¡Él amor de Dios nunca cambia!

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A pesar de nuestra rebeldía, ¡Dios nos ama! Digo a pesar porque aunque no parezca ni lo creamos, tú y yo somos en algunas ocasiones, rebeldes, necios y tercos. Aunque amamos a Dios, a veces, vamos por la vida conforme a nuestros deseos y necesidades y no conforme a los deseos ni voluntad de Dios. Eso es rebeldía.

¿Y qué hace un padre cuando su hijo es rebelde y hace lo que le apetece? ¡Lo sabemos bien! Las consecuencias de la desobediencia las conocemos por experiencia propia o porque es lo que hacemos o haremos con nuestros hijos. Lo primero es: el castigo, segundo: la reprensión y tercero: la lección. Pero el enfado y la decepción de un padre por la desobediencia de sus hijos suele permanecer por cierto tiempo; algunos lo recuerdan por largos años. Pero la noticia de hoy, es que a nuestro Padre Celestial y Dios eterno, el enfado y la ira le duran poco porque su misericordia es infinita y su amor inexplicable. A pesar de nuestra desobediencia y rebeldía, él nos ama y nos sana.

Clemente y misericordioso es Jehová, Lento para la ira, y grande en misericordia. (Salmos 145:8)

Esta sanidad hace referencia al perdón y a la restauración. Dios quiere nuestro bien y sabe que si fallamos, le necesitamos, entonces no se aparta, antes se conmueve y nos abraza. Él sólo espera que nos acerquemos y le contemos qué hemos hecho, por qué lo hemos hecho y sentir el arrepentimiento sincero de nuestro corazón, para lavarnos y sanar nuestro espíritu nuevamente. Y escribo nuevamente porque volverá a pasar y él nos volverá a sanar porque nos ama.

Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu. (Salmos 34:18)

Si embargo hay algo que no debemos olvidar, su perdón y misericordia no nos dan libertad para pecar. Entonces andemos en obediencia y sujeción en la vida, resistiendo la tentación y negándonos al pecado por amor a Cristo y a Dios Padre.

Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. (Gálatas 5:13)

¿Has sido rebelde con Dios?

¿En qué desobedeciste?

No me lo digas, díselo a él,

que aún a pesar de tu error y pecado, te perdonará y seguirá amando.

A él que tendrá misericordia de ti y te mirará con amor y ternura. A él que será paciente y nunca

pagará conforme a la grandeza de nuestros errores. A él que con amor eterno te ha amado.

¡Bendito seas Señor, Dios justo y misericordioso!

¡Gracias por amarnos eternamente y no tener en cuenta nuestra transgresión!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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Que la indeferencia no contamine tu corazón

Ya se nos ha dicho en repetidas ocasiones y nos lo ha dicho Jesús también,

“Como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.”

Lucas 6:31

Lo más importante de estas palabras es la práctica que hacemos de ellas. ¿Aplicamos esta verdad en nuestra relación con los demás?

Exigimos respeto, pero ¿respetamos? Deseamos que se nos trate con amor y ¿es lo que damos?

Estas sabias palabras nos hablan de la convivencia, de las buenas relaciones, del amor, la amistad, la complicidad, el cariño, el afecto y la bondad y lo asemejo a este proverbio porque viene a decir lo mismo. “Si cierras tu oído al clamor del pobre, cuando clames no seras oído.”

Dios es un dios justo y misericordioso, que piensa en ti, en mí y en los demás, en cada persona que le busca, que le necesita, en cada enfermo y desalentado. Dios tiene amor para cada uno de los hombres y quiere que nosotros nos tratemos con amor los unos a los otros, que nos ayudemos y soportemos. Lamentablemente no es así y por eso estas enseñanzas, porque él quiere que pensemos en los demás, que renunciemos a nuestras comodidades para compartir con los demás, que imploremos por las necesidades de otros y que escuchemos cuando otros necesiten consuelo. Nuestro Padre quiere que seamos reflejo de su amor y misericordia.

Hoy somos consuelo de otros porque una vez fuimos consolados. Hoy somos ayuda y soporte de otros porque una vez alguien nos dio la mano. Hoy somos guía de alguien porque alguna vez anduvimos ciegos. Hoy somos luz pero una vez estuvimos en tinieblas.

Y ahora piensa en cómo te gustaría que fuesen contigo.

¿Te gustaría que te llamen y tengan en cuenta? ¿Te gustaría que te digan cuanto te quieren y te den un abrazo?¿Te gustaría que te saludaran cada mañana o te ayudaran a cargar una bolsa pesada?¿Te gustaría que te escucharan y oraran por ti? ¿Te gustaría que en mitad de la lluvia alguien te extendiera su paraguas? Entonces haz por los demás lo mismo que tú deseas para ti, porque así como tú seas, serán contigo. Reflexionemos: No esperes recibir amor si lo que das está lejos de ser ternura y amor.

Piensa en los demás, en los necesitados, en los desamparados, en las viudas, huérfanos, en los ancianos. Piensa en las personas que viven en la calle y no tienen techo donde resguardarse. En las personas presas de su libertad, en las prostitutas, en los drogadictos que siendo esclavos y prisioneros de una atadura no conocen al que tiene la llave de su libertad.

¡Di no a la indiferencia y no permitas que se contamine tu corazón! No podemos vivir un día más sin hacer algo por los demás. Caminar por la ciudad, como si nada, mientras hay gente durmiendo en la calle sin nada que comer ni que beber, cuando a nosotros nos sobra. No podemos seguir viendo las noticias y ver como son perseguidos hasta la muerte, nuestros hermanos en la fe, en Oriente y seguir viendo novelas o películas. ¡No podemos ser indiferentes ante el dolor de los demás!

Ora por otros, por los enfermos y los perseguidos. Extiende tu mano al desvalido, abriga al desnudo, ayuda al anciano, da agua al sediento y consuelo al triste. Porque así como Dios nos ha amado, debemos amar a los demás.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Clemente y compasivo es Dios

No existen palabras más sinceras para describir el carácter de Dios. Él es clemente y compasivo. Él es lento para la ira y su misericordia es infinita.

Soy una persona un poco impaciente y con facilidad me pongo nerviosa si las cosas no salen bien. Dios ha pulido mi carácter y cada día sigue trabajando para moldearme conforme a su amor y voluntad, y esto me hace admirar en gran manera la paciencia del Señor. Si nuestra relación con Dios se tratara de paciencia, creo que ya se le habría agotado porque no somos perfectos, todos los días fallamos. Pero conocer el verdadero carácter de Dios nos permite recordar que somos afortunados porque su misericordia nos ha alcanzado, nos ha perdonado, y hoy somos lo que somos por su gracia.

Cuando leí este versículo de los salmos hace más de 8 años, entendí que el carácter de Dios que las monjas me habían enseñado de niña no se parecía mucho al carácter que describía su palabra, y cuando me acerqué a Dios arrepentida por mis errores, entendí que en él no hay nada de dureza ni inclemencia, Dios no es implacable ni está furioso conmigo por mis faltas. Él es paciente y justo, es un Dios revestido de amor y ternura para con todos sus hijos, y aún a pesar de nuestros pecados, él nos sostiene y perdona nuevamente. Su misericordia es tan grande como la distancia de los cielos a la tierra, y no nos paga conforme a nuestro comportamiento sino que tiene de nosotros piedad y con ternura nos abraza.

Dios es un dios de oportunidades, no un dios castigador ni impositivo. Es un dios justo que ejecuta su palabra y actúa conforme a su ley, una ley llena de amor y bondad, tanto que envió a Jesús, su único hijo, a nacer en medio de nosotros para darnos vida y perdón, para enseñarnos en él cómo debemos ser y vivir. Y nuevamente, su misericordia se extendió a toda la tierra al permitir que Jesús muriera por nosotros. Él no se negó a subir a la cruz por ti ni por mí, él sufrió y lloró lagrimas de sangre para darnos vida, para salvarnos de la culpa, de la condena y de un futuro apartados de Dios.

Celebremos y gocémonos porque la misericordia de Jehová nos ha sostenido, nos ha alcanzado y nos ha hecho nuevas criaturas en Cristo Jesús. Por amor, nos transformó en lo que somos hoy. No somos perfectos, ¡para nada!; pero sabemos dónde está nuestra fuerza para ser mejores personas, y tenemos la certeza de la misericordia, clemencia, compasión, perdón y amor de Dios.

¿Has fallado? Yo sí. No conozco tu error ni tú el mío, pero Dios sí lo sabe. Él nos conoce profundamente y lo que hay en nuestro corazón no le es oculto. Hoy nos pide que dejemos atrás el miedo y el temor, y nos arrepintamos de lo que hemos dicho, hecho y pensado que nos haya apartado de su lado. Él quiere ayudarnos a cambiar, y desea pulirnos y trabajar nuestro carácter hasta conseguir que seamos imitadores de Jesucristo.

Reconozcamos nuestro error y acerquémonos a Dios porque él nos limpiará del pecado, nos dará su paz y perdón. Volvámonos a él porque con ternura y paciencia nos abrazará para darnos libertad y romper las cadenas de nuestra culpa.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.