Que se note en quién has creído

Hoy en día, la palabra “orgullo” acapara lo medios de comunicación, las noticias, y es una palabra que se usa constantemente porque la gente siempre está orgullosa de algo, orgullosa de lo que cree, piensa, siente, es y tiene. Y la mejor forma de transmitir ese orgullo es reflejando a los demás el motivo del que se enorgullece, comentándolo, llevándolo consigo, recordándolo en todo momento y lugar.

Dios puso en mi corazón este mensaje hace varios días y en el anhelo de diseñar un mensaje claro, acompañado de una imagen adecuada, busqué en internet la palabra “orgullo”, no haciendo referencia a la altivez y prepotencia sino al sentimiento de satisfacción hacia algo o alguien que, de alguna manera, nos representa. Y es aquí cuando, seguramente, pensarás en tu cantante preferido, actor o jugador de fútbol.

Pero es triste y quisiera compartir en este post que, mientras buscaba la imagen para este mensaje, al incluir la palabra orgullo en el buscador saltaron a mi vista cientos de fotografías obscenas de homosexuales y lesbianas besándose y de personas con el cuerpo desnudo caminando por la calle en desfiles de reivindicación social, porque se sienten orgullosos de su sexualidad que, entre otras cosas, se opone al diseño y plan de Dios, pero éste no es el tema del que hablo hoy.

Como ellos, hay más personas que reivindican cada día su postura que, en muchas ocasiones, resulta oponerse al reino de Dios. Personas que se jactan y alegran de no creer en el Señor y en la obra de Jesucristo en la cruz. Personas que se gozan de dar todo por válido porque hay que vivir la vida que es una sola y dura tres días, y son quienes, finalmente, adoptan cualquier postura teológica-filosófica que satisfaga sus inquietudes y justifique su comportamiento.

Vivimos tiempos difíciles, todos los sabemos y lo digo con frecuencia. Pero ante este panorama tan lleno de libertinaje y modernidad, ¿dónde está nuestro orgullo? ¿Dónde se ha quedado nuestro sentir cristiano, nuestro anhelo de ser representantes del reino?

Y me pregunto, ¿por qué los demás se sienten orgullosos de un equipo de fútbol y salen a la calle con camisetas, banderas y cornetas a celebrarlo? ¿Por qué otros apenas duermen haciendo filas y esperando para entrar a un concierto de su estrella musical preferida? Otros, en cambio, se proponen manifestar y dejar clara su postura política, social y sexual ¿y nosotros? ¿Dónde está nuestro orgullo como hijos de Dios, la alegría de ser lo que somos y el anhelo genuino de llevar a Cristo a todas partes?

Hoy diseño y comparto esta postal para motivarte a ser embajador de Cristo, fan número uno del Señor. Para recordarte que hay muchos allí fuera, a tu alrededor, gritando a viva voz por el partido político en el que militan, compartiendo la música de su grupo preferido, fotos de famosos que les gustan… ¿y tú? ¿Estás reflejando a Cristo a donde vas?¿Estás compartiendo el mensaje que te dio libertad? Que se note en quién has creído, que se nos note.

¡Orgullosos de amar, servir y creer en Jesucristo!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Recordando el poder y la grandeza de Dios

Empieza una nueva semana y hasta aquí hemos llegado por la gracia y bondad del Señor. Dios no se ha olvidado de nosotros y nos ha demostrado cada día su amor, su poder y grandeza.

Si nos sentáramos a recordar cuántas cosas ha hecho Dios por nosotros no nos alcanzaría el papel, porque su fidelidad y misericordia es grande e infinita para con los que le aman.

Unámonos y a una sola voz, digámosle a nuestro Padre cuánto le amamos, cuán agradecidos estamos y lo orgullosos que nos sentimos de ser sus hijos, porque no hay otro dios ni padre como él, pronto para oír, sanar, ayudar, proveer, sostener, defender y tardo para enfadarse.

Señor, hoy queremos reconocer que sin ti nuestra vida carece de sentido, que te necesitamos, que no tenemos otro sitio adónde ir en medio de la angustia y el temor mas que a tus brazos; que no sabemos dónde pedir ayuda y auxilio porque nadie nos defiende y protege como tú; en ningún otro sitio estamos a salvo, sólo bajo tus alas.

Padre, nuestro corazón está agradecido y quiere hacerte saber cuán importante eres para nosotros y cuán felices somos de esperar en ti y ver en nuestras vidas el cumplimiento de tus promesas.

Gracias por salvarnos, por tener de nosotros misericordia, por perdonarnos aunque no lo mereciéramos y seguir amándonos a pesar de nuestra rebeldía. Gracias por no pagarnos conforme a nuestras rebeliones y maldades. Gracias por tu bondad y piedad.

Hoy decimos con gratitud y a viva voz que no hay Dios tan grande como tú. No existe Dios que se asemeje a ti. Como tú ninguno, Jehová de los ejércitos, Yahweh, Yireh. ¡Te amamos y necesitamos, Señor!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Él no desprecia el corazón que con humildad le busca

Como este corazón de piedra, muchos tuvimos, tienen y seguirán teniendo el corazón; pero Dios, amplio en perdonar y grande en misericordia, escuchará la oración y el clamor de un corazón humillado, arrepentido y necesitado.

¿Cómo está tu corazón hoy? Quizás conozcas a Dios desde hace mucho tiempo y tengas una relación estrecha con él pero el pecado, a veces, vestido de magia y encanto, nos aparta de Dios y nos hace tener nuevamente un corazón de piedra que nos aleja del Señor y de su plan.

No sé cuál es tu situación y tu relación con Dios pero tú y él, sí que lo sabéis. Es momento de pensar y reflexionar en las cosas que hemos dicho, hecho, pensado y creído que nos han hecho tener un corazón frío, endurecido, insensible e inquebrantable. Es tiempo de desarmar el caparazón que cubre nuestro corazón, poner el cordón del arrepentimiento —como ilustra esta imagen el día de hoy— y, arrepentidos, acercarnos a Dios con un corazón sincero que reconozca el error y recibir así su perdón.

Creer en Dios no te hace perfecto ni te concede un alma inmacula. El pecado está a la orden del día y sólo en Jesús podemos resistirlo, enfrentarlo y permanecer firmes. Somos pecadores y mientras habitemos la tierra, nos enfrentaremos al pecado diariamente; pero revestidos de Cristo podemos hacerle frente y seguir nuestro camino con los ojos puestos en Dios sin abandonar nuestro propósito y llamado a ser parte de su reino. ¡Revestidos de Cristo, venceremos!

¿Quieres ser sanado, liberado, fortalecido, perdonado, restaurado? Acércate a él y no refrenes tu lengua para confesar tus faltas. Él las conoce porque nada le es oculto. Dios no puede ser engañado ni burlado. En silencio y humildad acércate a Él, te escuchará, perdonará y te dará las fuerzas que necesitas para continuar.

No conozco la magnitud ni el motivo de tu pecado, pero te animo a no seguir privándote del perdón restaurador que te ofrece Dios a través de Cristo cada día. No te niegues a disfrutar de una relación estrecha, directa y cercana con el Señor. Dios te hará otra persona y jamás te despreciará si le buscas con humildad.

 

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Y en cuanto a ti, ¿qué harás?

¿Hay necesidad en tu vida?
Clama.

¿Hay tristeza en tu corazón?
Ora.

¿Hay persecución y angustia a tu alrededor?
Arrodíllate y sigue orando.

¿Hay desolación y desesperanza en tu interior?
Invoca el nombre de Dios.

¿Hay dudas e incredulidad en tu mente?

Confía y cree.

¿Hay temor e incertidumbre?

Ayuna.

En la prueba y adversidad él te escuchará y no te dejará.
Él no desprecia al corazón contrito y humillado.

No temas, porque tu voz llegará a su oído

y él responderá.

Sus bendiciones ¡no terminan!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

El que no escucha consejo no llega a viejo.

Lo que desde niños hemos escuchado de nuestros padres lo dijo Dios desde el principio.

“El que no escucha consejo no llega a viejo”.

Dios no lo dijo de esta manera pero nos dejó un mensaje claro que dice que escuchar el consejo y recibir la corrección nos dará sabiduría en la vejez, lo que se traduce en el dicho o refrán que desde la niñez nuestros oídos han escuchado.

Es maravilloso sentir el amor de Dios en cada palabra de la Biblia, el esfuerzo sobrenatural por transmitirnos un mensaje claro sin adornos ni enredos. El Señor quiere que obtengamos sabiduría y nos da el secreto para conseguirlo. Escuchar y recibir. Atender y captar.

No es fácil escuchar ni recibir el consejo de otros. Nos cuesta atender la experiencia de los que son mayores, de los que ya han vivido, inclusive nos cuesta escuchar a Dios. Nos es difícil sujetarnos y aprender, porque insistimos, muchas veces, en obtener la experiencia por nuestra cuenta y vuelvo a escuchar a mi madre decir: “Se lo dije, se lo dije, como no escucha…”

Dios nos está evitando esta reprimenda con su palabra, nos está aconsejando para adquirir sabiduría, madurar y llegar a la vejez. Porque el que siendo joven no atiende el consejo de los que ya han vivido y han pasado por diversas situaciones y experiencias, sufrirá, lo pasará mal y recordará el consejo cuando esté pasando por pruebas, pero quizás sea tarde.

Como decía antes, alguna vez he recordado el consejo de otros cuando he tenido que enfrentar diversas pruebas porque precisamente no escuché. Yo soy la primera que me he resistido, algunas veces a escuchar, porque creo que sólo viviendo las experiencias aprenderé. Pero, ¿y si escucho a Dios y sigo su consejo? ¿y si evito el sufrimiento y el dolor? Cuando lo he hecho, he entendido que hay bienestar y bendición en la obediencia.

Hoy es el día de escuchar y atender, a Dios, a tus padres, a tus abuelos, a los que ya han vivido la prueba que enfrentas o, probablemente, enfrentarás.

Escuchemos y recibamos porque hay bendición en la obediencia y el que no hace estas cosas se aleja de la sabiduría.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Que Dios sea tu esperanza por siempre.

La fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.

Hebreos 11:1

¿Has leído bien?

Esta verdad menciona dos verbos importantísimos en la construcción de nuestra fe, ver y creer.

La fe, entendida como nuestra esperanza, consiste en la convicción de lo que aun no llega y no vemos, pero creemos firmemente recibiremos o será hecho por el poder de Dios.

Hoy, quizá enfrentes una situación difícil, una prueba compleja o un conflicto familiar. No lo sé pero como casi todos, algún problema o prueba habrá delante de tu vida, por salud, economía, trabajo, y es ahora el momento preciso para reflexionar y en nuestra urgencia de ayuda y recocer a Dios como nuestra única defensa y ayuda.

Invocar el favor del Señor es mejor que marcar el 119, mejor que llamar una ambulancia o adquirir un seguro de vida. Dios nos escucha siempre, en todo momento y lugar, si es lunes o fin de semana, si es de día o en mitad de la noche, si hace frío o calor. Sin excusas ni exigencias su respuesta es oportuna y efectiva. Dios siempre es nuestra ayuda más efectiva. Antes de llamar a un vecino o amigo, acude a quien intervendrá a tu favor y por tu bienestar.

Confiar en él es creer lo que no ves y declarar que lo recibirás por su amor y gracia.

¿Qué situación enfrentar hoy? ¿Te impulsa a confiar sin dudar, o sigues luchando en tus propias fuerzas?

Dios está esperando a que le dejes actuar y trabajar. Él tiene la respuesta para tu problema pero no podrás verlo mientras sigas luchando en tus fuerzas para solucionarlo. Pide ayuda, él te responderá.

Vuelve los ojos al cielo y ora, tu voz se escuchará y el Señor atenderá tu súplica. Él te recogerá en donde estés y te llevará a un lugar seguro, te sostendrá y animará, pero nunca cedas ante las mentiras del enemigo que se empeña en hacerte creer que Dios esta ocupado y te ha desatendido. Cuando esto venga a tu mente, resístelo, es mentira. Dios no te va a dejar por ninguna ocupación, para él eres importante. Él todo lo puede y es hacedor de imposibles.

No olvides que la fe puede mover montañas. Tu esperanza es él y crees porque tienes la certeza y estás convencido de su poder y grandeza aunque no puedas verle. Espera y cree que lo que él te ha prometido, llegará. De este modo todo nuestro corazón y sentir están enfocados en el propósito de conocer, esperar y confiar en Dios.

¿Te animas a esperar en Dios? Él quiere ayudarte, ser tu escudo y tu fortaleza. Que él sea tu esperanza por siempre.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Si dispusieres tu corazón a Dios…

Cuando Job enfrentaba las pruebas y tribulaciones que le llevaron a perderlo todo y encontrarse en total soledad se quejó, y lamentó su condición pero sus amigos le escucharon y le amonestaron recordándole en todo momento la fidelidad de Dios y le acusaron de ingratitud y maldad.

Uno de ellos, Zofar, le reprendió y le habló de la grandeza y poder de Dios, le hizo ver que su castigo era inferior a su pecado y por último le animó a entregar su corazón a Dios y extender a él sus manos para que entonces…

Si alguna iniquidad hubiere en tu mano y la echares de ti,
Y no consintieres que more en tu casa la injusticia,

Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha,
Y serás fuerte, y nada temerás;

Y olvidarás tu miseria,
O te acordarás de ella como de aguas que pasaron.

La vida te será más clara que el mediodía;
Aunque oscureciere, será como la mañana.

Tendrás confianza, porque hay esperanza;
Mirarás alrededor, y dormirás seguro.

Te acostarás, y no habrá quien te espante;
Y muchos suplicarán tu favor.

Job 11:14-19

Cuando leemos estas palabras, percibimos y vemos que la voluntad de Dios esta basada en el amor y la misericordia. Que si nuestro corazón le entregamos, le buscamos y nuestras manos y ojos inclinamos al cielo, recibiremos de él su favor, su cuidado y protección; y entonces, ya no habrá temor, oscuridad, tristeza, espanto ni miedo en nuestra vida; dormiremos seguros porque el Santo de Israel será nuestro escudo y fortaleza.

Hoy, es tiempo de agradecer a Dios su inmensa bondad, fidelidad, lealtad y misericordia.

Es el momento de recordar lo que por nosotros ha hecho, quiénes fuimos y quiénes somos hoy.

Es el día de disponer nuestro corazón y todo lo que somos a Dios y quitar de nosotros toda injusticia y maldad.

Aunque enfrentemos pruebas, dificultades, escasez, enfermedad, tristezas y múltiples problemas, no nos apartemos ni olvidemos de Dios. Él nunca nos dejará ni desamparará. Aunque lo estemos pasando mal, no ignoremos lo que él por nosotros ha hecho y confiemos en lo que hará. Él nos ayudará a salir adelante y a vencer la tormenta que mañana será parte del pasado y un recuerdo de otra batalla ganada con el poder y amor del Señor.

No te quedes con la cabeza gacha, no llores más, no te des por vencido. Él no se ha olvidado de ti. Sé fiel y leal a Dios en todo momento, cuando tengas en abundancia o cuando todo lo pierdas, cuando goces de salud o cuando estés débil, cuando sonrías o cuando la tristeza se asome a tu vida.

No dejes de amar, agradecer e invocar el nombre de Dios, él no te dejará ¡jamás!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

No temas porque él pelea por ti y te da la victoria

No pelees solo, te cansarás, y al estar débil será más fácil que el enemigo se ensañe contigo.

Dios no permitirá que corras peligro, él está contigo y te defenderá, confía y vive tranquilo porque él tiene todo bajo control. Él será tu defensa y escudo. No importa cuántos vengan a tu alrededor, quien te protege no duerme y vela por ti en todo momento y lugar.

Nuestro padre no permitirá que la adversidad se enseñoree de nosotros. Como torre fuerte nos rodeará y en el hueco de su mano nos esconderá el Señor.

En la vida estamos y vendrán muchas pruebas, ataques y situaciones complejas pero de todas nos librará Dios si confiamos en él. El secreto está en no temer sino en confiar.

El enemigo quiere atemorizarnos y amedrentarnos, quiere recordarnos constantemente que somos culpables e intenta confundirnos bombardeando nuestra mente con pensamientos necios y feos, pero tú y yo no debemos temer ni caer en su juego; antes, como hizo Jesús en el desierto, oremos y resistamos su engaño, lo demás lo hará Dios porque él tiene todo bajo control.

La pelea es de Jehová de los ejércitos que nos defiende y pelea por sus hijos.

Y recuerda, cada día se libra una batalla por la paz de tu mente y corazón, y para ello Dios nos dejó una armadura pero si no nos la ponemos y vamos sin ella, somos vulnerables a los ataques y dardos de fuego del diablo. Revistámonos de Cristo cada día y del poder de la fuerza de Dios para hacer frente a una batalla de la que Jesucristo nos dio la victoria en la cruz.

¿Qué temes hoy?

¿Qué enfrentas hoy?

Entrégale a Dios tus problemas y preocupaciones.

Confía en él y no cedas ante el engaño del enemigo que se esfuerza en perturbarnos

porque tú y yo, revestidos de Cristo, podemos esforzarnos también en hacer guerra espiritual reprendiendo y resistiendo su engaño y mentiras.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Antes: Huérfano – Hoy: Heredero

Sabemos que un huérfano es una persona que se queda sola porque ninguno de sus progenitores vive y en el proceso de crecimiento y desarrollo se encuentra solo o acompañado por personas que no son sus padres. Es común pensar que un huérfano está desprotegido, desamparado y es una persona vulnerable, frágil y débil. Pero en la historia del libro de Ester, se nos abren las puertas para conocer los orígenes de la mujer que más tarde sería la reina de Persia y salvaría de la destrucción al pueblo judío y vemos que ser huérfano no fue un impedimento ni obstáculo para los planes de Dios.

Sí, lo estamos leyendo, la mujer que más tarde se convertiría en esposa de Asuero, el rey de Persia y de Media y, por tanto, en reina, es quien intervendría y salvaría al pueblo judío. Era huérfana pero, a pesar de su condición, nunca estuvo sola. De su cuidado se hizo cargo su primo Mardoqueo, un hombre que había sufrido el exilio de Jerusalén a Babilonia y había permanecido en cautividad pero que la adoptó como hija suya al morir sus padres.

Me emociona leer versículos que se enfrentan al concepto y percepción humanas. Parecen contradecir la mentalidad injusta y pecaminosa del hombre. A lo largo de la historia, un huérfano siempre ha sido visto con lástima y pena porque está desamparado pero Dios nos dice, en repetidas ocasiones, que de lo mínimo él hará algo grande; nos dice que en la debilidad veremos su poder y su gloria. La Biblia dice que más son los hijos de la desamparada que los de la casada y esto nos demuestra la infinita misericordia de Dios.

 
Y aunque tu principio haya sido pequeño,
Tu postrer estado será muy grande.
Job 7:8
 

Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.
2 Corintios 12:9
 

 Porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová.

Isaías 54:1
 

Para él no hay lástima, hay misericordia. La misma que nos salvó y redimió porque nosotros también fuimos huérfanos en otro tiempo, estábamos exiliados de la presencia de Dios y éramos débiles, frágiles, susceptibles y vulnerables, pero hoy, gracias a Jesucristo, hemos sido adoptados y considerados hijos de Dios, como dice su palabra.

 

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.
Efesios 1:3-5
 

Siendo una mujer huérfana y humilde, Ester hizo parte del plan de Dios y, de esa misma forma, el Señor tiene un plan y un llamado para ti y para mí en su obra. Quizás no para conquistar naciones pero sí para representar y ser embajadoras de su reino, practicando, como lo hizo la reina Ester, la bondad y misericordia con los demás.

 

El versículo de la postal de hoy nos habla del concepto de verdadera religión, y de la auténtica espiritualidad. Y se nos dice que ésta consiste en visitar a las viudas y huérfanos en sus tribulaciones y guardarnos sin mancha del mundo. ¿No está claro el propósito? Ester hizo lo mismo, puso en práctica la verdadera religión y ayudó a los huérfanos y desamparados del pueblo judío, siendo ella una huérfana también.

Revisemos si en nuestra actitud estamos aplicando la verdadera espiritualidad o nos limitamos a leer la biblia, ir a la iglesia y diezmar. Dios quiere que amemos con autenticidad a pesar de todo, que visitemos a los enfermos, a los desamparados, a las viudas y huérfanos. Hay muchos huérfanos a tu alrededor aunque tengan padres. Están huérfanos de Dios. Sé el instrumento que les acerque al reino del Señor y les aleje de la orfandad.
 

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

 

Este texto ha sido adaptado por el autor para Arte y Diseño para Cristo después de haber sido compartido en el ministerio “Amando a Dios Grandemente” en el correspondiente estudio devocional del libro de Ester.

Porque él nos perdonó primero, perdonemos a los demás.

A veces, con cierta frecuencia ponemos una muralla en medio de nosotros y las personas que amamos, una pared gigante de orgullo y rencor que con el tiempo se hace inaccesible. Nos apartamos y tomamos distancia argumentando que el daño es grande, que los hechos nos han perjudicado y que nada es suficiente para volver a acercarnos. Traición, engaño, mentiras, dudas, infidelidad, competencia.

Una muralla enorme nos separaba de Dios y aún nos sigue separando cuando decidimos andar conforme a nuestra voluntad ignorando su voz. Una muralla gigante había entre Dios y los hombres a causa del pecado y la desobediencia. Pero un día, el mismo Dios movido a misericordia decidió derribar esa inmensa pared que nos impedía gozar de una relación con él y estar cerca suyo, y se acercó a nosotros a través de su hijo. Jesucristo nació para romper la muralla que nos separaba de Dios padre y nos acercó a él.

Sabemos que el sacrificio de Jesús en la cruz fue la expiación de nuestros pecados y culpas, y fue lo que determinó el plan de restauración y salvación de Dios para la humanidad. La muerte de Jesús fue la victoria sobre el orgullo, la distancia, la indiferencia y desobediencia hacia Dios de parte del hombre porque en su muerte, él nos justificó para que pudiéramos acercarnos al padre y ningún obstáculo nos impidiera llegar a él. Ya no hay facturas ni deudas ni paredes que nos separen de Dios. ¡Somos libres!

Pero aun siendo inmerecedores del perdón de Dios, disfrutamos de una estrecha relación con él que, por amor, nos dio Jesucristo, nuestro salvador. Y él nos dijo que de la forma en que él nos perdonó también nosotros perdonemos a los demás. Por eso, la reflexión de hoy nos motiva a mirar a nuestro alrededor y ver cuántas paredes nos separan de la familia, seres queridos, amigos, hermanos de la iglesia, compañeros de trabajo y vecinos. ¿Qué ha motivado la construcción de esa pared? En Jesucristo, podemos derribarla porque de la misma forma que él nos perdonó debemos perdonar a los demás y derribar la muralla del orgullo, el resentimiento, el rencor, la venganza y demás emociones negativas que nos roban la felicidad.

No edifiques murallas a tu alrededor, resiste el orgullo y el rencor, y toma la decisión de perdonar y amar. Quizás no lo sientas pero es que no es una sensación, es una decisión. Ora y pide a Dios que te muestre qué personas a tu alrededor no pueden ver a Cristo en ti porque hay una muralla que lo impide y acércate a ellos para derribarla. No es un paso fácil, nos cuesta, pero todo lo podemos en él que dio su vida por nosotros aun sin conocernos.

Rompe la factura y destruye los muros que te separan de los demás.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

Sin afán ni preocupaciones, él tiene todo bajo control

Les comparto un texto que escribí una vez en la universidad para mi clase de prensa cuando estudiaba periodismo. Escribí este texto relacionado con mi ciudad natal y hoy me parece apropiado compartirlo porque es una descripción que se adapta al versículo de la postal de hoy.

“Cali en un día”

Aunque parecieran ser las once de la noche por la soledad que habita las calles, realmente no son más de las seis y media de la mañana, el sol se levanta sobre el Valle. Cali se despierta y bosteza. Se despeja el panorama y su gente se dispone al trabajo, a la lucha. Todos salen rumbo al norte, al sur, al centro, se desplazan y surge con ello la totalidad del día. Se despeja la mañana, se adormece la noche y sobre el césped se siente el rocío.

De repente, son las 08:00 am, y lo que hace unas horas era soledad, ahora es concentración multitudinaria de transeúntes, vehículos, publicidad, atasco y sudor. Los niños corren a sus escuelas. Sus padres afanados se dirigen al trabajo y la ciudad se segmenta, se divide, se sectoriza, se reparte; permanece en constante agitación. Llega el medio día y la ciudad come deprisa, a la carrera, no mastica, traga, se atraganta, se embute, no digiere, se atora pero continúa su marcha hasta la tarde que, con rapidez, se vuelve noche e inicia un fallido intento de calma, tranquilidad y descanso sin éxito.

Son las seis de la tarde y la ciudad vuelve a casa; otra vez hay sudor, tráfico, calor, caos, ruido, vehículos atestados en las calles en un deseo por llegar rápido a su destino para descansar del extenuante trajín del día pero al llegar a casa el descanso se entretiene en una pantalla de televisión de 32 pulgadas a 120 decibelios con el mejor reality o la mejor novela. Los niños lloran, la madre se enfada porque no han hecho los deberes escolares y el padre pide silencio porque ha empezado el primer tiempo.

Cali se duerme, son las 11:00 pm y no hay silencio; hay, en cambio, soledad, vacío, ausencia, distancia, desunión, falta de respeto e intolerancia. Cali se duerme pero no descansa, alucina, se desvela, se trasnocha, tiene pesadillas, intenta conciliar el sueño y se prepara para el amanecer de un nuevo día.”

¿Qué te trasmite este texto? ¿Alcanzas a sentir el estrés, la prisa, el afán y la preocupación que expele cada línea? Pues ésa era la idea, recordarnos que cada día trae su propio afán y como nos dijo el Señor no perder el control ni agobiarnos previamente, adelantándonos al mañana, pues cada día trae lo suyo. Cada día, afrontamos preocupaciones y diversas angustias. Para ti y para mí, para cada uno, lo que enfrentamos es lo más grande que nos ocurre, y sentimos que el mundo se viene abajo pero Dios dice en su palabra : “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mateo 11:28

¿Te sientes cansado, cargado y/o atribulado? Es tiempo de vivir el presente. Vive el resto del día y no te preocupes hoy de lo que será mañana porque cada día trae su propio afán.

¡Bendiciones!

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.

¿Ha llegado el tiempo que advirtió el Señor?

Cuando revisé mi correo, y por asomo y casi esquivando las noticias, vi los sucesos de última hora. Una vez más, me sorprendí, mis ojos leyeron los encabezados de noticias lamentables y, otra vez, en los titulares aparecía la palabra “cristianos”.

Todos sabemos que este verano ha sido el tiempo escogido por el enemigo y sus siervos terrenales para perseguir al pueblo de Dios. Y no hablo de Israel y del conflicto en Gaza, no hablo de la iglesia católica ni del Vaticano. Hablo de cristianos como tú y yo, gente de andar a pie, gente normal, como los miles de cristianos que huyen estos días en Irak de la mano violenta y sanguinaria de los verdugos islámicos.

Como este peón delante de los alfiles estamos ellos, tú y yo. Juzgados, señalados, acusados y apartados por creer en Dios, por confiar en su Hijo y esperar pacientemente la redención de nuestras almas. Mientras oro al Señor para escribir este post y pedir su dirección, me pregunto y le digo: “Señor, ¿en qué momento se volvió un delito y se convirtió en pecado buscarte, seguirte, creer y hablar de ti?” Y el Señor puso en mi mente esta palabra que comparto hoy.

Jesús nos dijo lo que pasaría, Jesús nos advirtió que nos rechazarían y nos entregarían para torturarnos por creer en su nombre. Y lo vemos, lo estamos viendo hoy. Si no lo sabías enciende la televisión, escucha la radio, busca en internet… eso es lo que viene ocurriendo desde hace un mes, la semana pasada, ayer y hoy.

Quizás tú y yo no tengamos que correr con lo puesto y abandonar nuestras viviendas pero vivimos otra forma de persecución y rechazo; somos apartados, señalados y juzgados. Lo vivimos a diario en nuestro entorno, en el trabajo, en la familia, con los amigos. Pero es en ese instante cuando debemos recordar que nuestro Salvador fue el primer perseguido, acusado y señalado. Jesús fue el primer torturado por creer en Dios, vejado y maltratado hasta la muerte. Entonces debemos hacer tres cosas: Orar, Confiar y Vencer.

*Orar por los que, como nosotros, sufren. Por los cristianos del mundo, los perseguidos, torturados, maltratados, agredidos y sometidos física y psicológicamente.

*Confiar porque él nos dijo lo que ocurriría y esto nos recuerda que su regreso está cerca y seremos redimidos y consolados eternamente. Ya no habrá más muerte ni lágrimas.

*Vencer porque él nos dio victoria en la cruz y aunque se levanten gigantes a nuestro alrededor, aunque nos señalen y critiquen, nuestra fuerza debe ser el sacrificio que por amor llevó a Jesucristo a la cruz para morir, darnos vida eterna y restauración.

Oremos por ellos y por nosotros, para que el ejército de Dios acampe a nuestro alrededor y nos defienda del enemigo.

Trabajando y sirviendo al mejor de los jefes,

Laura Sánchez.