¡Son calabazas, no monstruos!

En repetidas ocasiones durante mi niñez me disfracé porque era muy emocionante vestirme de campesina, fruta, oveja o patinadora, pero una vez que me hice mayor entendí el verdadero significado de esta celebración y entonces dejé de hacerlo por decisión propia.

Hoy conozco muchas personas que siguen celebrando esta fecha sin conocimiento de lo que celebran y argumentando que es un día para que los niños se diviertan y se vistan de sus personajes favoritos. Esto último es una mentira más del enemigo. No hay inocencia ni diversión en esta fiesta. Realmente los niños se pueden divertir de muchas maneras y en muchas ocasiones, no en este día que revestido de encanto y ternura abraza de forma oscura la espiritualidad de los niños. El Halloween es una celebración de las tinieblas, en esta fecha se hacen rituales satánicos e invocación de espíritus. Esto no puede ser inocente y noble.

Abramos los ojos y démonos cuenta que la maldad y las tinieblas son reales y superan las películas de ficción y terror. Mientras tú disfrazas a tu hijo “inocentemente” para que coma caramelos y juegue con sus amiguitos, otros maquinan perversidades para honrar al diablo y transgredir la voluntad de Dios. Otros invocan muertos y sacrifican animales y niños. No participes de estas festividades mundanas y paganas.

“Es que los demás se disfrazan”, “es que los demás van de fiesta”, “es que es algo inocente”, “es que no hay maldad en ello”, “es que es una fiesta para los niños”. Muchas veces actuamos conforme a las tradiciones de la sociedad pero hay en ello una implicación espiritual de gran envergadura y por eso Dios dijo:

Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. (Deuteronomio 18:9)

El Señor sabía que habría cosas que parecerían nobles y discretas que nos incitarían a pecar, pero nos amonestó para no repetir los pecados y errores de los demás. Dios no quiere que participemos en cosas que no edifican, que nos apartan de él y que honran la oscuridad. ¿Si somos luz por qué vamos a comportarnos como si fuésemos de la oscuridad?

El “Halloween”, si no lo sabías, tiene su origen en las celebraciones celtas. En Europa, concretamente en Irlanda e Inglaterra se celebraba para este día el cambio de estación y fin de la cosecha celta; terminaba el verano y empezaba la “época oscura”, el invierno. Por ese motivo se reunían para festejar en medio de calabazas que perforaban para utilizar como lámparas y durante la celebración realizaban invocaciones de muertos y espíritus, hacían hogueras y practicaban la adivinación. En la actualidad esta festividad se propaga a lo largo y ancho del mundo como una celebración que honra la muerte, la oscuridad, el terror, la maldad y todo lo oscuro.

Pero Dios tiene algo para nosotros respecto a esto:

No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero. (Deuteronomio 18:10)

Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.  (Efesios 5:8)

Si hoy hay algo que celebrar es que Dios nos ama y en su infinita misericordia nos rescató de las tinieblas y nos trajo a la luz, en la vida y muerte de Jesús.

El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo. (Colosenses 1:13)

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Anuncios

¡No bajes la guardia, vigila, permanece atento!

Cuando somos conscientes del peligro somos prudentes, actuamos con precaución y tomamos medidas para evitar los riesgos. Pero cuando el panorama no presume ningún trastorno, solemos actuar con calma y tranquilidad, y olvidamos las medidas de seguridad, nos volvemos personas confiadas y hasta imprudentes creyendo que tenemos el control de la situación.

Pero hoy es tiempo de recordar que tú y yo, aunque la marea parezca serena, somos el blanco del enemigo, y tenemos una guerra declarada por haber creído y haber seguido a Cristo. El Señor nos dijo que estábamos expuestos a lo siguiente y nuestra lucha sería ésta:

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. (Efesios 6:12)

Hay una guerra permanente a nuestro alrededor, una guerra que no vemos pero, a veces, muchas veces, alcanzamos a sentir. Dios nos ha dado en su Espíritu Santo el poder para discernir espíritus y ser conscientes de la guerra que se gesta a nuestro alrededor, pero él no sólo nos advirtió sino que nos preparó y nos dejó una armadura eficaz que debemos ponernos cada día para enfrentar la batalla. Recordemos que un soldado va a la guerra protegido, jamás va desarmado porque será más vulnerable y su supervivencia correrá peligro.

No vayas desarmado a la batalla. Nosotros somos vencedores en Cristo Jesús y el Señor ganó la guerra en la cruz, con su sangre nos dio libertad, poder y autoridad para hollar serpientes y pisar escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo para que nada nos dañe; pero no es suficiente si salimos a la batalla desprotegidos. Toma tu armadura, vigila, presta atención y el enemigo no te encontrará distraído ni serás vulnerable a su engaño y estrategia. Vela, vela y vela, no te duermas.

Como esta cinta amarilla que nos advierte del peligro, debemos tener presente cada día que vivimos en una guerra que ya ha sido ganada por nuestro salvador pero que se libra día tras día en diversas batallas a las que no debemos asistir desarmados, desinformados y sin la actitud de un soldado. Un soldado se ciñe con su armadura, se reviste de fuerza, y con valentía va al frente. Vigila, vela, ora, resiste, declara, confiesa, sométete a Cristo y ¡vencerás!

Mientras nosotros dormimos y descansamos, el enemigo no se rinde, él permanece activo intentando hacernos tropezar, él no descansa.

Te invito a luchar, ¡somos más y en el poder de Cristo invencibles!

Vístete de la armadura de Dios y no te des por vencido, vigila, permanece atento, no demos oportunidad a nuestro adversario.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Lo mejor de lo mejor para Dios.

Cuando hacemos un regalo nos esmeramos en escoger y elegir lo mejor para honrar y halagar a la persona con nuestro detalle. ¿Qué escoges tú para dar a tu padre o tu madre el día de su cumpleaños o en una fecha especial?

Dios ha escogido darnos a nosotros, sus hijos, lo mejor. ¿Qué tenemos nosotros para darle a nuestro Padre en señal de gratitud y amor? Existen muchas formas de honrar a Dios, y agradecer su misericordia y amor para con nosotros. Pero el Señor es muy claro, y nos dice que quiere de nosotros lo mejor de lo mejor. En el antiguo testamento, vemos a los judíos eligiendo lo mejor, sin impurezas ni manchas ni imperfecciones ni pequeños detalles que afecten la apariencia de lo ofrendado para Dios; simplemente, se esforzaban en escoger lo mejor.

Vemos que para Dios eran todas las primicias de los frutos, de los animales, de las cosechas, los bienes, los dones y talentos. En conclusión, “Lo mejor de lo mejor para él” y es así, porque ¿qué mejor ofrenda podemos dar a quien todo lo ha creado y nos lo ha dado? ¿qué más que nuestra gratitud con la primera parte de todo lo que tenemos y obtenemos?

Dios nos ama tanto que creó una tierra para nosotros, nos dio alimento, trabajo y aún a pesar de nuestros errores no nos ha abandonado, nunca nos ha desamparado. Él aún sigue extendiendo su misericordia revestida de paciencia, nos perdona y sigue bendiciendo. Cómo él, ninguno.

En señal de agradecimiento y gratitud, Dios nos pide del 100% que nos ha dado únicamente el 10%, que al final se traduce en una pequeñísima parte de todo lo que de él recibimos. No nos pide solamente una parte de nuestras riquezas, nos pide una pequeña parte de todo lo que somos y tenemos.

Hablemos entonces sin tapujos ni diplomacia. Dios nos pide lo primero y lo mejor de nosotros como ofrenda, como gratitud. El Señor quiere que seamos desprendidos y no nos aferremos a nada ni creamos, equivocadamente, que lo que él nos ha dado nos pertenece por nuestro éxito o gloria. ¡No! Todo lo que tenemos y somos es gracias a él, y le pertenece. Sí, sí, tus logros son un regalo suyo, tu familia, tu trabajo, tu casa, tu coche, tus pertenencias, tus talentos, tus dones, y no se trata de darlo todo, se trata de ofrecerlo en oración y total entrega al Señor, y no aferrarse a nada porque nada nos pertenece.

Tú y yo somos pasajeros de la vida, somos suyos y todo lo que nos rodea también. El dinero, los bienes, el trabajo, los hijos, la familia, la iglesia, los dones y talentos que él nos ha concedido también son suyos, y de todo, Dios quiere lo primero, lo mejor.

Y te preguntarás, pero ¿si no tengo nada? ¿si no tengo trabajo? Y si aún soy muy joven, ¿con qué puedo honrar a Dios?

¿Tienes tiempo? Ofrece a Dios un tiempo de calidad para orar y meditar en su palabra.

¿Tienes trabajo? De tu esfuerzo y recompensa, Dios quiere lo primero.

¿Tienes familia? De tus seres queridos, Dios quiere ser el dueño.

¿Tienes talentos? Claro que los tienes, todos los tenemos. De tus capacidades, Dios quiere lo primero y lo mejor. Sírvele, trabaja para él y para su reino.

¿Tienes cosecha de frutos? Dios quiere lo primero, lo perfecto, lo más sano. ¿Y de qué forma se puede ofrendar? Puedes compartirlo con alguien que no tenga alimento, que no tenga dinero para acceder a una fruta o vegetal.

Es un ejercicio de desapego a las cosas, es un ejercicio de gratitud, honra, alabanza y dependencia del Señor. Él nos ha dado lo mejor y espera de nosotros lo mejor. Puedes hacerlo, tienes la capacidad para dar lo mejor de ti a Dios.

¡Anímate, y da lo mejor de ti y de lo que tienes a tu Padre!

A continuación el refuerzo con lecturas bíblicas del artículo de hoy.

Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová. Y lo dejarás delante de Jehová tu Dios, y adorarás delante de Jehová tu Dios.
De las primicias de vuestra masa daréis a Jehová ofrenda por vuestras generaciones.
Las primicias de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de la lana de tus ovejas le darás.
Y que cada año traeríamos a la casa de Jehová las primicias de nuestra tierra, y las primicias del fruto de todo árbol.
Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Si Dios no edifica, de nada sirve nuestro esfuerzo

Muchas veces, nos preguntamos porqué hay hogares que viven en armonía y prosperidad, y otros, aunque se esfuercen, no consiguen tener paz y tranquilidad en el interior de su familia.

Ya lo dice la palabra del Señor, y esto es lo que viene a decir este afamado versículo citado muchas veces y en muchos lugares, “si Dios no edifica nuestro hogar, de nada sirve que nos esforcemos. Y el trabajo de quienes lo conforman es en vano si no es él quien guarda, vigila y dirige nuestro hogar” ¿Más claro? ¡Imposible!

Vas al culto, cantas alabanzas, oras, ayunas y diezmas pero…¿y tu hogar y tu casa? ¿Quién la dirige?¿Un hombre apartado del Señor, imponente e injusto o un hombre temeroso de Dios? ¿Una mujer sabia y dulce o una mujer temperamental que grita y no controla su carácter? ¿Unos hijos que, suplantando el rol de los padres, dan órdenes con una autoridad que no les corresponde y que les ha sido cedida por descuido y falta de atención? ¿Quién dirige tu casa? No vamos a proponer un hogar perfecto, pero vamos a plantear un hogar dirigido por Dios, un hogar donde el que manda es el Señor, el que dirige, edifica y construye tu familia.

Como esta casa que sobre su techo tiene un corazón de nube, debería de ser nuestro hogar. El hogar de las 5003 personas, que hoy compartimos nuestra fe en este espacio, debería ser edificado, instruido, soportado, levantado por Dios. Es fácil asistir a la iglesia un domingo, más fácil cantar una alabanza que nos gusta, más simple abrir la cartera y dar una ofrenda pero ¿y nuestra familia?

Y ahora reflexionemos:

Si eres varón, piensa si estás cumpliendo el papel y el rol que Dios te dio en tu hogar. Un día, tendrás que dar cuenta de tu familia al Señor. Si encuentras que en algo estás fallando o eres débil, ora al Señor, él hará de ti el hombre que él quiere que seas si le entregas tu vida y tu corazón.

Si eres mujer, valora si es más fuerte el impulso y la emoción que sientes en momentos difíciles, que el autocontrol que Dios te dio para frenar tu lengua y someter tu carácter a la voluntad de Señor. Si es así, a mí me suele pasar, ¡oremos! Sólo él nos puede dar la fortaleza de vencer lo malo haciendo lo bueno. Pidamos al Señor para que haga de nosotras mujeres sabias, prudentes y dignas de ser coronas de nuestros maridos.

Si eres hijo, medita en tu comportamiento. ¿Estás siendo obediente con tus padres o con las personas mayores en general, o te sientes tentado constantemente a desobedecer e imponer tu voluntad? Dios te pidió amar a tus padres y a honrarlos. Respétalos y busca a Dios cada día para que él forme en ti el carácter de un hijo obediente y sujeto a la autoridad.

Es importante que sea Dios quien gobierne, proteja y controle nuestros hogares, será la única forma de que en ellos reine la paz, el amor, el perdón, la misericordia, la comprensión y la tolerancia. En todas las familias hay problemas y errores pero en un hogar que honra, teme, ama y obedece a Dios, reina la paz y la armonía. Que el Señor edifique tu hogar.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¡Sin desviarnos del camino ni apartar la mirada!

Las señales que aparecen en la carretera, y que de noche deslumbran con sus colores, están ahí y son así para que las veamos. Brillan con la luz de los vehículos en colores fluorescentes para ser más notables y visibles, y de esta forma ser precavidos y no tener percances ni riesgo de accidentes en el camino. Son indicaciones que aparecen señaladas en el recorrido a casa, al trabajo, a otra ciudad, y en todos los países existen porque son necesarias, no importa la diferencia de idioma. Como estas señales, Dios nos dejó una instrucción o guía para que tengamos cuidado y caminemos en la vida con atención sin correr riesgos. Se llama Biblia.

Mientras lees este manual de vida en diferentes ocasiones, te encuentras con indicaciones que se repiten o son persistentes como el mensaje de hoy. Dios no se pone con ligerezas y con palabritas tiernas para hablarnos con claridad. Él nos dice con autoridad: “no te apartes, no cedas, no te desvíes, no te distraigas, no te alejes, no te vayas a ningún lado, ni a la derecha ni a la izquierda; no te alejes de mí ni pongas tu pie en caminos de maldad, antes evítalos y apártate de ellos.

¿Dónde están tus pies el día de hoy, cerca o lejos de Dios? ¿Te fuiste a la derecha o a la izquierda? Hay caminos que parecen inofensivos y sin perjuicio pero su final no es lo que esperamos. Son caminos que nos apartan y alejan del Señor.

Dios, como un padre que ama a sus hijos, nos advierte. Si nos da esta sugerencia e indicación es porque él sabe que a lo largo de nuestra vida, como este camino, aparecerán a ambos lados ofertas que parecen apetitosas, ideas que nos llaman la atención y voces que endulzan nuestros oídos pero… ¡no te desvíes del camino!

Fija tus ojos en Cristo Jesús y sigue el camino sin distracciones, sin interrupciones ni desviaciones. Jesús, a lo largo de su vida, podía haber tomado la decisión equivocada, podía haber ido a donde hubiese querido pero nunca lo hizo, renunció a sí mismo para hacer la voluntad del Padre. Cuando el enemigo le tentó en el desierto ofreciéndole fama y reconocimiento si le adorare, Jesús se revistió de valor y con carácter dijo, “¡NO! No me interesa tu propuesta Satanás” y se apartó, le resistió y con la palabra de Dios le reprendió.

Éste es quizás el mejor ejemplo para nuestra vida. El hijo de Dios fue tentado, cuanto más nosotros.

A nuestro alrededor hay infinidad de oportunidades para desviarnos del camino, innumerables ocasiones para elegir lo incorrecto, múltiples situaciones que nos incitan a actuar de mala manera y podríamos hacerlo pero en nosotros está aceptar o decir, “¡No! No me interesa.” Dios nos dio unas instrucciones de vida para ser bendecidos y caminar en paz por el camino hasta el día que él prometió estaríamos a su lado.

Seamos valientes y como Jesús digamos: “¡No! No me interesa.”

No nos desviemos del camino, no apartemos nuestros pies a la a derecha ni a la izquierda.

Tenemos un llamado y una carrera que correr. Firmes en la fe, prosigamos hacia la meta.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Si se cierra una puerta, se abren dos.

Si se cierra una puerta, se abre una ventana. Eso dicen pero tú y yo sabemos que de la mano de Dios nada nos falta ni faltará, con lo cual, el dicho termina siendo cierto.

Aunque hoy se cierren frente a ti puertas que parecían atractivas e interesantes, no temas, no pierdas la fe. Sigue confiando porque vendrán cosas mejores. Dios no es un dios que promueve la autoayuda y la programación neurolingüistica. Dios es un dios de verdades y realidades. Lo que él dijo lo hará. Él prometió ayudarnos si nos esforzamos, prometió estar a nuestro lado si, con valentía, enfrentamos las adversidades y las situaciones de la vida. Así que no hay tiempo para lamentarnos y quejarnos.

Esfuérzate y sé valiente. (Josué 1:6)  

Esfuérzate pues, y cobra ánimo; no temas ni desmayes. (1 de Crónicas 2:13)  

Aguarda a Jehová; Esfuérzate y aliéntese tu corazón: Sí, espera a Jehová. (Salmos 27:14)

Si se cierra una puerta, mañana o pasado, se abrirán dos. Dios tiene todo bajo control y nos bendecirá y proveerá conforme a su amor, poder y riquezas. Dios conoce nuestras necesidades desde antes de que abramos nuestros labios. El Señor es dueño de todo, entonces, ¿qué nos puede faltar? Confiemos y esperemos en él porque su tiempo es perfecto. 

Con Dios las cosas llegarán en el momento oportuno, ni antes ni después. Ni, porque lloremos más o nos desesperemos, las recibiremos antes. Hay quienes creen que repitiendo afirmaciones positivas día tras día atraen la bendición de Dios y la prosperidad pero entendamos bien: la bendición de Dios es un regalo gratuito de nuestro Padre porque nos ama y somos benefactores, porque un día él decidió entregar a su hijo por nosotros y, más tarde, contritos, nosotros reconocimos delante suyo nuestros pecados y creímos en él; por eso, hoy somos considerados sus hijos y herederos de su gracia. Lo que nos da el consuelo y la esperanza de saber que detrás de cada puerta que se cierra frente a nosotros, en cualquier área de nuestra vida, hay una bendición. Cuando una puerta se cierra aprendemos, adquirimos experiencia, maduramos, nos hacemos más valientes y somos bendecidos porque, a los que amamos a Dios, todas las cosas (buenas y no tan buenas) nos ayudan a bien. (Romanos 8:28)  

No sé cuál es la puerta que hoy se cierra frente a tus ojos, Dios sí lo sabe. Y él quiere que de esto aprendas la lección, que sigas confiando en él y esperes pacientemente porque mañana no sólo una sino dos o más puertas se abrirán para ti delante de tus ojos, y recordarás el pasado como un momento que te permitió ver y gozar de la gloria y bondad de Dios.  

Confía y espera, él no retrasa sus promesas.  

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,  
Laura Sánchez.

Oremos sin cesar, sin cansarnos, sin desanimarnos ¡Oremos siempre!

Dios nos pidió orar y nos indicó de qué forma hacerlo. Nos dijo que la forma debía ser incesante. Eso quiere decir, continua, permanentemente, de forma perdurable sin interrupciones y de forma prolongada. Todas estas palabras son sinónimos de la palabra “incesante” y creo necesario escribirlo porque a veces nuestras oraciones tienen fin, se hacen temporales y dejamos de persistir en oración y súplica al Señor. Dios no está sordo, él nos escucha en todo momento, Dios no está ciego, él conoce y ve nuestra necesidad, pero él es perfecto y responderá en el momento oportuno pero siempre a tiempo.

En estas semanas leyendo las últimas noticias el mundo, me invade, más que de costumbre, un deseo enorme de orar por los demás, por ellos, por los más necesitados, por ti y por mí, por los niños, por los desamparados, por los que no tienen un hogar, una manta para arroparse en mitad de una noche fría. Me duelen las noticias de nuestro mundo y seguramente a ti también. Hoy, te invito a que juntos oremos. Oremos por los motivos que nos urgen, por la sociedad en la que vivimos, por nuestras familias. Si tienes un motivo especial por el que quieres que oremos compártelo, es el momento.

Siéntete en libertad de pedir apoyo en oración y sino tienes motivos, aquí comparto algunos motivos que nos atañen a todos como seres humanos y que debemos poner en manos de Dios.

-Por la sanidad de tantos enfermos e infectados por el virus de ébola en el mundo.

-Por los cristianos perseguidos en oriente y alrededor del mundo.

-Por la paz de Israel y los creyentes torturados.

-Por los terremotos que azotan con frecuencia los últimos años el planeta.

-Por la crisis espiritual y ausencia de Dios en el corazón de los hombres.

-Por la crisis económica que sume en absoluta pobreza a muchos países.

-Por los líderes del mundo para que vuelvan sus ojos a Dios y sepan dirigir las naciones.

-Por los niños, mujeres y ancianos maltratados por grupos terroristas.

Hay más motivos de oración, si tienes uno ayúdanos a incluirlo en la lista y a tu lista personal añade uno o más motivos, para que ores por los demás, fue lo que nos pidió nuestro Padre.

Trabajado y sirviendo al mejor de los jefes,
Laura Sánchez.

¡Sé feliz porque en él has creído!

Antes de sentarme a escribir este post, le pedí a Dios me guiara y pusiera en mi corazón la forma de hablar para compartir que estoy, junto a otras 4007 personas, orgullosa y feliz de creer en él.

Y vino a mi mente la idea de buscar lo que dicen y piensan de él los demás, los que no son felices de tener un creador y que no celebran ni, mucho menos, alaban al Señor. Y mientras leo las frases y opiniones, insignificantes para mí pero argumentadas con contundencia por ellos, me conmueve recordar que aun a pesar de la indiferencia, lejanía, frialdad y dureza de corazón de estos seres humanos, Dios les sigue amando y esperando porque él permite que el sol salga para ellos cada día y es paciente en perdonar y quiere que todos lleguen al arrepentimiento un día.

De todas las frases que leí, creo que ésta fue la que más me impactó y la comparto para que veamos lo que piensa un ateo de un cristiano. Pero es que antes de que ellos lo dijeran, lo dijo Jesús, seríamos perseguidos por causa de su nombre, estaríamos locos y diríamos locuras.

Y aquí está: Para ellos la Biblia es una fábula.

Tú crees en un libro que habla acerca de animales, hechiceros, demonios, palos que se convierten en serpientes, comida cayendo del cielo, personas caminando sobre agua y toda clase de historias primitivas, mágicas y absurdas, ¿y aún así me dices que soy yo el que necesito ayuda?

Dan Barker.

Después de leer esto, brota una sonrisa de mis labios, pero es una sonrisa que lamenta el profundo desconocimiento de la grandeza de nuestro Señor, de quien todo lo creó y nos lo dio. Cuánto se están perdiendo los fríos y apáticos, los lejanos y contrarios a la fe. Cuánto pan de cielo están dejando de recibir y cuántas lluvias tardías han dejado de percibir por su orgullo, rebeldía y falta de fe. Lo peor es que desconocen que aún, Dios les ama.

El libro que este hombre describe como una cuento mágico o una fábula cargada de personajes maravillosos no es nuestro manual de vida. Nuestro manual de vida, La Biblia, ha sido diseñada e inspirada por Dios a través de los hombres para que llegase a nosotros su voz, su ley.

Y cuando vuelvo a leer esta frase, recuerdo a Noé. ¿Cuántos se rieron de él mientras construía el arca? ¿Cuántos se ríen de nosotros hoy porque declaramos y confesamos el nombre de Dios públicamente? ¡No importa! Aunque se rían, nos ignoren, nos ridiculicen y nos aparten, con nosotros está él y es suficiente.

Si ellos se sienten orgullosos y felices de reconocer que no creen en Dios, cuánto más tú y yo debemos sentirnos orgullosos de reconocer que nuestro Dios existe y estamos felices por ello. Estamos orgullosos de creer en un dios que nos escucha y responde, a un dios que no nos ha desamparado ni dejado solos jamás. Jehová de los ejércitos es su nombre, y como torre fuerte y escudo se ha puesto delante de nosotros para pelear contra nuestros enemigos y darnos la victoria.

No calles tu voz, no escondas tu fe, proclama y declara en quién has creído. Los demás, aunque sigan creyendo en la nada, hacen parte de un plan que desconocen pero en el que, probablemente, tú tienes un papel importante si te atreves a compartir la alegría de haber creído en él.

Sintámonos felices y orgullosos de creer en Dios.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Lloverá, ¡prepárate!

En la televisión, la radio y la prensa, nos anuncian diariamente el estado del tiempo y con antelación sabemos qué día tendremos mañana, si hará o no calor, si lloverá o tendremos que abrigarnos o llevar paraguas. Bueno, pues la biblia también viene declarado lo que ocurrirá.

Leamos un poco y veamos lo que Dios nos ha declarado desde el principio, el clima que tendremos hoy, mañana y toda la semana si confiamos y esperamos en él. Vamos al antiguo testamento, Deuteronomio 28:12

“El Señor te abrirá su tesoro de bondad, que es el cielo, y en su tiempo te enviará la lluvia a tu tierra y bendecirá todo lo que hagas con tus manos. Harás préstamos a muchas naciones, pero tú no pedirás prestado nada.”

No sé qué temperatura hay en tu vida hoy, no sé qué vientos azotan a tu puerta y si hace el calor o sientes frío, pero Dios promete para ti y para mí un mañana mejor, un clima esperanzador. Él ha dicho que mañana lloverá, ¿has leído bien? ¡Mañana Lloverá!

¿Y qué hacemos cuando llueve? Te preparas y alistas el paraguas antes de salir. Pues para la lluvia que Dios derramará sobre tu vida tendrás que hacer lo mismo. Alistarte, confiar, abrir las manos y esperar porque grandes cosas descenderán del cielo para ti. Pero recuerda que no llueve cuando se nos antoja ni cuando queremos. En el año hay épocas específicas de lluvia y otras de sequía. Dios hará llover sobre tu vida en su tiempo, en su perfecto tiempo y conforme a sus propósitos y voluntad.

¡Espera!, no te impacientes, no pierdas la calma. Dios no ha ignorado lo que te ocurre ni las inclemencias del tiempo que te rodea, él conoce tus necesidades y las suplirá. ¡Mañana Lloverá!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Oremos así. ¡Él nos escuchará!

Así oró David y como él deberíamos orar nosotros.

El salmista se deleitaba en orar clamando el favor y la ayuda de Dios, y nosotros ¿en qué nos deleitamos? ¿Invocamos el nombre de Dios o consultamos a los amigos, familia, pareja, psicólogos?

Él es nuestra ayuda, protección y pronto auxilio. Ora, clama, invoca el nombre del Santo de Israel que te escucha sin pedir audiencia y está dispuesto a oírte.

Y dice el Salmo 143:10:

¡Líbrame de mis enemigos, oh Jehová!

Tú y yo tenemos enemigos terrenales y espirituales. Aunque no lo parezca, aunque tengamos muchos amigos y seamos personas amables y nobles, tenemos un enemigo que se esfuerza en atacarnos día tras día y pretende hacernos caer y apartarnos de Dios. No tengo que escribir más para que entendamos que el diablo y su ejército de demonios son nuestros enemigos. Pidamos al Señor que nos libre de cualquier ser que, siendo humano o espiritual, busque perjudicarnos o hacernos daño.

En ti me refugio.

Esta corta frase es una gran declaración de amor, fe, confianza, paz , esperanza y dependencia de Dios. ¿Dónde buscas refugio cuando necesitas consuelo y amparo? Búscale a él, refúgiate en él.

Enséñame a hacer tu voluntad porque tú eres mi Dios.

Pedir a Dios que nos enseñe es decirle que estamos dispuestos a ser obedientes, a seguir su verdad y trabajar en su obra. Esta afirmación declara que nos apetece, anhelamos, queremos y nos deleitamos en hacer su voluntad porque sabemos que es agradable y perfecta, y lo hacemos porque él es nuestro Dios y le amamos. Pidamos a Dios que nos dé obediencia y plenitud de gozo en hacer su voluntad. David se gozaba en obedecer al Señor.

Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.

La palabra tierra de rectitud hace referencia a un sitio correcto, perfecto, a un lugar maravilloso, a un lugar donde es placentero llegar. Pedir a Dios que su espíritu sea nuestra guía es decirle: “quiero caminar contigo y dejarme guiar por ti Señor”. Llévame adonde tú quieres que esté, donde quieres que habite.

Los salmos que escribió David muestran a un cristiano que depende de Dios, tanto en los momentos de adversidad como en los instantes de gloria y de arrepentimiento. Y tú, ¿qué circunstancia enfrentas hoy? Acércate, él te escuchará.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Camina con seguridad, él te sostiene.

Cuando nacemos tardamos un año aproximadamente en dar los primeros pasos hasta atrevernos a caminar. Más tarde, corremos y aprendemos a caminar solos, sin ninguna sujeción, sin las manos de nuestros padres como soporte.

Andamos en la vida aparentemente seguros, y damos pasos que consideramos firmes pero, aunque ya no sujetemos la mano de un adulto para andar, es necesario aferrarnos a un apoyo, a un soporte, a un bastón firme que nos impida tropezar y que nos proporcione estabilidad, equilibrio y seguridad al caminar. Estamos urgidos de seguridad en cada paso que damos. Necesitamos firmeza al andar y no queremos caernos y tropezar pero, aunque existen muchos tipos de sujeción, bastones, andamios, paredes, barras, barandillas, sólo una herramienta de apoyo nos permite caminar seguros y en libertad.

Dios es ese apoyo y sostén que no fallará ni se partirá, es esa fuerza que necesitamos para continuar y que nos acompaña en cada paso que damos. Cuando los deportistas extremos escalan una roca y practican senderismo, necesitan un apoyo y utilizan un bastón. Cuando un alpinista sube a la montaña se expone a condiciones extremas no sólo climáticas, necesita un apoyo y lleva consigo un bastón de senderismo especializado que tiene un accesorio en la punta para anclarse a la nieve o a la montaña y así facilitar el ascenso sin riesgos. Cuando una persona se hace mayor sus huesos se resienten y flaquean y, muchas veces, casi siempre, vemos a un anciano apoyándose en un bastón y entonces recordamos el momento de nuestra niñez cuando nos sujetábamos a algo para andar con seguridad. En la vejez ocurre nuevamente lo mismo, es necesario un apoyo para caminar y evitar el riesgo a caer.

El Señor es nuestro apoyo y fortaleza, es el mejor bastón en el que sujetarnos y al que aferrarnos para poder andar. Como ves, existen muchos bastones a los que sujetarse: fama, dinero, sexo, juego, engaño, codicia, lujuria…pero sólo uno nos hace andar seguros.

Aférrate al Señor como tu único soporte, él será tu guía en el camino.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.