Todos los días son especiales para dar GRACIAS


Todos los días son especiales para levantar la mirada al cielo y decir en voz alta: ¡GRACIAS Señor! Muchos son los motivos para exaltar las bondades de nuestro Dios y aunque hoy es un día en el que muchas personas celebran la gratitud para con Dios, realmente todos los días son especiales para ser agradecidos y recordar las bendiciones del Señor. Hoy se celebra el día de Acción de Gracias o Thanksgiving Day y por eso el mensaje de hoy va enfocado a la gratitud.

Leamos juntos la primera parte del Salmo 103. Es un hermoso texto que habla de la gratitud a Dios por cada una de sus bondades:


Bendice, alma mía, a Jehová,
y bendiga todo mi ser su santo nombre.
Bendice, alma mía, a Jehová,
y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él es quien perdona todas tus maldades,
el que sana todas tus dolencias,
el que rescata del hoyo tu vida,
el que te corona de favores y misericordias,
el que sacia de bien tu boca
de modo que te rejuvenezcas como el águila.

 

Jehová es el que hace justicia
y derecho a todos los que padecen violencia.
Sus caminos notificó a Moisés,
y a los hijos de Israel sus obras.
Misericordioso y clemente es Jehová;
lento para la ira y grande en misericordia.
No contenderá para siempre
ni para siempre guardará el enojo.
No ha hecho con nosotros conforme a nuestras maldades
ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados,
porque, como la altura de los cielos sobre la tierra,
engrandeció su misericordia sobre los que lo temen.
Cuanto está lejos el oriente del occidente,
hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.
Como el padre se compadece de los hijos,
se compadece Jehová de los que lo temen,
porque él conoce nuestra condición;
se acuerda de que somos polvo.

 

Cómo dice la Biblia la bondad de Dios es inmensa y extensa.
Él nos ama y nuestra actitud debe ser de gozo y gratitud constantemente, porque todas las cosas nos ayudan a bien y por ello debemos ser agradecidos.

 

Mira a tu alrededor. ¿Qué motivos hay por los que puedas dar GRACIAS a Dios? Si no se te ocurre nada o piensas que no hay muchos, aquí una pequeña lista de motivos por los que vivir eternamente agradecidos con el Señor.

 

1. Por darnos la vida, su bendición y protección.
2. Por crear un planeta hermoso y maravilloso para nosotros.
3. Por darnos perdón y vida eterna en su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.
4. Por nuestra familia (padres, hijos, pareja, abuelos, etc)
5. Por responder cada una de nuestras oraciones y sostenernos en medio de las pruebas.


6. Por darnos libertad, sanidad física y espiritual.
7. Por nuestro trabajo y alimento.
8. Por su fidelidad y misericordia
9. Porque podemos caminar, hablar, ver y escuchar cada mañana.
10. Porque el sol sale cada día para todos….

…. y podríamos seguir.


Hay tantos motivos como estrellas para estar agradecidos con Dios.


Hace cuatro años el médico me entregaba el diagnóstico de una enfermedad sin cura y degenerativa. Hace 4 años mi sonrisa tenía 26 años pero hoy sigo sonriendo igual o quizás mejor porque el amor de Dios y su poder, me animan cada día, me hacen recordar que por encima de Dios no hay nada ni nadie. Él me ha sanado desde hace 2000 años y la Esclerosis Múltiple es sólo un amargo diagnóstico.


En cada revisión los médicos se sorprenden por el lento progreso de la enfermedad, y yo me alegro aún más cuando recuerdo que el mejor especialista me atiende en cualquier momento, las 24 horas del día y sin pedir cita. Él me creó y me conoce a la perfección. Él conoce mis debilidades y sabe cuando soy frágil. Él me sostiene, él me
levanta y renueva cada día mi vida y yo le amaré y viviré agradecida todos los días de mi vida porque después moriré para renacer y volver a decir: ¡Gracias!


Por la bondad de mi amado Dios, hoy digo: GRACIAS Señor. ¿Y tú?


Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,
Laura Sánchez.
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A pesar de tu error, él murió por ti.

Cuando éramos niños y hacíamos travesuras, nuestros padres imponían su carácter y nos corregían reprendiéndonos y en algunas ocasiones castigándonos para corregir nuestros errores. Cuando crecimos y nos hicimos mayores nuestros padres ya no recurrían al castigo de la niñez, prohibiéndonos cosas que nos hacía ilusión hacer sino a la lección que pedía nuestra edad y madurez. A diferencia de esto, Dios no nos ha castigado conforme a nuestras rebeliones. (Salmos 103:10)

Hoy, que somos adultos y la infancia y la adolescencia quedaron atrás, tenemos la oportunidad de acercarnos a nuestro Padre Celestial para reconocer nuestros errores y a cambio no recibir ningún castigo, porque Dios, en su infinita misericordia, cuando aún éramos pecadores entregó a su único hijo por nosotros.

¿Alcanzas a entender la magnitud de su amor? Yo no tengo hijos aún pero muchos de ustedes si y me imagino que como padres no pensarían jamás entregar la vida de sus hijos por nadie y mucho menos por gente desconocida y que además no lo mereciese. Me lo planteo y sé que yo no lo haría. Entonces, ¿por qué permitió Dios que su hijo muriera por un montón de desconocidos, entre los que estamos tú y yo, y además decidió perdonar nuestras faltas evitándonos el castigo con la muerte de Jesús en la cruz?

Es necesario que hoy nos demos cuenta de la inmensidad del amor de Dios por cada uno de nosotros. Él lo ha dado todo por acercarnos a su reino, por justificarnos y darnos salvación. El Señor se conmovió de nosotros y nos limpió, sanó y restauró en la sangre de Jesús. Nos hizo además herederos de  su reino y nuevas criaturas, por eso hoy y todos los días, es necesario meditar  y recordar que Jesús entregó su vida para darnos libertad y victoria.

Antes de que le conocieras, él pensó en ti y entregó su vida para hacerte merecedor del perdón de Dios. No sé cuál es tu pecado, no sé qué te separa de Dios y desconozco si hay en tu corazón arrepentimiento pero lo que si puedo decirte con la seguridad del amor con qué Dios me ha amado, que él está esperando por ti para darte vida y paz. Él no te ha olvidado, te sigue esperando y está con los brazos abiertos deseoso de recibirte, consolarte y darte una oportunidad.

¿Se puede amar más? Déjate arropar por el amor de Dios que te da paz y alegría y sé agradecido porque otro ocupó tu lugar sin merecerlo para rescatarte y darte salvación.

Es urgente recordar que mientras nosotros pecábamos, y aún lo seguimos haciendo, él moría por nosotros. No olvides que  su amor nos restauró, nos hizo nuevos y nos ha hecho herederos de una promesa eterna.

¡Gratitud por los siglos de los siglos con nuestro Señor porque su misericordia nos ha sostenido!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Dios te librará, no temas. Bajo sus alas estarás ¡seguro!

Un refugio es un sitio donde resguardarse y protegerse del peligro o de las circunstancias. En muchos casos, tras una catástrofe natural o en guerra, se crean campos de refugio para las victimas o sobrevivientes.

Dios sabe que sus hijos, lejos de él, se encuentran expuestos al peligro y por eso nos invita a estar cerca suyo, a vivir en comunión con él diariamente. Es verdad que en los tiempos que vivimos tenemos escasez de tiempo y nuestro tiempo para Dios se ve sometido a presión por diversas ocupaciones, compromisos y tareas; trabajo, estudios, familia, hijos, casa…tantas cosas que nos apartan del Señor. Vivimos en competencia con el tiempo para poder tener un momento especial para Dios y con dificultad oramos, leemos su palabra y vamos a la iglesia.

Cuando nos alejamos del refugio, corremos peligro porque estamos lejos del cuidado y las atenciones. En un campo de refugiados hay recomendaciones para las personas que allí permanecen y así eviten nuevos riesgos. Dios nos da a sus hijos unos consejos para no correr peligro ni exponernos libremente al mundo, al pecado y al enemigo que como león rugiente anda por ahí buscando a quien devorar. Por esto, Dios nos ofrece su protección si caminamos cerca suyo y nos da una armadura para permanecer firmes y defendernos diariamente estemos lejos o cerca del refugio.

¿Dónde estás hoy? ¿Bajo la sombra del omnipotente o dando un paseo por el mundo?

Leamos juntos el salmo 91 donde Dios nos recuerda que si moramos bajo su sombra nada nos pasará, pero no es posible morar en un lugar estando apartados de él. Así que, toma en cuenta el lugar en donde estas hoy. ¿Estás cerca o lejos?, ¿cuántos metros te separan de Dios?

 

El que habita al abrigo del Altísimo
morará bajo la sombra del Omnipotente.

Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
mi Dios, en quien confiaré.

El te librará del lazo del cazador,
de la peste destructora.

Con sus plumas te cubrirá,
y debajo de sus alas estarás seguro;
escudo y adarga es su verdad.

No temerás el terror nocturno,
ni saeta que vuele de día,

Ni pestilencia que ande en oscuridad,
ni mortandad que en medio del día destruya.

Caerán a tu lado mil,
y diez mil a tu diestra;
mas a ti no llegará.

Ciertamente con tus ojos mirarás
y verás la recompensa de los impíos.

Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
al Altísimo por tu habitación,

No te sobrevendrá mal,
ni plaga tocará tu morada.

Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
que te guarden en todos tus caminos.

En las manos te llevarán,
para que tu pie no tropiece en piedra.

Sobre el león y el áspid pisarás;
hollarás al cachorro del león y al dragón.

Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

Me invocará, y yo le responderé;
con él estaré yo en la angustia;
lo libraré y le glorificaré.

Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.

Salmos 91 (Reina-Valera 1960)

 

Ven, habitemos juntos al abrigo de Dios, escondámonos bajo sus alas. Refugiémonos en su sombra y dejemos que con sus plumas nos cubra.

Nuestro Dios es escudo y torre fuerte alrededor nuestro. ¿Qué necesidad tenemos de estar lejos de la torre y sin escudo?

Recuerda: Un soldado no va a la guerra desarmado y sin protección. Día tras día enfrentamos diversas batallas y si estamos desarmados podemos salir lastimados.

No nos apartemos del Señor, caminemos de su mano y su protección nos guardará. No temamos, nada nos hará frente porque Dios está con nosotros.

 

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

No soy perfecto ¡soy cristiano!

¿Cuántas veces he visto a personas decepcionadas de la fe porque los cristianos que conocen y dicen creer en Dios cometen errores y también se equivocan? ¿Cuántas veces he escuchado decir: míralo y dizque “cristiano”?

Hay un deseo bucólico y utópico de encontrar perfección en la iglesia pero lejos de esto, la iglesia no es un sitio de perfección, la iglesia es el mejor ejemplo de un hospital lleno de enfermos que piden sanidad y cura para su mal. Enfermos que reconocen su enfermedad y piden ayuda porque quiere ser sanados y desean ser restaurados.

Es un gran error buscar la perfección en la iglesia, la verdadera perfección existe solamente en Jesucristo y en nuestro Padre que multiplica nuestras fuerzas en su espíritu para ser valientes e imitar el carácter de su hijo y así conseguir vivir una vida victoriosa.

Las personas que buscan a Dios en la perfección del comportamiento de los hombres están equivocadas, porque ningún hombre es santo y menos aún perfecto. No es posible ver a Dios a través del comportamiento y el carácter de un ser humano porque ninguno de nosotros es puro y completamente limpio, ninguno de nosotros ama de la misma forma en que Dios lo hace ni somos movidos a misericordia como lo hace Dios, de esta manera, seríamos un mal referente del significado de Dios.

Hoy me animo a compartir este mensaje porque quisiera dejar claro que un cristiano no es el sinónimo de ángel ni de un ser perfecto. Un cristiano no levita ni hace milagros cada día. Un cristiano es un ser humano que en humildad y arrepentimiento busca a Dios para reconocer su error, y pedir ser cambiado y transformado a la imagen del carácter de Jesucristo. Y una vez vueltos nuestros ojos a Dios, hemos sido revestidos del poder y el amor de Dios en Jesús que nos ha hecho nuevas criaturas pero seguimos siendo humanos, vulnerables y susceptibles al error cada día.

Somos seres imperfectos buscando imitar la perfección del hijo de Dios.

Queremos hacer lo correcto y lo bueno, queremos amar, perdonar, justificar, ayudar, dar y ser sinceros con los demás pero hay una lucha día tras día entre nuestros anhelos humanos y nuestro espíritu inquieto y deseoso de obedecer a Dios. Un cristiano batalla cada día contra el mal, contra la mentira, el engaño del enemigo y las adversidades del mundo en que vivimos. Un cristiano también falla, llora, tropieza, se cae y pierde las fuerzas, pero un cristiano sabe a dónde ir cuando está en el suelo, sabe en quién confiar para reponer sus fuerzas, levantarse y volver a empezar.

Estas palabras que escribo hoy no dan laxitud a la ley de Dios ni tampoco justifican el pecado de un creyente; simplemente, describen a un ser que, habitando un cuerpo mortal y carnal lleno de pasiones y deseos, lucha diariamente para buscar imitar el carácter de Cristo y ser embajador de su reino en la tierra.

Sigamos luchando día tras día para ser mejores personas y pongamos toda nuestra confianza en quien puede hacer posible este anhelo.

Trabando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

No te preocupes ni temas, él te librará.

Alguien me dijo una vez que en la Biblia estaba contenida la frase “no temas” 365 veces y aunque no lo he comprobado ni lo he contado, creo rotundamente que así es, porque para cada día Dios tiene una palabra que nos anima a no temer y una forma de recordarnoslo es el alba, cuando sale el sol nos está diciendo: “¡No temas! He permitido que el sol salga nuevamente para ti”.

A veces enfrentamos situaciones tan oscuras, frías y azules como esta fotografía, pero si te fijas en la imagen, a pesar de los tonos, realmente es hermosa y participan en su composición otros elementos que son bellos en sí mismos como el agua. Así ocurre en nuestra vida. Vivimos momentos tristes, difíciles, preocupantes, asoladores, de tensión y entonces el panorama de nuestro entorno cambia de color y parece oscuro pero no deja de ser hermoso, porque aunque no nos fijemos, hay detalles a nuestro alrededor que siguen siendo especiales aunque la situación parezca perder color. Por eso perdemos la oportunidad de valorar muchas cosas cuando estamos enfocados en los problemas y en buscar solución en nuestras propias fuerzas.

Dios nos dice constantemente: “no temas” porque él sabe lo que enfrentamos cada día. Dios sabía que vivir libre de temor en el mundo sería muy difícil para nosotros y por eso nos fortalece en su poder a través del Espiritu Santo, nos multiplica las fuerzas y nos hace vencedores en la sangre de Jesús. Y como si fuese poco nos concede un espíritu de poder, amor y dominio propio. ¿No es increíble todo lo que Dios nos da, buscando que seamos libres, valientes y victoriosos?

Por eso hoy es el mejor día para recordar que Dios no quiere que seamos prisioneros del temor. El Señor no quiere vernos sufrir, llorar, lamentarnos y angustiarnos hasta perder el control. Él quiere ayudarnos pero no interviene, nos deja elegir: buscarle o luchar en nuestras propias fuerzas. De nosotros depende dar el paso de fe, confiar y esperar. ¿Cuánto tiempo? No lo sé, pero si puedo decir que la respuesta de Dios siempre trae alegría y bendición a nuestras vidas, él nos proveerá de soluciones inexplicables pero maravillosas. Recuerda, Dios quiere el bienestar de sus hijos y tú eres uno de ellos.

¿Qué te preocupa hoy?, ¿es lo mismo de ayer y de hace un mes? ¿Qué es lo que no te deja conciliar el sueño y dormir tranquilo(a)? ¿Merece la pena preocuparse y perder el sueño?

No es fácil confiar pero es un ejercicio de fe, sin duda es una decisión que debemos tomar. Así que deja de luchar en tus propias fuerzas, reconoce que no tienes el control, que no te corresponde dar solución a todo y que solamente en Dios puedes ser fuerte y obtener la respuesta idónea para las circunstancias que enfrentas, porque lo mejor es que todas ellas te librará el Señor.

¡No dudes! Confía y espera. Su brazo se extenderá y te ayudará a salir victorioso!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Clemente y compasivo es Dios

No existen palabras más sinceras para describir el carácter de Dios. Él es clemente y compasivo. Él es lento para la ira y su misericordia es infinita.

Soy una persona un poco impaciente y con facilidad me pongo nerviosa si las cosas no salen bien. Dios ha pulido mi carácter y cada día sigue trabajando para moldearme conforme a su amor y voluntad, y esto me hace admirar en gran manera la paciencia del Señor. Si nuestra relación con Dios se tratara de paciencia, creo que ya se le habría agotado porque no somos perfectos, todos los días fallamos. Pero conocer el verdadero carácter de Dios nos permite recordar que somos afortunados porque su misericordia nos ha alcanzado, nos ha perdonado, y hoy somos lo que somos por su gracia.

Cuando leí este versículo de los salmos hace más de 8 años, entendí que el carácter de Dios que las monjas me habían enseñado de niña no se parecía mucho al carácter que describía su palabra, y cuando me acerqué a Dios arrepentida por mis errores, entendí que en él no hay nada de dureza ni inclemencia, Dios no es implacable ni está furioso conmigo por mis faltas. Él es paciente y justo, es un Dios revestido de amor y ternura para con todos sus hijos, y aún a pesar de nuestros pecados, él nos sostiene y perdona nuevamente. Su misericordia es tan grande como la distancia de los cielos a la tierra, y no nos paga conforme a nuestro comportamiento sino que tiene de nosotros piedad y con ternura nos abraza.

Dios es un dios de oportunidades, no un dios castigador ni impositivo. Es un dios justo que ejecuta su palabra y actúa conforme a su ley, una ley llena de amor y bondad, tanto que envió a Jesús, su único hijo, a nacer en medio de nosotros para darnos vida y perdón, para enseñarnos en él cómo debemos ser y vivir. Y nuevamente, su misericordia se extendió a toda la tierra al permitir que Jesús muriera por nosotros. Él no se negó a subir a la cruz por ti ni por mí, él sufrió y lloró lagrimas de sangre para darnos vida, para salvarnos de la culpa, de la condena y de un futuro apartados de Dios.

Celebremos y gocémonos porque la misericordia de Jehová nos ha sostenido, nos ha alcanzado y nos ha hecho nuevas criaturas en Cristo Jesús. Por amor, nos transformó en lo que somos hoy. No somos perfectos, ¡para nada!; pero sabemos dónde está nuestra fuerza para ser mejores personas, y tenemos la certeza de la misericordia, clemencia, compasión, perdón y amor de Dios.

¿Has fallado? Yo sí. No conozco tu error ni tú el mío, pero Dios sí lo sabe. Él nos conoce profundamente y lo que hay en nuestro corazón no le es oculto. Hoy nos pide que dejemos atrás el miedo y el temor, y nos arrepintamos de lo que hemos dicho, hecho y pensado que nos haya apartado de su lado. Él quiere ayudarnos a cambiar, y desea pulirnos y trabajar nuestro carácter hasta conseguir que seamos imitadores de Jesucristo.

Reconozcamos nuestro error y acerquémonos a Dios porque él nos limpiará del pecado, nos dará su paz y perdón. Volvámonos a él porque con ternura y paciencia nos abrazará para darnos libertad y romper las cadenas de nuestra culpa.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Creo en Dios y en lo que hará en mí!

La palabra de Dios dice que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, y la prueba de ello es nuestro amor a Dios a quien no hemos visto jamás pero a quien tampoco ha sido necesario ver para creer en él. Tenemos la certeza de que Dios existe. Aunque no le veamos ni le podamos tocar, nuestra esperanza nos permite sentirlo y esperar con anhelo el cumplimiento de cada una de sus promesas.

Como esta mujer que extiende sus brazos y con los ojos cerrados medita en las bondades de Dios, tú y yo podemos decir hoy con gran gozo que hemos creído en un Dios fiel, misericordioso, amoroso, justo y poderoso que nos dio vida en su hijo, a quien entregó por nosotros para salvarnos y hacernos herederos de una promesa que esperamos cada día. Por ello, nuestro gozo es indescriptible.

Esperamos en Dios mientras él nos edifica, fortalece y permite madurar para obtener de cada experiencia, dificultad o prueba de la vida, la madurez que nos llevará a la meta, la libertad, victoria y salvación que, con amor inagotable, nos fue dada por Jesús en la cruz.

Piensa en los motivos que te hacen feliz y que te roban una sonrisa.

¿Te da alguien o algo, lo que Dios te ha dado?

¿Quién tiene de ti misericordia y con justicia te defiende?

Tenemos, no uno ni dos, sino muchos motivos y razones para dar gracias. Recordemos cada día que no somos dueños de nada, todo le pertenece a Dios, él nos ha dado todo lo que tenemos porque nos ama, nos ha concedido lo que hemos alcanzado por nuestros logros pero, al final, sigue siendo suyo. Nada nos pertenece, él nos ha hecho administradores de la vida, la naturaleza, la familia, los hijos, la amistad de los demás, los talentos, conocimientos y habilidades. Nada es nuestro. Todo lo que somos y tenemos nos lo ha dado el Señor porque nos ama, y hoy festejamos y celebramos con gozo el regalo más grande que nadie puede hacernos ni mucho menos pagar: La salvación, perdón y vida eterna.

Oremos juntos y demos gracias:

Señor, gracias por amarme con amor eterno,

gracias por tener de mí misericordia y entregar a tu único hijo para darme salvación,

gracias porque yo no lo merecía y aún así me perdonaste.

Gracias por escucharme cuando solo y afligido he estado.

Gracias por extender tu mano, socorrerme, defenderme y ampararme.

Gracias por sanarme, calmar mis dolores y tristezas.

Dios, hoy quiero agradecer todo lo que soy y lo que tengo

porque reconozco que es gracias a ti que hoy estoy aquí.

Gracias por conocerme y responder a cada una de mis oraciones.

Gracias por ser siempre fiel y paciente conmigo.

Gracias por mi familia, mi trabajo y los conocimientos que me has permitido aprender en la vida.

Gracias por mis padres, mi cónyuge, mis hijos y amigos.

Gracias Padre, por ser mi amigo, apoyo, amparo y consuelo.

Dame un corazón grato y dependiente de ti, no quiero apartarme ni dejar de verte en todo lo que me ocurre.

Te entrego mi vida y te doy gracias por tu bendición, provisión y amor con que me has amado. Desde hoy, agradezco cada una de tus promesas y lo que harás en mí, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Espera en él ¡su tiempo es perfecto!

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo:

Un tiempo para nacer,
y un tiempo para morir;
un tiempo para plantar,
y un tiempo para cosechar;
un tiempo para matar,
y un tiempo para sanar;
un tiempo para destruir,
y un tiempo para construir;
un tiempo para llorar,
y un tiempo para reír;
un tiempo para estar de luto,
y un tiempo para saltar de gusto;
un tiempo para esparcir piedras,
y un tiempo para recogerlas;
un tiempo para abrazarse,
y un tiempo para despedirse;
un tiempo para intentar,
y un tiempo para desistir;
un tiempo para guardar,
y un tiempo para desechar;
un tiempo para rasgar,
y un tiempo para coser;
un tiempo para callar,
y un tiempo para hablar;
un tiempo para amar,

y un tiempo para odiar;
un tiempo para la guerra,
y un tiempo para la paz.

·Eclesiastés 3·

El capítulo 3 de Eclesiastés narra los diferentes tiempos del hombre a lo largo de su vida. Nos recuerda que para todo hay un momento. A diferencia nuestra, el tiempo de Dios es un tiempo perfecto. Nosotros estamos limitados y contamos con un tiempo determinado para cada cosa; no podemos hacerlo todo al mismo tiempo ni ocurrirán dos cosas a la vez. O estamos en guerra o estamos en paz pero el tiempo de Dios no tiene límite ni hora ni día ni fechas. Su tiempo es como él, perfecto. Él es Omnipresente (está presente en todo lugar y tiempo), Omnipotente (todo lo puede) y Omnisciente (todo lo conoce y lo sabe).

Nada ni nadie abarca ni limita a Dios. En su inmensa sabiduría y amor siempre busca nuestro bienestar y nos da cada cosa en su tiempo, en el momento que mejor nos conviene, el momento en que debe ocurrir o en el momento que estamos preparados porque somos maduros o porque debemos madurar. Y en este instante, es necesario recordar el verso de la portada de esta semana: “A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.” Romanos 8:28

¿Y por qué todas las cosas nos ayudan? ¿buenas o malas, también? Porque de cada cosa Dios tiene un propósito para nuestras vidas, sea para que adquiramos sabiduría, madurez o experiencia, o para que pongamos en práctica su palabra y dirección. Algún objetivo hay en todo lo que nos ocurre ¡claro!, si caminamos de la mano de Dios. Si caminas lejos o apartado del Señor, dudo mucho que lo que hagas te ayude a bien.

En este día, reflexionemos en la situación que estamos viviendo, el lugar en el que estamos, y oremos al Señor para pedir dirección, discernimiento y sabiduría frente a lo que él tiene para nosotros en medio de estas circunstancias. Puede ser una situación buena o puede tratarse de un suceso lamentable o triste pero ¡no temas!, Dios lo sabe y hoy quiere decirte que él tiene todo bajo control, que su tiempo es perfecto y que algo especial hay para ti tras este tiempo. Sólo recuerda que él está contigo, que él no te dejará, que él no te ha abandonado, él no se ha olvidado de ti ni ha ignorado tu necesidad. Sigue orando, él responderá pero no en tu tiempo sino en el suyo, porque Dios te ama y quiere evitar que sufras, que llores y te amargues. Dios quiere que recibas en el momento oportuno lo que él tiene para ti. No dudes, sigue confiando y esperando, él te responderá.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes!

Laura Sánchez.

¡Fortalecidos y gozosos en cada prueba!

Pablo escribía en la carta a los Corintios respecto a sus debilidades y aflicciones, y hablaba del conocido y predicado texto del aguijón en la carne. Mencionaba sus visiones y recordaba lo que en ellas había visto, y lo que Dios le había dicho tras orar y suplicar que quitará las aflicciones de su vida. A sus oraciones, el Señor contestó y dijo: “Bástate mi gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” Esto viene a decir en palabras coloquiales: “Pablo, no te preocupes; es necesario que esto pase porque en tu angustia y tribulación verás mi poder, y te salvaré, te rescataré, no te dejaré.”

Si Dios te respondiera esto, después de orar impacientemente por un motivo durante mucho tiempo, ¿confiarías y esperarías para ver el poder del Señor en medio de tu debilidad o seguirías quejándote y lamentándote por tu situación?

Veamos, leamos y meditemos en las palabras de Pablo. Él tomó una decisión, y antes de quejarse y lamentarse, contestó: “De buena gana, me gloriaré más bien en mis debilidades para que repose sobre mí el poder de Cristo, por lo cual, por el amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

Sí, sí, has leído bien, dice: “Soy fuerte.” Parece absurdo y contradictorio pero así es. No eres fuerte porque enfrentes pruebas, estés enfermo, pierdas tu empleo, pierdas un ser querido o te quedes sin dinero. Eres fuerte porque la situación, la adversidad te lleva a Dios y te hace depender completamente de él. Entonces, es cuando verás la gloria y el poder de Dios sosteniéndote y fortaleciéndote. Es cuando serán sacados tus pies del lodo y levantarás alas como las águilas para seguir el vuelo, y la misericordia de Dios te sostendrá.

Podemos elegir creer y esperar en Dios. Podemos elegir ver la manifestación de su poder y gloria o podemos elegir luchar en nuestras propias fuerzas, seguir quejándonos y lamentando nuestras circunstancias. Como ves, hay dos opciones y puedes elegir cualquiera, pero lo que sí puedo asegurarte es que si eliges gloriarte en las debilidades, persecuciones, inclemencias, crisis y debilidades como hizo Pablo, Dios te sostendrá, su diestra te alcanzará, y verás su poder y gloria.

Dios no te fallará, sólo confía y espera en él.

No tardará, no te dejará, él siempre llega a tiempo.

Cuál es la debilidad o dificultad que enfrentas hoy para gloriarte por ello y decirle a Dios: Señor, en ti confío y por amor a Cristo me gozo en mi necesidad y tribulación porque sé que veré tu gloria, y tu poder se perfeccionará en mi debilidad.

Empieza por tomar la decisión de ser fuerte cuando eres débil, lo demás lo hará el Señor.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Hay un testamento y eres heredero!

¿Qué harías si hoy te avisaran que hay un testamento en el que aparece tu nombre escrito como persona beneficiaria de una herencia incalculable? Pues aunque parezca una fantasía, es verdad, y hoy te lo digo, lo anuncio y lo recuerdo. Dios ha escrito tu nombre y el mío en el testamento de la vida y nos ha hecho, sin merecerlo, herederos de su reino. ¿Sabes lo que eso significa?

Significa: que nuestro Dios nos suplirá eternamente de todo y no habrá carencias en nuestra vida de ninguna índole, porque la herencia que él ha reservado para sus hijos es una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. El dueño del cielo y de la tierra nos ha hecho herederos, por amor, de una promesa de vida eterna.

Mientras habitamos en la tierra, en Dios está nuestra esperanza y fortaleza porque hemos creído y confiado en él, en sus promesas, su pacto y su incondicional fidelidad.

Ya conoces el dictamen del testamento, ¿qué harás? Se te ha concedido una herencia de un valor inconmensurable y único sin que hicieses nada para conseguirlo. Dios se acordó de ti y de mí, y por amor e infinita piedad nos hizo herederos de su gloria y gracia. Y me pregunto: ¿Qué más necesitamos si en él lo tenemos todo? ¿No es hermoso? Dios es maravilloso.

Empecemos a vivir como lo que somos, herederos de Dios.

Empecemos a creer lo que Dios ha hecho por nosotros y lo que nos ha dado por amor.

Empecemos a reflejar lo que Dios ha cambiado en nuestras vidas, dejemos ver su gloria.

Empecemos a transmitir las maravillas de la herencia que por gracia nos ha tocado.

Empecemos a compartir esta herencia con los que aún no saben lo que hay preparado en los cielos para ellos.

Disfruta y alégrate desde ahora por la promesa de una herencia en los cielos reservada especialmente para ti.

 

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Alégrate porque su misericordia te ha salvado.

¿Quién se ha compadecido de ti y ha perdonado tus errores?
¿Quién ha pagado las deudas que debías sin pedirte nada?
¿Quién te ha dado oportunidades sin límite para empezar de nuevo?
¿Quién te ha consolado en toda angustia y tribulación?
¿Quién ha llevado el peso de tu carga gratuitamente?
¿Quién ha escuchado tu clamor y necesidad?
¿Quién ha ocupado tu lugar para asumir la culpa?
¿Quién se ha dado a sí mismo por ti?
¿Quién te protege incondicionalmente cuando sientes temor?
¿Quién te perdona y olvida para siempre lo que hiciste?
¿Quién te provee de bienestar cuando nada hay ni nada tienes?
¿Quién te da su paz en mitad de la angustia y tribulación?
¿Quién ha hecho en tu vida posible, lo imposible?

Si nos hacemos estas preguntas, la respuesta jamás tendrá un matiz humano porque nadie sería capaz de entregarlo todo por nadie de esta manera. Sólo Dios, en su eterno amor lo entregó todo. Dio a su único hijo para redimirnos, salvarnos, consolarnos, restaurarnos, libertarnos y darnos vida eterna. Jehová, nuestro Señor y Padre, no nos ha pagado conforme a nuestra maldad e iniquidades, él nos ha colmado de sus bendiciones y, por su gracia, somos lo que somos.

Y hoy, tú y yo, debemos alegrarnos porque:

Ya no somos culpables, Dios nos ha eximido de toda culpa.
Ya no somos esclavos, Dios nos ha dado libertad.
Ya no vivimos en tinieblas, Dios nos ha dado su luz.
Ya no estamos cansados, Dios lleva nuestra carga y multiplica nuestras fuerzas.
Ya no tenemos temor, Dios nos ha protegido.
Ya no hay preocupación en nuestro corazón, Dios nos ha dado esperanzas.
Ya no hay tristeza ni perturbación en nuestro interior, Dios nos ha dado su paz.
Ya no hay necesidad sin solución, Dios tiene el poder para hacer posible lo imposible.

En el amor de Dios lo tenemos todo. Él es nuestra fuerza, nuestro refugio, nuestra esperanza.

Oremos:

Padre, gracias por la inmensidad de tu amor. Nuestra humanidad no nos permite entender la grandeza de tu bondad y compasión. Gracias por amarnos desde el principio y hasta el fin. Gracias por tener piedad de nosotros y no pagarnos conforme a nuestros fallos y pecados. Gracias por llevarnos a tus brazos y consolarnos, por entregar a tu único hijo, para que él, sin ninguna culpa ni mancha, ocupara nuestro lugar y así darnos perdón, libertad y salvación. Gracias Señor, no sabremos cómo agradecerte.

Te entrego mi vida y la de todas las personas que reconocen amarte y quieren darte gracias el día de hoy por tu bondad y misericordia. Como tú, ninguno Señor; sólo tú eres Dios, poderoso, invencible, amoroso y compasivo. ¡Te amamos!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.