…Y el hombre sigue colmando la paciencia de Dios!

Arte y Diseño para Cristo

Hacer algo no significa que sea válido ni bueno por el simple hecho de hacerlo.

Este fin de semana, las redes sociales, los periódicos y las noticias inundan de color el triunfo de una ley que favorece a algunos hombres y contradice la voluntad de Dios, pero el mundo lo celebra y exalta. El reconocimiento al matrimonio homosexual en Estados Unidos inunda los medios de comunicación y es noticia.

Muchas personas se suman a la celebración llamando a lo malo bueno y ya conocemos el resto. Muchos tiñen sus imágenes con una bandera multicolor que representa su sexualidad y ver esto me recuerda que la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo está cerca.

A lo largo de su historia, el hombre ha dado prioridad a sus normas y ha burlado la ley de Dios hasta agotar su paciencia. Seguimos viendo como nuestra sociedad repite el mismo error de los pueblos antiguos que perecieron por su rebeldía; hacer su voluntad a capricho ignorando la voluntad de Dios y oponiéndose a su plan. Hoy estamos como en los tiempos de jolgorio que vivieron Sodoma y Gomorra y como en los tiempos de Noé cuando Dios castigó la tierra con el diluvio para raer el pecado de forma determinante.

El hombre sigue creyendo que desobedecer a Dios y aplaudir la rebeldía y la transgresión, está bien. Y no lo digo por ti y por mí, lo digo por el mundo. Precisamente tú y yo somos seres nadando contra corriente en un mundo contradictorio, salvaje, violento y rebelde. Ante este panorama poco alentador lo que debemos hacer es compartir lo que dice Dios al respecto, lo demás, convencer de pecado y de arrepentimiento es tarea del Espiritu Santo.

¿Qué le decían a Noé cuando construía el Arca? Le llamaron loco y se burlaron de él todo el tiempo. ¿Que pensaron de Lot cuando huyó y a sus espaldas eran destruidas las ciudades de Sodoma y Gomorra?

Desde antes del nacimiento de Jesús, los hombres se han esforzado en oponerse al plan de Dios satisfaciendo sus deseos y pasiones. Desde el principio, el hombre, representado por Adán y Eva, prestó su oído para escuchar propuestas que trasgredían la ley de Dios y poco a poco la paciencia de Dios se colmó. Podemos leer esta reflexión en las palabras de Eclesiastés.

He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones.

(Eclesiastés 7:29)

Él nos ama y es misericordioso, Dios ama al hombre y es justo, pero Dios no va a contradecir su ley ni a ir en contra de su naturaleza santa porque ama al hombre. Dios preparó todo de antemano y su plan es para cada uno de nosotros, los que queremos caminar junto a él y los que aún no caminan por desconocimiento y desobediencia. Él nos creó conforme a su imagen y semejanza y nos hizo hombres y mujeres con un propósito que supera el plano físico. Nos dio razón, discernimiento, entendimiento y libre albedrío, pero muchos, han hecho uso de esta libertad para hacer lo que han querido, incluso despreciando a Dios. Hacer lo que nos apetezca no significa que sea bueno y mucho menos que agrade al Señor.

 Jehová dice claramente lo siguiente, en relación a su plan y propósito divino:
¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones
(1 Corintios 6:9)

Dios no sólo ha dicho que le es abominable la infidelidad, sino que no le agrada en absoluto que los hombres se echen con varones y esto ¿cómo se equipara a la celebración de hoy en la que el matrimonio homosexual adquiere el mismo protagonismo que el matrimonio heterosexual?

Dios nos juzgará a todos por nuestros actos y cada uno es libre de elegir, pero como cristianos e hijos de Dios debemos permanecer firmes y negarnos a mimetizar nuestra fe con las creencias del mundo. La palabra de Dios es veraz desde el Génesis hasta el Apocalipsis, es veraz en el antiguo y en el nuevo testamento. Es veraz y verdad absoluta porque es la impronta de su voz, así que nos sujetamos en obediencia a su voluntad sin poner en duda ni una jota ni hacer una selección de lo que nos gusta y lo que nos gusta menos, porque aunque no logremos entender muchas cosas de su palabras o nos agrade poco, lo que para él es pecado, lo seguirá siendo y él seguirá siendo Dios soberano por encima de todas las cosas, gústenos o no.

No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace.

(Deuteronomio 22:5)

Hoy el mundo celebra lo que Dios abomina. ¿Esto es coherente? Esto es una clara señal que muy cerca están los tiempos finales. Oremos por nuestros niños, por los adolescentes, por los hombres, mujeres, esposos, padres de familia, para que Dios les dirija y haga de ellos seres íntegros y temerosos de Dios. Que honren su nombre en sus hogares y familias y sepan influir sabiamente en la educación de sus hijos. Oremos para que todos vuelvan sus corazones a Dios y construyan familias que honren y exalten a Dios.

¡Oremos porque estos tiempos nos avisan que el regreso de nuestro Señor está cerca!

Y no aceptemos llamar a lo malo bueno y a lo bueno malo con nuestro silencio y falsa prudencia, porque Ay!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Por qué condenamos, si Él jamás lo hizo?

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Cuando vinieron los escribas y fariseos delante de Jesús a presentar a la mujer adultera y acusarla para apedrearla por su pecado, cómo dictaba la ley de Moisés, Jesús les invitó a reflexionar sobre su comportamiento y les hizo una pregunta que perdura hasta nuestros días y que hoy nos corresponde contestar a nosotros. ¿Estamos libres de pecado para lanzar una piedra de castigo y juicio contra otro?

Reflexionemos:

¿Por qué Jesús, siendo Hijo de Dios y con toda autoridad no condenó a esta mujer?

¿Por qué el Señor Jesús tuvo clemencia de una adultera, cuando la ley prohibía el adulterio y consideraba la muerte como pago del pecado?

¿Por qué los escribas fariseos se sentían justos acusándola y presentándola públicamente como una pecadora?

Primero, debemos recordar que estos hombres se consideraban expertos en la ley, pero realmente ¿la cumplían? La respuesta de Jesús no fue la que esperaban y por el contrario sus palabras removieron la conciencia de todos estos hombres, quienes inmediatamente abandonaron el lugar reconociendo claramente que ninguno tenía derecho de lanzar una piedra contra la mujer adultera porque ninguno estaba limpio de pecado. ¡Todos eran pecadores!

¡Cuidado! Porque sin pensarlo, muchas veces actuamos como los fariseos y los escribas, creyéndonos eruditos de la fe y expertos en la palabra porque la leemos y nos sabemos algunos versículos de memoria. ¿Es esto suficiente para ser perfectos y estar libres de pecado? No! porque ninguno de los hombres es perfecto y justo. La Biblia dice lo siguiente:

“Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga bien y nunca peque”.

Eclesiastés 7:20

¿Creías que eras bueno?¿Creías que eras justo? Dios dice que ciertamente no existe en la tierra un hombre que haga bien y NUNCA peque. Es decir que ni tú ni yo, somos tan buenos como creemos. Quizás somos menos malos que otros y menos injustos por la misericordia de Dios. Pero tú y yo somos pecadores, por eso Jesús vino, para salvarnos y redimirnos. Sin la sangre de Jesús seguiríamos estando en pecado y apartados de la gracia de Dios, pero por su sacrificio en la cruz hemos sido limpios de toda mancha y justificados por la fe.

Por eso hoy, esta pregunta nos recuerda que ninguno de nosotros tiene derecho de levantar la mano para lanzar piedras contra los demás. Pero no es necesario agredir físicamente a otro; basta con abrir nuestros labios para juzgar o señalar con nuestro corazón el error de otro.

¿Cuántas veces hemos escuchado a hermanos señalando el pecado de otros hermanos?

¿Cuántas veces nosotros mismos hemos levantado el dedo para juzgar y criticar a nuestra familia, a nuestra pareja, a nuestros amigos?

¿Cuántas veces hemos sentido satisfacción porque no somos como los demás, que pecan sin parar?

¿Cuántas veces hemos juzgado a otros con nuestra mirada y la expresión de nuestro rostro?

No seamos escribas ni fariseos. Seamos imitadores de Cristo, que no juzgó ni condenó a la mujer adultera sino que la perdonó.

Detente un momento y reconoce delante de Dios las veces en las que te has comportado como un escriba y has señalado el error de otro, olvidando que no eres perfecto ni justo. Que esta semana tu propósito sea perdonar y amar como Cristo perdonó y amó a la mujer adultera sin condena ni prejuicios.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Y qué dice Dios sobre la sexualidad?

El estreno del año se esperó y promocionó por todos lados en casi todos los idiomas después del éxito en ventas de la trilogía escrita del libro “50 sombras de grey”. Es increíble ver cómo el enemigo nos sigue engañando, pidiéndonos llamar a lo malo bueno y a lo bueno malo, incitándonos al pecado por querer desvirtuar el plan y propósito de Dios. Hablar de sexo no es pecado, la Biblia habla de sexualidad, lo malo es la perversión y la maldad detrás del tema.

Para los que sabéis de qué hablo y para los que no, un pequeño resumen en términos generales. Este libro que menciono hoy, para hacer un llamado urgente a nuestro sentir como hijos de Dios, y que acumula en la actualidad innumerables ventas y ediciones impresas, cuenta la historia de un hombre adinerado y con una personalidad un poco especial que disfruta haciendo daño en la intimidad a las mujeres con las que se relaciona practicando el sadomasoquismo, un acto aberrante, como algo normal y cotidiano, involucrando a una chica que acaba de conocer y que es la protagonista del libro y la que finalmente cede ante sus pasiones carnales y narra detalladamente las escenas que experimenta con el chico. Este breve resumen lo hago apoyada en la sinopsis de la película y los comentarios del libro que en ningún caso he leído y cuya película mucho menos he visto.

Actualmente, según algunas encuestas, las mujeres adultas, muchas casadas, y las jóvenes solteras, se sienten atraídas por este tipo de prácticas porque les parece que satisfacer los deseos de un hombre es el precio por ser correspondidas. Para mí, acceder a este tipo de prácticas es un sinónimo de falta de amor en la relación de pareja, de ausencia de Dios, de inmoralidad y poco respeto por nuestro cuerpo. No olvidemos que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo.

Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (1 de Corintios 6: 18,19)

Dios nos ha hecho hermosas, nos ha provisto de un espíritu y un alma, y valemos por lo que somos no por la apariencia de nuestro cuerpo o vestido. Valemos por nuestro interior, no por las prácticas a las que estemos dispuestas a someternos ni a gusto de un hombre ni a gusto de una mujer. Somos seres hechos a imagen y semejanza de Dios, que debemos amarnos con fidelidad, ternura, pasión, entrega y respeto. Por eso Dios preparó la sexualidad para el matrimonio. Si Dios no hubiese querido que sintiéramos placer nos habría hecho insensibles, sin emociones ni sensaciones, pero no es así. Él lo único que quiere es que vivamos la sexualidad conforme a su plan.

Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos,

sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. (1 Pedro 3:3-4)

Está claro que estas prácticas, como el sadomasoquismo, no dejan de estar muy lejos de lo que se critica mucho, como el maltrato a las mujeres, no dejan de ser pornografía, vejación y violencia de género.

Es malévolo y diabólico sentir placer en el dolor. Esto no es parte del plan de Dios.

Él nos creó para complementarnos el uno con el otro y ser un solo cuerpo, ser uno solo, disfrutar en pareja con respeto y ternura. Nos hizo seres sensibles y nos dio un corazón para amar. Nos dijo que nos tratáramos con respeto y que la mujer fuese para el varón y él para ella. En este aspecto, Dios no pide a nadie que se someta a nadie, antes dice al hombre, “ama a tu mujer como a ti mismo y trátala como a vaso más frágil.” ¿Por qué entonces hoy bate el récord en taquilla una película que describe el maltrato sexual de una mujer por un hombre con pasiones aberrantes?

Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.

El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido.

La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.

No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia. (1 de Corintios 7:2-5)

Este mensaje es un llamado a varios aspectos, teniendo en cuenta que Dios es el creador de todo. Él creó nuestro cuerpo y la sexualidad, no es un pecado tener relaciones sexuales, el pecado es hacerlo sin un compromiso, fuera del matrimonio, y más aún practicando obscenidades aberrantes.

Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. (Hebreos 13:4)

Mujer: Tu valor es inmenso, para Dios eres bella y una de sus más hermosas obras. No pongas precio a tu cuerpo y a tu vida para complacer a un hombre. Valórate, eres una princesa de Dios y quien te quiera te querrá por lo que vales y lo que eres, no por lo que luces o haces con tu cuerpo. No olvides quién eres y dónde te pondrá Dios, no te adelantes a sus planes, todo llegará en su momento porque él es perfecto.

Hombre: Tu valor como hombre, varón de Dios, es inmenso igual que tu responsabilidad. No cedas ante la tentación y el engaño de Satanás que intenta distraer tu camino con prácticas aberrantes como la pornografía, prostitución y demás. Cuida de la mujer que Dios te dio, es una sola y él quiere que la trates con ternura, fidelidad y especial atención, como un vaso frágil.

¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. (1 Corintios 6:16)

Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. (1 de Pedro 3:7)

Y para ambos, es importante que sepáis que si Dios es el motor de vuestra relación, no será necesaria ninguna iniciativa extraña para que la sexualidad fluya con pasión y con normalidad.

Digamos no a estas prácticas que esclavizan y ultrajan el cuerpo y el espíritu, y digamos SÍ a una sexualidad dentro del matrimonio pero sana, fiel, con amor y libertad.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.