¡No bajes la guardia, vigila, permanece atento!

Cuando somos conscientes del peligro somos prudentes, actuamos con precaución y tomamos medidas para evitar los riesgos. Pero cuando el panorama no presume ningún trastorno, solemos actuar con calma y tranquilidad, y olvidamos las medidas de seguridad, nos volvemos personas confiadas y hasta imprudentes creyendo que tenemos el control de la situación.

Pero hoy es tiempo de recordar que tú y yo, aunque la marea parezca serena, somos el blanco del enemigo, y tenemos una guerra declarada por haber creído y haber seguido a Cristo. El Señor nos dijo que estábamos expuestos a lo siguiente y nuestra lucha sería ésta:

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. (Efesios 6:12)

Hay una guerra permanente a nuestro alrededor, una guerra que no vemos pero, a veces, muchas veces, alcanzamos a sentir. Dios nos ha dado en su Espíritu Santo el poder para discernir espíritus y ser conscientes de la guerra que se gesta a nuestro alrededor, pero él no sólo nos advirtió sino que nos preparó y nos dejó una armadura eficaz que debemos ponernos cada día para enfrentar la batalla. Recordemos que un soldado va a la guerra protegido, jamás va desarmado porque será más vulnerable y su supervivencia correrá peligro.

No vayas desarmado a la batalla. Nosotros somos vencedores en Cristo Jesús y el Señor ganó la guerra en la cruz, con su sangre nos dio libertad, poder y autoridad para hollar serpientes y pisar escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo para que nada nos dañe; pero no es suficiente si salimos a la batalla desprotegidos. Toma tu armadura, vigila, presta atención y el enemigo no te encontrará distraído ni serás vulnerable a su engaño y estrategia. Vela, vela y vela, no te duermas.

Como esta cinta amarilla que nos advierte del peligro, debemos tener presente cada día que vivimos en una guerra que ya ha sido ganada por nuestro salvador pero que se libra día tras día en diversas batallas a las que no debemos asistir desarmados, desinformados y sin la actitud de un soldado. Un soldado se ciñe con su armadura, se reviste de fuerza, y con valentía va al frente. Vigila, vela, ora, resiste, declara, confiesa, sométete a Cristo y ¡vencerás!

Mientras nosotros dormimos y descansamos, el enemigo no se rinde, él permanece activo intentando hacernos tropezar, él no descansa.

Te invito a luchar, ¡somos más y en el poder de Cristo invencibles!

Vístete de la armadura de Dios y no te des por vencido, vigila, permanece atento, no demos oportunidad a nuestro adversario.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

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