Que la indeferencia no contamine tu corazón

Ya se nos ha dicho en repetidas ocasiones y nos lo ha dicho Jesús también,

“Como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.”

Lucas 6:31

Lo más importante de estas palabras es la práctica que hacemos de ellas. ¿Aplicamos esta verdad en nuestra relación con los demás?

Exigimos respeto, pero ¿respetamos? Deseamos que se nos trate con amor y ¿es lo que damos?

Estas sabias palabras nos hablan de la convivencia, de las buenas relaciones, del amor, la amistad, la complicidad, el cariño, el afecto y la bondad y lo asemejo a este proverbio porque viene a decir lo mismo. “Si cierras tu oído al clamor del pobre, cuando clames no seras oído.”

Dios es un dios justo y misericordioso, que piensa en ti, en mí y en los demás, en cada persona que le busca, que le necesita, en cada enfermo y desalentado. Dios tiene amor para cada uno de los hombres y quiere que nosotros nos tratemos con amor los unos a los otros, que nos ayudemos y soportemos. Lamentablemente no es así y por eso estas enseñanzas, porque él quiere que pensemos en los demás, que renunciemos a nuestras comodidades para compartir con los demás, que imploremos por las necesidades de otros y que escuchemos cuando otros necesiten consuelo. Nuestro Padre quiere que seamos reflejo de su amor y misericordia.

Hoy somos consuelo de otros porque una vez fuimos consolados. Hoy somos ayuda y soporte de otros porque una vez alguien nos dio la mano. Hoy somos guía de alguien porque alguna vez anduvimos ciegos. Hoy somos luz pero una vez estuvimos en tinieblas.

Y ahora piensa en cómo te gustaría que fuesen contigo.

¿Te gustaría que te llamen y tengan en cuenta? ¿Te gustaría que te digan cuanto te quieren y te den un abrazo?¿Te gustaría que te saludaran cada mañana o te ayudaran a cargar una bolsa pesada?¿Te gustaría que te escucharan y oraran por ti? ¿Te gustaría que en mitad de la lluvia alguien te extendiera su paraguas? Entonces haz por los demás lo mismo que tú deseas para ti, porque así como tú seas, serán contigo. Reflexionemos: No esperes recibir amor si lo que das está lejos de ser ternura y amor.

Piensa en los demás, en los necesitados, en los desamparados, en las viudas, huérfanos, en los ancianos. Piensa en las personas que viven en la calle y no tienen techo donde resguardarse. En las personas presas de su libertad, en las prostitutas, en los drogadictos que siendo esclavos y prisioneros de una atadura no conocen al que tiene la llave de su libertad.

¡Di no a la indiferencia y no permitas que se contamine tu corazón! No podemos vivir un día más sin hacer algo por los demás. Caminar por la ciudad, como si nada, mientras hay gente durmiendo en la calle sin nada que comer ni que beber, cuando a nosotros nos sobra. No podemos seguir viendo las noticias y ver como son perseguidos hasta la muerte, nuestros hermanos en la fe, en Oriente y seguir viendo novelas o películas. ¡No podemos ser indiferentes ante el dolor de los demás!

Ora por otros, por los enfermos y los perseguidos. Extiende tu mano al desvalido, abriga al desnudo, ayuda al anciano, da agua al sediento y consuelo al triste. Porque así como Dios nos ha amado, debemos amar a los demás.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Qué hacer ante las circunstancias? ¡Orar sin cesar!

Las noticias dejan sin aliento. La desesperanza está a la orden del día pero nuestro consuelo es invocar el nombre de nuestro salvador y defensor. Nuestro refugio y pronto auxilio vendrá de él.

Así que ante las cruentas circunstancias que vivimos nuestra única arma es la oración.

Y haciendo referencia a las palabras del Señor en Jeremías 33:3

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”

Entonces levantamos nuestros ojos al cielo, y clamamos el favor de Dios ante tanta maldad, violencia, inhumanidad, egoísmo, avaricia y tiranía.

Ya decía el escritor de Esclesiastés en el versículo 4, versos 1 al 7, lo que veía y deseaba. Y cualquier parecido con la sociedad de nuestros tiempos no es ninguna coincidencia.

“Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quién los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador.

Y alabé yo a los finados, los que ya murieron, más que a los vivientes, los que viven todavía.

Y tuve por más feliz que unos y otros al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen.

He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

El necio cruza sus manos y come su misma carne.

Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu.

Yo me volví otra vez, y vi vanidad debajo del sol.”

Dispongamos nuestra mente y corazón para implorar al Todopoderoso y soberano Dios por la paz y libertad de los hombres, por la extensión de su palabra en un mundo lleno de vanidad y contienda.

Por las almas que apartadas de Dios caminan por sendas de oscuridad, por caminos de maldad.

Oremos por los necesitados, maltratados y torturados a causa de su fe. Oremos por los líderes del mundo para que tengan temor de Dios y sean guiados por el Espíritu Santo.

Oremos por los niños, por los más pequeños. Por los ancianos, y las mujeres y hombres viudos, por los huérfanos y solitarios para que todos sean consolados y abrazados por la mano de Dios.

¡Que nuestro consuelo ante la decadencia del mundo sea la oración!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Dios te librará, no temas. Bajo sus alas estarás ¡seguro!

Un refugio es un sitio donde resguardarse y protegerse del peligro o de las circunstancias. En muchos casos, tras una catástrofe natural o en guerra, se crean campos de refugio para las victimas o sobrevivientes.

Dios sabe que sus hijos, lejos de él, se encuentran expuestos al peligro y por eso nos invita a estar cerca suyo, a vivir en comunión con él diariamente. Es verdad que en los tiempos que vivimos tenemos escasez de tiempo y nuestro tiempo para Dios se ve sometido a presión por diversas ocupaciones, compromisos y tareas; trabajo, estudios, familia, hijos, casa…tantas cosas que nos apartan del Señor. Vivimos en competencia con el tiempo para poder tener un momento especial para Dios y con dificultad oramos, leemos su palabra y vamos a la iglesia.

Cuando nos alejamos del refugio, corremos peligro porque estamos lejos del cuidado y las atenciones. En un campo de refugiados hay recomendaciones para las personas que allí permanecen y así eviten nuevos riesgos. Dios nos da a sus hijos unos consejos para no correr peligro ni exponernos libremente al mundo, al pecado y al enemigo que como león rugiente anda por ahí buscando a quien devorar. Por esto, Dios nos ofrece su protección si caminamos cerca suyo y nos da una armadura para permanecer firmes y defendernos diariamente estemos lejos o cerca del refugio.

¿Dónde estás hoy? ¿Bajo la sombra del omnipotente o dando un paseo por el mundo?

Leamos juntos el salmo 91 donde Dios nos recuerda que si moramos bajo su sombra nada nos pasará, pero no es posible morar en un lugar estando apartados de él. Así que, toma en cuenta el lugar en donde estas hoy. ¿Estás cerca o lejos?, ¿cuántos metros te separan de Dios?

 

El que habita al abrigo del Altísimo
morará bajo la sombra del Omnipotente.

Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
mi Dios, en quien confiaré.

El te librará del lazo del cazador,
de la peste destructora.

Con sus plumas te cubrirá,
y debajo de sus alas estarás seguro;
escudo y adarga es su verdad.

No temerás el terror nocturno,
ni saeta que vuele de día,

Ni pestilencia que ande en oscuridad,
ni mortandad que en medio del día destruya.

Caerán a tu lado mil,
y diez mil a tu diestra;
mas a ti no llegará.

Ciertamente con tus ojos mirarás
y verás la recompensa de los impíos.

Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
al Altísimo por tu habitación,

No te sobrevendrá mal,
ni plaga tocará tu morada.

Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
que te guarden en todos tus caminos.

En las manos te llevarán,
para que tu pie no tropiece en piedra.

Sobre el león y el áspid pisarás;
hollarás al cachorro del león y al dragón.

Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

Me invocará, y yo le responderé;
con él estaré yo en la angustia;
lo libraré y le glorificaré.

Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.

Salmos 91 (Reina-Valera 1960)

 

Ven, habitemos juntos al abrigo de Dios, escondámonos bajo sus alas. Refugiémonos en su sombra y dejemos que con sus plumas nos cubra.

Nuestro Dios es escudo y torre fuerte alrededor nuestro. ¿Qué necesidad tenemos de estar lejos de la torre y sin escudo?

Recuerda: Un soldado no va a la guerra desarmado y sin protección. Día tras día enfrentamos diversas batallas y si estamos desarmados podemos salir lastimados.

No nos apartemos del Señor, caminemos de su mano y su protección nos guardará. No temamos, nada nos hará frente porque Dios está con nosotros.

 

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.