los que nos aborrecen, a los que nos han hecho daño y a los que nos han juzgado, señalado, acusado y criticado.

Mientras leemos podemos recordar que Jesús nos amó, a ti y a mí, desde el principio sin que le conociéramos. Jesús amó a los que le injuriaron y mientras le señalaban y acusaban él moría por ellos. No hay otra forma más grande de demostrar el amor por alguien, el dar la vida por los demás.

Jesús nos muestra claramente el amor del Padre en la cruz. Así nos ama Dios, de forma pura, sana, sin reproches ni prejuicios. Dios nos ama de forma inagotable e inalterable. Su amor es eterno y no cambia. Nosotros en cambio amamos conforme al comportamiento de los demás, si es mi amigo, si es amable, si me ayuda, si comparte conmigo, si me habla, si me invita, si me da, entonces mi amor es reciproco pero si no, ¡ay!

Precisamente de esto nos habla el Señor el día de hoy. Nosotros debemos mostrar a los demás como es su amor con nuestra forma de amar; compartiendo el amor con que él nos ha amado, con los que nos aman y también con los que no. Debemos amar por decisión y obediencia, no esperando a sentir un amor genuino porque quizás nunca aparezca.

Existen muchas formas de amar a quienes no nos aman, saludando, despidiéndonos, estrechando una mano, sonriendo, hablando o simplemente con una mirada. Siempre hay un primer paso para demostrar amabilidad y cariño.

Piensa un momento en las personas que amas. Ahora medita y piensa en las que te es difícil amar y porque. Ora y pide a Dios que te permita amar a los demás de la misma forma en la que él te ama, de forma inalterable y sincera. Yo también lo haré, porque aunque me esfuerzo cada día en amar a los demás, también debo empezar a amar a algunas personas que me es difícil amar. Doy un paso de obediencia y me niego a ser antipática y necia, quiero compartir el amor de Dios para que él sea visible y muchos le conozcan.

Si tú y yo nos comprometemos a amar esta semana a quienes nos ha sido difícil amar, serán muchos los que empiecen a ver y reconocer a Dios. ¿Empezamos? Pero no permitas que el ejercicio se quede en esta semana, practícalo diariamente y comparte un poco del amor de Dios con los demás.

¡Bendiciones!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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Somos lo que somos, gracias a Él.

Somos lo que somos, gracias a él.

¿Cómo fuiste antes?
¿Qué fuiste ayer?
¿Cómo eres hoy?
¿Qué serás mañana?

Hacerte estas preguntas seguramente te invite a reflexionar y caer en cuenta que lo que hoy eres ha sido un proceso y un cambio en tu interior, en tu carácter y aspectos de tu personalidad. Ha sido un proceso en el que quizás, de tu parte ha habido resistencia y poco esfuerzo pero Dios sigue trabajando en tu vida y en la mía para hacernos mejores, para hacernos a la medida de Cristo.

Él es quien pone en nuestro corazón la convicción de pecado a través de su espíritu y cambia nuestro corazón sólido y frío en un corazón sensible y lleno de amor. Por eso, si hacemos un balance de cómo éramos antes de conocer a Dios y cómo somos ahora, está claro que hay un antes y un después y a nuestro alrededor habrá personas que lo perciban y aprecien. ¿Te lo han dicho alguna vez? Si no te lo han dicho, yo te lo digo. “Dios te ama y por su bondad ha hecho de ti lo que eres hoy, felicidades”

El simple hecho de compartir este espacio diariamente con su palabra y amarle significa que renunciaste a muchas cosas para seguirle, esto significa que hoy eres diferente a cuando le conociste o dudabas de su existencia y poder. Hoy eres su hijo y amigo.

Lo más bonito de todo esto, es que hay una transformación en nuestro ser, aunque seguimos siendo los mismos por fuera, en nuestro interior hay una revolución que pretende hacernos mejores personas. Nuestro aspecto físico no cambia, lo que cambia es nuestro corazón, nuestros pensamientos, nuestra actitud frente a los problemas y nuestra confianza y seguridad en Dios.
Antes, en otro tiempo éramos esclavos y vivíamos cautivos al pecado, al engaño, a las mentiras del enemigo, a los prejuicios y acusaciones. Estábamos en tinieblas y ahora, gracias a la bondad de Dios somos libres, vencedores, inocentes, fuertes y vivimos en la luz.

Hoy es tiempo de valorar cuán bueno ha sido Dios, cuán fiel ha sido nuestro Padre; aun a pesar de nuestro indiferencia, lejanía y frialdad. Amemos a Dios y demos gracias por su infinita bondad, que pule nuestro carácter cada día para hacernos mejores, porque él es bueno.

¡Feliz de servir y trabajar para al único Dios realmente bueno!
Laura Sánchez.